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Lo que se nos viene encima y la reorganización social

Falso debate. La propaganda neoliberal y las mentiras del sistema.

Es curioso, cada vez se demuestra más y mejor que las políticas de la Unión Europea, del Gobierno y de los partidos del sistema, son un fracaso. Que estas medidas solo benefician al poder financiero, mientras que empobrecen a las clases populares y arruinan a nuestros estados, pero la propaganda corporativa hace su trabajo y nos inunda haciéndonos a las victimas cómplices de su crisis.

Están logrando que mucha gente piense que nos tenemos que apretar el cinturón aún más. Que sobran empleadas y empleados públicos. En política todas, todos, son unos chorizos (mientras no critican ni a los banqueros, especuladores, aristócratas y relumbrones que viven a su costa y ordenan las políticas a ejecutar). Que en el paro hay mucho vago y que hace falta mano dura. Se dice que vivimos por encima de nuestras posibilidades -pero lo dicen de los de abajo, no de los de arriba- y esto lo afirman pobres gentes que no llegan a fin de mes. Vergüenza de sociedad, mediatizada, embrutecida por la telebasura y asustada, muy asustada.

Muchas personas buscan seguridad y proyectos vitales que les den esperanza. Principios que les ofrezcan una vida mejor. Sabido es que a las clases populares nadie nos regala nada, luego como todos son iguales, que manden los señoritos porque esos, como ya son ricos, si saben lo que hay que hacer. ¿Qué hacemos ante esto? ¿Qué hacemos ante quien confía más en una Virgen de escayola que en una manifestación social, un mitin sindical o una resistencia vecinal?

El 15M ha traído un rayo de esperanza a muchas personas corrientes, que no lo apoyan activamente, pero si simpatizan y mucho con él. Hay pues una gran responsabilidad en el movimiento para hacerse entender, seguir siendo vistos con simpatía y poder conectar aún más con las necesidades y esperanzas de una población sin referentes culturales, ni ideológicos. Una tía mía, decía que un niño no podía comerse un bocadillo de boxeador, muy gráficamente. Así pues, personas sin experiencia social no pueden ser sometidas a una asamblea de método, que no recoja de alguna manera sus ideas y aportaciones (pero de forma sencilla y con lenguaje popular, no “metalenguaje metapolítico”) y un discurso en apariencia muy participativo, pero en realidad muy elitista. Creo pues que el 15M debiera no perder aquellas primeras propuestas de DRY tan sencillas, como entendibles y movilizadoras.

Pero ni todo empezó el 15M, ni todo se reduce a él. El 15M es una experiencia riquísima, una escuela de acción maravillosa y una nueva forma de hacer y entender la política, que todas y todos debemos abrazar con convencimiento. Pero claro, debe seguir siendo ampliamente participativo y participado o bien creamos nuevas élites alejadas del pueblo y nuevas burocracias de la no burocracia. Pretender que en ciudades tipo de 300.000 habitantes donde ha habido asambleas de 3.000 personas, que ahora una de 30 sea representativa no es el suicidio del 15M, es su asesinato. Respeto la buena voluntad, pero respetemos también a las clases populares y sus problemas, horarios y limitaciones familiares físicas y temporales.

Es por ello que necesitamos dotarnos de unas estructuras nuevas y participativas, plurales e inclusivas que garanticen la continuidad, sin secuestrar ni siquiera del nombre al movimiento.

Pero sobre todo jamás olvidemos que la lucha es cultural. Frente a la cultura neoliberal, que es la que propicia que tras un gobierno socioliberal y que ha defraudado a sus votantes, la opción sea la derecha extrema y también neoliberal, pero encima autoritaria. El 15M debe prepararse para vivir tiempos aún más difíciles, mucho más complicados y con una catarata de propaganda neoliberal aún más dura. Tendrán que justificar el que es bueno desmontar el estado del bienestar, aunque nos conduzca al corralito. Lograrán que grandes masas apoyen a los poderosos, aunque les perjudique y por medio de un régimen berlusconiano se intensificará la propaganda neoliberal, exaltando a lo privado frente a lo público.

Esto nos obliga a buscar buenos y populares medios de difusión e información alternativos, distraídos, eficaces en sus propuestas y muy asequibles.

Pero también a crear nuevas organizaciones políticas, que despierten, interesen y creen la esperanza que necesitamos, pero también den la seguridad que las clases populares buscan. Esto es fácil, solo nos falta convencer. Sabemos lo que hay que hacer y tenemos alternativas mucho más solventes que las de los fracasados que nos gobiernan y los señoritos fascistones que nos quieren gobernar. Sabiendo además que esta convergencia social y política imprescindible es necesaria la confluencia de las personas que ya militan en espacios alternativos, sindicales, republicanos, es irrenunciable.

