La tarea más urgente del socialismo: liquidar la austeridad, estar con la clase obrera

 

Nada hay más perentorio para todas las corrientes y partidos socialistas democráticos que acabar de una vez con la llamada austeridad; en realidad transferencia de rentas del trabajo, de las clases populares y del bienestar y las pensiones a bancos privados, fondos financieros y grandes empresas capitalistas. A costa de bajos salarios, recortes en prestaciones públicas y repagos.

Corbyn lo ha entendido magníficamente y se ha convertido en el abanderado europeo contra la austeridad.

Sin embargo en Francia el hundimiento del Partido Socialista, fruto de sus políticas neoliberales y de la traición de sus propios neoliberales, ha propiciado la aparición de un Macron con fuerza y cuyos verdaderos intereses ya hemos descubierto, pues es neoliberalismo puro y duro.

Pero el presidente de la República Francesa, llega con un programa ultra-liberal y sumiso a Alemania duro y una reforma laboral bajo el brazo, que o encuentra la resistencia de los sindicatos y la calle o desmontará muchas conquistas obreras francesas.

Por eso liquidar la austeridad es no solo –que también- recuperar el poder adquisitivo de las pensiones, que no haya ninguna trabajadora ni trabajador sin prestaciones de paro o de inserción garantizada, ningún niño pobre, sino también salarios dignos y empleo de calidad y estable.

Mientras haya precariedad, no habrá dignidad. Este es el resultado de las políticas de austeridad: los capitalistas remontan y se vuelven a enriquecer, mientras las clases trabajadoras y populares se empobrecen y carecen de derechos. La dictadura de los mercados es esto.

Por eso que apoyamos con fuerza las revueltas contra la precariedad como la de las y los estibadores. La resistencia de las Kellys y el combate de los taxistas contra multinacionales del fraude y el falso autónomo. La huelga de los vigilantes de seguridad y sus condiciones tan nefastas a causa de privatizaciones de servicios públicos en favor de amigos y donantes del PP. El reino de la corrupción contra la clase trabajadora. La corrupción más grave que sufrimos es la de las y los capitalistas y grandes empleadores, chantajeando y explotando miserablemente obreras y obreros y al mismo tiempo defraudando al estado. Los corruptos, lo que hacen es desde las instituciones, consentir esa corrupción patronal. A ver cuando nos volvemos a enterar –puesto que las organizaciones obreras si lo sabían- que la corrupción es el estado natural del capitalismo y las riquezas para ser amasadas necesitan corrupción.

Macron es fruto de la traición socioliberal. Corbyn es el camino del socialismo en estas circunstancias concretas. Los puertos, los taxistas, los vigilantes de seguridad, las Kellys, nos señalan la lucha necesaria. Por eso hemos de apoyar su reivindicación, que de esa forma todas y todos ganamos.

Pero para esto, ahora hemos de defender otra vez la libertad sindical. Ya no hay libertad de huelga ni de negociación laboral en el corrupto reino de España.

El socialismo, si tal es, no puede sino estar con la clase obrera.

Sabemos lo que está pasando. Pero es el momento de actuar

 

La situación de desigualdad y empobrecimiento de amplísimas capas de la población comienza a ser insoportable. Se está instaurando un modelo social, sindical-laboral e incluso político que no tiene ya nada que ver con los logros de la clase trabajadora española al final de la dictadura franquista, la pre-transición y la transición. Todas las conquistas obreras desde finales de los años sesenta hasta la década de los ochenta no solo están siendo arrebatadas, sino que los nietos e hijos de aquellos y aquellas luchadoras viven y trabajan en peores condiciones. Tienen menos derechos. Resulta paradójico reivindicar la transición, que tantas cuestiones políticas dejó sin resolver y que no acabó con el franquismo, que sigue incrustado en el poder y los poderes económicos. Pero que sin embargo ese tardo franquismo no pudo evitar que gracias a miles de huelgas y manifestaciones, los derechos laborales y los salarios mejoraran sustancialmente. Miles de convenios colectivos firmados por entre un 20 y un 30% de incremento tras duros enfrentamientos dan fé. También por avances legales que estas luchas sociales consiguieron.

Una Constitución negociada bajo ruidos de sables y cadenas de carros de combate, no logró cambiar la forma de jefatura del estado heredada de Franco ni avanzar hacía el federalismo y el reconocimiento de los derechos nacionales de los pueblos, pero sin embargo contemplo avanzados derechos sociales que ni entonces, ni ahora, se cumplen.

Pero lo cierto es que avanzamos en aspectos socio-económicos bastante. Aunque nada nos regalaron.

Pero me pregunto si lo que está pasando en España es un hecho aislado y solo Rajoy es culpable. Nada de eso, Rajoy tan solo es un entusiasta ejecutor, un autoritario conservador. La contra-revolución conservadora (Reagan/Thatcher) diseño ya en los años noventa el modelo social que ahora vivimos. La tercera vía y el felipismo avanzaron por esa vía y reconocieron el triunfo del “mercado” ósea el capitalismo. Nada se podía cambiar y la economía ortodoxa era una ciencia irrefutable, la nueva teología, se trataba del dogma neoliberal.

El proceso de laminación del estado del bienestar y los derechos sociales, así como de la privatización de lo público comenzó hace ya más de veinte años. Fue y es toda una estrategia perfectamente estudiada y ejecutada.

Susan George entre otras personas, pero por ser una muy conocida y puesto que despierta un amplio consenso la cito, ya denunció la situación en varios libros. En nuestro estado Juan Torres también lo hizo. Hay artículos, libros y documentos políticos y sindicales. Luego sabemos lo que hay. Peor, sabíamos lo que iba a ocurrir, pero no hemos sido incapaces de evitarlo las fuerzas de progreso y avanzadas. Amén de las numerosas claudicaciones sindicales y políticas. Susan Georg ya advirtió que el capitalismo estadounidense más conservador no creía en el cambio climático y/o le daba lo mismo que el planeta reventará incluso por cuestiones religiosas, como efecto del protestantismo más taliban, sectario y reaccionario.

