Estamos viviendo una situación excepcional. Por un lado, una grave crisis financiera y del capitalismo en general y, por otra parte, una crisis de régimen en el Reino de España en particular. La gravísima crisis financiera, gracias a las políticas neoliberales que se ejercen para “resolverla”, está además generando una crisis social que se traduce en un alarmante incremento de la pobreza extrema -vuelve a haber hambre- y en una reducción genocida de prestaciones y servicios a las capas más humildes de la sociedad, junto a un empobrecimiento de las clases populares.

La ausencia de respuestas sociales organizadas, así como de alternativas políticas, que permitan vislumbrar un cambio o una mejor organización en las respuestas, es muy preocupante. Las agresiones contra los servicios y derechos sociales públicos son tan contundentes que exigen respuestas más continúas y una pedagogía popular que no se es capaz de aplicar, abrumados tal vez por la situación. Pero no hay tiempo. No podemos esperar más a reaccionar ya y con tanta contundencia como eficacia. No hay nada que perder. Los sueldos no llegan, las pensiones congeladas, el paro recortado, la educación y salud pública disminuidas, las tasas e impuestos a las capas populares al alza y el crédito, totalmente privatizado, ni llega ni se le espera ¿Qué más nos puede ocurrir? ¿Hasta cuando vamos a seguir aguantando? Solo las y los de abajo estamos sufriendo la crisis del capitalismo, soportando una de las mayores transferencias de rentas de los pobres a los ricos de los últimos decenios. En el colmo de la desfachatez, estamos subvencionando las clases trabajadoras a bancos y banqueros privados.

Andalucía sufre el paro y la pobreza con especial intensidad. El Gobierno de la Junta de Andalucía, también está despidiendo a trabajadores y trabajadoras del sector público: es mentira que no lo haga. Está aplicando recortes -cierto que obligada por el Gobierno de Madrid que está recortando transferencias en educación, sanidad, empleo, universidades e investigación y en prestaciones sociales- pero, al menos, sería de desear una mayor denuncia de la situación y nuevas e imaginativas propuestas para fortalecer lo público, incluido el crédito público como motor e impulsor de Andalucía.

Andalucía debe enfrentarse al ataque de los señoritos de derechas de Madrid, que desean acabar con nuestra autonomía y nuestros derechos. Una derecha cruel, falaz y cínica que, sin ninguna vergüenza, nos apalea desde el Gobierno central y, al mismo tiempo, reclama a la Junta. Pero también aquí se han cometido muchos errores y despilfarros. Todavía resulta inexplicable como se consintió la privatización de las cajas de ahorros andaluzas y nadie da cuentas de semejante atraco. Ni como parlamentarios y parlamentarias andaluzas votaron a favor de la reforma exprés de la Constitución de 1978, introduciendo en ella el germen neoliberal, y anteponiendo el pago de las deudas a bancos y un déficit limitado al gasto público. Ambas decisiones ahora resultan suicidas, y además les suministran razones jurídicas y legales a la derecha para ejecutar su plan injusto de recortes.

Sí hay dinero. Hay dinero de sobra, pero está en los Paraísos Fiscales y el capital desregulado, que circula por el mundo sin control y sin pagar impuestos. Esta en las SICAV, en las que los ricos de este Estado esconden su dinero y burlan legalmente sus beneficios, robándonos a todas y todos con amparo de la ley. A esto, hay que añadirle una escandalosa fuga de capitales, que antes era ilegal y punible y ahora se permite, fruto de las desregulaciones financieras y las leyes liberales impuestas por Gobiernos liberales -sean cuales sean sus siglas- que han creado indefensión para las y los ciudadanos y para los propios estados.

Andalucía debe reaccionar. El Gobierno andaluz, cuya composición Attac Andalucia apoyó, debe actuar con valor, valores y dejarse de paños calientes. No existe un liderazgo social andaluz, no se percibe. No se hace pedagogía, ni se informa lo suficiente. Las medidas socioliberales han dejado a Andalucía en una mala situación, y el apoyo a la burbuja inmobiliaria y el abandono del sistema de ahorro y crédito andaluces nos dejan en una situación crítica. Exigimos una reacción del Gobierno andaluz.

Ante esta situación, entendemos que solo un apoyo decidido a la economía social y cooperativa andaluza, un decidido apoyo a las Pymes y autónomos. Un mantenimiento del sector público andaluz y un enfrentamiento valiente a las imposiciones de Madrid y extranjeras y una respuesta dura a la burocracia de Bruselas, pueden comenzar a dar algo de luz. Sabemos que hay cuestiones que no son competencia del Gobierno autónomo, pero los paños calientes y las políticas tecnocráticas, ejecutadas por tecnocrátas, no nos han llevado a ninguna parte. Attac Andalucía exige un cambio de rumbo.

Attac Andalucia cree que hay que enfrentarse a las políticas públicas y económicas neoliberales que se nos imponen, y llama al Compromiso Social por el Progreso a ser exigente y defender los ciudadanos y ciudadanas andaluces y a todos los sindicatos de clase andaluces, los movimientos sociales y cívicos, el 15M andaluz y a todas las víctimas de la crisis a reaccionar. Muchos de nuestros recortes se imponen en Madrid, Bruselas y Berlín. Reaccionemos pues y preparemos una magna respuesta andaluza antineoliberal, con marchas en todas las provincias, ocupaciones pacificas y una resistencia civil organizada. Ya no hay tiempo.