Lo primero será defender lo público, como bien de todos y garantía de nuestra seguridad en salud, vejez, educación y en servicios e infraestructuras, pero también en empleo digno y de calidad.

Lo segundo el reparto, es decir una fiscalidad, unos impuestos justos y valientes que hagan que ricos y grandes empresas paguen lo que nos están robando y estafando, salvando de esta forma el bienestar y caminando hacía el estado social.

En tercer lugar -o tal vez primero-, la soberanía popular, pues nos la están vendiendo y traicionando. El pueblo cada vez pinta menos y la democracia cada vez es peor, así pues cuando se multiplique aún más el asalto al estado de los poderosos y cada vez este tenga menos legitimidad pública, será la hora de exigir un nuevo periodo constituyente. Advierto, todo esto, puede darse en muy pocos meses.

Por eso hay que difundir una nueva cultura de la solidaridad y de la frugalidad, el buen vivir compartido y social, frente a la rapiña neoliberal, destructora y embrutecedora. Todas y todos, los demócratas, las socialistas, ecologistas, comunistas, sindicalistas, alternativos y las buenas gentes que creen en la justicia y aman el bien y la libertad juntos. Pero libertad con pan.

Que se vayan todos

Ya hemos vivido nuestro jueves negro. Ayer las bolsas se hundieron y la deuda se situó por las nubes. Hay quien habla de huelga de inversores y de pánico. La realidad es el fracaso más rotundo de las medidas de política económica que están aplicándose y los ataques contra el bienestar y lo que queda del estado social.

Lo que están reventando, en Europa, es el estado y la protección social y ahora, advierto seriamente, lo que propondrán son todavía más ajustes, más sufrimiento de las clases populares y la “tercermundialización de la Unión Europea” para hacer frente a la recuperación económica de los mercados, a costa de cercenar derechos y empobrecer aún más a las clases trabajadoras, dejando un futuro negro a las personas más jóvenes.

Lo que estamos viendo en Grecia respecto a recortes, privatizaciones y despidos es lo que nos espera si nos sigue gobernado está clase política del sistema, que solo está entrenada para salvarlo. Unos porque esa es su ideología y son conservadores y neoliberales, y otros porque han renunciado a la utopía y se han convertido en un engranaje más del capitalismo, más preocupados por bancos y mercados que por las personas.

Son una pandilla de fracasados, consultando a fracasados economistas del sistema, que no tienen más receta que sacar dinero a costa de los de abajo. Esa receta, la de vivir a costa de pecheros, siervos, esclavos, ilotas, es muy antigua. Por eso hay que reaccionar. Los movimientos ciudadanos tenemos una gran responsabilidad, la misma que los sindicatos y las fuerzas políticas de izquierdas transformadoras y sociales.

Tenemos alternativas. Llevamos tiempo advirtiendo y acertando en todas y cada una de nuestras advertencias, sin que se nos haga caso alguno y por eso, por no aplicar nuestras propuestas, ignorando lo que Susan George, Ignacio Ramonet, Bernard Cassen, Vicenç Navarro, Juan Torres, Alberto Garzón, Walden Bello, Samir Amin, Inmanuel Wallerstein, Miren Etxezarreta… etc. etc. llevamos tiempo advirtiendo y proponiendo, estamos ahora en estas los pueblos. En el reino de España, los de FEDEA son culpables, los economistas orgánicos a sueldo de los bancos han marcado las políticas económicas a seguir y el gobierno en mano de los mercados, errático y confuso, ha implementado políticas neoliberales desastrosas siguiendo el dictat de Alemania, en lugar de enfrentarse a esta situación.

Debemos reaccionar. La alternativa en el estado español no son las derechas. Las derechas conservadoras son hegemónicas en la Unión Europea y por tanto ya sabemos sus recetas, que además ya se las han impuesto a los socioliberales.

La alternativa es el poder popular, la constituyente social, la profundización, no solo en la resistencia, sino en la propuesta y una gran convergencia político-social propositiva e inclusiva de todas las personas demócratas, trabajadoras y con voluntad de iniciar un nuevo camino, no para empobrecernos más, sino para articular un futuro -que existe- de reparto, justicia fiscal, economía social y vida digna, productiva, de revitalización del comercio local y la soberanía alimentaria. Porque lo cierto es que el consumismo y el crecimiento ilimitado son ya unas zarandajas que nadie con dos dedos de frente se cree. Exijamos pues una vida con dignidad, frugalidad, reparto y justicia.

La globalización neoliberal ha fracasado.

Quieren convertirmos en seres deprimidos y sobrevivientes. Nos quieren en la cola y cabizbajos

Nos quieren ver depresivos y sobreviviendo. Nos quieren aplastar.