Por tanto lo que estamos sufriendo es parte del plan del capitalismo, de la acción de los “think tank” o centros de estudio e influencia, financiados por grandes empresas, patronales y sectores económicos multinacionales que en su mayoría son ultra-liberales y ultra-conservadores frente a unos pocos progresistas y otros “progresistas” es decir con barniz avanzado pero defensores del capitalismo sin más, de los que forman parte políticas que afirman ser de izquierdas. Estos centros de ideas han financiado universidades, profesores; políticos de todos los partidos, sindicalistas y periodistas, han diseñando científicamente la desigualdad y como imponerla y han llegado a la fórmula mágica de la “austeridad” al objeto de superar la crisis financiera y económica de 2008, cuya aparición también fue denunciada previamente, lo cual indicaba que fue la oportunidad para imponer las ideas de los neoliberales.

Por tanto, nada nuevo bajo el sol.

Ahora lo importante es ya comenzar a superar la situación y enfrentarnos con claridad a la más grande estafa y redistribución de rentas de pobres y clases trabajadoras en favor de ricos y grandes multinacionales y fondos financieros. Estafa llamada austeridad. Los planes de transferencia y keynesianismo para ricos, pues el estado aporta grandes sumas para beneficio privado, fueron ya implementados por el FMI en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Impuestos en África, Asía y América Latina. Que es lo mismo que ahora se impone en los EE.UU, Europa UE y resto de América del Norte.

Ya estamos pues en la austeridad. Hemos vuelto a los años sesenta del siglo pasado en muchos aspectos. Bien, ahora toca remontar y no va a ser desde los paños calientes, como vamos a poder hacerlo.

Están surgiendo resistencias obreras, luchas obreras y hay ejemplos muy recientes como la huelga de los estibadores y estibadoras, las huelgas de tele-operadores, la huelga de los vigilantes de seguridad del aeropuerto del Prat o las resistencias y huelgas de los taxistas frente a las nuevas formas de organización empresarial que defraudan, evaden impuestos, destruyen empleo regulado e instalan un nuevo capitalismo virtual tan cruel y explotador como el “antiguo”.

También resistencias políticas y Sanders y Corbyn son preclaros ejemplos de ello y precisamente en países de capitalismo avanzado e impulsores de la austeridad y líderes mundiales del capitalismo más salvaje. Por eso su mensaje y acción resulta tan enriquecedor.

Por tanto creo, propongo, en primer lugar que hemos de volver al internacionalismo, no hay ninguna solución nacional, eso es mentira y perjudica a las clases trabajadoras, que hemos de unir esfuerzos a las clases obreras de otros estados y continentes.

En segundo lugar que el “viejo” socialismo democrático, ubicado entre la clase obrera y los pobres y ahora entre los nuevos pobres jóvenes y mujeres jóvenes, es el arma política con más futuro, porqué frente a un diseño neoliberal de ideas y estudios hay que contraponer un socialismo organizado con ideas fuerza, historia y voluntad de cambiar el futuro, mediante la acción organizada de las clases trabajadoras y las personas que no se conforman.

Que hemos de volver a ser luchadoras y luchadores y acordarnos de las personas, muchas de las cuales en el mundo, la mayoría, viven peor que los perros o las tortugas de los urbanitas de clases medias y están peor alimentadas. Pero es que en nuestro occidente feliz con colas en los aeropuertos para pasar unas merecidas vacaciones favoreciendo de paso el cambio climático, hay millones de pobres. Vacaciones baratas porque las cadenas turísticas y hoteleras pagan miseria a sus trabajadoras y las esclavizan en muchas ocasiones. Pero lo peor es que si esto no lo cambiamos, muchos y muchas de las niñas que esperan en la cola aeroportuaria, las felices vacaciones que sus papás les pueden proporcionar, vivirán mucho peor, serán más pobres, nunca tendrán un empleo digno y jamás disfrutarán de una pensión de jubilación.

Por todo esto la acción de los trabajadores y trabajadoras de los controles de seguridad del Prat están haciendo un gran trabajo por nuestro futuro. Los taxistas oponiéndose a la “uberización” de la economía o las Kellys denunciando la semi-esclavitud y el lado más negro del precariado, nos están haciendo un gran favor. No es tan solo una reivindicación suya. Es nuestro futuro.

Por eso hay que generalizar las resistencias obreras, las luchas sindicales y dotarles de un contenido político, pues nos enfrentamos a otro contenido político, la austeridad.

Carlos Martinez

Es politólogo, co-primer secretario de Alternativa Socialista y de SOCIALISTAS

Dossier Venezuela : criticas al Madurismo desde la IZQUIERDA MARXISTA

Nada en Venezuela es lo que parece. Ser marxista conlleva tener capacidad analítica y critica. No es bueno ser hooligan de nadie, ni el socialismo se fraguo en los cuarteles, sino en las fabricas y las minas. Maduro, muy poco que ver con Chávez, pero con Allende menos. En defensa del SOCIALISMO y la democracia.

DOSSIER:

Venezuela: El retroceso “nacional-estalinista”

Pablo Stefanoni

06/08/2017

Tras un viaje en 1920 a la Rusia revolucionaria, junto con un grupo de sindicalistas laboristas, el pensador británico Bertrand Russell escribió un pequeño libro –Teoría y práctica del bolchevismo– en el que plasmaba sus impresiones sobre la reciente revolución bolchevique. Allí planteó con simpleza y visión anticipatoria algunos problemas de la acumulación del poder y los riesgos de construir una nueva religión de Estado. En un texto fuertemente empático hacia la tarea titánica que llevaban a cabo los bolcheviques, sostuvo que el precio de sus métodos era muy alto y que, incluso pagando ese precio, el resultado era incierto. En este sencillo razonamiento residen muchas de las dificultades del socialismo soviético y su devenir posterior durante el siglo XX.

