“Todo socialismo reposa en la idea que en la sociedad burguesa no es posible acabar con la miseria que proviene del capitalismo. Esta miseria proviene, en efecto, de la propiedad privada de los medios de producción y no puede desaparecer más que con ella. En esto, los diferentes sistemas socialistas están de acuerdo;”

Karl Kautsky

Los marxistas de los partidos socialistas obreros de finales del siglo XIX y principios del XX siempre antepusieron la consecución del socialismo y la organización del proletariado a programas reformistas y de colaboración burguesa. Para ellos lo importante era trabajar por una vida nueva en una sociedad sin clases y organizar a la clase obrera. Pablo Iglesias fue uno de esos marxistas.

No todo el socialismo clásico y obrerista, fue tan contundente y radical, pero como sostiene Kautsky las diferentes familias socialistas, incluidas las más reformistas, siempre coincidieron en señalar al capitalismo como el origen de las desigualdades y la injusticia.

Los socialistas señalan que solo la lucha de clases puede ser el germen del socialismo. La lucha de clases es la seña de identidad del partido obrero y es también la vía imprescindible para conseguir mejoras materiales inmediatas. Estas mejoras hoy serían acabar con el precariado juvenil y no tan joven, liquidar las reformas laborales, acabar con la ley hipotecaria o garantizar el sistema público de pensiones  no solo para los pensionistas y próximos-pensionistas, sino para nuestros hijos y nietos que lo tienen total y absolutamente en peligro, por no decir, que de seguir las cosas como hasta ahora, no la van a tener (Jubilación pública). Bien estas y otras cuestiones no menos importantes como salud y educación y salarios dignos, empleo digno, vida digna. Pan, trabajo, techo.

Tras leer el párrafo anterior se verá claramente que las actúales oligarquías políticas de la tercera vía socioliberal, -ex socialdemocrátas- ni son socialistas, ni creen en el socialismo. Son profesionales simplemente de la cosa pública burguesa. Sin embargo sí que están en posiciones templadas de socialismo democrático y por tanto transformador, personas como Jeremy Corbyn o Bernie Sanders que se cuestionan los poderes financieros, bancarios y el poder de la minoría capitalista. De forma más radical, otros socialistas como Oskar Lafontaine o lo que representa Salvador Allende. Pero tanto Sanders, como Corbyn como Allende o Lafontaine sería claros exponentes del socialismo democrático desde los los últimos lustros del siglo XX (Allende) y del siglo XXI.

Yéndonos al título del artículo, lo primero a dilucidar es si hoy en día -2016- existe clase obrera. Es obvio que sí. A pesar de la ofensiva cultural neoliberal y de las deslocalizaciones, cierres industriales y la alienación de esa subcultura televisiva que sufrimos, hortera y pequeño-burguesa, con sus ribetes radicales pequeño burgueses consentidos e incluso fomentados por ciertos empresarios de la “comunicación”. Hay clase obrera, aunque muchas y muchos de sus miembros no saben que los son. Veamos, que es sino una cajera de Zara, una cajera del Hipercor, o de Alcampo o un reponedor del Mercadona. Que es sino clase obrera pura y dura un falso comercial autónomo igualmente falso que vende por ejemplo teléfonos móviles por una miserable comisión, tras doce horas tras un mostrador. Por no hablar de la hostelería, cada vez más degradada y degenerada, que es una de las reinas de la explotación laboral y el pistolerismo patronal. Por cierto la hostelería es uno de las ramas clásicas del movimiento obrero, con una gran tradición sindical en España. Pero que en estos momentos es refugio obligatorio para comer de muchos jóvenes de la cada vez más proletarizada “clase media” y tituladas/os sin futuro, que curiosamente en muchos casos no se sienten obreros, cuando están mucho más explotados que un fresador o un mecánico o mecánica de una industria metalúrgica. Esas son las contradicciones que nos ha impuesto la cultura burguesa al objeto de derrotarnos, el hacer creer que ya no hay clase obrera y que personajes de las “nuevas izquierdas” -me rio yo- nos hagan creer que la lucha de clases es un espejismo superado y hoy -2016- todas y todos somos pueblo.

Hay pues clases y clase. Lo que no hay es conciencia de clase y mucho menos orgullo de clase, orgullo de oficio, orgullo de gremio y orgullo de ser la fuerza imprescindible para cualquier cambio. La clase media empobrecida y radicalizada, todavía se hace la ilusión de que es ciudadanía y la verdad, ciudadanos todas y todos somos, también Patricia Botín.

Los partidos obreros siempre hicieron una labor pedagógica y de educación popular muy importante. Hoy se ha abandonado, por tanto los sectores más explotados, humildes y de trabajadores manuales ya sean asalariados o falsos autónomos ni reciben el mensaje de la lucha radical transformadora, ni están en él, ni entienden un mundo que les abruma, genera inseguridad familiar y personal, ni entienden a unos políticos -prácticamente todos- que solo se saben dirigir a titulados universitarios.

Hoy el proletariado urbano, se concentra en grandes superficies comerciales, franquicias de todo tipo, antros y baretos, mensajerías, tele-trabajo, tiendas de móviles o centros de informática y nuevas tecnologías. Pero también en guarderías, escuelas y hospitales entre los que se incluyen las nuevas figuras del precariado del sector público, casi inexistente en muchos casos antes del 2007. Funcionarios pobres, cajeras pobres, limpiadoras pobres…

También en los almacenes hortofrutícolas o en las naves de arrubamiento del consumo; las furgonetas blancas que recorren las carreteras y autovías del estado español, saltándose todos los límites de velocidad por imposición de las empresas que los subcontratan. En el trabajo de mala calidad y peor pagado de trabajadores contratados bajo cuerda u obligadas a ser falsas autónomas. Eso o la cola del paro o la emigración, ese es el legado del neoliberalismo y la oligarquía capitalista española a todos los menores ya de cuarenta años. País de precarios y de semi esclavas y esclavos. Es decir país de nuevos obreros de las nuevas minas, las nuevas canteras, las nuevas naves metalúrgicas.

Por tanto la cuestión es hacer pedagogía y educar en el orgullo de clase, clase transformadora. Es obligación de los sindicatos de clase conectar con el precariado y ofrecer al precariado sus organizaciones, dárselas. Es obligación de las personas que creemos en la lucha de clases, dar un mensaje sencillo y comprensible como hicieran nuestros bisabuelos y abuelos. Hay que ilusionar como Bernie Sanders lo está haciendo. Organizar a los precarios como Jeremy Corbyn ha logrado hacer. Pero no desde la nada, sino desde las ideas y desde la creencia de que esto debe cambiar y puede cambiar.

Por tanto, es posible el partido obrero y la cultura obrera. Hay un elemento movilizador que creo que es muy importante y es que nuestros hijos y nietos van a vivir peor que nosotras, ser más pobres y encima no van a tener jubilación. Todo eso tiene culpables y responsables y son las grandes multinacionales y fondos financieros, bancos y grandes fortunas. No es la casta, ni otras tonterías, son los banqueros, los poseedores, los grandes directivos pagados escandalosamente por empresas privadas que sin embargo extienden el precariado y amenazan con despidos a plantillas de miles de personas. Es el capitalismo y son sus grandes centros de poder financiero, que es donde ahora se concentra el capitalismo. El capitalismo que corrompe a políticos, extorsiona a gobiernos e impone sus leyes Por eso hubo, hay y habrá socialismo.

Carlos Martinez