No es mi ánimo terciar en la crisis del PSOE o de la socialdemocracia en el conjunto de Europa. Tampoco lo es el atacar gratuitamente a los detentadores jurídicos de las siglas que idearan al alimón Pablo Iglesias y Jaime Vera. Para ambos líderes sociales y socialistas, lo importante eran las ideas, el contenido y las acciones a llevar para concienciar a la clase obrera -de hecho, la voluntad de Pablo Iglesias era denominar Partido Obrero a secas al que fundó- así como de la necesidad de organizarse en primer lugar, al objeto de defenderse actuando políticamente y de construir una sociedad sin clases y con la propiedad colectiva de los medios de producción y de consumo, como objetivo.

Así pues, el primer entuerto a deshacer es el de confundir una idea de emancipación, reparto, lucha contra la explotación y la creación de una nueva sociedad justa, sin dominadores ni dominados y con los medios de producción socializados y públicos, es decir una sociedad no capitalista, ni clasista, con un partido político determinado cuyas propuestas públicas, ni se plantean -hace algunos años- por ejemplo nacionalizar la banca, las industrias básicas y estratégicas, las telecomunicaciones, la energía o la creación de una amplísima red de economía social, que ponga en manos de las clases trabajadoras las empresas y las tierras. Un partido al que todo esto le suene a sanscrito, o a antiguo, sencillamente no es socialista. Puede ser otra cosa, pero sintiéndolo mucho no es socialista, que siendo ya virtuales, y según la Wikipedia, el socialismo es:

El socialismo es el control por parte de la sociedad, organizada como un entero, sobre todos sus elementos integrantes, tanto los medios de producción como las diferentes fuerzas de trabajo aplicadas en las mismas. El socialismo implica, por tanto, una planificación y una organización colectiva

Esta es pues la descripción que aparece en Internet -y, por cierto, no corregida por nadie- representada además junto a una imagen de Carlos Marx, cuyo yerno Paul Lafargue constituyo el primer núcleo marxista español que daría origen al PSOE y la UGT, en contraposición a una AIT en la que el anarquismo era mayoritario en su Federación española. Así pues y de una vez dejemos de pensar en el PSOE cuando en el Reino de España, hablemos de Socialismo, en nuestros días.

Escrito esto, tengo que opinar necesariamente que los partidos solo son instrumentos con objetivos y propuestas dirigidas a la sociedad, pero nada más. Y por supuesto no son un fin en si mismo, de hecho en el estado español esto ha generado un gran rechazo y desprestigio de los mismos y no puede indisociarse de la aparición del 15M.

Así pues si alguien habla de socialismo, es porqué cree en una sociedad diferente y todos sus actos se encaminan hacia su construcción. El primer paso será pues denunciar las injusticias del capitalismo y mostrar que hay otra forma de hacer las cosas, informando y haciendo pedagogía, pero también tratando de crear e instituir paulatinamente o mediante una revolución de las clases populares. El Socialismo también puede comenzar a construirse de forma democrática y mediante una victoria electoral como la de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia.

El segundo paso será buscar la justicia social, la democracia tanto política como económica y el reparto desde el gobierno del estado. No la colaboración o el fortalecimiento del propio sistema capitalista y sus instituciones. En este espacio temporal, podemos hablar de leyes justas, democracia participativa, reparto del trabajo, favorecimiento de la economía social y nacionalizaciones y/o socializaciones, conviviendo con un sistema mixto económicamente hablando y en tránsito hacía una sociedad mejor. No solo mediante los pilares del llamado bienestar activos, sino profundizando en el cambio atacando el poder económico de las oligarquías mediante bancos públicos, empresas estatales, intervención y regulación económica, control de movimientos de capital, exigencia de transparencia bancaria, fomentando también bancos éticos y cooperativas. Potenciando los elementos de poder popular como son los Consejos Comunales y Ayuntamientos participativos.