A cien años de esa gesta libertaria, no está mal volver sobre estos problemas. Sobre todo porque la tensión entre democracia y revolución sigue vigente, aunque, por lo general, la vigencia se manifiesta a menudo más como farsa que como tragedia, al menos si leemos algunos análisis sobre la actual coyuntura latinoamericana. El caso venezolano es el más dramático, ya que se trata de la primera experiencia autodenominada socialista triunfante luego de la Revolución Sandinista de 1979. Solo por eso, ya amerita prestarle atención. Pero, además, es posible que su derrota tenga consecuencias similares o peores que la derrota electoral sandinista de 1990. No obstante, los análisis escasean y son habitualmente reemplazados por discursos panfletarios que no son más que el espejo invertido de los de la derecha regional.

La convocatoria a una incierta Asamblea Constituyente parece una fuga hacia delante de un gobierno, el de Nicolás Maduro, que fue perdiendo apoyo popular tanto en las urnas como en las calles. Es cierto que las protestas tienen más intensidad en algunos territorios que en otros, pero la afirmación de que son solo los ricos de Altamira o del este de Caracas quienes se oponen al gobierno es desmentida por la aplastante derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones parlamentarias de 2015. Por eso después ya no hubo elecciones regionales (ni sindicales en el caso de la estratégica petrolera PDVSA). Y por eso la Constituyente fue diseñada de tal forma que el voto ciudadano se combinara con el territorial y el corporativo, en una viveza criolla revestida de principismo revolucionario. Que este domingo hayan ido a votar (lo que equivalía a votar por el oficialismo) más electores que en los mejores momentos de la Revolución Bolivariana habría sido, en efecto, un “milagro”, como lo denominó Nicolás Maduro, incluso considerando la enorme presión estatal sobre los empleados públicos y quienes reciben diversos bienes sociales mediante el Carné de la Patria.

Si el populismo tiene un irreductible núcleo democrático pese a que suele tensar las instituciones, este refiere a un apoyo plebiscitario del electorado. Sin eso, el poder depende cada vez más del aparato militar, como ocurre hoy en Venezuela (si Maduro tuviera la mayoría, podría convocar a un revocatorio, ganarlo y cerrar, al menos transitoriamente, la crisis política, como lo hicieron en su momento Hugo Chávez y Evo Morales). En Venezuela, el agravante del poder militarizado es que los militares forman parte de esquemas de corrupción institucionalizados que incluyen acceso a dólares al tipo de cambio oficial (para luego cambiarlos en el mercado paralelo con gigantescas ganancias) o el contrabando de gasolina o de otros bienes lícitos y posiblemente ilícitos.

Y, para peor, la gestión del Estado devino en un autoritarismo caótico, con desabastecimiento, cortes de luz, violencia urbana descontrolada y degradación moral del proceso bolivariano. Atribuir todo a la “guerra económica” resulta absurdo. Nunca puede explicarse por qué Bolivia o Ecuador sí han podido manejar sus economías razonablemente bien.

No obstante, una parte de la izquierda regional defiende al madurismo en nombre de la revolución y de la lucha de clases. El análisis empírico desapareció y es reemplazado por apelaciones genéricas al pueblo, al antiimperialismo y a la derecha golpista. Retomando a Russell: digamos que estamos dispuestos a pagar el precio de los métodos represivos de Maduro, ¿qué resultado esperamos? ¿Qué esperan quienes, desde posiciones altisonantes, anuncian que el domingo 30 de julio fue un día histórico en el que triunfó el pueblo contra la contrarrevolución? ¿Qué cielo queremos tomar por asalto? Resulta sintomático que la Constituyente no esté acompañada de un horizonte mínimo de reformas y que se la justifique únicamente en nombre de la paz, lo que deja en evidencia que se trata de una maniobra y no de una necesidad de la “revolución”.

Resulta difícil creer que, luego del fracaso o la marginalidad de las diferentes experiencias “anticapitalistas” ensayadas desde 2004 (cuando Chávez abrazó el socialismo del siglo XXI), pueda emprenderse hoy algún tipo de horizonte nuevo de cambio social. No es la primera vez, ni será la última, que en nombre de la superación de la “democracia liberal” se anule la democracia junto con el liberalismo. No es casual tampoco que gran parte de la izquierda que sale a festejar la “madre de todas las batallas” venezolana sea admiradora de Kadafi y su Libro verde. En Libia, el “líder espiritual” llevó al extremo el reemplazo de la democracia liberal por un Estado de masas (Yamahiriya) basado en su poder personal –aunque no tenía cargos formales– y en una eficaz policía secreta que resolvía el problema de la disidencia.

Se trata de una izquierda que podríamos denominar “nacional-estalinista”. Un tipo ideal que permite captar un más o menos difuso espacio que junta un poco de populismo latinoamericano y otro de nostalgia estaliniana (cosas que en el pasado se conjugaban mal). De esa mezcla sale una especie de “estructura de sentimiento” que combina retórica inflada, escasísimo análisis político y social, un binarismo empobrecedor y una especie de neoarielismo frente al imperio (más que análisis marxistas del imperialismo, hay a menudo cierta moralina que lleva a entusiasmarse con las bondades de nuevas potencias como China o con el regreso de Rusia, por no hablar de simpatías con Bashar al-Assad y otros próceres del antiimperialismo). En la medida en que la marea rosada latinoamericana se retrae, el populismo democrático que explicó la ola de izquierda en la región pierde fuerza y esta sensibilidad nacional-estalinista, que tiene a algunos intelectuales en sus filas –varios de los cuales encontraron un refugio en la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad– gana visibilidad e influencia en los gobiernos en retroceso o en las izquierdas debilitadas. El nacional-estalinismo es una especie de populismo de minorías que gobierna como si estuviera resistiendo en la oposición. Por eso gobierna mal.