Los poderosos saben muy bien que la gente empobrecida, parada y excluida, solo tiene en la cabeza sobrevivir y pensar como se las arreglará para comer caliente al día siguiente. No es su preocupación fundamental la de aprender y formarse, sino la de encontrar un jornal, aunque sea de unas horas y por unos euros. No es la reclamación de seguros sociales, ni siquiera la de una educación en condiciones para sus hijos, sino como los podrá calzar y vestir.

Eso lo saben bien los y las poderosas. A cambio ofrecen televisión embrutecedora, esperanza religiosa y competitividad, es decir competición entre los excluidos para ver quien hace méritos para salir como sea del hoyo y así poder consumir más, emular a base de falsificaciones sus marcas de ropa y comprar coches usados, pero rápidos y con potentes altavoces.

El neoliberalismo ha cambiado la vida y la cultura en los barrios y ha dado una nueva esperanza, la del consumo a tu nivel y la de admirar a pedorras y pedorros soeces, pero que siendo incultos, triunfan. La solución es vender y venderse. Saben que su mensaje ha calado y encima que les oprimen, explotan y controlan, muchas y muchos les votan, porque las derechas, los señoritos, necesitan mano de obra y los socioliberales (antiguos socialdemocrátas) hablan un lenguaje que no entienden y sacan unas señoras con pinta de marquesas ha hablar de economía, demostrándoles de esta forma efectiva que ellos no les preocupan. Les preocupan los mercados y los bancos.

Nos quieren machacar, empobrecer, embrutecer, porqué saben que de esta forma nos tienen bajo su bota, o su tacón de aguja. Quieren que seamos sus pobres caricaturas.

Si las izquierdas transformadoras y las gentes del pensamiento critico y alternativo quieren cambiar algo, o iniciar un proceso de recuperación de fuerzas de las clases populares y de organización de las y los de abajo, de las clases trabajadoras, lo primero que deberán hacer es hablar un lenguaje que la gente de los barrios les entienda. Volver a los barrios, pero no como misioneros o misioneras, sino como sufrientes y víctimas que también somos de la crisis del capitalismo y proponer soluciones, visibles y alcanzables, a veces sencillas, pero que permitan algunos éxitos iniciales, porque si no les pareceremos “unos pringaos”.

No es el discurso inenteligible de puro radicalismo infantil lo que nos permitirá articular la lucha ciudadana y la lucha de clases. No serán los liderazgos mesiánicos los que nos harán avanzar más allá de pequeñas islas. Solo el trabajo, el lenguaje sencillo y popular, los liderazgos sociales admitidos, pero jamás impuestos y naturales. Solo el preocuparnos por temas simples y tan esenciales a la vez como el empleo, las pensiones, la educacación y la salud, las prestaciones mejores y más largas en el desempleo, nos hará creíbles.

Identificar al adversario, al enemigo, es clave y los bancos, los ricos que salen obscenamente en la televisión en yates y bodorrios que nosotras pagamos son los chorizos a desprestigiar. También las derechas y todos los que quieren perpetuar este estado de injusticia, viviendo a nuestra costa.

Necesitamos que las personas trabajadoras, paradas y humildes vuelvan a tener orgullo y confiar en sus propias fuerzas. Por eso, apoyar por ejemplo la manifestación del 25 de Septiembre por una vivienda digna, por la dación en pago y denunciando la carroña de los bancos es tán importante. Ese problema afecta a millones de personas, paradas, precarias o quebradas y con una hipoteca a fin de mes, y encima podemos triunfar. Vamos a conseguirlo.

Hay que volver a propuestas tan sencillas como entendibles y no perder tanto tiempo en métodos. Hay que ser operativos, movilizadores y no crear unas nuevas vanguardias separadas, por más que se crea lo contrario, de las prácticas, vivencias y pensamientos de las y los vecinos de los bloques de VPO, las antiguas barriadas sindicales, los patronatos de Santa Adela o las casas baratas.

La unión hace la fuerza y para todo esto, los movimientos sociales, ciudadanos, de genero, los sindicatos y los partidos y agrupaciones políticas de izquierdas y antineoliberales, deben converger. La calle debe volver a llenarse y el 20N no errar el tiro. Los poderosos ya saben lo que harán ocurra lo que ocurra tras las elecciones, además la banca nunca pierde.

Un consejo mío (con perdón): si queréis saber si alguien que os pide el voto quiere cambiar las cosas o no, preguntadle que quiere hacer con el poder financiero, si desea controlarlo y enfrentarse a él, no con demagogía sino con realismo. Preguntádle si quiere constituir la banca pública. Preguntadle si propone eliminar las SICAV y hacer una reforma fiscal progresiva y redistributiva, pero de verdad. En estos momentos esto es clave para saber si nos dicen la verdad, o si nos quieren dar gato por liebre.

