Tras las movilizaciones y luchas desde Septiembre hasta el 14 de Noviembre de 2012

Siempre podemos esperar a que otras u otros piensen por nosotros. Siempre habrá personas que creerán que la decisión es solo de ellos. Yo me permitiré la impertinencia de opinar y de proponer. No deseo halagar a nadie, pero creo que debemos hablar y exponer con decisión y fraternidad.

Hemos llegado hasta aquí con la complicidad de muchas y muchos y el empeño colectivo más o menos coordinado. La aparición de nuevos actores como el 15M o la C25S también ha sido no solo importante, yo diría decisiva. Permitidme la contundencia, pero los movimientos sociales sí hemos estado a la altura de las circunstancias.

La convocatoria de Huelga General el pasado 14 de Noviembre por parte de la Cumbre Social, pero también la CES y apoyada por todos los sectores opuestos a los recortes y la austeridad, aunque también al neoliberalismo, así como por parte de los y las que cuestionamos el régimen del 78, hemos facilitado y animado a que varios millones de personas hayan salido a la calle. El malestar es patente. Hay que seguir la lucha que tan solo ha comenzado, pero que ya comienza ha encontrar eco en una sociedad harta, dispuesta -y eso es seguro- a lanzarse a la calle. Esta lucha social tiene dos patas fundamentales: la Cumbre Social y también el legado del 15M y las asambleas barriales y populares que lo continúan. En ambos casos las y los sindicalistas, tanto de los sindicatos mayoritarios como más radicales han jugado su papel importantísimo e imprescindible, pero junto a ellos activistas altermundistas, ecologistas, vecinales, de consumo justo y responsable, feministas y por la acción solidaria, hemos confluido, sin olvidar a sectores del precariado urbano y personas sin trabajo, sin casa, sin futuro. Esa ha sido la salsa imprescindible que está ligando el guiso de la lucha social.

Cierto es que hemos tenido el decidido apoyo de partidos políticos. Unos que siempre han estado en esto y otros de forma oportunista, advenediza y calculada, que han decidido unirse ya tarde. Pero la izquierda social y transformadora ha concurrido siempre, y lo ha hecho, además, con brío. Si bien hay que reivindicarlo alto y claro, los movimientos sociales (Asociaciones socio-políticas, sociales, sindicales, vecinales, plataformas y asambleas de barrios y plazas) no solo hemos estado; no, es que somos los que hemos convocado, acompañado y luchado, junto a tantas personas y actores políticos.

La política es imprescindible. Los partidos y coaliciones necesarios para articular la respuesta socio-institucional y transformadora. Pero la sociedad activa española ya no se organiza solo en base a los grupos políticos -por cierto, tampoco en el pasado, basta recordar la gran influencia histórica de la UGT, la CNT, o las CCOO durante el tardo-franquismo-. Es más, estos -los partidos- sufren un merecido rechazo en muchas ocasiones (la mayoría), si bien injusto en algunas otras.

Pero afortunadamente esta ola social en lucha está dando la cara y además auto-organizándose mejor de lo que cupiera prever.

Es cierto que persisten desconfianzas. Pero los sindicatos -incluidos los mayoritarios, incluso estos con más saña- están sufriendo tan duros y ultraderechistas ataques que hace falta mucha miopía o sectarismo como para no vislumbrar que la extrema derecha, las patronales y los conservadores, desean su aniquilación, puesto que están demostrando ser un elemento catalizador y organizador de la protesta obrera y de sectores de empleados públicos y privados muy importantes. Las clases trabajadoras tienen una articulación sindical, y las críticas a sus burocracias -a veces merecidas- no pueden situarnos junto a las turbias y fascistas tertulias de “Interconomía” y similares, o medios afines al PP y la patronal.

La Cumbre Social, en la que están incluidas más de cien organizaciones -entre las cuales se encuentran ATTAC, Socialismo21 o las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción, junto con CCOO, UGT, USO y la Confederación Intersindical- es el espacio más organizado y fuerte frente a los recortes y las políticas de “austeridad”. Al pago de la deuda bancaria, ilegítima e incluso la publica –mucho menor está- antes que las personas y sus derechos, yo diría más bien a su costa. Esa es la realidad actual. La única oposición seria, contundente y que preocupa es la de las calles y las ocupaciones, las huelgas, los encierros y los boicots.

La mayoría absoluta del PP y los nacionalismos de derechas, junto al desfondamiento del PSOE, fruto de ser el iniciador de los recortes, modificador de la Constitución del 78 junto a la derecha y, por tanto, facilitarle el argumento jurídico a los ultra liberales para que toda la batería de medidas antisociales sean aplicadas. Pero también su craso error de acompañarle en el vergonzoso paripé de las medidas legales, al objeto de “paliar” los inhumanos efectos de los desahucios, lo que añade más rechazo todavía a esta muestra de bipartidismo excluyente y autista. La dirección del PSOE y sus aparatos locales y regionales debilitados tienen numerosas ataduras sistémicas como para resultar creíbles.