Hoy es habitual que se compare la Venezuela de 2017 con el Chile de 1973. Claro que los gobiernos democrático-populares enfrentan reacciones antidemocráticas de las derechas conservadoras muchas veces apoyadas por Estados Unidos y es necesario enfrentarlas, lo que puede incluir estados puntuales de excepción. Pero la comparación pasa por alto algunos “detalles”. Primero, Salvador Allende se enfrentó a unas fuerzas armadas supuestamente institucionales pero hostiles, de las que salió Augusto Pinochet. En Venezuela, pese a la existencia de sectores antidemocráticos en la oposición (hay que recordar el golpe fallido de 2002), las fuerzas de seguridad están hasta hoy del lado del gobierno. Y su capacidad de fuego sigue intacta.

Por otra parte, el gobierno chileno no estaba atravesado por la ineficacia y la corrupción interna en los niveles en que lo está el chavismo actual, donde hoy son estructurales. Quizás la comparación con Nicaragua puede ser más enriquecedora: allá sí la injerencia imperial fue sangrienta y criminal, y erosionó muy fuertemente el poder sandinista. ¿Es comparable con esa ofensiva criminal una sanción económica a Maduro, quien, sospechamos, no tiene cuentas en EEUU, o la estrategia de los “golpes de cuarta generación”, que consistirían en la aplicación de un libro del casi nonagenario Gene Sharp que se puede descargar de internet? El imperio conspira en todos lados, pero en otros países de la ALBA más o menos bien administrados no faltan los alimentos en los mercados y, por ejemplo, en el caso de Bolivia, las cifras macroeconómicas son elogiadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Mientras los gobiernos mantienen las mayorías, el populismo democrático mantiene a raya a los nacional-estalinistas porque conserva los reflejos hegemónicos y democráticos activos y resiste el atrincheramiento autoritario.

Lo que sí permite trazar puentes entre el sandinismo tardío y el neochavismo actual es la corrupción como mecanismo de erosión interna y degradación moral, que en el caso nicaragüense terminó primero en derrota y luego en un retorno –contra la mayoría de la vieja guardia sandinista– del matrimonio Ortega-Murillo, hoy atornillado en el poder tras su conversión al catolicismo provida y a una nueva y estrambótica religiosidad estatal, combinada con un pragmatismo sorprendente para hacer negocios públicos y privados –cada vez más imbricados en Nicaragua–. El precio a pagar en Venezuela ¿sería para tener una especie de orteguismo con petróleo? ¿En favor de eso algunos intelectuales le reclaman a Maduro mano dura contra la oposición?

Claro que para la izquierda es importante diferenciarse del antipopulismo –con sus aristas antipopulares, revanchistas, clasistas y también autoritarias–, pero despreciar la perspectiva de la radicalización democrática, acusando de liberales a quienes observan los déficits democráticos efectivos y operando en favor de formas de neoautoritarismo decadente, solo favorece nuevas derechas regionales. En lugar de dar una disputa por el sentido de la democracia contra las visiones que la reducen a la libertad de mercado, la pospolítica o un republicanismo conservador, los nacional-estalinistas la abandonan y se atrincheran en una “resistencia” incapaz de regenerar la hegemonía que la izquierda conquistó en la “década ganada”. Lo que se argumentaba en nombre de un “socialismo del siglo XXI” acaba en una parodia setentista.

Articular socialismo y democracia sigue siendo una agenda pendiente para la izquierda: el riesgo contrario, que ya vivimos, es la defensa de la democracia sin contenidos igualitarios ni proyectos reformistas capaces de erosionar los procesos actuales de des-democratización. Por eso, en relación con Venezuela, parte de la socialdemocracia latinoamericana tampoco puede decir algo que vaya más allá de su apoyo a la oposición nucleada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Una salida pactada en Venezuela no puede basarse únicamente en la normalización de la democracia política: debe incluir también una defensa de los derechos económicos populares (una agenda de democracia económica) frente a quienes, desde la oposición, buscan una salida tipo Temer en Brasil.

Pero frente a los peligros de “temerización” de Venezuela, los nacional-estalinistas pueden resultar contraproducentes: el creciente desprestigio del socialismo, gracias al desgobierno de Maduro y la vuelta de la asociación entre socialismo, escasez y colas, hace que las salidas promercado ganen terreno y apoyo social. No obstante, la tentación de construir el socialismo a palos –”si no es con los votos, será con las armas”, Maduro dixit, o “con el mazo dando”, como Diosdado Cabello bautizó a su programa de televisión–, en nombre de un pueblo abstracto o contra un pueblo manipulado, sigue captando la imaginación y el entusiasmo de parte de la izquierda militante continental. Para colmo, no hay ningún socialismo. Pero los “filtros burbuja” de las redes sociales confirman convicciones y posverdades, de manera bastante parecida a como operan los (violentos) espacios de sociabilidad antipopulistas.

Lamentablemente, sin una izquierda más activa y creativa respecto de Venezuela, la iniciativa regional queda en manos de las derechas. Analicemos estos procesos con sentido crítico y hagamos todo lo posible para que Caracas no sea nuestro Muro de Berlín del siglo XXI.

 

Editor de la revista Nueva Sociedad.

