Refundar el socialismo o una nueva forma de entender la política

Recomiendo la web de Construyendo la Izquierda y la lectura de ese manifiesto. Construyendo la Izquierda – Alternativa Socialista es una organización política que está recogiendo en su seno a los y las socialistas de izquierdas y antineoliberales que no están dispuestos a seguir apoyando al grupo de poder de profesionales y personas liberales que han entregado el partido de Pablo Iglesias a los poderes financieros, los bancos y ciertas grandes empresas. Con dirigentes de ese partido en la Trilateral, el Club Bildelberg y consejos de administración de bancos y grandes empresas energéticas no se puede hacer nada, pues son el sistema y parte del sistema. Por tanto hay que refundar el socialismo.

Pero en CLI-AS conviven también personas de otras familias de las izquierdas transformadoras y partidarias de una nueva forma de hacer y entender la política. Es una opción partidaria de construir un frente amplio y/o popular que agrupe a las izquierdas sociales y políticas al objeto de cambiar radicalmente las políticas que se nos están imponiendo.

CLI-AS se inspira mucho en las alternativas propuestas por Oskar Lafontaine y Mélenchon. Su apuesta pasa también por la construcción de una alternativa similar a Syriza en el estado español.

Como llamó Mélenchon en Madrid en su reciente visita “los socialistas deben romper filas y apoyar a los que tienen el coraje de hacerlo, y en Construyendo la Izquierda se encuentran personas que han tenido ya ese coraje”.

En Facebook los puedes encontrar en: http://www.facebook.com/pages/Construyendo-La-Izquierda-La-alternativa-Socialista/584722618206473

Acerca del Frente Amplio y su puesta en marcha. Programa

Es noticia la voluntad de muchas fuerzas políticas y sociales, así como de grupos de personas, acerca de la imperiosa necesidad de construir un bloque social de progreso y de avance al objeto de frenar las políticas neoliberales y austericidas que las clases populares en el Reino de España soportamos y sufrimos.

La historia nos enseña que, en tiempos de graves crisis y posibles cambios, las fuerzas progresistas y obreras del Estado Español, siempre -al menos desde que existen sindicatos y partidos- se han unido. Así ocurrió con la Huelga General de 1917, primera huelga general española y que sumó a CNT y UGT, pero también al PSOE de entonces -muy diferente del actual- y a fuerzas republicanas, que constituyeron una especie de frente político de apoyo, ante la profunda crisis social y lo podrido del corrupto régimen monárquico del Pacto del Pardo. Posteriormente, en 1931 las fuerzas republicanas burguesas y las obreras volvieron a unirse, no sin algunos problemas, al objeto de alcanzar la implantación de la II República, en el llamado Pacto de San Sebastián.

Con el Frente Popular de 1936 nuevamente surgió esta alianza, y convivieron partidos burgueses republicanos, los socialistas y los todavía muy minoritarios comunistas. Tras el fracaso del movimiento insurreccional de 1934, que en Asturias fue una revolución, había que lograr ahora en la urnas frenar a una derecha antirepublicana y protofascista. La República no podía seguir en manos de la CEDA. En ese Frente convivieron liberales de la época, republicanos burgueses y fuerzas obreras. Por eso, cuando ahora hay personas que plantean un Frente Popular y/o Amplio, y lo plantean desde la hegemonía de tal idea, grupo o fuerza, se equivocan. Un frente popular se construye desde la igualdad y la inclusión, no desde la exclusión. El frente de 1936 lo fue de republicanos y de antifascistas. El de hoy, pienso, lo debe ser junto a fuerzas políticas de izquierda transformadora, de antineoliberales y también de demócratas y de alternativos al régimen y, por supuesto, de republicanos.

