La calle es nuestra

El 16 de Febrero, el 23 próximo, así como en todas las capitales andaluzas el 28F. Los días 10 o 12 de Marzo en toda Europa.

Febrero el loco está demostrando que la calle es nuestra. Que debemos estar en la calle, forjar la alianza de las calles y abrir amplias avenidas de libertad, que diría el socialista chileno Salvador Allende, asesinado por ser socialista claro. Yo añadiría avenidas de libertad, de justicia y de reparto. Amplias avenidas frente a los barrios altos y las urbanizaciones privadas del neoliberalismo, clasista, excluyente, estafador y privatizador.

Desde la lucha contra los desahucios, frente a dictadura de los mercados y contra las políticas de austeridad, la calle es nuestra.

En la pre-transición, un ministro del interior franquista, Manuel Fraga Iribarne, responsable del asesinato de tres obreros huelguistas de Michelín en Vitoria, afirmo: “la calle es mía”. Sabía el viejo león, tornado de falangista en liberal autoritario, que controlar la calle era esencial. Debemos saber nosotras y nosotros que es clave para cualquier avance y resistencia social o democrática.

Estos días me he emocionado oyendo como en el Parlamento Portugués el neoliberal primer ministro era interrumpido por el solemne y bello canto del “Grândola, Vila Morena”, el himno de la revolución portuguesa, el himno de su revolución democrática, pero también social y de progreso e igualdad. Cuando los capitanes de Abril, al son de sus estrofas, pusieron las tanquetas y los camiones en marcha, querían acabar con la dictadura pero Maia u Otelo también querían acabar con el hambre, la guerra de África y la emigración. Pero sobre todo los capitanes de Abril querían la dignidad y un pueblo digno, los acompañó en las calles, se lanzó a las calles y plazas y conquistó su libertad. Ahora, los portuguesas y portugueses defienden su dignidad y sus derechos y por suerte tienen un hermoso y desgarrado grito que les une: “Terra da fraternidade […] O povo é quem mais ordena…

En el estado español por aquellas fechas muchas y muchos contemplamos con envidia e ilusión a los soldados con claveles en la bocacha de los fusiles de asalto, al pueblo repartiendo vino a la tropa y acompañándolo a la toma del palacio presidencial, o contemplamos con regocijo como los fusileiros de la marina detenían a los agentes de la PIDE -policía política hermana de nuestra Brigada Social- y les humillaban en publico dejándolos en calzoncillos para que no huyeran.

Pero en esos mismos años y hasta 1981, 233 personas -si, 233- eran asesinadas en el ya Reino de España por fuerzas de orden de la dictadura o por la extrema derecha falangista por conquistar sus derechos y lograr la democracia. Miles de huelgas y de manifestaciones y 233 muertos lograron los derechos laborales y sociales que ahora se nos roban. Porque nadie -y menos el Borbón- nos regaló nada. La llamada transición no fue un paseo, ni la democracia una dádiva real.

Salimos a las calles, nos despidieron de los trabajos, tuvimos huelgas sectoriales de cientos de miles de obreros y obreras. Nos detuvieron, nos dispararon, nos mataron. Y en estos meses se recorta sanidad y educación. Se ha acabado con la libertad sindical y la negociación colectiva ya no tiene valor. Por tanto, no nos queda otra que la vuelta a empezar.

Pero esta vez, el proceso constituyente lo hemos de controlar nosotras y nosotros. Esta vez las oligarquías deben ser despojadas de su poder de veto, esta vez hay que regular los derechos y libertades mejor y dotarnos de una jefatura del estado electa. Esta vez no hay un ejército de Franco con cuatrocientos mil efectivos acantonado en las afueras de las ciudades, esperando salir a la mínima oportunidad.

En esos años que José “Zeca” Alfonso componía su hermoso y solemne canto alentejiano, Labordeta -el recio aragonés- cantaba donde podía su Canto a la Libertad. Pero como la Transición fue un coitus interruptus y un pacto, no una revolución, el Canto a la Libertad levantó los espíritus de miles de personas, pero no puso en la calle a millones, ni sacó al Regimiento 20 de Guadalajara a luchar por la democracia, salió sin embargo el 23F a las Calles de Valencia para eliminarla.

Por eso la lucha por la democracia quedó incompleta. Hay que acabarla y hacerlo bien. Se lo debemos a 233 personas muertas por nosotras y nosotros. Se lo debemos a nuestros hijos, que vivirán peor que nosotros si no le echamos coraje y valor. Se lo debemos también a nuestros mayores, a los que quieren recortar sus jubilaciones y encima arrojarlos del sistema de salud para que mueran antes y gasten menos. Esos viejos, que el neoliberalismo quiere asesinar, conquistaron lo poco que todavía tenemos.

El paso hacía atrás que la reforma del articulo 135 de la Constitución ha supuesto, poniendo los derechos bancarios privados, el déficit público y la deuda por encima de los derechos humanos y la dignidad, es una agresión cruel que exige salir las calles y volver a conquistar una Constitución, esa si verdaderamente democrática y no solo por su texto.

Por todo hoy, los jóvenes sin futuro, las mujeres excluidas o ninguneadas, los trabajadores de los astilleros, altos hornos o fabricas que ya no existen, deslocalizadas por la globalización neoliberal o la Europa del capital, pero cuyos obreros que sí estamos y somos, debemos salir juntos. Todas y todos juntos y llenar las calles. Esas son las nuevas fábricas: las calles neoliberales llenas de franquicias y supermercados sanguijuelas, y llenarlas el 23, el 28 en Andalucía, el 13 de Marzo en toda Europa. Ojalá el recio Labordeta nos acompañara con su Canto a la Libertad, ojala tuviéramos nuestro Grândola. Ojala tengamos valor para hacerlo y dignidad para lograrlo. La Troika no nos machacará. La dictadura liberal no nos sojuzgará. Esta vez, la calle será nuestra.

1 Comentario

  1. antonio ordóñez trigo

    21 febrero 2013 at 19:35

    Estimado Carlos:
    Habiendo sacado a colación uno de los pasajes de lo que expones en tu artículo “La calle es nuestra” en el que con el título “El mandato del pueblo” pretendo próximamente publicar en Crónica Popular, antes de enviarlo, solicito tu permiso (o en su caso, tu refutación) a lo que en el mismo expongo.
    Comoquiera que en el espacio que me permite tu blog no se puede insertar el mencionado artículo, si deseas conocerlo puedes dirigirte a mí a través del correo que en aquél se demanda.
    Saludos cordiales
    de Gregorio

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