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Construyendo la izquierda desde la recuperación del socialismo

El Socialismo es un concepto amplio y¬†emancipador¬†que no es propiedad de ning√ļn partido en concreto, sino de sus seguidores y seguidoras y de las y los que defienden sus principios de igualdad, democracia tambi√©n econ√≥mica y una nueva sociedad no capitalista y con propiedad p√ļblica y/o colectiva de los medios de producci√≥n y de consumo. Para ello, la lucha de clases contra los poseedores y dominadores es esencial, tanto como defensa de los logros y derechos sociales, como su consecuci√≥n y lograr el reparto de la riqueza.

El Socialismo tiene en Marx uno de sus principales y m√°s l√ļcidos pensadores, pero tambi√©n hay otros muchos que han elaborado, difundido y propuesto. As√≠ como muchas personas socialistas que han dedicado su vida a la lucha social y emancipatoria. Si bien igualmente sufre usurpadores¬†de esta idea en beneficio de la banca, los capitales y las doctrinas liberales. En el Reino de Espa√Īa han abundado y abundan este tipo de piratas pol√≠ticos. Han robado una hermosa palabra, llena de esperanza para regal√°rsela a los poderosos, a los explotadores e incluso a un rey desprestigiado, decr√©pito y heredero de Franco.

El Socialismo tiene en Europa y Latinoamérica una rica tradición y ha logrado éxitos parciales innegables, tanto en su escuela socialdemócrata como socialista, como comunista. Actualmente surge con fuerza el eco-socialismo ante la destrucción del planeta que de forma constante significa el capitalismo, y por tanto no podrá defenderse la madre tierra sin otra forma de sociedad igualitaria, frugal y sustentable, lejos de consumismo criminal.

Por tanto, conscientes de la necesidad de aportar una visi√≥n socialista amplia e integradora y recuperar para las clases trabajadoras y populares, ese socialismo de origen obrero e implicado actualmente y a fondo en la Revoluci√≥n ciudadana que comenzamos a vivir unos y unas cuantas socialistas y personas de izquierdas, que no nos resignamos a ver como se dilapida una tradici√≥n que tanto ha aportado y puede aportar y una visi√≥n de la vida antineoliberal y de reparto y justicia que es la verdadera libertad real y no la¬†puramente formal que liberales y socioliberales propugnan. Organizados en diversas plataformas abiertas y participativas, trabajamos dentro de esta corriente de acci√≥n y pensamiento. Un¬†n√ļcleo de nosotras y nosotros agrupados en Construyendo La Izquierda, estamos trabajando en un pr√≥ximo encuentro europeo de personas reconocidas de la izquierda del continente que han dado pasos decididos tanto de favor de la convergencia de las izquierdas, como de recuperaci√≥n de la dignidad del socialismo.

As√≠ pues, desde Construyendo la Izquierda vamos a trabajar al objeto de ayudar a clarificar y construir la alternativa socialista, para buscar la convergencia, la coalici√≥n, la alianza de las izquierdas. Somos unos m√°s en este intento¬†ilusionante. No somos, mejores, ni peores que nadie, solo somos personas que creemos que la¬†pol√≠tica¬†necesita revitalizarse con nuevas formas de participaci√≥n reflexi√≥n y trabajo, diferentes de de viejos tics y dogmatismos superados y que las personas¬†j√≥venes desprecian. Sabemos adem√°s que sin el concurso de los movimientos sociales y los sindicatos¬†de clase, nada ser√° posible, de forma que tanto auto-organizada como contundentemente, frenemos los recortes genocidas que sufrimos, as√≠ como las privatizaciones gansteriles y con trampa que de forma miserable y ladrona¬†ponen¬†los servicios p√ļblicos al servicio de intereses y negocios privados de los amigos del poder, es decir del poder y esto desde el caso Cisneros hasta G√ľelmes y la verdad de la privatizaci√≥n de la sanidad madrile√Īa, pasando por las privatizaciones bancarias y el expolio de las Cajas de Ahorros, se repite¬†constantemente¬†desde que en los a√Īos noventa del siglo pasado en Consenso de Washington¬†decidi√≥¬†acabar con el estado del bienestar e impedir el estado social a sangre y fuego.

Es por eso que vamos a pedir que personas reconocidas venga, nos apoyen, den aliento y ayuden, pero también nosotras e ellos, intercambiando experiencias y proponiendo formas de acción conjunta.

Hugo Chavez significa un antes y un despues

No hago un panegírico. El presidente Chávez no ha muerto. Le deseo larga vida por su bien, el de su pueblo y el de los pobres del mundo.

Hugo Ch√°vez es un hombre tan odiado por la¬†oligarqu√≠a¬†venezolana, los poderosos del mundo, el¬†Departamento¬†de Estado de los EE.UU. y lo que este representa, el grupo empresarial PRISA -y “El Pa√≠s”, su diario de cabecera- como amado por millones de venezolanas y venezolanos humildes que le¬†siguen, le¬†votan¬†-porque a Hugo Ch√°vez le votan en las urnas- como por millones de personas transformadoras, progresistas y socialistas de este mundo.

Nunca ha sido f√°cil transformar la realidad. Menos f√°cil es construir el socialismo desde la democracia. M√°s¬†dif√≠cil todav√≠a transformar el capitalismo en reparto e igualdad contando con personas viciadas por la cultura vieja de la dominaci√≥n y la competencia. Pero Ch√°vez cuando muera, y lo har√° igual que todas y todos nosotros, al menos lo habr√° intentado.¬†Encima¬†tendr√° datos, cifras y realidades visibles que avalar√°n tal empe√Īo. Pero sobre todo, Ch√°vez ha despertado una ilusi√≥n, la de que es posible.

Su trabajo es tan odiado porque demuestra que el tr√°nsito hac√≠a el socialismo es posible y realizable. Repartir los beneficios de las riquezas patrias, en lugar de hacerlo a los accionistas extranjeros de empresas for√°neas no es una utop√≠a, es realizable. Adem√°s ha dejado al descubierto a la¬†socialdemocracia europea claudicante ante el neoliberalismo, ante la propia¬†oligarqu√≠a de Venezuela, construyendo estando social y creando bienestar, cuando esta -la socialdemocracia liberal- comenzaba a defender un “estado del bienestar sostenible”.

Hugo Chávez es un fenómeno producto de la lucha de un pueblo y de su Revolución pacifica. No ha podido ser derribado a pesar de los millones ingentes de dólares y euros gastados en difamarlo, mentir sobre la realidad venezolana y tratar de convertir en un dictador a un mandatario democráticamente elegido.

Estas lineas no son imparciales. No. Pero tampoco lo es ni una l√≠nea de “El Pa√≠s”, ni un segundo de la SER, ni un minuto de TVE, ni una micra de los medios privados de propaganda e “informaci√≥n” venezolanos, que son nada m√°s y nada menos que el 70% de toda la parrilla informativa de la Rep√ļblica Bolivariana… y eso que no hay libertad.

Pero si yo admiro la obra de Chávez -y lo hago- los datos del PNUD, la ONU u otras agencias de evaluación económica y social son incuestionables. Por eso, como la mentira tiene las patas muy cortas, Hugo Chávez gana elecciones.

Pero lo que los neoliberales que desean su muerte y son felices con su enfermedad más temen es que Hugo Chávez ha demostrado que si es posible y que si les podemos vencer. Allí, en su patria y en todas partes.

A los progres europeos antichavistas, a los socialdemócratas ya socioliberales que apoyan el partido del corrupto prófugo Carlos Andrés Pérez, fallecido recientemente, y a los que siendo de izquierdas se creen las mentiras de PRISA, la propaganda de los EE.UU. o de los grupos empresariales informativos europeos, les digo que Chávez ha hecho mucho más por ellos y sus ideas de lo que se imaginan. Que el problema no es predicar, sino dar trigo y esa es la obra de Chávez, reiniciar el reparto de trigo.