La tragedia de Venezuela

Michael Roberts

06/08/2017

Mientras el régimen de Maduro intenta imponer su nueva Asamblea Constituyente como rival o sustituta del actual Congreso de Venezuela y arresta a los líderes de la oposición pro-capitalista, la grave situación económica y social del país sigue empeorando.
Según el FMI, el PIB de Venezuela en 2017 es un 35% inferior a 2013, un 40% en términos per capita. Es una contracción significativamente más dura que durante la Gran Depresión en los EEUU de 1929-1933, cuando se estima que el PIB de Estados Unidos cayó un 28%. Es ligeramente mayor que la sufrida en Rusia (1990-1994), Cuba (1989-1993), y Albania (1989-1993), pero menor que la experimentada por otros ex estados soviéticos en el momento de la transición, como Georgia, Tayikistán, Azerbaiyán, Armenia y Ucrania, o de países en guerra como Liberia (1993), Libia (2011), Ruanda (1994), Irán (1981) y, más recientemente, el sur de Sudán.
Por lo tanto, con estos datos, según Ricardo Haussman, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, la catástrofe económica de Venezuela empequeñece a cualquier otro en la historia de los EE UU, Europa Occidental o el resto de América Latina.
En 2013, advertí que los logros de la ‘revolución bolivariana’ con Chávez estaban seriamente amenazados. Chávez había mejorado las condiciones de los más pobres con el aumento de los salarios, los servicios sociales y la reducción de la desigualdad. Sin embargo, estos sólo podían aumentar en los confines de la economía capitalista mediante el uso de los ingresos de las exportaciones de petróleo en un momento de precios muy altos del petróleo. Pero los precios del petróleo comenzaron a caer y prácticamente se han reducido a la mitad en los últimos dos años.
Las exportaciones de petróleo se redujeron en $ 2.200  per cápita de  2012 a 2016, de los cuales $ 1.500 se debieron a la disminución de los precios del petróleo. El gobierno de Maduro comenzó a acumular enormes deudas externas para tratar de mantener el nivel de vida. Venezuela es ahora el país más endeudado del mundo. Ningún país tiene una deuda externa pública mayor en proporción del PIB o de las exportaciones, o tiene un servicio más elevado de la deuda como porcentaje de sus exportaciones.
El gobierno recurrió a la devaluación de la moneda para impulsar los ingresos en dólares, pero esto sólo estimula una inflación escandalosa y recortes en los salarios reales. Al mismo tiempo, el gobierno decidió ‘honrar’ todos sus pagos de la deuda externa y reducir las importaciones en su lugar. Como consecuencia, las importaciones de bienes y servicios per capita  se redujeron un 75% en términos reales (ajustados a la inflación) entre 2012 y 2016, con un nuevo descenso en 2017. Tal colapso es sólo comparable al de Mongolia (1988-1992) y Nigeria (1982-1986) y mayor que el resto del derrumbe de las importaciones de cuatro años en todo el mundo desde 1960. Esto condujo a un colapso de la agricultura y la industria, incluso mayor que la del PIB global, recortando casi otros $ 1.000 per capita en bienes de consumo producidos localmente.
El salario mínimo – que, en Venezuela es también el ingreso del trabajador medio, debido a la gran proporción de perceptores de salario mínimo – ha disminuido en un 75% (en precios constantes) de mayo de 2012 hasta mayo de 2017. Si se calcula en las calorías más baratas disponibles, el salario mínimo se redujo de 52,854 calorías por día hasta apenas 7.005 en el mismo período, un descenso del 86,7% que es insuficiente para alimentar a una familia de cinco miembros, suponiendo que todos los ingresos se gasten en comprar las calorías más baratas. Con su salario mínimo, los venezolanos podían comprar menos de una quinta parte de la comida que los colombianos tradicionalmente más pobres pueden comprar con los suyos.
La pobreza de ingresos se incrementó de 48% en 2014 al 82% en 2016 , según una encuesta realizada por las tres universidades más prestigiosas de Venezuela. El mismo estudio encontró que el 74% de los venezolanos han perdido involuntariamente un promedio de 8,6 kilos de peso. El Observatorio de Salud de Venezuela señala un aumento del 10% en la mortalidad de los pacientes y un aumento del 100% entre la de los recién nacidos en los hospitales en 2016.
Según un estudio llevado a cabo entre octubre y diciembre de 2016 por Cáritas Venezuela, en colaboración con Caritas Francia, la Comisión Europea y la Confederación Suiza, hay indicios claros de desnutrición crónica entre los niños en Venezuela. En algunas zonas, alcanza niveles cercanos a lo que, según las normas internacionales, es una crisis. El informe dice: “se están registrando estrategias de supervivencia inseguras e irreversibles desde un punto de vista económico, social y biológico, y el consumo de alimentos de venta callejera es especialmente preocupante”. “De acuerdo con una encuesta realizada en junio de 2016 en el estado de Miranda, el 86% de los niños temía quedarse sin alimentos. El cincuenta por ciento dijo que se fueron a la cama con hambre por falta de alimentos en sus hogares“.
Erika Guevara, directora de la Oficina Regional de Amnistía Internacional para las Américas escribió en junio de 2016: “el Hospital de Niños JM. De los Ríos en Caracas, que una vez fue un orgullo como modelo de atención pediátrica en Venezuela, hoy es un símbolo trágico de la crisis que está barriendo al país sudamericano. La mitad del gigantesco edificio se derrumba, las paredes se tambalean, los suelos se inundan y las habitaciones están tan deterioradas que ya no se utilizan. A pesar de ello, cientos de niños están siendo tratados. Pero tanto los medicamentos como los suministros médicos básicos son escasos, y las madres de los niños ya han renunciado a exigirlos. (…)”. “Las Voces del Hambre”, un informe realizado por Telemundo y dirigido por el periodista venezolano Fernando Girón, muestra cómo niños venezolanos luchan con aves de presa por los huesos desechados por los carniceros (El Nacional, 02/28/17).
Antes de Chávez, la mayoría de los venezolanos eran extremadamente pobres tras una serie de gobiernos de la derecha capitalista. Pero ahora, una vez más, bajo Maduro, esta es la situación de los pobres y la mayoría de la clase trabajadora venezolana. No es de extrañar que el apoyo al gobierno de Maduro ha disminuido, mientras que las fuerzas de la reacción se hacen más fuertes. Mientras que la mayoría lucha, muchos en la jerarquía superior del gobierno de Maduro viven tan cómodos como los capitalistas venezolanos y sus partidarios que están tratando de derrocar al gobierno.
El gobierno de Maduro depende cada vez más no del apoyo de la clase obrera, sino de las fuerzas armadas. Y el gobierno se ocupa de ellos también. Los militares pueden comprar en mercados exclusivos (por ejemplo, en las bases militares), tienen un acceso privilegiado a préstamos y compras de automóviles y viviendas, y han recibido aumentos salariales sustanciales. El ejército también ha obtenido contratos lucrativos, gestionando los controles de cambio y los subsidios -por ejemplo, la venta de gasolina barata comprada en los países vecinos- con grandes ganancias.
Como Rolando Astarita ha señalado en una serie de notas, el ejército tiene un fuerte poder económico directo, ya que las FANB dirigen y controlan toda una serie de empresas: el banco BANFANB; AGROFANB para la agricultura; EMILTRA en el transporte; EMCOFANB, una empresa de sistemas de comunicación de la FANB; TVFANB, un canal de televisión digital abierto; TECNOMAR, una compañía de proyectos de tecnología y militares mixtos; FIMNP, un fondo de inversión; CONSTRUFANB, una constructora; CANCORFANB; Aguas Tiuna, una planta embotelladora de agua; Y además está CAMINPEG, la compañía anónima militar minera, de petróleo y gas.
Sectores importantes de las élites del gobierno de Maduro han utilizado la crisis económica para su propio beneficio personal. Han comprado deuda pública con fuertes rendimientos, mientras que al mismo tiempo se aseguran que no habrá una bancarrota pública, todo ello a expensas de la caída de los niveles de vida de la gente que debe pagar esta deuda a través de los impuestos y los ingresos del petróleo no percibidos. Las divisas destinados al pago de la deuda externa ha sido compensadas por la reducción de las importaciones de alimentos, medicamentos o insumos industriales esenciales.
Así, mientras los manifestantes anti-gubernamentales luchan contra la policía y el ejército en las calles y el gobierno de Maduro evoluciona cada vez más hacia un régimen autoritario, la clase obrera se queda sin amparo. El programa económico y social de la oposición es el tradicional de los capitalistas nacionales apoyados por el imperialismo: a saber, la reforma de las leyes laborales (es decir, más explotación y saqueos), la privatización o la re-privatización de las empresas estatales, la desregulación de los controles sobre la inversión ( es decir, garantizar una alta tasa de explotación laboral) y, por supuesto, la liberación de precios y la unificación de los tipos de cambio. La implementación de este programa impondría aún más recortes en su nivel de vida a la mayoría. Al igual que las sanciones previstas por el imperialismo norteamericano y sus acólitos en la región.
¿Qué salió mal con los loables objetivos del chavismo? ¿Podría haberse evitado esta tragedia? Sí, si la revolución chavista no se hubiese quedado a menos de la mitad, dejando la economía predominantemente bajo el control del capital. En lugar de ello, los gobiernos chavistas y Maduro se apoyaron en los altos precios del petróleo y sus enormes reservas de hidrocarburos para reducir la pobreza, pero no para transformar la economía a través de la inversión productiva, la propiedad estatal y la planificación. Entre 1999 y 2012 el Estado tuvo ingresos de $ 383.000 millones del petróleo, debido no sólo a la mejora de los precios, sino también al aumento de las regalías pagadas por las transnacionales. Sin embargo, estos ingresos no se utilizaron para transformar los sectores productivos de la economía. Sí, algo se utilizó para mejorar el nivel de vida de las masas más empobrecidas. Pero no había un plan de inversión y crecimiento. Al capital venezolano se le permitió seguir adelante operando como siempre – o no, según fuese el caso. De hecho, la participación de la industria en el PIB se redujo del 18% en 1998 al 14% en 2012.
Ahora la derecha pro ‘libre mercado’ nos dicen que Venezuela demuestra que el ‘socialismo’ no funciona y que no se puede escapar a los rigores del mercado. Pero la historia de los últimos diez años no es la del fracaso del ‘socialismo’ o de la planificación, sino la del fracaso para poner fin al control del capital en un (cada vez más aislado) país capitalista aparentemente débil con un único activo: el petróleo. No hubo inversión en la gente, en su formación, en el desarrollo de nuevas industrias y la innovación tecnológica: todo ello se dejo en manos del sector capitalista. Basta comparar con el ‘socialismo con características chinas’, aunque en un país más grande que ahora es la economía en el mundo.
Hace poco más de un año, escribí  en una nota que, para salvar los objetivos del chavismo, “es probable que sea demasiado tarde, ya que las fuerzas de la reacción ganan terreno cada día en el país. Parece solo estamos a la espera de la decisión del ejército de cambiar de bando y expulsar a los chavistas”.
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Sin intervención económica estatal el bienestar es imposible

