Algo se mueve bajo el mar

A veces, y las gentes de mar saben distinguirlo, el mar parece tranquilo en superficie, pero sin embargo anda revuelto en el interior. La aparente tranquilidad puede estallar en cualquier momento.

Ocurrió en Túnez y posteriormente en Egipto. Pero nada es casualidad. Trataré de explicarme: La crisis financiera mundial, en especial tras el estallido de la burbuja especulativa de la economía casino, ha puesto muchas cosas al descubierto: como que se trata de la crisis de un SISTEMA, y que la economía de ese sistema está solo al servicio de unos pocos ricos y poderosos, de forma muy especial los bancos y los banqueros. Que todas las medidas para superarla por parte de los gobiernos, y de forma muy especial los europeos, han ido encaminadas a salvar los bancos y no a la ciudadanía.

Tras el fracaso del “casino económico”, excepto en Islandia nadie ha exigido responsabilidades a los banqueros, a los economistas neoliberales y neoclásicos, a los “profesionales y directivos”. Antes bien al contrario, se han exigido sacrificios a la población, a la ciudadanía, mediante el incremento del paro, despidos aún más baratos, incremento en dos años en la edad de jubilación, ERE en multitud de empresas, congelaciones de sueldos y pensiones, privatizaciones de servicios públicos y desaparición de las Cajas de Ahorros, entre otras lindezas.

Está subiendo el combustible, la electricidad y los alimentos y, sin embargo, todas y todos ganamos menos. Es decir, nos estamos empobreciendo, pero solo las clases populares. Los poderosos y los bancos no pagan más impuestos, sino menos y reciben cuantiosas subvenciones públicas. Los autónomos y pequeños empresarios ven como quiebran sus pequeños negocios, y sin embargo el crédito bancario no les llega.

A esto, hay que sumar una democracia de baja calidad, con menos participación ciudadana cada vez, casos de corrupción no resueltos, profesionalización excesiva de la política en ausencia de formulas participativas de elección de cargos públicos y transformación de los entes políticos en empresas de gestión sin apenas diferencias y con comportamientos similares.

¿Cuál es la respuesta institucional?

Relanzamiento de la energía nuclear como energía barata (menos mal -y es una desgracia-, que el terremoto y tsunami en Japón han puesto al descubierto su criminal peligrosidad). No dejo de preguntarme ahora que dirán Rajoy, el PP, así como el lobby pro-nuclear del PSOE.

Privatización de las “joyas de la corona” de AENA y más medidas de control del gasto público; es decir, menos inversión pública y por tanto menos empleo, todo para pagar la famosa deuda. Deuda pública que, en estos momentos en el estado español, ya sabe todo el mundo que es privada mayoritariamente.

En el fondo, aquí y ahora, todas y todos los que tenemos la suerte de tener trabajo lo hacemos para sufragar la deuda de los bancos y cubrir sus déficit generados por una burbuja inmobiliaria tan absurda y destructiva de territorio, como dañina a la postre y que tanto paro ha creado.

Por todo esto, la gente esta reaccionando y se está organizando por su cuenta a través de mil formas aún inconexas, pero que advierto a quien corresponda se están generando.

Mientras, los profesionales de la política, en sus torres de marfil, siguen sin enterarse de lo que la calle empieza a convocar. La verdad es que nosotras y nosotros no merecíamos esto, y claro, se pasará factura. La desconfianza es tremenda y la falta de ilusión en las respuestas políticas convencionales también.

ATTAC lleva doce años pidiendo a la ciudadanía que se empodere y responda. Que tome en sus manos su destino y se reapropie de la política. ATTAC en estos últimos meses ha denunciado lo erróneo de las medidas tomadas por los poderes públicos y está presentando sus alternativas. No somos un partido, no nos mueve la lógica electoral, ni mucho menos el cortoplacismo. Tampoco el regusto de la discusión teórica e intelectual de estrategas de salón. Pero hemos advertido de lo que es imprescindible hacer.