No nos deprimamos. Los barrios están llenos de personas paradas y deprimidas, y ese es el triunfo de los capitalistas, los poderosos y sus cipayos.

Del post-altermundismo a la desmundialización. Acertado analisis de Bernard Cassen

En esta entrada cuelgo un articulo de mi admirado amigo Bernard Cassen. Hace unos años que tengo muchas coincidencias ideológicas con Bernard, fundador de ATTAC y del Foro Social Mundial. Recomiendo leer y reflexionar este profundo articulo, pues sus aportaciones son un avance teórico. De hecho, si hay hoy dos estructuras y movimientos socio-politicos que están defendiendo en el Reino de España las ideas aquí expuestas, estos son SOCIALISMO21 y las Mesas Ciudadanas de Convergencia.

El postaltermundismo es ya una realidad y el FSM de Belem, fue su inicio y el de Dakar, su confirmación. Ha acabado la época de los cantos de sirena generalistas y de buen rollo y estamos de lleno en el fango de la lucha contra la mundialización neoliberal y sus terribles consecuencias de injusticia, empobrecimiento y desmoche de lo que queda en España y en Europa de Estado del Bienestar.

Cassen lo que propone es marcarnos un territorio de lucha abarcable, y luego atacar al implacable enemigo que por espacio geográfico y estatal nos corresponde. Construyendo las alianzas internacionales en la lucha, no en los papeles, sino en la acción, y además buscando no solo la resistencia, también el éxito.

Cassen reivindica la política, la politica en su más noble sentido de la expresión, como parte integrante de la lucha de los pueblos y por los pueblos. Nosotras y nosotros somos los protagonistas, pero en esta lucha caben alianzas con y entre los antineoliberales, anticapitalistas, democrátas radicales y repúblicanos y repúblicanas sociales y socialistas, así como con sindicalistas de clase, dispuestos a combatir y no a pactar lo infumable. Leámoslo.

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Ha llegado la hora de la “desmundialización”

Bernard Cassen – Presidente de Honor de ATTAC Francia.

Frente a un nuevo fenómeno, las palabras se apresuran a nombrarlo hasta que alguna de ellas termina por imponerse. Es lo que sucedió en francés con el término “altermundismo”. Entró en el campo político entre el 2001 y el 2002. Nombrando a la nebulosa mundial de organizaciones y de redes que poco a poco se fueron reconociendo en el eslogan de los Foros Sociales Mundiales “Otro mundo es posible” adoptado por la organización Attac (creada en junio de 1998) surgida de un artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique de mayo de 1998. Se halla íntimamente vinculada a momentos de alta visibilidad mediática como fueron los Foros, desde el realizado en Porto Alegre en 2001 y las grandes manifestaciones contra la OMC, el FMI, el Banco Mundial, etc. desde Seattle en diciembre de 1999.

El “Altermundialismo” sucedió al “antimundialismo”, concretando el paso desde una posición de simple rechazo a la mundialización liberal a la proposición de políticas alternativas. Una manera de contradecir el famoso TINA (There is no alternative) de Margaret Thatcher.

En enero de 2008, la revista Utopie critique y Mémoire des Luttes propusieron el concepto de “post-altermundismo”(2) destinado a designar a las posibles articulaciones entre movimientos sociales, partidos y gobiernos progresistas en pos de objetivos precisos, como la lucha contra el cambio climático. La cumbre de Cochabamba, convocada por el presidente boliviano Evo Morales en 2010, constituye un buen ejemplo. El post-mundialismo no se opone al altermundismo: es solo una de sus posibles derivaciones.

Un concepto nuevo y que molesta

Y he aquí que acaba de hacer irrupción en el léxico político francés un nuevo concepto aunque alineado sin embargo al anterior: el de “desmundialización”. Se ha desarrollado en por lo menos tres libros recientes: el de Georges Corm, “Le nouveau gouvernement du monde” (La découverte 2010), “ La démondialisation” (Seuil 2011) de Jacques Sapir y el de Armand de Montebourg “Votez pour la démondialisation” con prefacio de Emmanuel Todd (Flammarion 2011). Estos dos últimos autores remontan el concepto al filipino Walden Bello, figura señera de los Foros sociales mundiales en su libro titulado “Démondialisation: Ideas for a New World Economy” editado en 2002. También había sido propuesto ya por el autor de estas líneas en un artículo publicado en noviembre de 1996 publicado en “Manière de voir”, publicación bimestral de Le Monde diplomatique. En esa época todavía no había aterrizado en el debate público(3). Las palabras también deben esperar a que les llegue su hora… y parece que la de desmundialización ha llegado.