No quiero perder el tiempo reconociendo errores, que los tiene, pues el odio a muerte que ahora se destila es tan nauseabundo como injustificado incluso para un liberal sensato, sino que denunciando a los cuatro vientos que dime de qué presumes y te diré de qué careces. El estado de Europa con un mayor desprecio por sus políticos, con cientos de casos de corrupción en el PP y el PSOE, con una ley de partidos vigente de muy poca calidad democrática, y una Constitución que se reforma mediante un golpe de palacio en quince días y sin consultar al pueblo, lo mejor que puede hacer es callar y respetar la obra de otros que al menos intentan lograr la justicia.

La grandeza de Hugo Chávez es la miseria y la mentira de sus detractores conscientes y que al menos esperan obtener nuevamente beneficios en Venezuela.

Pero esto -la enfermedad del comandante- no es nada que pueda asustarnos o preocuparnos. Lo siento por el hombre que sufre, pero no por un proceso revolucionario en marcha y con futuro. Mejorable, como todo. Cuando en el Reino de Espa√Īa seamos capaces de tener una Rep√ļblica¬†democr√°tica y m√°s justa, hablamos. Ahora lo que tenemos es mucho que hacer, y recordemos: los mismos que ahora est√°n contra Ch√°vez estar√°n contra la profundizaci√≥n de la democracia y la justicia en el estado espa√Īol.

Ahí comienzan nuestras alianzas. Feliz y combativo 2013

Europa está pasando por una fase de transición. Afrontamos la mutación de la socialdemocracia en una fuerza neoliberal pura. Deja un hueco político inmenso porque rompe sus lazos de tradición con capas sociales importantes. Son las capas que convirtieron a la socialdemocracia en hegemónica. Syriza nació en gran parte dentro de ese hueco político. En el resto del sur del Europa tendremos esa misma trayectoria, pero con pasos quizás más lentos. Por eso nuestras alianzas europeas comienzan a la izquierda de la izquierda y terminan a la izquierda de la socialdemocracia. Los aliados más fuertes en el continente europeo son los movimientos sociales y los que se convencen cada día más de que la austeridad no es el camino. Ahí comienzan nuestras alianzas.

Alexis Txsipras– lider de Syriza

Por una SYRIZA espa√Īola, con las diversas tradiciones de la¬†Izquierda¬†real y transformadora. Ninguna es excluyente, ninguna puede sola.

Feliz 2013 y vida digna a vosotros y vuestras familias. Combativo 2013. feliz para la izquierda 2013. Socialista 2013

Ciencia Social desde la resistencia antineoliberal

Recomiendo este elaborado articulo de Armando F. Steinko.

Democracia econ√≥mica, n√ļcleo de una estrategia antineoliberal

Armando Fern√°ndez Steinko

La reivindicaci√≥n de una democratizaci√≥n de la econom√≠a y de la empresa aparece de forma regular en los momentos de crisis del capitalismo y de su sistema pol√≠tico. Los movimientos obreros y socialistas de uno y de otro signo las pusieron desde el principio en su lista de reivindicaciones y como parte de una apuesta pol√≠tica m√°s amplia destinada a crear una sociedad solidaria(1). Esta estrategia es plenamente actual: no hay posibilidad de crear una democracia pol√≠tica sostenible m√°s o menos perfecta, si no va acompa√Īada de alguna forma de democracia econ√≥mica y empresarial. Esta conclusi√≥n se hizo patente tras la segunda guerra mundial y explica los grandes pactos sociales de la posguerra. Aunque para abordar la aportaci√≥n que puede hacer esta reivindicaci√≥n en el actual contexto de crisis financiera hay que ponerse de acuerdo en su diagn√≥stico.

El neoliberalismo como proyecto antidemocr√°tico

La actual crisis resulta del intento de responder con pol√≠ticas de oferta al estancamiento de la acumulaci√≥n de los a√Īos sesenta y setenta del pasado siglo. Desde principios de los a√Īos 1980 los pa√≠ses capitalistas desarrollados vienen aplicando congelaciones de los salarios reales y reducciones impositivas a los propietarios de los medios de producci√≥n con el fin de darle un renovado impulso a la acumulaci√≥n. Como consecuencia de ello, se han ido acumulando grandes cantidades de riqueza ociosa en las manos de los sectores privilegiados de la sociedad. La desregulaci√≥n de los mercados financieros, con su inevitable ola de especulaci√≥n financiera, pretend√≠a compensar el estancamiento del consumo provocado por las reducciones salariales. Para ello se opt√≥ por crear las condiciones para que sectores importantes de la poblaci√≥n pudieran completar unos ingresos cada vez m√°s escasos procedentes del trabajo con rentas financieras e inmobiliarias y naturalmente tambi√©n para que los sectores privilegiados de la sociedad pudieran revalorizar sus activos. El objetivo de impulsar un nuevo ciclo sostenible de acumulaci√≥n no acab√≥ de alcanzarse y s√≥lo en la segunda mitad de los a√Īos 1990 se produjo una recuperaci√≥n temporal rese√Īable del crecimiento y del empleo en los EEUU (“renacimiento econ√≥mico norteamericano”), recuperaci√≥n que sirvi√≥ para forzar a√ļn m√°s la desregulaci√≥n financiera. El coste a medio plazo de esta pol√≠tica fue la incubaci√≥n de una crisis fiscal estructural. El desv√≠o de dinero p√ļblico para salvar a los bancos quebrados a partir de 2008 precisamente debido a las actividades especulativas impulsadas por dichas pol√≠ticas econ√≥micas, ha terminado por provocar la quiebra del Estado del bienestar y la anulaci√≥n de facto de los grandes consensos de la postguerra.

Es importante recordar que el ciclo que comienza hacia 1980 (‚Äúneoliberalismo‚ÄĚ) es una respuesta no democr√°tica a la mencionada crisis de sobreacumulaci√≥n. Esta respuesta se impuso frente a las propuestas de ‚Äúarriesgar m√°s democracia‚ÄĚ con la que, en los a√Īos setenta la izquierda propon√≠a salir de la crisis. ‚ÄúM√°s democracia‚ÄĚ habr√≠a significado, tanto en aquel momento como tambi√©n en este, una intervenci√≥n de la sociedad civil, a trav√©s de los poderes p√ļblicos y de la propia ciudadan√≠a, en la gesti√≥n empresarial y la definici√≥n del rumbo econ√≥mico de las sociedades. En algunos pa√≠ses se ensayaron algunos pasos en esa direcci√≥n. En Alemania Federal la Ley de Codeterminaci√≥n de 1976 qued√≥ en parte desnaturalizada por la impugnaci√≥n de la derecha pero fue un paso importante en esta direcci√≥n. En Suecia la Ley sobre Democracia Industrial de 1976 y la propuesta de Fondos de los Asalariados, fueron m√°s all√° aunque tampoco en este caso consiguieron imponerse tal y como hab√≠an sido formuladas en sus inicios. El Informe Bullock (1977), que era una propuesta bien razonada para ciudadanizar la gesti√≥n de las empresas brit√°nicas con m√°s 2.000 empleados, se estrell√≥ contra la victoria electoral de Margaret Thatcher y la oposici√≥n arcaizante de un sector de los sindicatos(2).

