Que el PP es un partido depredador, nadie sensato lo duda y la ley de montes que aprobó en 2015 lo corrobora. Estos días con el incendio de su financiación ilegal, sus procesamientos y comparecencia en el banquillo muy próxima de Rajoy todo está que arde. Pero también nuestros montes y bosques de costa, vuelven a quemarse y esto que es una tragedia natural, un crimen medioambiental tiene ahora un nuevo combustible y es la ley de montes, la nueva legislación sobre bosques y espacios naturales que vuelve a autorizar la construcción en zonas quemadas, así que ojo en el entorno de Doñana, pues precisamente el fuego se inició en la zona de parque natural que la Junta de Andalucía amplió recientemente. Ley sobre espacios protegidos naturales aprobada hace dos años por el PP, como no, al objeto de volver a favorecer la especulación urbanística es un lanzallamas contra los bosques.

Para un partido como Alternativa Socialista que tiene vocación rural e implantación rural y que gobierna  municipios rurales este asunto es capital. Está en nuestro ADN y no solo como socialistas con conciencia ecologista, sino como personas implicadas en la lucha contra el despoblamiento rural y la reivindicación de los derechos de las personas que habitan en nuestros pequeños pueblos.

Transferidas a las autonomías las políticas de protección forestal y de lucha contra el fuego, los años de gobiernos de la derecha en la mayor parte de ellas han sido capitales para limitar y privatizar medios contra el fuego. Pero es que en autonomías con gobierno del PSOE también hubo recortes. Pero donde más se ha recortado ha sido en prevención. Limpieza y conservación de montes. Los trabajos de desbroce, limpieza y clareo de bosques para protegerlos y la vez generar energías alternativas han sido olvidados y mientras tanto las comunidades rurales despoblándose por falta de empleo y jornales para vivir.

Los bosques no se pueden conservar si las personas del entorno rural no se ocupan de ellos y les suponen una fuente de ingresos y de vida como ocurría históricamente. Ya no hay necesidad de leña para cocinar, pero si para combustible y para generar energía alternativa. Finalmente al erario público le resulta más barato limpiar montes que apagar fuegos. Pero en algunos lugares apagar incendios es negocio, la regeneración es negocio, construir después del quemado es más negocio.

Otro problema es la expansión del ladrillo y del turismo de masas en zonas cercanas a los bosques o la tolerancia con casas particulares e incluso urbanizaciones en medios del bosque, en la que tanto la complacencia municipal como la irresponsabilidad y el egoísmo de muchos ciudadanos y constructores privados contribuyen a crear posibles focos de fuego; desde luego de contaminación.

Los montes que arden, muchos son de las famosas repoblaciones de Franco en los” años del hambre”. Las décadas de los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado. Monocultivo de pinos que son pólvora esperando una mecha y además sin freno natural como es lo que en algunos lugares serranos se llama el “monte negro” es decir chaparras y encinas que en centro sur del Estado Español, son el mejor de los cortafuegos. Los ganados también eran y pueden volver a ser otro cortafuego natural.

Los montes arden porque de forma irresponsable se ha permitido construir urbanizaciones e invernaderos de plástico, en medio de pinares, en lugar de hacerlo en los núcleos urbanos de nuestras serranías o controlar la agricultura industrial. Se ha construido ilegalmente casas sin control y encima con permisividad. Muchas personas de las ciudades –excepto los interesados- desconocen que muchas de las viviendas que hay que proteger del fuego y salvar mientras arden nuestras selvas, son ilegales. Son un peligro. Urbanizaciones y chalets construidos sin licencia, en ocasiones fruto de corrupción o coacción contra los alcaldes –que ocurre- de personas ajenas al medio. ¿No sería mejor repoblar pueblos?, Ampliar pueblos pequeños y muy hermosos, con un crecimiento lógico, respetuoso y ordenado en lugar de depredar montes y pinadas. Me pregunto. Por otra parte en casos de quemados, la urgencia de proteger esas viviendas –no sé por qué- resta energías para evitar que los fuegos se extiendan y se dedica demasiado esfuerzo en proteger construcción ilegal. De acuerdo que lo primero es salvar personas y garantizar su seguridad. Pero hecho esto, lo prioritario, nuestras selvas y zonas de monte bajo que sí que son de todas y todos. Cosa muy diferente son los núcleos rurales ubicados históricamente en medio de bosques y serranías así como los cortijos y masías serranas, pero esas construcciones históricas muchas de ellas están abandonadas o en fase de despoblación, lo cual es malo para la conservación del medio natural.