Por si quedaran dudas, solo es preciso ver las virulentas reacciones que este concepto a suscitado en sectores esperados ( los liberales superobedientes) pero también en otros en los que no se esperaba (algunos altermundistas de Attac). La razón en ambos casos es la misma: en la medida en que Arnaud Montebourg la convierte en voz de orden de la campaña de las “primarias” del Partido Socialista en relación con la designación de su candidato para el Elíseo, el tema de la desmundialización queda confinado a los debates de la izquierda crítica para instalarse en el panorama electoral y adquirir una legitimidad y una “respetabilidad” política que supera el círculo de los convencidos.

Uno podría preguntarse si no es esa la razón por la cual, en una publicación del 6 de junio de 2011 del sitio de Mediapart titulada “Desmundialización y altermundismo son dos proyectos antagónicos”, nueve miembros del Consejo Científico de Attac – es decir las principales figuras de la dirección de la asociación han creído poder afirmar en tono polémico y sentencioso que la “desmundialización” es “un concepto superficial y simplista” Sin dudar, de paso, en poner en escena el torpe -y escandaloso– artificio de una pretendida convergencia con las tesis del Frente Nacional.

Sin nombrarlos ni citarlos se apoyan, travistiéndolos, en las tesis de Jacques Sapir, Arnaud Montebourg y Emmanuel Todd. Lo que les valió la réplica de un nuevo interlocutor Fréderic Lordon: uno en el blog de Le Monde diplomatique “Quién tiene miedo a la desmundialización”(4); el otro en el número de agosto de 2011 del semanario “La démondialisation et ses ennemis”

Detrás de una palabra, una orientación estratégica

Contrariamente a lo que afirman los dirigentes de Attac, altermundialismo y desmundialización no son conceptos antagónicos, sino que pertenecen a la misma familia. En el primer caso se trata de un haz de reivindicaciones y de diferentes propuestas (debido a la heterogeneidad de los protagonistas) y cuyo principal denominador común, como si puede reconstituir desde afuera es el imperativo del acceso universal a los derechos(5).

La desmundialización es una orientación estratégica que tiende tanto mediante acciones políticas (elecciones, instituciones y gobiernos) como ciudadanas (luchas de los movimientos sociales especialmente) a recuperar concretamente la esfera económica y financiera que las instancias políticas les ha entregado deliberadamente y que son la causa de la actual crisis sistémica del capitalismo. Sin esa orientación prácticamente ninguna de las propuestas altermundistas tiene posibilidades de lograr éxito.

El objetivo de la desmundialización puede formularse muy simplemente, pero de otro modo sería difícil de alcanzar: tender a que el entorno de la toma de decisiones democráticas coincida lo más posible con la capacidad de regular los flujos económicos y financieros. Lo que plantea el tema de la instancia del espacio nacional.

Lo nacional: una palanca y no un “repliegue”

Aunque sea necesario establecer objetivos convergentes para las movilizaciones sociales a escala regional (europea en el caso de los europeos) y mundial, ese escenario por ahora solo es nacional. Es necesario disponer de todas las potencialidades aprovechando las fallas y las debilidades del adversario. Y eso sin dejarse impresionar por las denuncias de “unilateralismo” trivial de una parte de la extrema izquierda y del movimiento altermundialista y que remite todo cambio en Francia a las calendas europeas o mundiales, es decir a un futuro que se sabe que no llegará. Después de todo el 29 de mayo de 2005, los ciudadanos franceses no esperaron para votar “no” a que lo hicieran los demás.

Todas las experiencias de rupturas concretadas en estos últimos años han demostrado que no es en los niveles mundiales o regionales, sino a nivel nacional, como ha sido posible alcanzar algunos cambios y aún lograr algunas victorias. Ya sea por el accionar de los gobiernos apoyados por los movimientos sociales (como en América latina) o por la presión sobre los Estados de los movimientos populares capaces de movilizar a los pueblos (como en el mundo árabe).

Los tres motores de la mundialización liberal, promovidos igualmente por los tratados europeos como estatuto de “libertades fundamentales” son la libertad de circulación de capitales, la libre inversión y el libre comercio de bienes y de mercancías. Y esto no solamente en la UE sino también entre la UE y el resto del mundo. Esos son los tres motores que es necesario atrapar y someter al control democrático.

El neoliberalismo ha definido el territorio de sus intervenciones: todo el planeta, sin fronteras de ningún tipo. Lo importante es saber si para combatirlo debemos ubicarnos en el mismo terreno o si es necesario elegir otros y en lugar de una guerra de trincheras a nivel mundial, desarrollar una guerra en movimiento, como una guerrilla en los primeros escalones. Todo depende de la relación de fuerzas.