Espa√Īa llega a la crisis de sobreacumulaci√≥n de los a√Īos setenta con un sistema empresarial particularmente autocr√°tico y una poblaci√≥n activa poco cualificada. La precariedad de las pol√≠ticas educativas del R√©gimen y las consecuencias a largo plazo de la destrucci√≥n del trabajo cualificado durante y despu√©s de la guerra civil, les rest√≥ a las empresas espa√Īolas mucha capacidad para adaptarse en poco tiempo a los retos competitivos de finales de los a√Īos 1970. El resultado fue el aumento de la tasa de desempleo y su cronificaci√≥n hasta alcanzar los √≠ndices m√°s altos de todos los pa√≠ses de la OCDE. A pesar de ello, los gobiernos democr√°ticos fueron reticentes a intervenir en el espacio de las empresas cancelando incluso cualquier forma de pol√≠tica industrial activa. Y esto, a pesar de tres factores que lo habr√≠an hecho no s√≥lo necesario sino tambi√©n posible: a.) que la Constituci√≥n de 1978 reza que ¬ęLos poderes p√ļblicos promover√°n eficazmente las diversas formas de participaci√≥n en la empresa y fomentar√°n, mediante una legislaci√≥n adecuada, las sociedades cooperativas. Tambi√©n establecer√°n los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producci√≥n¬Ľ (art. 129.2); b.) que numerosos estudios demostraban y demuestran que la eficiencia, sobre todo si se entiende en un sentido amplio y sostenible es, por lo general, mayor en las empresas democr√°ticas que en las autocr√°ticas(3): la democratizaci√≥n del espacio empresarial habr√≠a colocado el sistema productivo del pa√≠s en mejores condiciones y le habr√≠a dado m√°s capacidad para financiar un Estado del Bienestar pol√≠ticamente impostergable sin tener que recurrir al endeudamiento; c.) que existe una rica experiencia de cooperativismo cuya generalizaci√≥n en todo el Estado habr√≠a permitido reforzar el tejido productivo y la propia andadura democr√°tica del pa√≠s, as√≠ como avanzar en la conformaci√≥n de una identidad democr√°tica compartida entre todas sus nacionalidades. En consecuencia: el desempleo, que desde 1982 no ha bajado nunca del 8%, s√≥lo se ha conseguido reducir temporalmente y a costa de una destrucci√≥n inmensa de recursos no renovables (capitalismo popular inmobiliario), de recursos subjetivos (precarizaci√≥n laboral), de la autonom√≠a financiera del pa√≠s (endeudamiento) y de la degradaci√≥n de sus cuentas p√ļblicas (proliferaci√≥n del trabajo sumergido destinado a compensar la falta de trabajo no sumergido). En este sentido, el colapso financiero tambi√©n es una consecuencia indirecta del rodeo que hicieron aquellos primeros gobiernos democr√°ticos alrededor de las empresas, de haberlas mantenido intactas.

No es casualidad que la principal oposici√≥n en todo el mundo a una salida democr√°tica a la crisis de sobreacumulaci√≥n procediera de los patronos. Con raz√≥n intu√≠an que habr√≠an generado una erosi√≥n de un principio capitalista sacrosanto: el monopolio de la propiedad en la gesti√≥n de las empresas, la exclusi√≥n de ciudadanos y productores de las grandes decisiones econ√≥micas y empresariales y, en consecuencia, la redefinici√≥n de las grandes pol√≠ticas econ√≥micas y sociales. Y as√≠ lo hicieron valer en sus impugnaciones legales de las leyes europeas de democratizaci√≥n empresarial que se fueron sucediendo en esos a√Īos. En realidad, el proyecto de salida neoliberal a la crisis de sobreacumulaci√≥n se basaba en la reducci√≥n de la participaci√≥n democr√°tica a su m√≠nima expresi√≥n (‚Äúminimalismo democr√°tico‚ÄĚ) o en la liquidaci√≥n de la democracia parlamentaria cuando fuera necesario. Los diversos experimentos neoliberales tienen en com√ļn justamente esto: la erosi√≥n democr√°tica en sus diferentes formas. El golpe de Estado contra el gobierno de Allende, que hab√≠a puesto en marcha importantes medidas de democracia industrial, acab√≥ incluso con la democracia pol√≠tica(4). En los pa√≠ses de Europa occidental esta erosi√≥n qued√≥ mitigada hasta el inicio de la gran recesi√≥n de 2008 por la inercia de los grandes pactos pol√≠ticos de la postguerra. Pero tambi√©n estos fueron cediendo poco a poco con cada medida de pol√≠tica monetarista y neoliberal. Hoy, ya hay varios pa√≠ses en Europa que no son gobernados por poderes elegidos democr√°ticamente, que vienen un estado de excepci√≥n latente.

Maastricht como motor restaurador

En este caminar hacia un neoliberalismo cada vez m√°s puro y consecuente fue decisivo el Tratado de Maastricht. El proyecto de integraci√≥n monetaria sin integraci√≥n fiscal y pol√≠tica, que sancionar√≠a los intereses de aquellos pa√≠ses mejor preparados para exportar ‚Äďpor ejemplo debido al desarrollo de pol√≠ticas industriales activas y sostenidas por parte de sus gobiernos‚Äď a costa de los menos preparados resulta decisivo en esta andadura. Fue creando una Europa cada vez m√°s desigual que s√≥lo se podr√≠a conseguir con una econom√≠a y unas finanzas cada vez m√°s inmunes a la voluntad del conjunto de los ciudadanos europeos. El alejamiento de las decisiones sobre pol√≠tica econ√≥mica, infraestructuras o alimentarias que le conciernen a la ciudadan√≠a, as√≠ como la ausencia de una articulaci√≥n democr√°tica de las pol√≠ticas comunitarias (autonom√≠a del Banco Central Europeo, falta de poder del Parlamento Europeo, etc.) son sus principales razones. Pero tambi√©n la concentraci√≥n de muchas de estas decisiones en un lugar ‚ÄďBruselas‚Äď en el que el (gran) poder econ√≥mico tiene m√°s capacidad de influir que los propios ciudadanos, estos √ļltimos mucho peor organizados, m√°s dispersos y provistos de muchos menos recursos econ√≥micos. Explica la implantaci√≥n de las pol√≠ticas econ√≥micas insolidarias que ahora sufren las poblaciones de todos los pa√≠ses europeos debido a los dr√°sticos recortes sociales y salariales, y cuyo objetivo es precisamente que las empresas nacionales puedan competir mejor con las de otros pa√≠ses europeos. Estas pol√≠ticas, por medio de las cuales los m√°s fuertes se imponen a los m√°s d√©biles, explican la acumulaci√≥n de desequilibrios comerciales entre el norte y el sur hasta alcanzar niveles insostenibles. La consecuencia de estos desequilibrios comerciales es el sobreendeudamiento del sur con los bancos de Centroeuropa y la imposibilidad de varios gobiernos de devolver el dinero prestado y de seguir financi√°ndose en los mercados financieros. Sin la erosi√≥n paralela de los sistemas pol√≠ticos nacionales (aumento de la abstenci√≥n, autonom√≠a creciente de los elegidos de los electores, cauces de delegaci√≥n cada vez m√°s largos, liquidaci√≥n de los espacios de opini√≥n p√ļblica no dependientes de intereses econ√≥mico-medi√°ticos, etc.) no se habr√≠a podido llegar a esta situaci√≥n: las alarmas habr√≠an sonado mucho antes, las alternativas habr√≠an podido ser discutidas en el espacio de la opini√≥n p√ļblica, y los intereses a largo plazo de las poblaciones europeas habr√≠an quedado mejor garantizados.