Afortunadamente, la calle siempre va e irá por delante. Por eso creo que hay que ver con simpatía las distintas redes sociales y de convergencia ciudadana que están apareciendo como muestra de la indignación ciudadana. Tras la ilusión de la Huelga General del 29-S caminamos hacia lo frustrante e inesperado, y tras el aumento de la edad de jubilación y la reducción de las prestaciones por desempleo y las desapariciones de pequeñas, pero imprescindibles ayudas, hemos comprobado, sentido la soledad cívica. Pero no estamos solos somos multitud.

Debemos advertir de pescadores de río revuelto, así como aplaudir diversas iniciativas ciudadanas tendentes a lograr más democracia, justicia fiscal, justicia climática e igualdad. No es el momento de vanguardias, sino de las gentes indignadas, y esto se verá y se notará, y el clamor llegará a los centros de poder, haciéndoles saber que estamos aquí y que no les pedimos nada: exigimos reparto, igualdad y democracia.

No se puede hacer politica sin sentimientos

No se puede hacer política sin sentimientos. No se puede hacer o elaborar discurso sin pensar en quienes sufren las consecuencias de tanta injusticia y sobre todo no se puede pensar en cómo avanzar hacia un mundo mejor, si no amamos a nuestros semejantes y luchamos por nuestra felicidad. La de todas y todos.

A las izquierdas, a las personas transformadoras o a los justicieros, les ha sobrado en demasiadas ocasiones pragmatismo, convicciones férreas capaces de cualquier cosa o voluntad de pensar por el bien de los demás pero sin contar con ellos. No se puede decir tranquilamente lo que es bueno y lo que no, lo correcto o incorrecto sin saber escuchar a las que sufren. Menos todavía afirmar que la gente no sabe lo que quiere.

¿Por qué tantas veces se nos llena la boca -y a mí el primero-, diciendo lo que hay que hacer, pero practicando lo contrario? Aterricemos:

No se puede decir que se beneficia a la gente sencilla y a las clases populares fastidiándolas, como de forma tan sencilla y buena describió hace poco un activista social muy apreciado, José Coy, en un acto ciudadano celebrado recientemente en Madrid.

Nadie me hace el bien rebajándome el sueldo ahora que el gasoil y la luz están por las nubes y los alimentos suben. Nadie hace el bien a los demás precarizando el empleo u obligándole a la gente a trabajar más años, ¿Por qué no nos enfrentamos de una vez a las y los poderosos? ¿Por qué no identificamos de forma clara y contundente al menos al principal adversario, al enemigo, -si, al enemigo-? La Banca. La Banca privada, la banca controlada en el estado español por unas cuantas familias e igualmente en Europa.

Digo y afirmo lo de la banca, porque estas líneas ni pretenden polemizar con nadie, ni son un ajuste de cuentas, pues no las tengo pendientes con nadie excepto con los especuladores, sino una reflexión personal y un llamamiento a la acción, pero con el entendimiento, la comprensión y la amistad.

La cosa es sencilla, hay que ver las lágrimas silenciosas y amargas de la víctima de un desahucio. Hay que mirar a la cara inexpresiva de una parada o a la expresión de un padre sin futuro, la vergüenza de no poder invitar jamás en un bar o el silencio a la hora de pagar. Hay que ponerse en la piel de la cola del paro o en la rabia de los que, trabajando, vemos como nuestros ingresos no nos llegan, o el futuro no nos es ni siquiera imaginable, por que al menos de forma individual no lo vemos ya.

Europa se ha convertido en una fortaleza de la desvergüenza. Los mercados, es decir los bancos y los ricos, imponen su voluntad, juegan con nuestros tesoros públicos y especulan con las deudas estatales imponiendo políticas antisociales y anti populares con mil excusas que economistas y políticos mercenarios, ultra conservadores y derechistas o, lo peor, resignados y sin horizontes ideológicos de cambio imponen, a pesar de que no hay salida ni siquiera para ellos.

Hay muchos problemas en esta vieja y caduca Europa, pero el principal es la falta de ilusión y el convencimiento de que aquí hemos de vivir bien, por derecho propio, porque estamos en el más privilegiado de los mundos posibles.