Los montes arden porque se ha apartado a la población rural de la gestión del monte. Por qué no existan ya casi montes comunales, municipales. Cuando comenzó la dictadura franquista, los vencedores usurparon miles de hectáreas de monte, adjudicándoselas y tales usurpaciones siguen en manos de propietarios ilegítimos. El bosque puede ser fuente de vida, riqueza y reparto, pero si es de gestión municipal, mejor. Hay un ejemplo de libro en España y es la provincia de Soria. La mayor parte de los montes sorianos son comunales y esto convierte a Soria, una provincia con grandes masas boscosas en uno de los territorios con menos incendios forestales.

Las autonomías convertidas en diecisiete entes centralistas con una burocracia ávida de acumular competencias, están siendo en ocasiones muy ineficaces a la hora de gestionar la naturaleza. Por tanto doy un grito desesperado en favor de volver a los montes comunales, de menores o municipales, o como les queramos llamar y formar entidades autóctonas de gestión como la Comunidad de la Sierra de Albarracín, pero mejor y más democráticamente gestionadas, que es posible.

Lógicamente debe haber apoyo y financiación a las poblaciones rurales y por cierto resultará más barata que apagar fuegos y contratar helicópteros ucranianos y rusos. Con unos servicios forestales y de ingeniería de montes públicos, autonómicos o centrales, pero al servicio de las municipalidades serranas o con riqueza natural. Lo primero y urgente, es derogar la ley de montes y parques naturales y nacionales de la derecha. También mejorar las dotaciones de bomberos forestales y hacerlos fijos de una vez, pues pueden hacer múltiples labores de vigilancia, conservación y limpieza que garantiza su labor todo el año, así como dotar de más autoridad a los guardias forestales y devolverles competencias que algunas autonomías como Madrid les han hurtado al objeto de favorecer a los infractores privados.

Tras la derogación de la ley hay que ponerse a trabajar con los municipios rurales y con riqueza forestal. Educar en civismo y conservación, cuidados y gestión económica social de la naturaleza. Un socialismo comunal rural, autogestionario y solidario a la vez.

Perseguir y denunciar la especulación urbanística en nuestros montes y espacios naturales con tanta contundencia como ya se hace en ciudades y costas. Prohibir de una vez la urbanización del monte. También está haciendo mucho daño una concepción del turismo depredadora. Otra cuestión sería recuperar las guías de tránsito al menos en zonas de alto valor ecológico y de alta peligrosidad como todo el este y sureste del estado español. Pues encontrar latas de cerveza y refrescos o plásticos en medio del monte indica  que hay salvajes irresponsables que no merecen pisarlo mientras no se eduquen, pues metales, bolsas de pvc, vidrios rotos y papel aluminio son posibles antorchas en medio de un bosque recalentado y seco, así al menos habría control en una sociedad egoísta, mercantilizada e infantilizada y por tanto se podrían exigir responsabilidades. Dicho todo esto en caso de incendio, de acuerdo que lo primero es salvar personas y garantizar su seguridad. Pero hecho esto, lo prioritario, nuestras selvas y zonas de monte bajo.

Para todo esto humildemente, Alternativa Socialista realizó en Zamora una conferencia del mundo rural y los pequeños municipios. Para presentar alternativas y exigir cambios y solidaridad con el mundo rural, que por cierto, nos fabrica algo tan importante como es el oxígeno. Entre otras muchas cosas.

Carlos Martínez

Politólogo co-primer secretario de Alternativa Socialista