Democracia económica como estrategia para un cambio global

Todo esto demuestra que la estrategia democr√°tica es y ha sido siempre una pieza esencial de cualquier dise√Īo de sociedad democr√°tica. El elemento democr√°tico no puede ser un condimento externo para darle legitimidad a un sistema pol√≠tico y econ√≥mico en el que se toman las grandes decisiones a espaldas de la ciudadan√≠a. O para utilizar la implicaci√≥n de los trabajadores con el fin de forzar a√ļn m√°s la competencia entre empresas, territorios y pa√≠ses sacrificando las relaciones cooperativas. Hay formas de entender la democracia econ√≥mica y empresarial que van en este √ļltimo sentido. Por ejemplo el co-management y la estrategia sindical del corporativismo para la competitividad fijada en el Tratado de Lisboa a propuesta de los sectores m√°s conservadores del movimiento obrero europeo. Esta estrategia frena la articulaci√≥n de una oposici√≥n internacional a la destrucci√≥n del llamado ‚Äúmodelo social europeo‚ÄĚ y, tras el cambio de ciclo de 2008, bloquea los intentos de respuesta coordinada de todo el movimiento obrero europeo contra las pol√≠ticas de liquidaci√≥n de dicho modelo(5).

La nueva estrategia de democracia econ√≥mica -y empresarial- no puede agotarse, por tanto, en la democratizaci√≥n del espacio micro (por ejemplo los puestos de trabajo, o reparto de resultados econ√≥micos de la empresa) cuando esta se convierte en una pieza m√°s de un gran y abarcador mosaico neoliberal. En este caso acaba siendo funcional al mismo, pierde su potencial democr√°tico y emancipador a√ļn cuando pase efectivamente por el aumento de la participaci√≥n de los trabajadores en la gesti√≥n de algunos aspectos de la actividad empresarial. Por el contrario, tiene que convertirse en parte de un programa m√°s general destinado a crear un orden econ√≥mico y empresarial solidario y cooperativo dentro y entre los territorios, as√≠ como social y ambientalmente sostenible. Se trata, en definitiva, de un programa para la participaci√≥n ciudadana en la regulaci√≥n de la econom√≠a, y de una forma de participaci√≥n en la actividad productiva entendida como una pieza (‚Äúmicro‚ÄĚ) de un proyecto m√°s amplio (‚Äúmacro‚ÄĚ) de transformaci√≥n social.

De abajo a arriba y de arriba a abajo

Se asentar√≠a en dos pilares: la creaci√≥n de circuitos econ√≥micos locales (‚Äúdesglobalizaci√≥n parcial‚ÄĚ: Walden Bello) y el redimensionamiento y la regulaci√≥n del sistema financiero poni√©ndolo al servicio de las necesidades de la econom√≠a productiva. Las dos se complementan. Los espacios econ√≥micos locales facilitan el acercamiento del sistema empresarial a la satisfacci√≥n de las necesidades de los ciudadanos, lo cual estimula el empleo de procedimientos democr√°ticos dentro de las empresas con el fin de trasladar de forma eficiente estas necesidades a dise√Īos, planos y calendarios de producci√≥n, a la gesti√≥n de personal, de los tiempos etc. Sin embargo, dadas las extraordinarias dimensiones de los mercados financieros, su regulaci√≥n s√≥lo puede alcanzarse hoy con ayuda de un gran paraguas institucional consensuado internacionalmente. La experiencia de las cajas de ahorro espa√Īolas demuestra que no es posible hacer una cosa sin la otra. Dichas Cajas son los √ļnicos espacios empresariales en Espa√Īa en los que la ciudadan√≠a tiene representaci√≥n en los consejos de administraci√≥n. Han funcionado durante m√°s de 150 a√Īos de forma ejemplar para desarrollar proyectos locales al servicio de las necesidades de los ciudadanos, necesidades que no fueron cubiertas durante d√©cadas por un Estado insensible a las demandas de los territorios y las clases m√°s necesitados. Su exposici√≥n a la gran econom√≠a financiarizada por la que apuestan de facto todos los gobiernos espa√Īoles a partir de 1985 para abordar el problema del paro estructural -el gran c√°ncer de dichas comarcas- y para asegurar la prestaci√≥n de servicios p√ļblicos municipales, las ha arrojado a la quiebra, no sin antes haber protagonizado numerosos casos de corrupci√≥n local.

Una regulaci√≥n democr√°tica de las finanzas globales resulta imprescidible para que puedan prosperar los espacios locales de democratizaci√≥n econ√≥mica y empresarial basados en, en buena medida, en una expansi√≥n de la demanda interna. Esto obliga a seguir tom√°ndose en serio los espacios ‚Äúmacro‚ÄĚ de intervenci√≥n ciudadana en la econom√≠a. Estos espacios macro s√≥lo se pueden articular democr√°ticamente a trav√©s de la delegaci√≥n del voto y de la vinculaci√≥n entre competencia t√©cnica, fidelidad a una serie de principios morales y pol√≠ticos, y sistemas eficientes de control ciudadana de la acci√≥n de los elegidos. Es verdad: los espacios micro de participaci√≥n son los id√≥neos para la articulaci√≥n de la participaci√≥n directa de los ciudadanos en los asuntos econ√≥micos y empresariales que les conciernen, pero no aseguran por s√≠ mismos un orden democr√°tico sostenible. Todo lo contrario. Debido precisamente a que la participaci√≥n tiende a hacer m√°s eficientes a las empresas (ver arriba), aquella puede puede servir tambi√©n para afianzar pol√≠ticas neocompetitivas de base territorial como suceden en Espa√Īa, Italia o Alemania. Su objetivo es crear o salvar puestos de trabajo en los territorios propios a costa de quit√°rselos al que tienen al lado, una pol√≠tica que est√° en la ra√≠z de los desequilibrios comerciales acumulados en Europa (ver arriba). Los consejos econ√≥micos sociales de √°mbito local y comarcal dotados de poderes reales o la creaci√≥n de un sector bancario municipal y cooperativo que recoja el ahorro de los ciudadanos para destinarlo a actividades codecididas por los propios depositantes, pueden cumplir una importante funci√≥n mediadora entre los espacios ‚Äúmacro‚ÄĚ y los ‚Äúmicro‚ÄĚ. Pero al mismo tiempo hacen faltan sistemas de regulaci√≥n de dimensi√≥n estatal y europeo-continental destinados a controlar el apalancamiento de las instituciones financieras ‚Äďincluidas las cajas‚Äď, a crear agencias p√ļblicas de calificaci√≥n, a restringir el mercado de fondos hedge, etc.

El objetivo, por tanto, no puede ser una especie de neolocalismo sin m√°s. El reto es articular una relaci√≥n democr√°tica que funcione con eficiencia tanto en el plano continental y mundial, como en el plano local. Aunque la noci√≥n de ‚Äúeficiencia‚ÄĚ debe ser sometida a una profunda revisi√≥n: ya hay muchas experiencias que van en este sentido. La nueva forma de entender la eficiencia no deber circunscribirse s√≥lo a su dimensi√≥n econ√≥mica. Por el contrario la eficiencia econ√≥mica debe ser ampliada y contrastada con otras ‚Äúeficiencias‚ÄĚ (por ejemplo la ambiental, la social etc.) y adem√°s debe ampliarse tambi√©n el horizonte temporal, espacial e institucional del c√°lculo destinado a medirlas: lo que puede ser rentable a corto plazo para una empresa individual puede resultar ruinoso a largo plazo para la comarca o la sociedad en su conjunto y/o a largo plazo. Los n√ļmeros s√≥lo reflejar√°n esta eficiencia compleja y global si se trabaja con sistemas de indicadores integrados o ‚Äúpolicrom√°ticos‚ÄĚ, es decir, rojos, verdes, violetas, azules etc.(7). Cuando no se hace as√≠, la cuantificaci√≥n de la eficiencia deja fuera todo aquello que sufre un desgaste, o incluso una destrucci√≥n irreversible: la ‚Äúeficiencia micro‚ÄĚ se libra a las espaldas de la ‚Äúeficiencia global‚ÄĚ, de los bienes colectivos y de otros.