El mejor de los mundos posibles en un continente que, en su parte más occidental, ni tiene casi petróleo, le faltan muchísimas materias primas, le comienza a escasear el agua y hasta hace poco, muy poco, envió millones de sus habitantes a emigrar a otros continentes, sufrió hambrunas y solo se recuperó gracias al invento del fusil ametrallador, colonizando a otros pueblos armados con lanzas, o mediante guerras llamadas mundiales.

Ahora vivimos de una capacidad tecnológica y militar que hasta hace muy poco era superior, pero que ya no solo Europa y los EE.UU. la poseen. Es más, comienzan a no ser tampoco hegemónicos en esto.

Tenemos un gobierno de facto en la Unión Europea que al final ningún parlamento controla, pero somos tan cínicos que damos lecciones de democracia a todo el mundo, sin ser conscientes de la hilaridad que comenzamos a provocar. Hemos perdido el espíritu crítico y la dignidad. Seríamos incapaces de emular a egipcios y tunecinos, al menos por ahora.

Mucho tienen que cambiar las cosas, pero creo que debemos comenzar por introducir el humanismo en nuestras conciencias. La sabiduría del saber mirar hacia dentro para poder mirar hacia fuera.

El humanismo en Europa fue la antesala de la ilustración y la enciclopedia, y sin estos no hubiera surgido la Revolución Francesa y sin esta los jacobinos y sin ellos los socialistas. Todo está encadenado: sin Rousseau, no hay Marx. Sin gentes que sufren y se rebelan, no hay sindicatos, no hay socialismo.

Pero lo que empezó siendo compasión por el débil, acabó siendo la lucha por una sociedad de mujeres y hombres libres sin clases sociales. Ahora no tenemos, ya al menos en la cultura dominante europea, ni siquiera compasión, y si miento ¿por qué los mercados imponen su voluntad y los banqueros ejercen el poder real?

Hay demasiadas tareas a acometer, tal vez, pero en mi humilde entender la principal y primer problema es ser conscientes de que la ciudadanía, las clases populares, constituimos un único sujeto colectivo del cambio. El segundo problema es que la soberanía popular que se inicia en la Francia Revolucionaria con la conquista de la soberanía nacional, están ahora en fuera de juego; es decir, es puramente formal, pues si no fuera así, no mandarían tanto los banqueros.

El tercer problema, en mi opinión, es la necesidad de constituir vínculos de conciencia, de recuperación de una cultura no manipulada y de impulso de lucha democrática para de esta forma auto organizarnos de formas diversas, en diferentes entes, pero con profundos vínculos en pos de la justicia, la igualdad, la voluntad popular. En cuarto lugar, construir el discurso desde la práctica, pero con ejemplos sencillos y con la implicación de todas las personas activistas en luchas y reivindicaciones concretas, en barrios, empresas, facultades, institutos o mercados.

Hay finalmente otra tarea no menor, la de ser amigas y amigos, la de entendernos y buscar nuestra propia convergencia. Me explico: si las personas que buscamos la transformación y el cambio del sistema injusto e insostenible imperante, las altermundistas, las socialistas de izquierdas y la socialdemocracia consecuente (no confundir con socioliberalismo dominante), no somos capaces de encontrarnos y enriquecernos mutuamente con nuestras reflexiones y aportaciones teóricas mutuas, reflexiones compartidas y relato enriquecedor común ¿Qué pretendemos cambiar?¿A quiénes de las clases subalternas pretendemos convencer? Desde la descalificación, aunque sea irónica y aparentemente sabia no lograremos nada. Yo pretendo enriquecerme escuchando y leyendo a intelectuales de muchos ámbitos del saber y de diferentes escuelas y corrientes emancipatorias, pero ¿por qué he de denostar a quienes no piensen o interpreten el pensamiento como yo? ¿Acaso son ellos mis enemigos? No, mis enemigos son los plutócratas, los banqueros y especuladores, los intelectuales neoliberales que mienten y engañan a la gente a cuenta de los anteriormente citados, los poderosos y sus fuerzas coercitivas y represivas, pero no otras personas que, matices aparte, comparten una visión semejante del mundo.