En 1936 había una situación, ahora otra, pero en el fondo la misma idea: defender la libertad, la justicia, el reparto y el progreso social. La frontera debe ser el oponerse a la corrupción y al régimen corrupto de 1978 que a estas alturas, incluso nada tiene que ver ya con la transición inicial. Debe ser el bloque unitario amplio, cómodo e inclusivo, si, pero coherente también. Lo único pues que debe ser cumplido, respetado y obligatorio, es el programa. El programa debe ser la base y el acuerdo previo, y en el hay temas clave como el de la deuda o el fin de las políticas de recorte social, así como de subvención de los bancos privados. Pero también de construir un nuevo paradigma económico, la prioridad del empleo, así como a implementar la renta básica y una profunda y verdadera reforma fiscal y financiera, pero al objeto de controlar la economía y las oligarquías que dominan el reino. Es decir, debe ser un programa antioligárquico y de reparto, con la inmediata supresión de las contrarreformas que, tanto el PSOE como el PP, han implementado a lo largo de la llamada crisis.

Sin olvidar los aspectos políticos que pasan por recuperar las libertades, e iniciar un nuevo pacto constitucional destituyente y dotarnos de una nueva ley electoral.

Pero no lo lograremos si de por medio hay descalificaciones. El invento nefasto de que querer gobernar para introducir cambios reales es un paso al centro, es sencillamente suicida. Además, todas y todos tenemos el mismo derecho a reclamar el frente amplio. Todos tenemos derecho a proponer la unidad ante las elecciones europeas, concretada en una candidatura unitaria ya. Unas elecciones que serán una oportunidad maravillosa para agrupar fuerzas y tener una victoria moral, incluso efectiva frente al bipartidismo.

Para construirlo -el frente amplio- no dañarnos será bueno. No decir y tú más. Tampoco lo de vamos a unirnos en la calle y ya veremos, dicho eso por personas que ocupan puestos de responsabilidad en gobiernos presididos por el PSOE resulta cómico. Es decir, vamos a no meter el dedo en el ojo y a agrupar e incluir. Partiendo del hecho de que nadie deseamos ser compañeros de viaje y sabiendo que ciertas bolsas de votos en la abstención solo podrán ser recuperadas por personas que sean de la confianza de ese voto de defraudados y defraudadas.

No estoy dando consejos a nadie. Estoy a las claras expresando mi opinión, con libertad como siempre. Pero como persona de izquierdas, permítaseme que también exprese, desde las ideas de clase y de transformación social y socialista, lo siguiente:

Desde tiempos de la primera Internacional, las fuerzas del movimiento obrero -y lo que ahora llamamos también ciudadano o de las clases subalternas- tienen un programa máximo, es decir el socialismo; o lo que es lo mismo, la sociedad sin clases y ni explotados, ni explotadores, hecho este en el que los socialistas -los que los somos, no confundir con socioliberales- y todas las familias procedentes del tronco común de la primera internacional, coincidimos. Así como un programa mínimo. Este programa lo es de transición, y al objeto de solucionar los males y la explotación que la clase obrera sufrimos y las clases populares en su conjunto igualmente.

Ahora, en estos tiempos, este programa se define mayoritariamente como antineoliberal. Nuestro principal problema es la desconfianza y el sectarismo. También las peleas entre hermanos y hermanas proletarias, que según Marx es un concepto también de ideas y de alianza, no solo de cuna. Resulta curioso como muchas personas en lugar de alegrarse de que surgan iniciativas tendentes a engrosar las filas de los dispuestos a enfrentarse al sistema, aunque sea solo comenzando por un programa mínimo, se enfaden y les recriminen siempre algo. Les exijan algo así como el programa de perfección. Había gente que criticaba a Salvador Allende, un socialista, por ser decían muy moderado, y la derecha le organizó un golpe de estado y Allende murió defendiendo la legitimidad de la Unidad Popular. No es pues el que se cree más radical el que lo es, sino el que con su acción y difusión de las ideas provoca al opresor y consigue mejoras sustanciales para las clases pobres, como hizo Hugo Chávez con un programa de tránsito hacía el socialismo.

Por tanto, en lugar de dudar, construyamos. Además no podemos decir que nosotros -ciertos movimientos y ciertas personas- somos lo nuevo y otros lo viejo. Lo viejo es el liberalismo y lo nuevo, lo que está por llegar, el socialismo.

