Ciencia Social desde la resistencia antineoliberal

Recomiendo este elaborado articulo de Armando F. Steinko.

Democracia econ贸mica, n煤cleo de una estrategia antineoliberal

Armando Fern谩ndez Steinko

La reivindicaci贸n de una democratizaci贸n de la econom铆a y de la empresa aparece de forma regular en los momentos de crisis del capitalismo y de su sistema pol铆tico. Los movimientos obreros y socialistas de uno y de otro signo las pusieron desde el principio en su lista de reivindicaciones y como parte de una apuesta pol铆tica m谩s amplia destinada a crear una sociedad solidaria(1). Esta estrategia es plenamente actual: no hay posibilidad de crear una democracia pol铆tica sostenible m谩s o menos perfecta, si no va acompa帽ada de alguna forma de democracia econ贸mica y empresarial. Esta conclusi贸n se hizo patente tras la segunda guerra mundial y explica los grandes pactos sociales de la posguerra. Aunque para abordar la aportaci贸n que puede hacer esta reivindicaci贸n en el actual contexto de crisis financiera hay que ponerse de acuerdo en su diagn贸stico.

El neoliberalismo como proyecto antidemocr谩tico

La actual crisis resulta del intento de responder con pol铆ticas de oferta al estancamiento de la acumulaci贸n de los a帽os sesenta y setenta del pasado siglo. Desde principios de los a帽os 1980 los pa铆ses capitalistas desarrollados vienen aplicando congelaciones de los salarios reales y reducciones impositivas a los propietarios de los medios de producci贸n con el fin de darle un renovado impulso a la acumulaci贸n. Como consecuencia de ello, se han ido acumulando grandes cantidades de riqueza ociosa en las manos de los sectores privilegiados de la sociedad. La desregulaci贸n de los mercados financieros, con su inevitable ola de especulaci贸n financiera, pretend铆a compensar el estancamiento del consumo provocado por las reducciones salariales. Para ello se opt贸 por crear las condiciones para que sectores importantes de la poblaci贸n pudieran completar unos ingresos cada vez m谩s escasos procedentes del trabajo con rentas financieras e inmobiliarias y naturalmente tambi茅n para que los sectores privilegiados de la sociedad pudieran revalorizar sus activos. El objetivo de impulsar un nuevo ciclo sostenible de acumulaci贸n no acab贸 de alcanzarse y s贸lo en la segunda mitad de los a帽os 1990 se produjo una recuperaci贸n temporal rese帽able del crecimiento y del empleo en los EEUU (“renacimiento econ贸mico norteamericano”), recuperaci贸n que sirvi贸 para forzar a煤n m谩s la desregulaci贸n financiera. El coste a medio plazo de esta pol铆tica fue la incubaci贸n de una crisis fiscal estructural. El desv铆o de dinero p煤blico para salvar a los bancos quebrados a partir de 2008 precisamente debido a las actividades especulativas impulsadas por dichas pol铆ticas econ贸micas, ha terminado por provocar la quiebra del Estado del bienestar y la anulaci贸n de facto de los grandes consensos de la postguerra.

Es importante recordar que el ciclo que comienza hacia 1980 (鈥渘eoliberalismo鈥) es una respuesta no democr谩tica a la mencionada crisis de sobreacumulaci贸n. Esta respuesta se impuso frente a las propuestas de 鈥渁rriesgar m谩s democracia鈥 con la que, en los a帽os setenta la izquierda propon铆a salir de la crisis. 鈥淢谩s democracia鈥 habr铆a significado, tanto en aquel momento como tambi茅n en este, una intervenci贸n de la sociedad civil, a trav茅s de los poderes p煤blicos y de la propia ciudadan铆a, en la gesti贸n empresarial y la definici贸n del rumbo econ贸mico de las sociedades. En algunos pa铆ses se ensayaron algunos pasos en esa direcci贸n. En Alemania Federal la Ley de Codeterminaci贸n de 1976 qued贸 en parte desnaturalizada por la impugnaci贸n de la derecha pero fue un paso importante en esta direcci贸n. En Suecia la Ley sobre Democracia Industrial de 1976 y la propuesta de Fondos de los Asalariados, fueron m谩s all谩 aunque tampoco en este caso consiguieron imponerse tal y como hab铆an sido formuladas en sus inicios. El Informe Bullock (1977), que era una propuesta bien razonada para ciudadanizar la gesti贸n de las empresas brit谩nicas con m谩s 2.000 empleados, se estrell贸 contra la victoria electoral de Margaret Thatcher y la oposici贸n arcaizante de un sector de los sindicatos(2).