Estoy harto de discusiones estériles, cuando todas y todos aportan algo positivo. Estoy hasta las narices de tener que justificar y explicar mil veces nuestros actos cuando estos son diáfanos.

Las tareas prioritarias ahora son tan claras como simples:

  • Atacar el problema de la deuda, tanto de las potencias centrales como del mundo empobrecido, y denunciar los pingües beneficios que la banca obtiene gracias a ella.
  • Desmontar el tinglado financiero de los Paraísos Fiscales, logrando además imponer ITF tanto para controlar como para recaudar a bancos y ricos que no pagan impuestos.
  • Exigir banca pública y créditos baratos para la economía social y las pequeñas empresas.
  • Defender los sistemas públicos de pensiones, edades de jubilación lógicas y no ya de viejos hechos polvo y con menos años de vida a gozar con calidad, pues la jubilación a los 67 es un atentado antisocial.
  • Enfrentarnos a la destrucción ambiental del planeta.
  • Defender lo público y el sector público con control democrático y luchar por una democracia real, ciudadana, participativa y de calidad, como principio y resumen a todo lo demás.

Pues bien, esto que es tan simple y en apariencia tan reformista, no lo consentirá jamás el sistema, si no nos rebelamos y lo imponemos.

El sistema, el capitalismo, en busca de nuevas expectativas de negocio jugará ahora con los alimentos y de forma criminal hará de la burbuja con los cereales su nuevo negocio, impidiendo cualquier intento de establecer la soberanía alimentaria… y ante esto, ¿vamos a seguir discutiendo?

Vale, que cada cual exponga sus recetas y haga sus reflexiones pues nos pueden alumbrar y siempre serán buenas, pero utilicemos los libros y revistas para leerlos y pensar, no para tirárnoslos a la cabeza.

Explicar todo esto de forma sencilla y con sentimientos es nuestra responsabilidad. Nuestros fallos y errores son nuestros, y no de un sistema opresor que condiciona todo. Siempre podemos encontrar excusas, pero los pueblos de la nación árabe y los bereberes norteafricanos nos han demostrado que no hay opresión ni dictadura capaz de frenar a una ciudadanía harta, con índices alarmantes de paro y empobrecida.

El jefe del estado en Kuwait. Escandaloso.

El emirato de Kuwait, gobernado por una monarquía tradicional, acaparadora de la riqueza petrolera y autoritaria, profundamente autoritaria y pro-occidental, celebra estos días el cincuentenerio de la independencia que le facilitó el Imperio Británico, que es su creador e inventor.

El rey Juan Carlos, “hermano” de Hassan II -e imagino “tío” de Mohamed VI- es también “pariente” del autoritario emir de Kuwait.

Imagino que no es casualidad que, cuando todos los pueblos de la Nación Árabe están levantándose por la libertad y democracia, pero tambien por la justicia contra la pobreza y por el pan, revueltas profundamente sociales que incluso han contagiado Kuwait, esta visita no es sino un apoyo a las corrompidas y feudales monarquías árabes que explotan y reprimen a sus pueblos.

Pienso que lo único medianamente decente que podemos hacer ahora en SOLIDARIDAD con nuestros hermanos y hermanas árabes, es exigir la dimisión del Jefe del Estado por esta visita, no solo impresentable, sino también torpe y de respaldo a señores feudales que tal vez puedan ser derribados por sus oprimidos pueblos.

Esto debiera ser un escándalo politico de primer orden.

Los puntos sobre las ies

Informe sobre el proceso de constitución de las mesas de convergencia

En primer lugar, hay que dejar claro que la idea inicial y el grupo impulsor lo constituimos personas no vinculadas a ningún órgano de dirección política, más bien fuertemente vinculados a los movimientos sociales y ciudadanos.

