Nada nuevo. El FMI no cambia. Por él pasan los años, pero no las ideas. Pero gracias al último informe del FMI con respecto al reino de España podemos afirmar, desmintiendo al mentiroso de Rajoy, que hemos sido rescatados. Si bien el rescate afecta a la banca en principio -nada más y nada menos- al tiempo que el señor De Guindos afirma que todavía hará falta mucho más dinero, incluso el doble, para tapar el agujero provocado por la ruinosa burbuja inmobiliaria, a la que yo añadiría igualmente las irresponsables fusiones y la privatización de las Cajas de Ahorros.

El FMI deja claro, muy claro, que el estado español rescatado debe aplicar, para salir de la recesión brutal que sufre, novedosas recetas ya aplicadas en América Latina hace más de catorce años y en África desde que dicho organismo existe:

– Rebaja de las cotizaciones sociales. Es decir, puesta en crisis de los sistemas de protección social y pensiones. Rebajas en las prestaciones de desempleo.

– Privatizaciones que, como en España y en Europa queda ya gracias a las imposiciones de la UE y las políticas socioliberales muy poco sector público, pues ahora lo privatizable es, además de RENFE-ADIF, la sanidad, la educación y las pensiones.

– Rebajas salariales a los funcionarios, es decir más rebajas y más contrarreforma laboral. Menores sueldos a las y los que aún tienen trabajo. En este sentido, sería muy bueno que las y los funcionarios entendieran que son trabajadores, clase trabajadora y comprendieran que el gremialismo es suicida, así como el resto de las clases populares entendiéramos que las campañas contra lo público y los y las empleadas públicas son una patraña mentirosa, con el objeto de dividirnos y privatizarlo todo.

Entre otras consideraciones, esas son las propuestas fundamentales que los “sabios y expertos” del FMI y del Banco Mundial llevan obligando a aplicar al mundo desde hace cuarenta años, a cambio de ayudas, préstamos, y rescates.

La conclusión de esto es más pobreza, ruina y crisis. El ejemplo paradigmático de esta política son las consecuencias del corralito Argentino. Llevamos mucho tiempo advirtiéndolo pero, ante la potencia de los medios públicos y privados -todos ellos, sin excepción- intoxicando y mintiendo, poco podemos hacer sino nos implicamos todas y todos los activistas sociales y personas sindicalistas, indignadas, precarizadas y desempleadas con algo de conciencia y dignidad.

Ahora que nos llevan de cabeza a la miseria, y tienen el plan de saquear lo que de público todavía quede; y que ojo, es todavía muy apetitoso, pues entre los bienes privatizables se encuentran los pingues negocios de la salud y las pensiones ¿Qué podemos hacer?

La respuesta debe ser conjunta, común y convergente. Pero desde luego no pasa por la “Unidad Nacional”. Eso de la unidad nacional ahora, aunque suene a dislate, es una ignominia el plantearlo y además es de una candidez y simpleza mental espeluznante. La unidad de ricos y pobres, banqueros y sindicalistas, paradas y parados y especuladores, autónomos arruinados y rentistas, es imposible. Solo sirve al final a los intereses de los ricos, banqueros, especuladores y rentistas, que además son los únicos culpables y responsables de la crisis capitalista, junto a políticas y políticos profesionales que jamás les han frenado o simplemente controlado, al menos desde los años setenta del siglo pasado.

El pacto social de la Transición ha saltado hecho añicos. No existe. Una nueva edición de un pacto socialdemócrata en la actualidad, y en estas condiciones políticas, es imposible. La unidad nacional sería admitir retrocesos incalculables a cambio de alguna migaja. Pero es que ni el FMI, ni la UE-Alemania lo van a consentir. Defender ahora la unidad nacional es suplicar de facto la gran coalición PP-PSOE, advierto. Recomiendo a las poco brillantes cúpulas socioliberales que mediten sobre una palabra, una sola palabra: “PASOK”.

CCOO y UGT deben estar inflexibles junto a las clases populares y recordar -especialmente UGT- que hoy ser socialdemócrata cabal es ser de izquierdas, es ser antineoliberal, es luchar frente a esta situación. La reforma exprés de la Constitución del 78 que propició Zapatero acaba con cualquier posible salida socialdemócrata en estos momentos. El camino a los sindicatos se lo marcan ahora, única y exclusivamente, los mineros del carbón.

Bien, pues se puede decir ¿Y este qué propone?:

– En primer lugar, hay que tener claro que las y los políticos profesionales, sin experiencia laboral, sin haber sufrido necesidad jamás y sin haberse esforzado más que en vivir un mundo virtual y endogámico del aparatismo político, no nos sirven. Que se vayan todos. Los de la derecha y la extrema derecha, por supuesto ni los nombro, pues sabemos lo que son y representan, es decir al frentismo franquista, neofranquista y a los sectores más cavernarios de las oligarquías patrias.

– En segundo lugar, entender que la alternativa a la nada actual, es política y la Política. La política de los ciudadanos y ciudadanas, como fuerza auto organizada y consecuente. La convergencia de sindicatos, movimientos, asambleas e izquierdas sociales transformadoras, junto a todas aquellas personas dispuestas a enfrentarse al neoliberalismo.

– Un programa mínimo que defienda lo público y que destine los ingentes fondos públicos que, gracias al rescate bancario, sabemos que existen a crear empleo, apoyar a la economía social y las pymes y a potenciar una nueva economía sustentable. También a apoyar a todas las personas que ahora están sufriendo la crisis con dureza y sin esperanza.

– La auditoria de la deuda, separando la deuda privada, la deuda de los especuladores del ladrillo y de la mala gestión bancaria, de la deuda pública porque, como muchas y muchos sabemos, no es lo mismo. La nacionalización de toda la banca procedente de las extintas Cajas de Ahorros, pero nacionalización de verdad y con criterios éticos y participativos. Una reforma fiscal en profundidad y la persecución inmisericorde de todo fraude fiscal. Negarse a pagar y exigir moratoria tras la auditoría.

– Una nueva y convergente fuerza política, popular, democrática, constituyente y decidida que le plante cara a la burocracia de Bruselas y Frankfurt. Un alianza política de las clases populares, que les diga que no a los banqueros y que esa ni es su función, ni nos hacen falta. Una coalición política amplia que frene las políticas neoliberales y busque otras alianzas y acuerdos internacionales, con el mundo que emerge y no con el imperio y la UE decadente. Un nuevo frente político, que luche por otra Europa.

Y dicho esto, yo añado que el capitalismo no es la solución, sino el problema. El capitalismo es injusto, duro, solo favorece a muy pocas personas. No se puede ser socialista sin defender lo contrario de lo que es el capitalismo. El capitalismo es un fracaso para la humanidad.

Pero lo importante ahora, es no quedarse cruzados y cruzadas de brazos, o simplemente tocando el pito delante de una sede bancaria o institucional. Con eso solo no vamos ya y ahora a ninguna parte. Es la hora de la decisión