El construir el socialismo exige de un esfuerzo internacional e internacionalista. El buscar alianzas políticas con los pueblos que luchan por la justicia y su emancipación, sus organizaciones sociales y políticas y los gobiernos que aplican fuertes correcciones sociales tendentes a la redistribución de la riqueza y la nacionalización de sus recursos naturales. No es pues de socialistas favorecer alianzas imperialistas militares (recordemos que la II Internacional se rompió con el estallido de la Guerra Mundial de 1914, y que muchos socialistas -incluidos los españoles- estuvieron en contra de la misma), pero tampoco formar parte de instituciones, clubs y centros de pensamiento tales como el Club Bildelbeg o la Trilateral destinados a combatir el socialismo, las luchas emancipadoras de las clases trabajadoras y garantizar el dominio de los poderes financieros, extractivos e industriales del capitalismo, actualmente también del neoliberalismo.

El tercer paso será encontrar la vía al socialismo. El socialismo no podrá ser con capitalismo, es lo contrario, ni tampoco sin democracia, cuando esto se ha olvidado ha fracasado. Pero democracia es el gobierno del pueblo y no el derecho a la propiedad privada. De hecho los mercados rebajan siempre la calidad democrática e imponen mediante su dominación cultural, el pensamiento.

Alguien tras leer estos párrafos se burlará y los atacará afirmando son antiguos y demagógicos. Incluso afirmará que el socialismo ya no es eso. Para rebatirlo deberá defender posiciones liberales, o demócrata-cristianas o una mezcla de ambas, pero esto lo ocultará al objeto de confundir y desprestigiar. Lo moderno es claudicar ante los poderes. Lo antiguo es oponerse a la dominación de la banca y los mercados. No hay solución ya diferente al mercado y se hará en nombre de ideas ya fracasadas y tan antiguas o más como las liberales-conservadoras, aunque se disfracen y pinten de colores, o bien apoyando un sistema, el capitalista, llamado eufemísticamente de Mercado, que ya iniciado el siglo XXI está reventando por los cuatro costados y creando grandes sufrimientos a la humanidad poniéndola en peligro gracias a la destrucción de los ecosistemas.

Buscar un capitalismo de rostro humano es un fracaso, pues el capitalismo no es ni puede ser humanista. Pretender asociar democracia a mercado, es una idea liberal, pero no socialista y el último fracaso de esta idea lo protagonizó el anterior presidente de la República Francesa Sarkozy. Otra cuestión diferente es pretender contra-argumentar con que se es socialdemócrata y que por tanto no se pretende llegar más que a la construcción de un estado del bienestar “sostenible”.

El socialismo tiene varias escuelas. No podemos hablar de una sola corriente de pensamiento socialista. Podemos remontarnos muy lejos para hablar del mismo. Pero cuando esta doctrina de cambio y redención emerge es realmente en el siglo XIX, al objeto de aclararnos y poder referirnos al mundo contemporáneo. Ciertamente podemos situar a Carlos Marx en la centralidad de las ideas socialistas o del socialismo moderno y de su árbol nacen las ramas. Pero sería incierto llegados a este punto no hablar del socialismo kantiano o del fabianismo, no propiamente marxistas, si bien el propio revisionismo de Eduard Berstein sitúa siempre a la clase obrera en la centralidad de la política y en la abolición de las clases su objetivo. Para Lasalle o Berstein la instauración de la democracia plena sin privilegios de clase, la democracia económica y la planificación, son imprescindibles. Es pues Berstein un reformista del marxismo, pero no solo no abjura de él, sino que se ve obligado a justificar sus propuestas de reforma. Por cierto, en 1904 el PSOE se posiciona a favor de las tesis marxistas ortodoxas y se opone a las de Berstein. Pero es cierto que existen escuelas socialistas socialdemócratas y por tanto gradualistas, pero jamás dejan de plantearse una intervención económica y sobre la economía y de superar la sociedad burguesa. Hasta la aparición, claro está, de la verdadera causa de rigor mortis en la socialdemocracia como escuela de origen socialista: la tercera vía.

Besteiro, abstracción hecha de su intervención en el golpe de Segismundo Casado al final de la Guerra Civil, es un pensador marxista. Sus libros así lo atestiguan y su posición “accidentalista” en cuanto a la forma de estado tiene lugar en el contexto del estado burgués, puesto que su aspiración -la de Besteiro- es la de un estado socialista con el poder en manos de la clase obrera y una democracia plena instaurada, pero sin poder burgués.