Si tenemos en cuenta las enormes necesidades de financiaci√≥n requeridas para recomponer el sistema productivo, energ√©tico y de transportes de la mayor√≠a de los pa√≠ses, a los que se suman las necesidades ‚Äďa√ļn m√°s grandes si cabe- de creaci√≥n de empleo en un pa√≠s como Espa√Īa, as√≠ como el contexto financiero internacional, parece aventurado ‚Äďal menos en este momento: el futuro se muestra imprevisible‚Äď apostar por la vuelta a una moneda nacional como sugieren algunos autores. Su argumento es leg√≠timo y tienen, sobre todo, un contenido democr√°tico: los bancos centrales nacionales son espacios m√°s pr√≥ximos y, por tanto, potencialmente m√°s permeables a las necesidades de sus poblaciones(6). Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta las extraordinarias dimensiones que han adquirido los mercados financieros y su potencial desestabilizador de las pol√≠ticas econ√≥micas alternativas. Es verdad: la actual moneda √ļnica forma parte del proyecto neoliberal acordado en Maastricht. Pero esto no anula las importantes ventajas que representa, sobre todo para los pa√≠ses m√°s d√©biles y endeudados como los del sur de Europa, el poder disponer de una moneda compartida para abordar un proyecto como el que estamos esbozando en medio de un sistema financiero internacional altamente agresivo y poderoso. Naturalmente: las cosas pueden cambiar muy r√°pido. Pero hoy por hoy la focalizaci√≥n de la estrategia democr√°tica en la salida del euro refleja una simplificaci√≥n del fen√≥meno democr√°tico. En la actual situaci√≥n, la democracia econ√≥mica no se puede ejercer s√≥lo en el plano micro o nacional, especialmente cuando se trata de naciones peque√Īas o muy peque√Īas. Por eso hay que reflexionar tambi√©n sobre la construcci√≥n de un modo de regulaci√≥n de las finanzas internacionales que -al menos- limite la destrucci√≥n que pueden provocar los enormes excedentes financieros que hoy deambulan por el mundo en busca de una colocaci√≥n r√°pida y rentable. Es verdad: la Europa de Maastricht ha sido la excusa para colocar a la econom√≠a en un limbo (a√ļn m√°s) antidemocr√°tico. Pero el abandono de la carta europea y la identificaci√≥n de Maastricht con la existencia de una moneda √ļnica no hace ‚Äďal menos hoy por hoy‚Äď no m√°s, sino menos realista un proyecto de democracia econ√≥mica y empresarial incluso o precisamente cuando este apuesta por darle un protagonismo especial a losespacios de socializaci√≥n m√°s locales y pr√≥ximos a la ciudadan√≠a.

Algunas cuestiones a tener en cuenta

Hay algunos aspectos que no habría que perder de vista en este contexto. Muchos de ellos han sido recurrentes en las experiencias anteriores y también lo serán, de una forma o de otra, en el futuro.

1. La¬†formaci√≥n¬†de los ciudadanos-productores. Hoy los ciudadanos tienen unos niveles de formaci√≥n mucho m√°s altos y est√°n mucho mejor informados que en d√©cadas pasadas. En aquellos a√Īos personas con un acceso privilegiado a la cultura (llamadas a veces ‚Äúvanguardias‚ÄĚ) hablaban en nombre de ciudadanos con pocos recursos. Esto generaba sistemas de participaci√≥n basados en cauces de delegaci√≥n cada vez m√°s largos, cuya raz√≥n de ser √ļltima no era t√©cnica sino la enorme desigualdad en el acceso a los recursos culturales. Hoy se dan mejores condiciones subjetivas para regular la econom√≠a y la actividad productiva de otra forma. La condici√≥n es que las mayor√≠as est√©n continuamente aprendiendo en sus empresas y en su entorno de vida, que vivan y trabajen en organizaciones ‚Äúen estado continuo de aprendizaje‚ÄĚ(8). Pero otra condici√≥n es tambi√©n que no tengan que dedicar una parte sustancial de su energ√≠a y de su tiempo a luchar por satisfacer sus necesidades m√°s elementales: la reducci√≥n de la jornada y una m√≠nima estabilidad en el empleo son condiciones insoslayables para la creaci√≥n de un orden democr√°tico tambi√©n en el campo de la econom√≠a y la gesti√≥n de las empresas.

2. La¬†crisis ambiental hace urgente la necesidad de reconvertir el sistema de producci√≥n y de consumo. Las empresas y sus productores tienen que definir una nueva relaci√≥n con la sociedad, el medioambiente y los consumidores finales. No todo est√° permitido por muy rentable econ√≥micamente que sea, ya no es asumible un choque entre el subsistema econ√≥mico y el subsistema ambiental, laboral etc.. La forma m√°s operativa para llevar a cabo una reconversi√≥n tan compleja, y en la que el subsistema econ√≥mico est√© equilibrado con el resto, es creando mecanismos de relaci√≥n directa entre productores y consumidores, entre trabajadores y ciudadanos. Los ingenieros tienen que dise√Īar sistemas y subsistemas de productos partiendo de las necesidades formuladas por los propios consumidores finales, contrast√°ndolas con las necesidades del conjunto de la poblaci√≥n, del territorio y del medioambiente, encontrando soluciones t√©cnicas que nazcan de estas formulaciones. As√≠, las estrategias de obsolescencia programada ‚Äďcuyo objetivo es acortar el per√≠odo de duraci√≥n de un producto con el fin de estimular la compra de uno nuevo(9)- deben dar paso a otros criterios para definir productos y procesos m√°s duraderos que, a su vez, requerir√°n de la creaci√≥n de muchos m√°s puestos de trabajo de reparaci√≥n y mantenimiento, la mayor√≠a de ellos cualificados. Los productos fabricados no deben atender s√≥lo o preferentemente a las necesidades de revalorizaci√≥n de los capitales individuales sino que, adem√°s, tienen que adaptarse a las necesidades de la sociedad y de la naturaleza en su conjunto, dar pie a procesos productivos sostenibles. Pero sostenibles no s√≥lo en lo ambiental. Adem√°s, los planes de producci√≥n y la organizaci√≥n de las cadenas de valor a√Īadido tienen que fomentar un ‚Äútrabajo bueno‚ÄĚ, un trabajo en el que el esfuerzo f√≠sico y sobre todo s√≠quico no sobrepasen la capacidad del ciudadano de repararlos y mantenerlos a raya etc. (‚Äúindicadores rojos‚ÄĚ: ver arriba).