Precisamente para ganar ventaja se crearon las organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI, la OMC, la OCDE, así como las demás instituciones Europeas y sin olvidar al G-7, G-8 o G-20. Saben que no tienen estrictamente nada que temer de una eventual confrontación con sus adversarios en ese nivel. Pueden hasta darse el lujo de “dialogar” públicamente con ellos como lo hicieron algunos de sus miembros en oportunidad de la teleconferencia debate “Porto alegre contra Davos” que se organizara en el primer Foro social mundial de 2001 y en la que participó personalmente el megaespeculador George Soros.

En cambio los “habitués” de Davos no se arriesgarían a algo similar a nivel “regional” por ejemplo, europeo, ¿sería imaginable un diálogo televisado entre Carlos Ghosn y el comité de la empresa europea Renault? Y menos aún a nivel nacional, es decir allí donde la capacidad militante puede ser realmente movilizada(6). Las fuerzas del capital comprendieron perfectamente que una compulsa social en un Foro mundial perdería rápidamente su fuerza a medida que se fuera alejando de su “epicentro” para haber desaparecido prácticamente al llegar al nivel nacional.

La experiencia nos enseña inversamente que las luchas sociales y políticas en un determinado país pueden producir contagio en otros y así regionalizarse e internacionalizarse. Es lo que han demotrado las sublevaciones árabes, partiendo de la situación tunecina y las manifestaciones en masa contra las desigualdades en Israel directamente inspiradas en los indignados de la Puerta del Sol -y la rueda se cierra- réplica de las ocupaciones de las plazas públicas en Túnez y el Cairo…

Lo “nacional” no es de ningún modo un sustituto de lo “internacional” o de lo “europeo”. Lejos de constituir un “repliegue” es por el contrario una condición previa de una estrategia del débil contra el fuerte. No se comprende que tales evidencias avaladas por los hechos, escapen a la comprensión de los “anti-desmundializacion” que plantea la izquierda crítica, especialmente en una parte del altermundialismo-

La desmundialización no es un concepto rígido, sino dinámico, y se puede traducir en una serie de medidas políticas prácticas, tales como, entre otras, las propuestas de los autores anteriormente citados(7) y que no se limitan a la necesidad de un proteccionismo europeo. Su “combustible” es la exigencia democrática de recuperar la soberanía popular en el espacio en que pueda ejercerse realmente para regular los flujos económicos y financieros.

En teoría son posibles dos soluciones extremas: o bien “renacionalizar” los flujos para que respondan a una voluntad política nacional expresada a través del sufragio universal –cuando existe– o ampliar a todo el planeta el espacio público democrático con objeto de realizar un control efectivo sobre los ya mundializados. Se ve que ninguna de estas dos posiciones es íntegramente sustentable. Por un lado, existen efectivamente una cantidad de dominios –no solo el de la lucha contra el cambio climático– que por naturaleza exceden los límites fronterizos y por el otro un gobierno mundial con todas las competencias de un ejecutivo nacional del presente que no resulta previsible en un tiempo histórico demasiado próximo. Se trata por lo tanto de jugar dentro del marco de las soluciones extremas e intermedias.

Las soluciones intermedias pueden adoptar dos formas. Se puede construir lo internacional a partir de los Estados constituidos, es decir ir poniendo gradualmente en común fragmentos de soberanías nacionales que formen parte de temas libremente delegados y decididos, limitados, controlados, y revocables en condiciones previamente acordadas.

El otro término alternativo, consiste en hacer evolucionar a los cuadros estatales para incluir mayores conjuntos de soberanía popular. Es necesario no confundir esta idea con la de los agrupamientos regionales basados en el libre comercio y la “competencia libre y no falseada”. Lo que hace la diferencia es la existencia o no de mecanismos de regulación política con bases democráticas que hagan contrapeso al mercado.

La Unión europea (UE), que teóricamente habría podido entrar en esta categoría, al contrario es un agente activo de de la mundialización neoliberal, una verdadera máquina de liberalizar. Por lo tanto un terreno muy extenso para una contraofensiva desmundializadora.

Una “Grenelle”(8) de la UE para hacer saltar el cerrojo europeo

En la medida en que las decisiones europeas sobresalen y enmarcan todas las demás y que el 57% de los textos que nos gobiernan no son más que actos legislativos decididos por instancias de la Unión, la cuestión europea se sitúa en primera línea en todo proceso de desmundialización.
En la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales y legislativas francesas, el ciudadano debe saber que márgenes de acción se darán tal o cual partido para poner en marcha un verdadero programa de transformación social, incompatible por lo tanto con el tratado de Lisboa.