Es pues en estos momentos posible afirmar, que incluso las posiciones reformistas y gradualistas de los socialdemócratas obreros de inicios del siglo XX e incluso bien entrado este, mereciendo aquí la cita Olof Palme, nada tienen que ver con las claudicaciones de la construcción de la Unión Europea, ente neoliberal y por tanto privatizador por excelencia, la aceptación de “un estado del bienestar sustentable” ¿? O la astracanada de que bajar los impuestos es de izquierdas.

Por todo esto la socialdemocracia entra en crisis. Lo hace porque su modelo actual es el capitalismo y se desarrolla en el capitalismo. Deja de creer y practicar la lucha de clases en una sociedad tremendamente injusta y que sufre, no ya la lucha sino la guerra de clases de los ricos contra los pobres. Confunde al precariado urbano con titulación universitaria pero sin trabajo y sin futuro con sus padres, no entiende su lenguaje. Pacta no ya una alianza de clases en pro de la democracia y la justicia social, sino directamente con la oligarquía. Oligarquía europea y española, el establishment madrileño en el caso del Reino de España. Como mucho, se alía con las burguesías vasca y catalana.

El posible papel del socialismo ante la crisis de régimen

Así pues, propongo que los y las socialistas de Reino de España, construyamos nuestra alternativa en torno al Socialismo del siglo XXI, de forma que este se ponga en lucha junto a las clases populares empobrecidas y el precariado urbano sin futuro, reivindicando la democracia económica y buscando la alianza con las restantes fuerzas y familias de la izquierda plural, muchas de las cuales también se reivindican del socialismo.

Los Socialistas y las Socialistas siempre nos manifestamos en contra del sectarismo y de las imposiciones. Creemos que las alternativas políticas se presentan para GOBERNAR. Nuestros programas son de Gobierno, no de mera critica o rechazo. Sabemos que sin el gobierno nada se puede comenzar a cambiar. Pero estamos también hartas y hartos, con un profundo hartazgo de ver llegar personas que creíamos compañeros y al alcanzar el gobierno, a cambio de unas cuantas reformas, algunas de ellas ciertamente importantes sin embargo ver como han consolidado el poder de la oligarquía tradicional española. Ver una banca privada cada vez más poderosa y consentir el desmantelamiento industrial obedeciendo las órdenes del capitalismo alemán y francés.

Las palabras son claves, y modernización y hallar nuestro hueco en la globalización, no son nuestra seña de identidad.

El partido no es un fin en si mismo. Los partidos además sufren un gran desprestigio y para escarnio de los que tal han conseguido, el que fundará Pablo Iglesias sufre el desprecio del precariado culto urbano y el de gran parte de las clases populares empobrecidas, además de una pérdida del tino y del rumbo político ya irremediable. Por eso los Socialistas y las Socialistas hemos de buscar y encontrar nuestro camino. Esto les da miedo a algunas personas y además sienten la tentación del la secta. La solución creo es abrirse y caminar y contagiarle a las izquierdas comunes y varias, la férrea voluntad de gobierno, de gobernar para el cambio y la transformación y de aglutinar a las clases populares, con un programa antineoliberal, una acción política lejos de dogmatismos y de tutelas autoritarias así como la imprescindible construcción de una actor político democrático, es decir por elección, todo electo y elegible democráticamente, cada persona comprometida un voto, revocable y solidario, amable y alegre. Pero sobre todo contribuir a volver a movilizar políticamente a tantas y tantos socialistas, que engañados y cansados de tanta renuncia, están en sus casas o no encuentran su espacio propio, al objeto de volver a intervenir llamadas y llamados por personas de su propia tradición.

La situación que vivimos de profunda crisis de régimen, no solo de recesión económica, así como de ataque genocida a las clases populares exige de nuevas y renovadas fuerzas políticas, con nuevos leguajes y estructuras más amplias y participativas que nos permitan enfrentarnos con éxito al neoliberalismo, pero también alcanzar el poder, al objeto de impulsar un gobierno de izquierdas en Europa que le plante cara a la troika (FMI, BCE,UE).