Para juzgar los grandes hombres, que no dejan indiferente a nadie, no vale ni la adulación, ni el desprecio simple. Fidel encabezó una revolución que derrocó una cruel y corrupta dictadura apoyada por los EE.UU y la mafia norteamericana que tenía grandes intereses y negocios en la isla.

Los EE.UU nunca permitieron la revolución y trataron de asfixiarla, no solo por la guerra fría y anticomunismo, sino porqué para los yankis, Cuba ha sido siempre una asunto de política interior, no exterior. Los EE.UU apoyaron al final de su guerra de liberación en 1898, a los rebeldes que luchaban por la independencia de España, no con el objetivo de facilitar su libertad, sino por constituir un gobierno títere y un estado vinculado a los intereses de la república americana del norte.

Fidel comenzó con un programa socialdemócrata de los años cincuenta y emancipador, pero se vio obligado a declararse marxista-leninista ante el acoso del imperio y por supervivencia. Necesitaba de la URSS y fue pues, comunista por interés -el no perteneció nunca al partido comunista cubano anterior a la revolución y que se llamaba Partido Socialista Popular- pero acabó siendo comunista de convicción y por convicción. Fue un teórico del marxismo-leninismo en un solo país y un faro revolucionario para toda una América Latina, sometida, saqueada, expoliada y teledirigida por los EE.UU a los que se enfrentó con éxito sin duda, aunque a costa de la democracia en Cuba.

La carencia de libertades en Cuba no da ni ética, ni moralmente, alas y menos la razón a la mafia cubana de Miami, al exilio honorable de Miami o al anticastrismo visceral de Miami. Esas personas quieren destruir no ya el castrismo, lo cual es legitimo, sino la propiedad pública, la igualdad existente, la sanidad universal y los servicios a la ciudadanía inspirados en un socialismo autoritario caribeño, pero igualitario y más justo que lo que el capitalismo feroz yanki, puede proporcionar. Por tanto como me dijo un jóven cubano en la Habana “yo quiero las conquistas de la revolución, solo que con más libertad. Yo quiero el socialismo, pero más como en Europa”, se refería a un socialismo democrático ideal que ni en Europa existe, pero el imaginaba. Es decir socialismo y democracia y eso los que hoy bailan en Miami en el día de la muerte de Fidel, lo quieren sencillamente destruir.

Dicho eso y desde el respeto a Fidel e incluso la admiración: Sin libertad, no hay socialismo. Todos los socialismos autoritarios han acabado fracasando o teniendo serios problemas o convirtiéndose en capitalismo de estado, pero capitalismo, como en China, aunque con control estatal y del Partido Comunista. Pero ese es otro debate. Lo que ahora toca es recordar a Fidel Castro y darle el pésame a los suyos.