3. El problema de la¬†propiedad¬†seguir√° siendo determinante. Sin embargo sus diversas formas y mixturas deben valorarse en funci√≥n de la participaci√≥n ciudadana en las nuevas formas de producir y de decidir sobre el rumbo econ√≥mico general, as√≠ como de su contribuci√≥n a una noci√≥n compleja, amplia y sostenible de eficiencia. Los experimentos de democracia econ√≥mica, tal y como se plantearon en el per√≠odo fordista tanto en los pa√≠ses capitalistas como, por ejemplo, en la Rep√ļblica Democr√°tica Alemana de la d√©cada de los a√Īos 1960, no exploraron ni pol√≠tica, ni t√©cnica, ni cultural y ni mucho menos econ√≥micamente esta conexi√≥n. Reposaban en la definici√≥n de una relaci√≥n mec√°nica entre democracia y nacionalizaci√≥n/empresa estatal que no inclu√≠a la articulaci√≥n de mecanismos para que la ciudadan√≠a pudiera codecidir, por ejemplo, sobre la nueva funcionalidad ‚Äďsocial, ambiental, laboral- de las empresas p√ļblicas o nacionalizadas, sobre la adaptaci√≥n de su organizaci√≥n a los recursos subjetivos de sus trabajadores, con la esfera reproductiva, el entorno local etc. Aquellas iniciativas tambi√©n mostraron una incapacidad importante de vincular los intereses individuales y subjetivos de los productores activos en las empresas nacionalizadas, con el rumbo econ√≥mico general de las comarcas, de las regiones y de los pa√≠ses de las que formaban parte, casi siempre subsumi√©ndolos a estos √ļtlimos. Esto no s√≥lo provoc√≥ el debilitamiento de las izquierdas, en el caso de la Rep√ļblica Democr√°tica Alemana de la frustraci√≥n de los experimentos reformistas impulsados por Walter Ulrich en la primera mita de los a√Īos 1960(10). Su consecuencia a largo plazo fue la ampliaci√≥n del campo ideol√≥gico del neoliberalismo que lanzaba un mensaje de iniciativa y emancipaci√≥n personal a una ciudadan√≠a cada vez m√°s instruida y menos dada a aceptar estilos autocr√°ticos de cualquier signo. Esta invitaci√≥n neoliberal a una mayor implicaci√≥n y realizaci√≥n personal en el trabajo fue f√°cilmente incorporable al nuevo discurso microecon√≥mico neoliberal basado en pol√≠ticas de oferta. El resultado fue ‚Äďy sigue siendo. la proliferaci√≥n de ‚ÄúYo SAs‚ÄĚ, de empresas reales o virtuales en la que el individuo se convierte en ‚Äúempresario‚ÄĚ de s√≠ mismo y empieza a pensar y a sentirse como tal. La individualizaci√≥n general de las relaciones de empleo y el aumento de los peque√Īos empresarios y de los aut√≥nomos se extendieron r√°pidamente por todo el tejido social reforzando la hegemon√≠a del neoliberalismo a costa de las propuestas empresariales de ra√≠z solidaria y cooperativa. Esta situaci√≥n todav√≠a no forma parte del pasado: si no se le da a la subjetividad nacida de los cambios sociales, culturales y tecnol√≥gicos de las √ļltimas d√©cadas una salida solidaria tambi√©n en el plano empresarial (individuaci√≥n de las relaciones sociales), dicha subjetividad seguir√° optando por una salida insolidaria (individualizaci√≥n de las relaciones sociales) y el potencial emancipador generado por la din√°mica hist√≥rica del capitalismo quedar√° desaprovechado.

4. El¬†tama√Īo¬†de muchas empresas tradicionales, que inclu√≠a la generaci√≥n ‚Äúen casa‚ÄĚ de un elevado porcentaje de valor a√Īadido, ha sido desplazado por un modelo empresarial mucho m√°s disperso en el espacio, m√°s especializado y m√°s dependiente del entorno territorial basado. Se basa en una mayor divisi√≥n del trabajo entre empresas y en una disminuci√≥n del valor a√Īadido generado por cada una de ellas. Esta situaci√≥n reduce la autonom√≠a de las empresas individuales, las hace depender m√°s y m√°s de las regiones en las que est√°n encavadas, de otras empresas, de las infraestructuras creadas entre ellas. Pero tambi√©n socava la visi√≥n estrictamente indivual-microecon√≥mica de los procesos productivos. Por otro lado obliga a tener una visi√≥n m√°s de conjunto de los sistemas productivos, permite y obliga a ‚Äúpolitizar‚ÄĚ el territorio mismo pues es aqu√≠, en el espacio extra- e interempresarial, donde se toman cada vez m√°s decisiones que afectan a las empresas y a las cadenas de valor a√Īadido de las que forman parte. En realidad, la producci√≥n en el capitalismo contempor√°neo est√°, de facto, en buena medida ‚Äúsocializada‚ÄĚ ya en muchos aspectos importantes como este, lo cual fomenta el acercamiento entre los intereses de los ciudadanos y de los productores. El municipio y las mancomunidades, dos espacios ideales para del desarrollo de formas directas de participaci√≥n, tienden a ganar peso en los nuevos sistemas productivos. Aunque siempre y cuando queden vinculados a espacios institucionales m√°s amplios que apoyen los procesos democr√°ticos con pol√≠ticas macroecon√≥micas inspiradas en principios solidarios y sostenibles en lo ambiental y laboral.

Conclusión: la superación del modelo secuencial

La democracia econ√≥mica y empresarial ha sido un protagonista central de las experiencias de democratizaci√≥n. Ni la historiograf√≠a, ni la ciencia pol√≠tica y mucho menos a√ļn la econom√≠a, han tenido lo suficientemente en cuenta su importancia como precondici√≥n para la consolidaci√≥n de un tejido democr√°tico s√≥lido y sostenible(11). Y ello, a pesar de que el desdoblamiento entre democracia pol√≠tica por un lado, y democracia econ√≥mica y empresarial, por otro, forma el n√ļcleo del proyecto de democracia minimalista propio de las ‚Äúsociedades burguesas‚ÄĚ tal y como fueron criticadas por los movimientos socialistas del siglo XIX.

El concepto de ‚Äúdemocracia social‚ÄĚ es una especie de compromiso que deja fuera el derecho de los ciudadanos a seguir si√©ndolo tambi√©n en el √°mbito de la empresa, sea p√ļblica o privada. Lo que se entiende por ‚Äúdemocracia social‚ÄĚ es, por tanto, de naturaleza secuencial y refleja el pacto pol√≠tico de la postguerra: la izquierda ‚Äďen aquellas fechas una socialdemocracia fuertemente comprometida con el capitalismo y la guerra fr√≠a‚Äď acepta reconocer el monopolio de la propiedad en la gesti√≥n de los medios de producci√≥n, aunque a cambio de que dicha propiedad se comprometa a colaborar con un sistema impositivo progresivo destinado a financiar un Estado del Bienestar. Es secuencial porque propone, primero generar la riqueza y los valores de uso sobre bases no democr√°ticas y cada vez m√°s tecnocr√°ticas, aunque admite que despu√©s y en un segundo paso se reparta el excedente siguiendo procedimientos democr√°ticos fuertemente delegadotes, es decir, a trav√©s de partidos pol√≠ticos que se disputan los esca√Īos en elecciones parlamentarias. El llamado modelo social europeo es, sin duda, un gran avance hist√≥rico que hay que seguir defendiendo pues por primera vez le dio a las clases populares el derecho a beneficiarse del crecimiento econ√≥mico y, de alguna forma, permite que la ciudadan√≠a no tenga que dedicar toda su energ√≠a vital y todo su tiempo a satisfacer sus necesidades m√°s perentorias e inmediatas. Sin embargo es un modelo muy vulnerable en t√©rminos democr√°ticos y genera problemas de legitimidad a medida enque aumenta el nivel general de instrucci√≥n de la poblaci√≥n. La raz√≥n es que se basa en la exclusi√≥n de la ciudadan√≠a justamente de aquellos espacios en los que se toman las grandes y peque√Īas decisiones empresariales, espacios en los que s√≥lo se admiten formas muy indirectas y diluidas de participaci√≥n ciudadana. No hay ning√ļn lugar donde esto se ponga de manifiesto de forma m√°s clara que en el de la econom√≠a y de la empresa. Las formas de participaci√≥n delegadoras son f√°cilmente transformables en la exclusi√≥n completa y sistem√°tica de una ciudadan√≠a que sin embargo est√° cada vez m√°s capacitada para intervenir activamente en la gesti√≥n econ√≥mica y empresarial. La autonomizaci√≥n de los elegidos con respecto a los votantes (por ejemplo alegando razones t√©cnicas) acaba siendo inevitable lo cual erosiona la legitimidad del sistema pol√≠tico en su conjunto al dar v√≠a libre para que las decisiones econ√≥micas y empresariales se queden completamente fuera de la participaci√≥n ciudadana. Adem√°s crea una cultura que desincentiva al ciudadano de participar en la cogesti√≥n de los asuntos econ√≥micos y abona el campo para que sean los poderes econ√≥micos los que monopolicen los procesos de toma de decisiones a trav√©s de lobbies, fundaciones o por medio de su participaci√≥n directa en los gobiernos (empresarios que se convierten en ministros, etc.). La exclusi√≥n de los ciudadanos-trabajadores de las grandes decisiones empresariales, que mantiene as√≠ intacto el poder de la propiedad en el acceso a los medios de producci√≥n, acaba provocando una autonomizaci√≥n de la econom√≠a y de las empresas con respecto a la sociedad civil y la ciudadan√≠a, por mucho que los (neo)liberales insistan en incluir a las empresas privadas dentro de la categor√≠a de la “sociedad civil”. Este monopolio en el tratamiento de los grandes y peque√Īos asuntos econ√≥micos y empresariales contribuye a erosionar la democracia en su conjunto pues sit√ļa a la econom√≠a y a la sociedad toda al servicio de los intereses empresariales privados. El proyecto neoliberal es la cr√≥nica de esta fagocitaci√≥n. Como hemos visto este √ļltimo pas√≥ a la ofensiva en muchos pa√≠ses europeos hacia finales de los a√Īos 1970 como una primera respuesta empresarial a los intentos de ciudadananizar el espacio de la producci√≥n y del trabajo asalariado. Este ataque inicial de contenido empresarial acab√≥ transform√°ndose despu√©s en el intento de poner toda la econom√≠a y toda la sociedad al servicio de los grandes intereses privados, es decir, acab√≥ transform√°ndose en una erosi√≥n de la propia democracia pol√≠tica, incluso en su versi√≥n delegadora e indirecta contenida en el proyecto de “democracia social”.

