Nada hay más perentorio para todas las corrientes y partidos socialistas democráticos que acabar de una vez con la llamada austeridad; en realidad transferencia de rentas del trabajo, de las clases populares y del bienestar y las pensiones a bancos privados, fondos financieros y grandes empresas capitalistas. A costa de bajos salarios, recortes en prestaciones públicas y repagos.

Corbyn lo ha entendido magníficamente y se ha convertido en el abanderado europeo contra la austeridad.

Sin embargo en Francia el hundimiento del Partido Socialista, fruto de sus políticas neoliberales y de la traición de sus propios neoliberales, ha propiciado la aparición de un Macron con fuerza y cuyos verdaderos intereses ya hemos descubierto, pues es neoliberalismo puro y duro.

Pero el presidente de la República Francesa, llega con un programa ultra-liberal y sumiso a Alemania duro y una reforma laboral bajo el brazo, que o encuentra la resistencia de los sindicatos y la calle o desmontará muchas conquistas obreras francesas.

Por eso liquidar la austeridad es no solo –que también- recuperar el poder adquisitivo de las pensiones, que no haya ninguna trabajadora ni trabajador sin prestaciones de paro o de inserción garantizada, ningún niño pobre, sino también salarios dignos y empleo de calidad y estable.

Mientras haya precariedad, no habrá dignidad. Este es el resultado de las políticas de austeridad: los capitalistas remontan y se vuelven a enriquecer, mientras las clases trabajadoras y populares se empobrecen y carecen de derechos. La dictadura de los mercados es esto.

Por eso que apoyamos con fuerza las revueltas contra la precariedad como la de las y los estibadores. La resistencia de las Kellys y el combate de los taxistas contra multinacionales del fraude y el falso autónomo. La huelga de los vigilantes de seguridad y sus condiciones tan nefastas a causa de privatizaciones de servicios públicos en favor de amigos y donantes del PP. El reino de la corrupción contra la clase trabajadora. La corrupción más grave que sufrimos es la de las y los capitalistas y grandes empleadores, chantajeando y explotando miserablemente obreras y obreros y al mismo tiempo defraudando al estado. Los corruptos, lo que hacen es desde las instituciones, consentir esa corrupción patronal. A ver cuando nos volvemos a enterar –puesto que las organizaciones obreras si lo sabían- que la corrupción es el estado natural del capitalismo y las riquezas para ser amasadas necesitan corrupción.

Macron es fruto de la traición socioliberal. Corbyn es el camino del socialismo en estas circunstancias concretas. Los puertos, los taxistas, los vigilantes de seguridad, las Kellys, nos señalan la lucha necesaria. Por eso hemos de apoyar su reivindicación, que de esa forma todas y todos ganamos.

Pero para esto, ahora hemos de defender otra vez la libertad sindical. Ya no hay libertad de huelga ni de negociación laboral en el corrupto reino de España.

El socialismo, si tal es, no puede sino estar con la clase obrera.