A esto hay que añadirles los esfuerzos por apoyar las luchas sociales, de la izquierda plural y las izquierdas nacionalistas –IU, CHA, ICV, Compromis, BNG, AGE,  ERC, etc.- pero con poca fuerza institucional, al menos para entorpecer los avances conservadores en materia de desregulación y privatización. La lucha institucional no dará resultado, pues la derecha y el socioliberalismo son mayoritarios, pero sí puede erosionar a los partidos del turno -y mucho- si es hábil, acompaña a las movilizaciones –sin pretender nada más que eso, acompañar- y se abre a una realidad que exige, para tener éxito, la convergencia socio-política. Pero claro, sin administrar recortes por un lado y movilizar contra el déficit por otro, haciéndolo al mismo tiempo. Donde pueda gobernar la izquierda no debe someterse a la austeridad. En Andalucía, el Gobierno de progreso debe declararse insumiso y enfrentarse frontalmente a los recortes. Ningún recorte sin buscar excusas ni atajos, cueste lo que cueste, buscando la complicidad del pueblo y huyendo de burdas explicaciones reaccionarias como la existencia de supuestos enchufados que, por otra parte, resultan ser trabajadores, no responsables ellos y ellas de su contratación.

Por eso me reafirmo. La Cumbre Social debe ser responsable y consciente de la gravedad de la misión que tiene entre manos y de la ocasión histórica que le ha tocado vivir. La Cumbre Social debe reunirse inmediatamente, evaluar y proponer ya un calendario de nuevas movilizaciones que, propongo, se coordinen con las de la Alter Summit o Cumbre Alternativa europea lanzada en el reciente Foro Social Europeo de Florencia. Las propuestas de Florencia 10+10 creo deben ser estudiadas y sus llamamientos a la convergencia de las luchas entre movimientos sociales, incluidos los de indignación, los sindicatos, asociaciones por la justicia social y personas reconocidas con prestigio intelectual y que están enfrentándose al pensamiento único, las doctrinas neoliberales y haciendo pedagogía frente a las mentiras que los media públicos y privados nos cuentan.

Los Movimientos de resistencia, denuncia, las Plataformas y la Cumbre Social deben buscar su lugar de encuentro y de unidad de acción. La lucha es contra el sistema, pues el sistema ha emprendido una guerra de clases poderosas y ricas contra nosotras y nosotros. El sistema ya ha entrado directamente al genocidio de personas mayores pobres, discapacitadas y paradas y parados de larga duración acortando sus expectativas de vida. El sistema, privatizando la sanidad, acorta nuestras vidas y cercenando la educación, deja a los hijos de las clases trabajadoras sometidos a ser precarios el resto de sus vidas. La lucha es tan dura que requiere unidad, decisión, coherencia y ser participativa e inclusiva.

Pero la Cumbre Social también tiene la obligación de hacer POLÍTICA. La huelga general es política, claro, como lo son las manifestaciones contra la deuda, los recortes y el poder de la banca y financiero. Eso exige hacer política y favorecer un frente amplio antineoliberal, o cuanto menos facilitarlo, contando con las fuerzas y personas que siempre se han opuesto a las “reformas” y a la reforma exprés de la Constitución, puesto que si no nos dotamos de ese instrumento no hay recambio. La solución no está en que nadie alcance 20 o 30 diputadas y diputados mientras las derechas sigan pudiendo gobernar -como en Galicia- ante el hundimiento socioliberal. Tampoco está en aupar a un gobierno tipo “tercera vía”, timorato frente a la troika y que siga aplicando la contención y el déficit. La solución es plantarle cara a la troika y provocarla, exigiendo con contundencia la moratoria de la deuda, previa auditoria que elimine la ilegítima por privada. La solución esta en enfrentarse políticamente a la neoliberal Unión Europea, y eso desde un Estado grande y muy poblado daría miedo, por eso pretenden machacarnos y destrozarnos.

La Cumbre Social se debe coordinar con las clases obreras y populares del sur de Europa, de la Europa marginada y excluida y hacer frente común, pero igualmente conjuntada no solo con la CES, sino con la Alter Summit, estableciendo una solidaridad y movilización entre los pueblos de la vieja y decadente Europa frente a los culpables de la crisis. Culpables que, a pesar de ello, nos siguen gobernado. Gobiernos que siguen los dictados de los que, desde fuera de la democracia, nos gobiernan en nombre del capitalismo, como lo son los poderes financieros, los mercados.

La Cumbre Social, las plataformas reivindicativas y de denuncia social y los movimientos por la construcción y unificación de las izquierdas antineoliberales son, en mi opinión, fundamentales para construir el actor político que necesitamos ya.