No deseo repetirme, pero en el mundo socialista comienzan a haber movimientos que relanzan lo que podemos definir como el socialismo obrero, frente al socioliberalismo, el puro cálculo electoral o la colaboración con las derechas y los poderes financieros. El remover a los viejos partidos de la II Internacional sin ideas convertidos en puras maquinas electorales cada vez más defectuosas.

El ejemplo actual más ilusionante es el de los Jusos, las juventudes del SPD alemán y su oposición a la gran coalición, que dicho sea de paso es el torpedo al sistema más interesante que se juega hoy en Europa de la Unión. Es la condena a la austeridad y al socialismo “popular” más lúcida y que más daño le puede hacer a la derecha neoliberal. Deseo venzan en el referéndum interno cuyos resultados conoceremos el 4 de Marzo.

En España Pedro Sánchez nos ilusionó a muchas y muchos, pero ahora vemos cosas que no nos agradan y sobre todo que se mantiene la férrea alianza con los diferentes poderes y empresarios que sostienen el régimen, así como con la banca, muy politizada en España y la corona.

La corona es en España la gran losa que impide la libertad de expresión, la recuperación de derechos sociales, la articulación democrática y federal del estado y el fin de la austeridad. No hay posible proceso constituyente que no ponga en la picota a la corona. Por eso nadie lo inicia con decisión. Por eso mientras no se reinicie el debate constituyente, todo serán brindis al sol.

Por tanto, sin deseos de faltar o negar a la gran cantidad de votantes y militantes del PSOE que se ubican en la izquierda y tratando de construir con ellos y no contra ellos, sino frente a los poderes facticos patronales y las familias franquistas. Familias que enquistadas en las altas magistraturas y aparatos del estado, la banca y el mundo empresarial más poderoso y rico. Planteamos pues una acción política nos permita tener un dialogo y debate sincero que nos haga cuestionarnos cuál es el papel del socialismo hoy, que desde luego no es apoyar el populismo o sostenerlo, pero tampoco el liberalismo más o menos progresista. Es el de llamar a las cosas por su nombre, sin ocultar nuestra identidad y al lado de verdad, de la clase obrera, de los pobres, los inmigrantes, las y los precarios y las mujeres que luchan, porque sin feminismo, no hay socialismo. Junto con quienes defienden la tierra y el agua y saben que el capitalismo está también destruyendo el planeta.

Es por eso que hay que buscar y crear puntos de encuentro, colectivos de debate, congresos y conferencias como la que se está preparando contra todas las clases de esclavitud y darse baños de realidad, con quienes sufren marginación o son expulsados del trabajo y con la clase trabajadora que el capitalismo del siglo XXI está creando, sin derechos, sin salario decente, incluso ya sin centro de trabajo.

No para crear estructuras diletantes, sino que además de recuperar las ideas, la pedagogía de clase, hacer cosas, vincularnos en la acción. Las luchas de los y las jubiladas, las personas jóvenes y precarias, la clase obrera desclasada a la que le han robado su cultura obrera o esos que creen ser clase y media y se empobrecen cada vez más. Las luchas laborales de quienes ya no se pueden sindicar o las mareas de defensa de lo público.

La lucha por la recuperación de la democracia republicana en un estado que vuelve a perseguir la libertad de expresión y vulnera todos los derechos. Conscientes de que ni los populismos, ni la socialdemocracia descafeinada, son capaces de enganchar con la gente, con la clase trabajadora, con la indignación, que se puede tornar hacía la extrema derecha o los nuevos partidos atrápalo todo, conservadores, pero que van de modernos.

La recuperación imprescindible en la que si no identificamos a quien nos saquea y explota; sino somos capaces de no ser escépticos ante la realidad de que hay poseedores y quienes trabajan para ellos que cada vez tienen menos derechos, no seremos capaces de construir socialismo y finalmente llegar a la misma conclusión que entre otros llegó ese gran socialista, nuestro maestro, llamado Pablo Iglesias.

Carlos Martinez

Es politólogo y miembro de la plataforma pro Partido Socialista Federal