Todo esto permite proponer dos conclusiones: a.) la crisis del neoliberalismo es la crisis de un modelo de organizaci√≥n social basado en la erosi√≥n de la democracia en su conjunto y no s√≥lo de la democracia econ√≥mica. Esta erosi√≥n se produjo en varias etapas. Primero vino la erosi√≥n de la democracia empresarial, luego la de los espacios de participaci√≥n indirecta ‚Äďes decir a trav√©s de elecciones parlamentarias- en la definici√≥n de las grandes pol√≠ticas econ√≥micas. A largo medio y largo plazo este proceso llev√≥ a la erosi√≥n de la propia democracia pol√≠tica, incluso en su versi√≥n m√°s diluida pues el sistema parlamentario es utilizado para poner en marcha pol√≠ticas basadas, no en el inter√©s general sino en intereses parpticulares; y b.): la configuraci√≥n de otro modelo econ√≥mico y pol√≠tico tiene que abordar el problema de la democratizaci√≥n tambi√©n de los espacios de la econom√≠a y de la empresa. S√≥lo si los productores siguen siendo ciudadanos tambi√©n en los espacios donde desarrollan su trabajo y se vinculan a espacios de participaci√≥n ‚Äďdirecta y delegada- en los que pueden codecidir tambi√©n sobre el rumbo de la econom√≠a general es posible asegurar a largo plazo incluso la propia democracia pol√≠tica. El fen√≥meno democr√°tico ha de ser tratado, por tanto, como un todo integrado e indivisible si se pretende que sea sostenible, que dure y que se consolide. Las experiencias que dos generaciones de ciudadanos han venido acumulando con el modelo neoliberal vuelven a demostrar que s√≥lo esta forma de vivir la democracia permite alterar el poder estructural que se da en el seno de las sociedades capitalistas, incluidas las propias correlaciones del poder pol√≠tico.


Notas

1. A. Fernández Steinko, Experiencias participativas en economía y empresa. Tres ciclos para domesticar un siglo, Siglo XXI, Madrid, 2001.

2. Id pp 355ss.

3. Ver, por ejemplo, D. Schweickart, M√°s all√° del capitalismo, Sal Terrae, Santander, 1997. Para el sector espa√Īol de la maquinaria mec√°nica A. Fern√°ndez Steinko, Continuidad y ruptura en al modernizaci√≥n industrial de Espa√Īa, Consejo Econ√≥mico Social (CES), Madrid, 1997. Otro ejemplo, esta vez formulado por un empresario es el interesant√≠simo trabajo de Semler, R.: Radical. El √©xito de una empresa sorprendente. Ediciones Gesti√≥n 2000. Madrid 1997.

4. J. G. Espinosa, A. Zimbalist, Democracia económica, la participación de los trabajadores en la industria chilena, 1970-1973, Fondo de Cultura Económica (FCE), México D.F., 1984.

5. U. Klitzke H. Betz y M. M√∂reke (eds), Von Klassenkampf zum Co-Management?, VSA, Hamburgo, 2000 y A. Fern√°ndez Steinko: ¬ęEl corporativismo para la competitividad¬Ľ, Mientras Tanto, n√ļm. 83 y 84, 2002.

6. A. Fern√°ndez Steinko, Democracia en la empresa, Hoac, Madrid, 2000.

7. Así mi propuesta descargable en: https://dl.dropbox.com/u/109592466/Indicadores%20policrom%C3%A1ticos.pdf

8. Stahl et al.: The Learning Organisation. Eurotecnet, Bruselas 1993.

9.Ver sobre este particular A. Leonard: La historia de las cosas: de cómo nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud y una visión del cambio, Fondo de Cultura Económica (FCE), México, 2010.

10. Para un an√°lisis cr√≠tico de la experiencia del gobierno de la izquierda en Francia de 1981 ver P. Zarifian, ¬ęPlan, mercado, autogesti√≥n¬Ľ, Utop√≠as n¬ļ 155, 1993 pp. 76-95 y m√°s recientemente y contextualizado: J. Lojkine: Une autre fa√ßon de faire de la politique. Les Temps des Crisis, Paris 2012. Para la experiencia en la RDA a principios de la d√©cada de los a√Īos 1960 ver K. Steinitz: ‚ÄúImpulse f√ľr Wirtschaftsdemokratie‚ÄĚ en: Sozialismus 11/2012, pp. 48-55. La propuesta sueca de creaci√≥n de fondos regionales, que formar√≠an parte de los ‚Äúfondos de los asalariados‚ÄĚ es digna de ser tenida en cuenta para abordar la contradicci√≥n entre los intereses microecon√≥micos de los empleados y los intereses de las regions y de los ciudadanos en su conjunto. Ver Fern√°ndez Steinko (2001, pp. 369ss.).

11. A. Fern√°ndez Steinko, ¬ęHerramientas para un chequeo de la din√°mica democr√°tica¬Ľ, Revista Espa√Īola de Investigaciones Sociol√≥gicas (REIS), n√ļm. 94/01, 2001, pp. 9-35.

Blog del autor: http://asteinko.blogspot.com/2012/12/democracia-economica-nucleo-de-una.html#more

Las intenciones neoliberales las descubre la publicidad en TV. Los “anuncios” desvelan la mentira

Las agresiones neoliberales contra el bienestar y las privatizaciones de los servicios p√ļblicos se nos venden como una mejora en la gesti√≥n -m√°s barata- y una asistencia m√°s personalizada. Tambi√©n se nos aconseja igualmente por el sistema a trav√©s de m√ļltiples medios, el reforzar nuestra garant√≠a de¬†jubilaci√≥n, complementando con un plan de pensiones privado.

Se dice que es por necesidades econ√≥micas para hacer frente a la crisis que las clases populares hemos generado ‚Äúpor vivir por encima de nuestras posibilidades‚ÄĚ, por ahorrar y de esta forma garantizar la asistencia universal, eso si mediante sistemas mixtos o bien de gesti√≥n empresarial. Es decir, por nuestro bien.