Carlos Martínez de Alternativa Socialista y politólogo

Uno de los objetivos fundamentales de la contrarrevolución conservadora iniciada en los 80 del siglo pasado y materializada tras la crisis de 2008 aprovechando el capitalismo la coyuntura, es decir haciendo de la crisis capitalista su oportunidad, es destruir el estado del bienestar y el sector público de la economía, privatizando bienes y servicios y avanzando de forma continua hacía la destrucción de la protección social y las pensiones públicas.

En el campo socialdemócrata y laborista la tercera vía supone la aceptación de las políticas neoliberales y la destrucción de las conquistas sindicales y socialistas en Europa Occidental desde 1945. González es en España un adelantado a Blair, totalmente influenciado por su maestro económico Miguel Boyer. La tercera vía pone a la socialdemocracia en el camino de la desaparición y traiciona sus luchas desde tiempos de la I Internacional y al movimiento obrero europeo en este caso.

El punto de partido de los programas laboristas y socialistas democráticos es sin duda el programa laborista de 1945 cuando por cierto todavía no había estallado la guerra fría y por tanto es un movimiento autónomo del socialismo Fabiano laborista que atiende a una población depauperada tras la II Guerra Mundial. Los laboristas nacionalizan sectores estratégicos, crean el sistema público de salud e intervienen en la economía. Los laboristas británicos construyen viviendas sociales a cientos de miles, pero también se hacen con siderúrgicas, puertos y ferrocarriles. Es seguramente y en democracia el programa y la acción política más a la izquierda realizada en el mundo en democracia. Hoy debe ser un referente y fuente de inspiración para la reagrupación y reconstrucción del socialismo democrático, consecuente y de clase. 1945 es sin duda nuestra seña de identidad, para comenzar a caminar.