También hay que ser impacientes, si, pero para organizarnos frente al régimen corrupto que sufrimos en el estado español y frente a la dictadura de los mercados -que muchas llevamos más de doce años denunciando, siendo Ramonet el autor de este término- así como frente a la tiranía de la deuda y el objetivo de déficit, preceptos ambos que el artículo espureamente modificado de la Constitución impone, es decir el 135. Todas y todos no podemos pensar igual, pero si estamos de verdad por un frente popular, por un frente de izquierdas deberemos coincidir. Las víctimas de la crisis no podemos esperar más.

Tampoco olvidemos el internacionalismo y la ubicación de este Estado en el panorama internacional. Posición de fuerza ante la Unión Europea y debate sobre el euro y sus profundas negatividades. Alianza social y antineoliberal con el Sur de Europa. Defensa de la soberanía tanto popular como estatal. Mirada hacia América Latina, pues entre otras muchas consideraciones de tipo político y afinidad ideológica, los necesitamos. Eso, programa.

Cada día un nuevo ataque. Cada día un nuevo motivo para rebelarnos

Encima de que Aznar amenaza con volver, nos están robando la democracia local

La voracidad neoliberal, autoritaria y criminal contra los derechos de las personas del PP no tiene límite, no da tregua. Se amontonan los motivos para echarlos de una vez y dejarnos de paños calientes. Hay que derrotarlos, pero ya. En la calle, si, primero en la calle, pero no seamos ingenuos, también en las urnas.

La reaparición y el serio aviso del neofranquista y pro-imperialista ex presidente del Gobierno del Reino de España José María Aznar la noche del 22 de Mayo en Antena 3, hace real y confirma lo que algunos habíamos vaticinado y es que un golpe conservador está en marcha. Rajoy ya no les sirve. A nosotros tampoco, pero ¿Vamos a permitir que sean ellos los que a nuestras espaldas lo echen? No, es imprescindible y ya exigir nuevas elecciones. Pero habrá que conseguirlo y con contundencia en la calle.

Tienen preparado ya otro proyecto maldito que puede además resultar engañoso para muchas personas, y es el de la “reforma” de la Administración local, al objeto de privatizar servicios municipales, despedir funcionarios y empleados públicos y hurtar la autonomía local, dejando vacía de contenido la democracia y la forma de gobierno más cercana a la ciudadanía. El pueblo se va a quedar sin una de sus fórmulas más próximas al objeto elegir su gobierno inmediato y/o de poder incluso construir su Utopía local, o simplemente dotarse de los vecinos que desee le gobiernen.

Los municipios se van a quedar intervenidos, sin competencias y sin posibilidad de diseñar sus políticas locales o bien cuidar y atender las necesidades de los más humildes y débiles de cada pueblo, cada barrio o cada calle. Los presupuestos intervenidos por los llamados “precios estándar”. Precios fijados por una comisión en Madrid. En resumen, otra vuelta de tuerca a la operación recentralización del Estado, pues los ayuntamientos serán controlados por el Ministerio de Hacienda. En tiempos de Franco era el de Gobernación -así se llamaba- el que los controlaba. Ahora será Hacienda.

Como el PP tiene el control sobre la inmensa mayoría de las Diputaciones de derecho común, estas tendrán las competencias de los ayuntamientos menores de 5000 Habitantes y muchas de las de los municipios mayores. Pero sobre todo, las Diputaciones sacarán a concurso los servicios públicos privatizados -ojo a precios estándar- lo que llevará a la ruina a miles de empresas familiares y cooperativas. Pero esa actuación supone mover un negocio de millones y millones de euros, pues por economía de escala las grandes empresas sí podrán competir, por lo que el PP tiene prisa y lo va a llevar al Consejo de Ministros en Junio. Sacando la contrarreforma local ahora adjudicará miles de contratos a empresas privadas del sector y premiará a los Florentinos de turno, que ya se están frotando las manos. Y luego, si las tornas cambian y una nueva ley, o la derogación de la que quieren imponer, permite volver a recuperar la autonomía local nuevamente -con otra correlación de fuerzas políticas diferente- los contratistas privados ya tendrán derechos adquiridos y se pleiteará de forma que, aunque las Corporaciones Locales democráticas puedan ganar en los tribunales, estarán obligadas a fuertes indemnizaciones, de forma que el negocio estará asegurado, salga bien o mal.