En segundo lugar, esta propuesta de articulación y resistencia cívica surge pues de personas con experiencia y bagaje político y socio-sindical, pero sin compromiso alguno más allá del moral y ético con las ideas transformadoras, la búsqueda de otro mundo posible y la construcción de una sociedad justa con mujeres y hombres iguales. Pero si algo nos une es el no dogmatismo y el antineoliberalismo, amen de la convicción en que la ciudadanía autoorganizada es la única que puede crear un contrapoder efectivo frente a los poderosos y a su instrumento principal, los bancos.

No partimos de un debate ideológico previo. Simplemente de una indignación ante lo que esta sucediendo a nuestro alrededor y de constatar cómo se nos ha hurtado la soberanía popular y vivimos una suerte de dictadura mercantilizada, que todo lo contamina, incluidas las mentes y las relaciones personales, no digamos el efecto destructivo y depredador sobre el medio ambiente.

No hemos pretendido hacer una “summa teológica” del pensamiento progresista de verdad o revolucionario consecuente, no éramos quienes para hacerlo, tan solo pretendíamos, desde abajo, comunicarnos con las de abajo. La ciudadanía, ese gran sujeto político, es la que debe reaccionar y lo único que pretendemos es mover su conciencia y, libres del cortoplacismo electoral, facilitar humildes cauces para lograr el empoderamiento ciudadano.

Hemos actuado como ciudadanos y ciudadanas libres y sin ataduras. Han circulado informaciones tendenciosas en medios de comunicación que apoyan a fuerzas politicas constituidas o en constitución; en el caso de “Público” esto ha sido evidente y no se ha entendido o querido entender que hay otras formas de hacer política, de entender la política. De explorar nuevos espacios y de preocuparse de lo que en el fondo pocos se preocupan, de las y los que sufren, padecen la inseguridad ante un empleo precario, se sienten solos y desamparados frente a la rapiña y la usura de los bancos o se encuentran solas y solos ante unos servicios esenciales privatizados, convertidos en negocio y por tanto crueles ante sus necesidades. Resumiendo: las cosas dolorosamente simples previas a cualquier cuestionamiento sistémico.

Se nos ha dicho que no nos hemos dirigido a esta o tal fuerza política. Hemos utilizado la red, contactos personales, pero ni políticos, ni con una lista previa. Quien ha querido estar lo ha hecho porque le ha parecido bien y ha decidido apoyar e incluso saludar a la Asamblea del día 19 de Febrero, pero no hemos excluido a ninguna fuerza política.

Se nos ha visto con precaución y con desconfianza -“qué harán estos”-, que si el documento es malo, le falta esto, son socialdemócratas, no son anticapitalistas, están al servicio de IU, son la parte bis de su refundación, en fin, tonterías.

No hay nadie más que los firmantes, sean de donde sean detrás de esto. No hay ningún movimiento ciudadano apoyando, hay gente con ganas de hacer algo, y si esto pincha seremos solo un grupo de pringaos que pensábamos que era posible hacer política de otra forma y además de que esta sea siempre participativa. Dicho lo cual, agradecemos cualquier apoyo que pueda darse, claro, e invitamos a que todas y todos impulsemos un proyecto que permite perfectamente hacer a cada cual sus tareas -incluidas las electorales-, pero también permitamos que se creen vehículos participativos amplios, comunes y unitarios, necesariamente amplios. Desde abajo.

Hemos tenido una buena acogida y la seguimos teniendo. Este proyecto no va contra nadie más que contra los que ahogan a la ciudadanía, acaban con sus derechos, extorsionan y controlan a los gobiernos o los gobiernos que aplican politicas neoliberales que extraen de las clases populares y trabajadoras, recursos para favorecer intereses de los ricos, los banqueros y las transnacionales, al tiempo que se genera paro y se extiende la pobreza de forma alarmante.

