Cartas Caraqueñas

La Cumbre de MERCOSUR en Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, no ha pasado desapercibida esta vez para las exhaustas potencias centrales. Acostumbradas a ver a Latinoamérica bien como su patio trasero, o bien como un conglomerado de golpistas, bananeros y mulatas, los poderosos de este mundo -debido exclusivamente a su más avanzada tecnología militar- hasta hace poco obligaban a los estados de América del Sur a firmar contratos leoninos. Compraban sus bancos y servicios públicos a precios de saldo para hacer las “Américas” (y si no que se lo digan a Aznar).

Comienzan a cambiar la mirada. Cierto es que las conocidas como potencias centrales (UE y América del Norte) siguen dando injustificadas e injustificables lecciones de democracia, cuando se encuentran sometidos a la cruel dictadura de los mercados que oprimen a sus pueblos. Emprendedores de guerras al objeto de garantizarse a bombazos la petro-energía y los pasos estratégicos de la misma, con diferentes y peregrinas excusas.

Pero las cosas han cambiado. MERCOSUR, o el Mercado Común del Sur, es una unión arancelaria de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, que tiene como socios a Venezuela y Ecuador, planteándose expandirse a Bolivia y Perú. Si bien este mercado común, al igual que ocurre con otras instancias regionales de unidad Latinoamericana, tales como UNASUR, la CELAC, e incluso el Banco del Sur, son entes políticos en los que los estados, sin renunciar a su soberanía, defienden intereses políticos y no vinculan a la voluntad de los mercados sus iniciativas. También es cierto que en América del Sur hay todavía poderosas oligarquías que tratan de estrangular los gobiernos avanzados y populares o que condicionan al servicio de los EE.UU. su política en lo que pueden. Como muestra un botón: cinco senadores paraguayos (a sueldo de la embajada de los EE.UU. en Asunción) impiden que Venezuela entre en Mercosur -de la que por cierto es socia preferente-  por lo que su maniobra es defectuosa.

Para que veamos la importancia de Mercosur, la Unión Europea ha enviado allí de observador a su vice-presidente y los EE.UU. siguen muy de cerca la reunión, utilizando un subterfugio legal para impedir que Venezuela no ingrese de pleno derecho y lanzando mensajes de alcanzar acuerdos económicos en plano de igualdad. Es decir, la UE y los EE.UU. tratan de volver a firmar acuerdos con lo que ellos contemplan como simples mercados emergentes. Pero el objetivo de MERCOSUR en esta cumbre, además de profundizar lazos y fortalecer el mercado regional–interior latinoamericano, es librarse de los efectos negativos de la profunda crisis de la eurozona y de las principales potencias capitalistas, en recesión ya casi todas ellas.

Ya en la CELAC este tema surgió encima de la mesa. Sabe pues de sobra América Latina su camino. Pero también en esta reunión cumbre ha vuelto a surgir, de labios de la mandataria argentina Cristina Fernández (con ostensibles cabezazos afirmativos de Dilma Roussef dándole la razón), que ellas y ellos son conscientes de que las potencias centrales, con tal de conseguir sus objetivos y controlar las materias primas, es capaz de emprender guerras y agresiones.

América hispana y latina, indígena y mestiza, es consciente de su capacidad y ya era hora. Pero al mismo tiempo, también saben de la agresividad, violencia y militarismo de los que se creen los portavoces de la democracia. Por tanto, poco a poco se empieza a construir un discurso que de soberanista puede pasar a ser antiimperialista. Y otra prueba: todos ellos respaldan a Argentina en su reivindicación sobre las Islas Malvinas frente a la potencia colonial británica, acordando impedir a los barcos con esta bandera colonial atracar en ningún puerto Latinoamericano al menos de las costas atlánticas y caribeñas. Es decir, se quedan aislados vamos, como en la UE con respecto a Gibraltar.

Así pues MERCOSUR, uno más de los cuadros de integración regional de los latinoamericanos, toma medidas y se blinda, buscando surtir su propio mercado con sus propios productos. Y para ello toma el acuerdo de subir los aranceles de manufacturas que ellos ya producen. En el caso de Brasil, principal potencia industrial de la zona, hace ya algunos años existe tal medida.

Se tiene por aquí -y soy uno más en advertirlo- la convicción de que la crisis capitalista se va a agravar más y que se entrará en recesión en poco tiempo en las zonas hasta ahora más ricas del mundo. Ellos, con otras políticas, creen se salvarán del contagio. No obstante, también bastantes -y yo entre ellos- advertimos de que si el euro se hunde y la eurozona entra en mayor recesión, cosa que casi seguro ocurrirá, en ese caso América Latina también se verá afectada. Si bien con un gran colchón energético, alimenticio y natural, pero además ya también muy industrializado.

En ese caso, los mismos criminales capitalistas que están destrozando los estados del bienestar europeos para salvar los bancos y sus intereses financieros, propiciarán nuevas guerras con cualquier excusa, o las emprenderán. El capitalismo no tiene otra solución para regenerarse que la guerra.

Hemos de reaccionar. Cada vez es más cierta la frase de Rosa Luxemburgo: SOCIALISMO O BARBARIE. El socialismo entendido como paz y como el culmen de la Democracia Económica.

Si yo fuera presidente de España, pediría el ingreso en MERCOSUR, la CELAC e impulsaría el Banco de Sur. Puede sonar a chiste, pero lectores creyentes de “El País”: ¿Sois más felices con la destrucción del estado del bienestar, la dictadura criminal de los mercados, y un futuro tan negro para vosotros y vuestros hijos como el corazón de nuestros banqueros?