Todo esto acaba de dejar todavía más claro que se está gobernando en favor de los poderosos. Que la crisis capitalista está siendo utilizada para favorecer la privatización de la vida pública y apoderarse las grandes fortunas y empresas de todo el patrimonio y de desmontar el estado por obra del estado, en beneficio de bancos, ricos y grandes empresas privadas.

Ahora el negocio son los bienes municipales, y acabar para ello con la democracia local el objetivo puntual del momento. Al capitalismo le sobra la democracia.

Por todo esto, y porque cada vez son más las tropelías y atracos sociales, el 1 de Junio volveremos a salir a la calle. Pero hemos de ser más, muchos más de los cada vez más numerosos activistas, es cierto, pero con todo insuficientes.

Hay que llamar ya a la insurrección popular. Hay que iniciar ya el periodo destituyente, que acabe con este régimen podrido. Solo el estallido social nos salvará. Hay que reventar ya de una vez, porque no nos toman en serio, se ríen de nosotros y nos desprecian profundamente. Sobre nuestro empobrecimiento y sufrimiento, construyen ellos su riqueza y su poder. No hay medias tintas, tampoco vuelta atrás.

“El régimen de 1978 está tocado, pero para hundirlo hace falta que se construya una plataforma unitaria de la izquierda”

Mis conversaciones con César en Radio San Borondón

El sistema está tocado porque ha recibido algunos impactos, pero estos no han sido en la línea de flotación, lo que le permite seguir a flote, sobre todo porque los poderes económicos lo apoyan

ImageAudio de la entrevista

SB-Noticias.- Carlos Martínez, miembro de Construyendo la Izquierda y de ATTAC en España, dijo en el programa La Trapera de Radio San Borondón y afirma que es el momento de tener altura de miras y realizar un esfuerzo unitario creando una opción totalmente reconocible por las clases populares que se convierta en una opción de gobierno capaz de derrotar a las fuerzas del neoliberalismo.

Martínez explicó que existen en estos momentos hasta 11 iniciativas que tratan de aunar a formaciones de izquierdas en torno a un proyecto unitario o frentes amplios, abarcando opciones muy diversas, desde aquellas que proponen que el 15M se convierta en un partido político, hasta opciones realmente confusas, porque no se sabe muy bien si pertenecen a la extrema izquierda o a la extrema derecha, por eso de que en muchas ocasiones los extremos se tocan, pero también hay opciones serias y responsables, de las que brotan muy buenas intenciones, que son las que particularmente piensa que hay que apoyar.

El politólogo considera bueno que haya hasta once intentos por aglutinar en un mismo paraguas a formaciones de izquierdas, porque eso de algún modo pone de evidencia que existe una demanda política en la sociedad española para que los demócratas y progresistas se unan.

De este modo, indica que si bien el sistema está tocado porque ha recibido algunos impactos, estos no han sido en la línea de flotación, lo que permite al barco seguir a flote, de modo que si bien es cierto que renquea, no llega a hundirse, sobre todo porque los poderes económicos lo apoyan ferozmente, tanto a la Monarquía como al bipartidismo, dijo el integrante de Construyendo la Izquierda, Carlos Martínez.

Afirma en este sentido que acabar con el régimen va a exigir un esfuerzo importante, un esfuerzo unitario creando una opción totalmente reconocible  por las clases populares que se convierta en una opción de gobierno capaz de derrotar a las fuerzas del neoliberalismo.