En estos tiempos estamos luchando contra el capitalismo con propuestas neokeynesianas, socialdemócratas, reformistas, tal es su dureza criminal. Hablamos del reparto más justo de las rentas, de justicia fiscal mediante la urgente aplicación de tasas sobre los movimientos de capital financiero, la regulación de los mercados, la supresión de los paraísos fiscales. La total igualdad entre mujeres y hombres, el fin del patriarcado, la defensa de lo público y de los servicios públicos, además de una Europa de las ciudadanas y los ciudadanos y no de los mercaderes. Estamos cuestionando ya el propio capitalismo, pues de estas medidas tan simples y reformistas depende la supervivencia del sistema.

El capitalismo actual necesita de la desregulación y el trabajo precario, necesita de los paraísos fiscales y la opacidad bancaria, necesita del patriarcado y el autoritarismo para perpetuarse. Necesita de la exclusión y de la depredación territorial para seguir enriqueciéndose. Necesita del extractivismo y del militarismo para imponer sus “leyes del mercado” por lo que cuestionar todo esto es ya un programa de cambio real de sistema y del sistema.

Así pues pocos papeles, sabemos de sobra lo que hay que hacer ahora. Gran parte de la izquierda y de los entes con voluntad transformadora están ausentes de las vidas de las gentes normales de pueblos y barrios y la intención de las mesas de convergencia es llegar precisamente a esos lugares.

Mucha gente trabajadora -y pobre incluso- vota a la derecha, será acaso porque son unos vendidos o más bien será que la cultura alienante del neoliberalismo se ha hecho con sus mentes y no ha habido nadie capaz de contrarrestarlo.

Sabemos hacer buenos discursos y elaborar el relato según nos convenga, pero la vocación de la Asamblea del 19 de febrero era convocar a meternos en el barro.

No era para apoyar e estos o aquellos, era para tratar de apoyarnos entre todas y todos con algo nuevo, con una nueva forma de hacer. Con comodidad, con sentimientos, con amabilidad (¿Por qué los mosqueos?) Si no cambiamos de actitud no avanzaremos.

Tenemos la posibilidad de agrupar y construir o tal vez reconstruir lo que los comunistas italianos en los años cincuenta del siglo pasado llamaron el pueblo de izquierdas, pero con las nuevas realidades y sin etiquetas. No nos pueden lastrar los conceptos, las palabras, solo hemos de sumar voluntades, resistencias y emociones. Hemos de ser capaces de transmitir sentimientos y solo así movilizaremos a todas y todos.

Por eso surge la Asamblea, por eso tanta gente se adhiere a la vez y en todo el estado. Por eso ni queremos preocupar ni combatir lo existente, todo un rico tejido político, sindical y asociativo especializado y muy interesante, aquí solo buscamos que las personas hagamos algo juntos y les plantemos cara de una vez a los poderosos.

Aclaración imprescindible

El encuentro ciudadano de constitución de las mesas de convergencia, que se reúne el 19 de Febrero en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid, no es una operación política al uso. No busca apoyar a nadie en concreto, eso es falso. Busca y pretende apoyar al sujeto colectivo de la ciudadanía y denunciar las políticas neoliberales que la perjudican.

Se que hay quienes están nerviosos bien porque perjudica sus intereses, bien por que puede ser el embrión de una ciudadanía critica organizada, o bien porque en el futuro le puede dar muchos quebraderos de cabeza a las derechas.

Nosotras y nosotros solo pretendemos lo que decimos en el llamamiento. También se del afán destructivo y auto-destructivo que campa por el estado español y la profunda mala leche de cierta prensa.

Somos nueve “pringaos” y cuarenta amigas y amigos que, por nuestra cuenta y riesgo y tras un análisis personal, hemos propuesto lanzar una idea y manifestar públicamente que hay otra salida a la crisis, y esta no es correcta ni beneficiará a la ciudadanía en su conjunto.

Queremos ser escuchados, tenidos en cuenta y defender una democracia plena y real que no consiste solo en votar cada cuatro años, sino en ser protagonistas de nuestro destino y participar.

Así pues, y aunque parezca extraño, estamos ante una operación común y conjunta, no partidaria, cívica, democrática y antineoliberal. Eso si, al margen de la izquierda caviar.