En el caso de que las instituciones europeas establezcan un cerrojo, ¿estarán o no dispuestas a tomar decisiones unilaterales de ruptura(9) o por lo menos a amenazar con tomarlas en plazos próximos y previamente anunciados con el objeto de obligar a una negociación? La reacción que habría de esperar de la Comisión y de la Corte de Justicia y de la mayor parte de los dirigentes europeos podría ser rápidamente contrarrestada y aún ir más allá mediante la vinculación de numerosos movimientos sociales de otros países que presionarían a la vez sobre sus gobiernos.

Lo que convierte a la UE en agente activo de la mundialización liberal debería ponerse sobre el tapete: libertad de circulación de capitales; libre comercio; pertenencia a la zona euro, planes de “rescate”; poderes de la Comisión y de la Corte de Justicia de Luxemburgo; estatuto del Banco Central europeo; dumping social, fiscal y ecológico: primacía de la competencia, etc. Para tratar de concretar una especie de “Grenelle” (versión 1968) a nivel europeo.

Se objetará no sin razón que eso haría entrar a la UE en una zona de turbulencias sin precedentes y que los resultados no estarían garantizados de antemano. Lo que por el contrario puede garantizarse con anticipación es que si la trayectoria de la construcción europea no da un giro de 180 grados la austeridad será perpetua, así como la explosión de las desigualdades y de la precariedad, el desguace del tejido social, el empuje de la extrema derecha y la xenofobia.

Los liberales no son sensibles a este tema, ya han hecho su elección y su única obsesión es el temor a mayores turbulencias sociales. Por pusilanimidad, por confusión mental entre nación y nacionalismo y por europeísmo beato, la mayor parte de la izquierda socialdemócrata y una parte de la izquierda crítica parecen partidarias de hacer lo mismo, pero por defecto. Están liberando de este modo un amplio espacio para las fuerzas que rechazan verse atrapadas en la trampa de una alternancia posible.

(Este texto fue redactado sobre la base de intervenciones, artículos y obras anteriores. En especial mi conclusión enManière de voir nº 32, noviembre de 1866); una comunicación al coloquio M’PEP “ Qué hacer con la Unión europea” de junio de 2011 y un artículo publicado en Politis del 7 de julio 2011)

NOTAS
[1] http://www.remue-meninges-a-gauche.fr/index.html
[2] http://www.medelu.org/spip.php?article7
[3] http://www.medelu.org/spip.php?article688&var_recherche=démondialisation
[4] http://blog.mondediplo.net/2011-06-13-Qui-a-peur-de-la-demondialisation
[5] Leer sobre este tema un obra muy documentada de Gustave Massiah, Une stratégie altermondialiste, La Découverte, Paris, 2011.
[6] Paradójicamente, el altermundismo se fortalece defendiendo este planteamiento. Existe una presencia “supranacional” muy importante, en parte gracias a los medios. Su presencia en Europa (al margen de la red Attac Europa), es marginal como lo atestigua la declinación de los Foros sociales europeos y el hecho de que los movimientos de los indignados se desarrollan al margen de él. Y no hablemos del nivel nacional: sobre el total francés, en enero de 2008, a lo sumo entre 3.000 y 4.000 personas participaron en la Jornada mundial de movilización y de acción convocada por el Consejo Internacional del FSM. El año anterior José Bové, figura emblemática del movimiento alter, había logrado el 1,32% de los votos en la elección presidencial…
[7] En lo inmediato y esperando una futura síntesis crítica de las diferentes propuestas remitimos al lector a los textos de esos autores como también al libro de Jeann-Luc melenchon “Qu’ils s’en aillent tous”. El candidato del Frente de Izquierda en las elecciones presidenciales no emplea la palabra “desmundialización” pero ciertamente sus propuestas se inscriben en esta misma lógica.
[8] Grenelle (N. de T.) Los acuerdos de Grenelle se negociaron en plena crisis de mayo de 1968 entre el gobierno de Pompidou, los sindicatos y las organizaciones patronales. Sin embargo nunca se firmaron y se referían esencialmente a un aumento del 35% en los salarios mínimos interprofesionales y la creación de sindicatos de empresa.
(9) Invocando particularmente el “compromiso de Luxemburgo” de enero de 1966 impuesto por el General De Gaulle a sus socios de los Seis de esa época llamado también la política de la “silla vacía”, recordamos los dominios comunitarios regidos por el procedimiento de mayoría calificada (tal el caso del mercado interno, liberalizaciones de todo tipo en consecuencia) como regla de unanimidad. Lo que significa el derecho a veto.