Es la hora de la política. Es nuestra hora

No comparto en absoluto la idea de seguir y seguir influyendo desde fuera. Desde los movimientos sociales hemos salido a la calle, denunciado el latrocinio que sufrimos las clases populares, y como se nos hurtan los derechos sociales y laborales conquistados mediante luchas muy duras en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado.

Las plazas pueden soportar cuantas asambleas populares sean precisas. Con manifestaciones y huelgas podemos frenar los intentos de desmontar los derechos básicos como ha ocurrido con la ley Wert y ha sido un triunfo sectorial. Pero la enseñanza y la marea verde saben que solo ha sido eso: un frenazo y que en cualquier momento pueden volver a las andadas.

Si solo influimos y hacemos asambleas ¿qué vamos a hacer, organizar un potente movimiento de resistencia popular, pero vamos a volver a votar a los mismos políticos que nos han traído tanto sufrimiento, pero ahora arrepentidos de hacernos daño e influidos por nuestras propuestas? No. Las oligarquías políticas del régimen del 78 solo entienden un lenguaje, y es que los podamos echar. Que los echemos construyendo nuestra propia opción política, tanto en base a lo existente que sea útil para la causa de los pueblos, como con nuestras nuevas aportaciones y fuerzas sociales, así como socio-políticas.

El régimen del 78 instauró unas leyes electorales que son un pucherazo legalizado. Por eso, cuando se nos anima a organizarnos, pero no a hacer política, se puede estar llamando sin querer a votar a los que ya nos han traicionado. O lo que es peor, a en base al despiste, que muchas personas acaben votando a ese sucedáneo mixto de derecha y extrema-derecha que se llama UPyD. Por eso hay que hacer propuestas políticas, sí, pero para aplicarlas. Para poder hacer políticas antineoliberales habrá que contar con políticas y políticos antineoliberales.

Pues bien, si hacemos una convergencia entre las fuerzas sociales y políticas antineoliberales podremos vencer, gobernar y así cambiar, Que influyendo solo ya no se cambia nada. Llevo muchos años influyendo y estoy ya harto de influir, quiero contribuir a la construcción de una política diferente y social. Deseo que este Estado vuelva a ser soberano y eso exige políticas diferentes.

Pero también hay que dejar muy claro, que será difícil y duro. Las oligarquías y la plutocracia dominante se opondrán y le harán la vida imposible al gobierno del pueblo y para el pueblo. Claro, eso puede dar miedo. Porqué también hay que hacer política para zarandear a los que están muy cómodos siendo oposición y solo oposición. Se vive más tranquilo y además como una cosa es predicar y otra dar trigo, si no se gobierna uno nunca se equivoca.

A las víctimas de la crisis, las personas paradas, desahuciadas, estafadas y sin futuro, nos hace falta otro gobierno, otras fuerzas políticas nuestras -“los nuestros”- e implementar todo lo que estamos escribiendo que vamos a hacer.

Por eso hay personas que, tras años de movimientos sociales, estamos diciendo si, si no fuera por esos movimientos ahora no tendríamos discurso ni alternativas, pero ha llegado la hora de volver a hacer política. Aunque como los partidos sistémicos y dinásticos no nos dejan, pues montemos nuestras propias fuerzas socio-políticas y logremos el Frente Amplio de la gente y el espíritu nuevo que nos conduzca a la política-realidad y arrojemos a la basura a los profesionales que en estos últimos quince años nos han hundido en la miseria, por inútiles, corruptos muchos de ellos, demasiados y carentes de ideas alternativas.

Hay que construir la izquierda, en mi opinión. Yo no caeré en la confusión de que todos son iguales, no lo haré, pero tampoco en la idea falsa y postmoderna de que no hay ya clases ni diferencias ideológicas. Además, si les dejamos la política a los mismos, aunque sean sus cachorros, se reirán de nosotras y nosotros y volverán a hacer lo mismo.

Esto de alcanzar el triunfo de la causa social, más democracia y el reparto, es cosa de todas y todos, no solo de profesionales.