El 15 de Octubre ha sido un éxito, primero porque el empeño de DRY -y es de justicia señalarlo- en articular una respuesta global ha dado resultado. Ha sido una acción mundial.

En el estado español ha sido además una acción de masas, de grandes conjuntos de ciudadanas y ciudadanos en las calles de ochenta ciudades, lo que arroja cifras millonarias de participantes. Tanta participación que los medios corporativos de “información” y las empresas periodísticas no se atreven a dar cifras.

El éxito ha sido garantizado por la confluencia del 15M en el que todas y todos participamos. Ha confluido con DRY, con numerosas fuerzas sociales y ciudadanas, con ATTAC, con nuevas formas transversales y socio-políticas como las Mesas Ciudadanas de Convergencia, sindicatos de clase no mayoritarios, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y movimientos estudiantiles y juveniles, así como bases sindicales de los grandes sindicatos, y en especial de sectores de trabajadores en lucha por la defensa de los servicios públicos, junto a miles de personas anónimas indignadas y hartas.

El buen desarrollo y participación en la acción ha sido igual al desprestigio de la política convencional y de sus profesionales. El rechazo y odio popular a la banca, merecidísimo y ganado a pulso, indica que los pueblos del Reino de España no están dispuestos a tolerar la salida a la crisis que la alianza de las oligarquías políticas y bancarias están propiciando.

Cierto que no todas y todos los políticos de este estado forman parte de estas oligarquías, pues aclaro que en ellas solo meto a los que tienen poder real, y gracias a una ley electoral fraudulenta se turnan en el gobierno.

Ahora la reflexión, creo, no debe ser aquello del éxito, sino sobre cual será la próxima, pues los oligarcas -en especial el poder financiero- seguirán golpeándonos y obligando a ejecutar políticas que ellos imponen, consistentes en hacernos pagar la crisis a base de impuestos indirectos, paro, recortes en los servicios públicos, abaratamiento de los despidos, laminación de los sindicatos, precarización del empleo y privatización de todo en lo que ellos quieran comprar y puedan obtener beneficios. El corralito social está servido.

Tras esta lucha, el PP habrá tomado nota –pues pronto gobernará-, y ahora toca criminalizar, hacer campañas de intoxicación masiva, desprestigiar y luego reprimir. Por eso hemos de articularnos mejor y prepararnos para una dura resistencia.

En mi modesta opinión, es imprescindible establecer una amplia y participativa RED DE CONVERGENCIA SOCIAL para buscar aumentar las alianzas, fuerzas y sectores en lucha, para una acción conjunta y común socio-política. Sé que esto es difícil, pero no nos queda otra, y si no de aquí a veinte meses hablamos. Pero de forma nueva, con ojos nuevos, con los ojos del 15M, del 15O, de las cientos de miles de personas jóvenes que, sin experiencia y por tanto sin lastres, se han incorporado a la lucha y nos han enseñado tanto.

También puede favorecernos el panorama internacional. Esto tal vez es muy complejo para un reducido artículo, pero lo que está agudizando la crisis es el choque que está dando lugar a un nuevo sistema-mundo, que diría Wallerstein, y que debe ser tenido en cuenta. La crisis de la Unión Europea se va a agudizar, la pobreza aparecerá con mucha potencia en Europa, en los EE.UU y la guerra económica y comercial entre los emergentes y los decadentes –nuestros estados occidentales- se recrudecerá. Esto obliga a que nosotros los pueblos de Europa, no caigamos en este fuego cruzado y por tanto busquemos alianzas intercontinentales y continentales entra los pueblos del planeta, organizaciones populares y laborales e instancias antineoliberales del mundo.

Titánico esfuerzo. Cierto. Pero a nosotras las desahuciadas, los parados, las excluidas, los trabajadores precarios o inseguros, las y los estudiantes sin futuro, los autónomos arruinados, las jubiladas, los pobres, las y los funcionarios que pronto serán despedidos, a nosotras nadie jamás nos regaló nada.

Termino. En Europa, y en el estado español en particular, se nos está imponiendo un plan tipo del FMI, una terapia de shock, de las magníficamente descritas por Noemi Klein. Se nos está haciendo lo mismo que a Argentina hace doce años. Se nos está liquidando lo que de civilización europea queda; es decir, el estado social ¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Seremos capaces de reaccionar como los pueblos latinoamericanos y recientemente los del norte de África? Aquí la dictadura existe ya y es la de los mercados.

Con las cosas de comer, no se juega.