Pero hay más, cuando se inician los programas de bienestar en Europa y ya no tan solo en Europa, se crean y/o nacionalizan bancos, apareciendo una poderosa banca pública. Energía eléctrica pública, transportes públicos, minería pública, telecomunicaciones públicas, sectores industriales públicos, que por cierto todavía siguen. Pero el neoliberalismo que además de ser una ideología política lo es cultural, cambia las mentes y hace creer que lo público es ineficiente, cuando resulta que las grandes crisis capitalistas mundiales se deben a ineficiencias e ineficacias del sector privado y los sectores privatizados. Las grandes corporaciones privadas viven, insisto viven, a costa de grandes inyecciones de capital público y de jugosos y corruptos contratos con los estados. Es decir lo que el capital quiere no es privatizar todo sino apropiarse de lo público, pero seguir recibiendo aportaciones públicas o teniendo el apoyo gubernamental para realizar sus tropelías como es el caso de las eléctricas en el Reino de España que cada vez son más ineficientes y a su vez saquean los bolsillos de las clases populares para obtener beneficios, gracias a las puertas giratorias y a la complicidad gubernamental.

La palabra mágica del programa de 1945 que hunde sus raíces en los orígenes del socialismo, nacionalización es decir hacer de todas y todos bienes que sirven a las personas, se vuelve maldita y muchas y muchos llamados socialdemócratas se asustan cuando la escuchan. Eso solo tiene una explicación, que no son socialistas. Dicho esto también afirmo que la economía social es transito hacía el socialismo, que no es el reino de la estatización ni el capitalismo de estado salinista o chino, sino la propiedad pública y social, la democracia económica.

Pero para mantener el bienestar los gobiernos deben intervenir en la economía. Hace falta una banca pública puesto que la banca es un servicio público y no hay mayor defensa de los y las trabajadoras consumidoras que competencia mediante bancos no especulativos y populares cual es el origen de las cajas de ahorros. La sanidad y la educación no son negocios, son servicios y además deben ser democráticos y plurales. La electricidad, la luz, no puede estar en manos de compañías privadas que mienten, estafan y cobran de forma abusiva según unos parámetros que ellas mismas crean. La luz es un servicio público. En reinoespaña que somos más papistas que el papa, desconocemos que en ¡Alemania! Hay empresas públicas eléctricas incluso municipales, que no solo distribuyen sino que generan, por cierto muchas de ellas mediante energías alternativas. Hay empresas eléctricas públicas en Francia, en Italia en… Menos en España, donde por cierto la ENI pública italiana propietaria mayoritaria de ENDESA viene a nuestro estado a hacer caja, dado el chollo que es en España tener una eléctrica.

Pero es que el sector público al generar empleos de más calidad que el privado provoca al tiempo más capacidad recaudatoria del propio estado, más consumo en el comercio y más necesidad de bienes y servicios que los y las empleadas públicas -no pensemos solo en funcionarios, sino en mineros, ferroviarias, mecánicos de mantenimiento o soldadores, informadoras, administrativas, conductoras…- demandan, a la vez que se promueve también la competencia que hoy por hoy en España no existe pues vivimos en una situación de monopolio perfecto del sector privado que organizado y sindicado se dedica a controlar nuestras vidas, vivir a costa de nuestro trabajo e impuestos y hacer política, dirigir la política. Ahora con el PP en el gobierno el expolio es total. Pero si quien sustituye al PP no tiene un programa valiente y decidido, nada de nada. Pero no solo programa, también ideas y valores.1945.

Veamos el mejor ejemplo posible en Europa: Jeremy Corbyn, por el que antes de las elecciones nadie daba un duro por él, ni siquiera su internacional socialista. Considerado un radical peligros y loco por PRISA y el gonzalismo, no digamos por los mercados y la City no solo consigue una subida exponencial de su partido, sino que con un programa laborista socialista es ahora el primero en intención de voto y se ha convertido este veterano en el líder de la juventud y ha recuperado la clase obrera británica para el Labour. Pues bien Corbyn tiene un programa de re-nacionalizaciones, nacionalizaciones, subida de impuestos a los ricos y mejora a ultranza de la sanidad y educación públicas. Entre otras cosas. Claro, no citemos a Sanders que hablando de socialismo y ecología en los ¡EEUU!es la única persona que podía frenar a Trump en lugar de la pija corrupta de la señora Clinton.

Sin control, un estado anoréxico, vendido a las multinacionales que promueve un precariado criminal, lamina el movimiento obrero a pesar de esperanzadoras resistencias y hunde bajo mínimos la recaudación, no puede sostener los servicios y las pensiones y por tanto debe privatizar aunque sea de forma encubierta. Pero no pensemos que esto es por favorecer amiguetes y hacer favores a los ricos, que también, esto es una estrategia política que aplicó ya Margaret Thatcher y el PP sigue a pie juntillas que consiste en “vacía las arcas, reduce las pensiones y crea pánico sobre ellas, reduce plantillas en la sanidad y la educación. Ratas en los hospitales… Así la gente verá lo privado como su salvación y todas y todos a hacer negocio en principio a costa de la pringada e inútil clase media y después a costa de toda la clase trabajadora derrotada y vencida. Todos cautivos al final”

Por eso si queremos construir socialismo hay que acabar con esto. Pero si de inicio queremos defender el estado del bienestar e ir hacía el estado social hay que intervenir en economía, sabiendo eso sí, que la Unión Europea, el FMI, la Troika en su conjunto pondrán el grito en el cielo. Y ahora es también cuando nos enteraremos de porque triunfo el Brexit, que no es por la extrema derecha como miente PRISA sino por hartazgo de las privatizaciones y la austeridad. También hay otras razones claro, pero solo con esas, no hubiera tenido tanto voto obrero británico.

Hay muchas cosas que cambiar, comenzando por nuestras mentes. Por lo pronto, este sistema no funciona.