Las órdenes de la Troika (FMI-BCE-Unión Europea) más las órdenes de Alemania y la propia ideología liberal dominante que el PP impulsa ahora que gobierna, obligan a privatizar la gestión sanitaria y ahorrar en salud, pero también en endurecer las condiciones para conseguir una jubilación, la edad mínima para lograrla y las percepciones. Todo esto se hace por hacer viable el sistema e incluso se tiene la desfachatez por parte de los mandatarios y mandatarias derechistas de afirmar que es por defender el estado del bienestar, haciéndolo viable.

Hay personas, asociaciones y movimientos que llevamos ya unos a√Īos denunciando que las privatizaciones de los servicios de salud y protecci√≥n p√ļblica (Llevamos¬†al menos 10 a√Īos anunciando y clamando en el desierto lo que ya ha llegado) no son sino una f√≥rmula m√°s al objeto de ampliar el negocio de grandes empresas, bancos y aseguradoras privadas a costa de las clases populares europeas y de otras potencias centrales. As√≠ como tratar de impedir que las y los ciudadanos de los pa√≠ses empobrecidos accedan al bienestar p√ļblico.

Desde la OMC -Organización Mundial del Comercio- con un invento llamado ACGS o Acuerdo General para el Comercio de los Servicios, se trató de hacer OBLIGATORIO mediante un Tratado Internacional la privatización de los Servicios de Sanidad, Educación, Pensiones, Agua, etc etc, por lo que desde ATTAC, pero no solo, se denunció infructuosamente todo lo que venía. Vivíamos bien en el reino de la mentira mediática y política, y todavía no le habíamos visto las orejas al lobo.

Si el AGCS no alcanz√≥ el rango de Tratado Internacional, a pesar del fuerte apoyo e incluso el chantaje por parte los EE.UU. y la Uni√≥n Europea, fue por la¬†resistencia¬†de muchos estados¬†latinoamericanos¬†-ya se sabe…-, pero tambi√©n¬†asi√°ticos¬†y africanos. El AGCS no obstante vive todav√≠a en cajones y mentes de¬†pol√≠ticos¬†liberales, socioliberales y conservadores que lo apoyaron, siguiendo las instrucciones de poderosas transnacionales. No esta cerrado -advierto- solo contenido gracias entre otros a unos setenta estados del mundo, entre ellos por cierto a una Venezuela muy activa en su contra.

Pero ya que el AGCS no se pudo imponer a los pobres o a los “locos” en Europa si que se tuvo una victoria parcial por parte de los neoliberales y las grandes empresas, y se aprob√≥ una directiva de servicios de inter√©s general y otras medidas desreguladoras -por cierto todav√≠a recuerdo palabras de Mar√≠a Teresa Fern√°ndez de la Vega, defendiendo estas medidas antisociales y privatizadoras por buenas, pues esa era la pol√≠tica de la Uni√≥n Europa- que ignorancia como m√≠nimo. Pues bien, todos estos esfuerzos de los poderosos no¬†fueron¬†en vano.

En la vieja e “inteligente” Europa de la Uni√≥n, los gobiernos mediante un plan dise√Īado, elaborado y pensado hace ya m√°s de diez a√Īos, est√°n aprovechando estupendamente su “crisis” al objeto de desmontar los “caducos servicios¬†p√ļblicos¬†y estatales”, privatiz√°ndolos. Lo hacen¬†√ļnica¬†y exclusivamente porque hay negocio. No hay otra raz√≥n. Aprovechan la coyuntura para enriquecerse grandes empresas, fondos de inversi√≥n y bancos.

Cuando hace ya al menos diez a√Īos escrib√≠amos esto -y se puede comprobar perfectamente- pr√°cticamente nadie capt√≥ el calado tan profundo de lo que¬†afirm√°bamos¬†y que personas cre√≠bles ya y con mucho prestigio como Susan George anunciaron. Si tuvo todo mucho eco en los Foros Sociales Mundiales, as√≠ como entre algunos sindicalistas -pocos- y alg√ļn dirigente pol√≠tico, pero poco m√°s -Latinoam√©rica aparte- y para realizar sus gobiernos progresistas lo contrario. Pero se nos llam√≥ demagogos o se nos mir√≥ con suficiencia condescendiente¬†de que eramos buenos chicos pero muy ut√≥picos.

Pero ahora ya est√°. Nadie lo niega, es evidente y cuando el Gobierno de Espa√Īa, los asesores de la banca o los “economistas” ortodoxos y del sistema tratan de desmentirnos o simplemente de burlarse de nosotros, pues no hay m√°s que enchufar la televisi√≥n, cualquier canal, al objeto de comprobar la multiplicaci√≥n de anuncios de mutuas y aseguradoras privadas, de diversos seguros m√©dicos y de buc√≥licas cl√≠nicas, inexistentes en la realidad dada la precariedad casi general de los medios sanitarios que poseen. Aunque no solo de aseguradoras m√©dicas, sino tambi√©n de fondos de pensiones, e incluso ya de¬†colegios y universidades privadas. Ante esta oleada de publicidad yo me pregunto ¬ŅSi no fuera un negocio la sanidad privada, los fondos de pensiones privados o la ense√Īanza privada se anunciar√≠an en televisi√≥n? ¬ŅEs acaso casualidad que sea precisamente en estos momentos cuando esa publicidad se¬†dispara?

La publicidad capitalista de un concepto capitalista, y por tanto liberal de la salud y las pensiones, demuestran que se quiere privatizar para adquirir una grandísima cuota de negocio al objeto de enriquecerse más las empresas y accionistas que hay tras ellas.

Hay que multiplicar la riqueza para los más ricos, convirtiendo derechos sociales conquistados en negocios y eso nos perjudica a la mayoría. No solo porque se resiente la calidad, cantidad y dotación de los medios técnicos, sino que se juega con nosotros y nosotras demagógicamente, pues la salud no son gratuitos, ya los pagamos y es un reparto solidario de ventajas a las que contribuímos todos y todas, pues hasta las personas paradas con prestaciones pagamos impuestos y cuotas de seguridad social.

Como veis, esta crisis solo es una estafa y una reorganización capitalista para ganar más y hacerlo a nuestra costa.

Todas estas¬†pol√≠ticas¬†ademas son fruto de una ideolog√≠a determinada: el neoliberalismo. Son fruto de a√Īos de lucha pol√≠tica liberal extrema en contra de lo p√ļblico y de la creencia de que todo lo resuelve el mercado. Hace ya a√Īos que est√°n¬†detr√°s¬†del gran negocio de robar derechos sociales y alcanzar beneficios privados. Hay muchos¬†documentos, libros, estudios pagados por grandes bancos y empresas¬†farmac√©uticas, sanitarias, de seguros, pagados generosamente a profesores y profesoras mercenarias, pero tambi√©n documentos y acuerdos¬†de partidos pol√≠ticos liberales y del sistema con todas estas propuestas. Por tanto esto no es por su crisis. Los¬†ataques¬†a todo lo publico, es simplemente una¬†oportunidad. La¬†pr√≥xima¬†vez a la hora de votar, si¬†dese√°is¬†hacerlo, mejor pens√°is un poco en vuestros hijos o en cuando os¬†hag√°is mayores. Por lo pronto a la calle que nos roban miserablemente y encima piensan que no somos inteligentes. La lucha social, las huelgas, las resistencias es el √ļnico lenguaje que¬†ellos¬†entienden. Hay alternativas y hay otro mundo posible.

Quien iba a decir que su propia publicidad les podía descubrir. Ah, ni te hagas un seguro médico privado -tienen menos medios y menos atención para casos graves-, ni un fondo de pensiones -por cierto muchos de ellos, están en quiebra, así que ojo-. Sal a la calle y defiende tu dignidad.