Artículo traducido por Susana Merino para Rebelión

Basta ya de reformas. Reforma del poder financiero o un discurso imaginario

Cada vez que hablamos de reformas, desde hace unos años, es para reducir los derechos laborales. Rodríguez Zapatero y su equipo son unos grandes destructores del lenguaje de la izquierda, entre otras cuestiones. Las reformas -en lenguaje progresista- significan avances y no retrocesos. Es decir, serían mejoras en la jubilación, incremento del salario mínimo, o fomentar un empleo digno de calidad y no precario, por ejemplo. Eso serían reformas.

Lo que estamos viviendo es una precarización del empleo y unas medidas que nos retrotraen a tiempos pre-democráticos. El programa de las mal llamadas “reformas” es el propio de una derecha liberal empeñada en desmochar las conquistas obreras de hace cuarenta años hasta ahora. El PP, absteniéndose, le está preparando de antemano la respuesta a un PSOE capitidisminuido en la oposición, al que sin piedad y con merecimiento mandará a callar cuando ellos, inmisericordes, autoritarios e injustos, recorten aún más y sobre todo impongan un dominio reaccionario y meapilas, sin piedad.

Hoy se ha aprobado otra “reforma” laboral. Nuestro Estado esta clarísimamente tutelado por Alemania, dominado por la banca y al albur de los mercados. Las personas hemos dejado de importar.

Hoy me he quedado algo confuso, pues veo y me preocupa el hecho de que estamos ya tan acostumbrados a que nos den palos y cercenen derechos, que hemos dejado pasar esta “reformita” con una mezcla de hastío y de resignación. Sabemos de sobra que esto tampoco servirá para cumplir los objetivos patronales y de los especuladores.

Pero ya que los Sindicatos -y lo digo con pesar- están siendo conscientes de sus propias dificultades e incapacidad, tendremos entre todos que demostrar un mayor espíritu de movilización y ponernos de acuerdo, ante un enemigo insaciable, chorizo y mentiroso.

Hay numerosas movilizaciones convocadas, muchas, nunca demasiadas y varios frentes abiertos a la vez. No lo citaré todo, pero espero que las por ahora adormiladas, berlusconizadas y altamente despistadas clases populares del estado español comiencen a despertar y responder y seamos millones -sí, millones- de personas en las calles, no sólo miles o cientos de miles.

Pero para movilizar mayorías hace falta que estas nos entiendan, pierdan el miedo y sean conscientes de que la seguridad que buscan no se la dan ni se la darán las y los políticos convencionales, resignados, temerosos o cómodos y de acuerdo para con la dictadura de los mercados y el protectorado al que la derecha alemana nos tiene sometidos.

Es una pena que no contemos con una República, una causa que nos unifique a todas las clases no poseedoras y subalternas del Reino de España. Si así fuera diríamos:

Amigas y amigos, la República está en peligro. La patria de los trabajadores y trabajadoras de todas clases está siendo vendida y nuestra soberanía entregada, no a una causa noble y superior, sino a la depredación del patrimonio público y a la destrucción de nuestras conquistas y valores.

Pero no podemos, luego hay que buscar la causa común y esta puede ser -a falta de un régimen democrático realmente y digno- LA SOBERANÍA POPULAR.

La soberanía popular de los pueblos de España está siendo violentada y el problema no es la Unión Europea, no; el problema no es el euro, que también; el problema es que, desde Bruselas pero también desde el Paseo de la Castellana, se lleva años desregulando, dando todas las opciones a los bancos y a los mercados, limitando la democracia, fragilizándola, y destruyendo las conquistas de las clases trabajadoras de los pueblos y nacionalidades de España y de Europa en su conjunto.

Es por eso que el pueblo soberano español, los pueblos ibéricos, pueden y deben decir que hasta aquí hemos llegado y volver a luchar por nuestra soberanía, por nuestra independencia y para construir si así lo deseamos, una Europa de los pueblos y social y no un mercado sin rostro, ni humano ni defensor del medio ambiente, ni de la cultura.

Las reformas que necesitamos son las del mercado, las del sistema financiero y las de la Constitución para avanzar en democracia y soberanía.

Solo con un esfuerzo que nos conduzca a una amplio Poder Ciudadano, lo lograremos. Solo buscando alianzas, confluencias y complicidades, lo conseguiremos. En este sentido, les dirijo un llamamiento a los sindicatos mayoritarios, y es rogarles que se impliquen políticamente, pues en ello les va su futuro, su propia existencia. El momento que vivimos es tan sumamente grave que no solo debemos exigírselo, sino que ellos deben responder y ya sin dilación alguna.

Mientras tanto, la movilización. La calle permanentemente ocupada. Y un grito que propongo se recupere: “QUE SE VAYAN TODOS” Todos los que nos han metido en este berenjenal.

Como ya nada volverá a ser igual, ni debe serlo, nuestra aspiración será soberanía y vida digna. Paz, pan y libertad. República de las y los iguales.