Nacionalización de las compañías eléctricas: No es una consigna, es una necesidad

Carlos Martínez es co primer secretario de Alternativa Socialista/Socialistas y del Consejo Científico de Attac

La desigualdad que impera en el estado español, no tiene tan solo una motivación salarial, por más que el salario de las y los trabajadores lleve años depreciándose en favor de las patronales y las multinacionales que los explotan –no digamos si encima trabajan eventuales en la hostelería- en el precariado así como con la ausencia de subsidios de desempleo de más de dos millones de personas. Siendo todos estos factores muy importantes que incrementan la desigualdad, capitales diría yo, he incluyo en estos factores de desigualdad, el salario de las pensiones, pues son eso, debido a su generación mediante el trabajo y los años cotizados por los y las pensionistas-trabajadoras. Otro factor de la desigualdad son las cargas que de forma obligatoria las clases populares deben soportar quieran o no y de las que son esclavas.

Los copagos sanitarios, estarían dentro de esa obligatoriedad hacía las personas humildes. Otra es el precio de la energía eléctrica, la luz. Las gentes –todas- no pueden calentarse, conservar los alimentos, alumbrarse o refrigerarse aunque sea mediante ventiladores baratos, si no tienen luz. Si no les cortan la luz. Sino pagan el recibo de la compañía eléctrica de turno. En el Reino de España cinco compañías, comercializan el 90% de la electricidad y constituyen un oligopolio (Yo diría un monopolio perfecto, pues el oligopolio dicta las normas y controla el mercado en exclusiva a efectos prácticos). Además UNESA su patronal, es en realidad un lobby político con un inmenso poder político, valga la redundancia, que controla al gobierno del PP y tiene importantes tentáculos en otros partidos.

Pero veamos, como se produce esto. Desde 1997 (y no niego que antes no hubieran ya abusos de las eléctricas privadas) la Unión Europea, insta a España a liberalizar y desregular precios. La UE una vez más trabajando en favor del capital privado, el mercado y favoreciendo la desregulación. Nunca en favor de las personas. Pues bien desde 1997 el problema aparece y el Gobierno de turno deja de regular e incluso negociar con representaciones sociales y de consumidores los precios. Ya solo cuentan las empresas privadas del sector.

Saltando un poco en el tiempo, el ex ministro Soria y el secretario de estado de energía Alejandro Nadal con el impulso político de Aznar y de Rajoy, se convierten en los grandes valedores del negocio-timo-robo de los precios y de la especulación eléctrica.

Las políticas Soria-Rajoy nos han convertido en base a operaciones matemáticas tan complicadas como favorecedoras del interés privado no en consumidores, no, sino en deudores. Se idea un asunto llamado “déficit tarifario” con diversas excusas, como la de la moratoria nuclear al objeto de que en el recibo que se sube a capricho mediante unas subastas, tenga una justificación. Subastas de la luz que es un servicio público, en el que participan las eléctricas siempre. Que provocan las extrañas subidas de las que el personal jamás se entera. Solo cuando paga y como el recibo de la electricidad hay pagarlo si o si, pues las clases trabajadoras, el pueblo humilde y las personas pobres pagan y sufren. Pero si no pagan las consecuencias son terribles. Las empresas trafican con la necesidad imperiosa y el Gobierno de forma corrupta cubre y justifica al oligopolio eléctrico.

Estamos ante un inmenso caso de corrupción de la legitimidad. Puede ser legal, pero ni es legítimo, ni democrático, ni humano. Es la pura dictadura de los mercados, en este caso del mercado eléctrico.

Entonces, ¿cuál es la solución? Desde luego las medidas personales y el ahorro individual son una simpleza que no soluciona el problema y solo sirven para echar la culpa al pueblo acusándolo de despilfarro que es la cantinela para justificar la austeridad impuesta. Las iniciativas de cooperativas de consumidores son importantes e interesantes, pero no llegan a la inmensa mayoría de las clases populares, que cuando más pobres y necesitadas o precarias son, menos se enteran. Las soluciones deben ser colectivas, no individuales ni de incremento de una “competencia” que al final el oligopolio eléctrico acaba cooptando o marginando. La única solución realista es la nacionalización de las eléctricas. Convertir la electricidad en un servicio público y con control democrático, lo cual no quiere decir ineficaz. Para ineficacia la del oligopolio. La privada. Hay comarcas españolas con constantes cortes de luz, comarcas y barrios urbanos enteros donde hace más de treinta años que no se renuevan ni modernizan las infraestructuras eléctricas que sirven a la población. Redes anticuadas e incluso peligrosas. Apagones por cualquier tormentilla y viento racheado de media intensidad. Falta de atención. Mala educación, abuso y vejaciones contra los y las usuarias. Cortes de suministro a personas pobres, ancianas excluidas o familias en el paro que por pura necesidad no pueden hacer frente al recibo (luz o comer). Junto a un robo constante y encubierto a toda la población.

Para un socialista, que el asunto de los servicios públicos y lo público debiera estar meridianamente claro, la nacionalización de quienes cometen fraude constante es una obligación ética y moral. Para cualquier persona honrada y de bien no consentir este expolio ilegitimo es una obligación de primer orden.

Hasta ahora las compañías eléctricas nunca han sido auditadas. Nadie sabe a ciencia cierta de donde sale la deuda y el maldito déficit tarifario. La Unión Europea no puede ser lo que es y que no se si tiene solución (Desde luego para un obrero medio de Gales o del norte de Inglaterra, no), pero lo que está claro que su política de imponer privatizaciones es un fracaso para las personas. La UE es un factor muy activo en el incremento de las desigualdades y lo podemos comprobar no solo en este sector económico, sino en otros.

Por eso hemos de reclamar con fuerza por coherencia, por honradez y por inteligencia la nacionalización de la energía eléctrica. En cuanto a los pagos compensatorios que estas compañías reclamen, pues una auditoria sería y veraz y seguro nos deben dinero a todas y todos los ciudadanos y habitantes del estado español.