Espa帽a llega a la crisis de sobreacumulaci贸n de los a帽os setenta con un sistema empresarial particularmente autocr谩tico y una poblaci贸n activa poco cualificada. La precariedad de las pol铆ticas educativas del R茅gimen y las consecuencias a largo plazo de la destrucci贸n del trabajo cualificado durante y despu茅s de la guerra civil, les rest贸 a las empresas espa帽olas mucha capacidad para adaptarse en poco tiempo a los retos competitivos de finales de los a帽os 1970. El resultado fue el aumento de la tasa de desempleo y su cronificaci贸n hasta alcanzar los 铆ndices m谩s altos de todos los pa铆ses de la OCDE. A pesar de ello, los gobiernos democr谩ticos fueron reticentes a intervenir en el espacio de las empresas cancelando incluso cualquier forma de pol铆tica industrial activa. Y esto, a pesar de tres factores que lo habr铆an hecho no s贸lo necesario sino tambi茅n posible: a.) que la Constituci贸n de 1978 reza que 芦Los poderes p煤blicos promover谩n eficazmente las diversas formas de participaci贸n en la empresa y fomentar谩n, mediante una legislaci贸n adecuada, las sociedades cooperativas. Tambi茅n establecer谩n los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producci贸n禄 (art. 129.2); b.) que numerosos estudios demostraban y demuestran que la eficiencia, sobre todo si se entiende en un sentido amplio y sostenible es, por lo general, mayor en las empresas democr谩ticas que en las autocr谩ticas(3): la democratizaci贸n del espacio empresarial habr铆a colocado el sistema productivo del pa铆s en mejores condiciones y le habr铆a dado m谩s capacidad para financiar un Estado del Bienestar pol铆ticamente impostergable sin tener que recurrir al endeudamiento; c.) que existe una rica experiencia de cooperativismo cuya generalizaci贸n en todo el Estado habr铆a permitido reforzar el tejido productivo y la propia andadura democr谩tica del pa铆s, as铆 como avanzar en la conformaci贸n de una identidad democr谩tica compartida entre todas sus nacionalidades. En consecuencia: el desempleo, que desde 1982 no ha bajado nunca del 8%, s贸lo se ha conseguido reducir temporalmente y a costa de una destrucci贸n inmensa de recursos no renovables (capitalismo popular inmobiliario), de recursos subjetivos (precarizaci贸n laboral), de la autonom铆a financiera del pa铆s (endeudamiento) y de la degradaci贸n de sus cuentas p煤blicas (proliferaci贸n del trabajo sumergido destinado a compensar la falta de trabajo no sumergido). En este sentido, el colapso financiero tambi茅n es una consecuencia indirecta del rodeo que hicieron aquellos primeros gobiernos democr谩ticos alrededor de las empresas, de haberlas mantenido intactas.

No es casualidad que la principal oposici贸n en todo el mundo a una salida democr谩tica a la crisis de sobreacumulaci贸n procediera de los patronos. Con raz贸n intu铆an que habr铆an generado una erosi贸n de un principio capitalista sacrosanto: el monopolio de la propiedad en la gesti贸n de las empresas, la exclusi贸n de ciudadanos y productores de las grandes decisiones econ贸micas y empresariales y, en consecuencia, la redefinici贸n de las grandes pol铆ticas econ贸micas y sociales. Y as铆 lo hicieron valer en sus impugnaciones legales de las leyes europeas de democratizaci贸n empresarial que se fueron sucediendo en esos a帽os. En realidad, el proyecto de salida neoliberal a la crisis de sobreacumulaci贸n se basaba en la reducci贸n de la participaci贸n democr谩tica a su m铆nima expresi贸n (鈥渕inimalismo democr谩tico鈥) o en la liquidaci贸n de la democracia parlamentaria cuando fuera necesario. Los diversos experimentos neoliberales tienen en com煤n justamente esto: la erosi贸n democr谩tica en sus diferentes formas. El golpe de Estado contra el gobierno de Allende, que hab铆a puesto en marcha importantes medidas de democracia industrial, acab贸 incluso con la democracia pol铆tica(4). En los pa铆ses de Europa occidental esta erosi贸n qued贸 mitigada hasta el inicio de la gran recesi贸n de 2008 por la inercia de los grandes pactos pol铆ticos de la postguerra. Pero tambi茅n estos fueron cediendo poco a poco con cada medida de pol铆tica monetarista y neoliberal. Hoy, ya hay varios pa铆ses en Europa que no son gobernados por poderes elegidos democr谩ticamente, que vienen un estado de excepci贸n latente.

Maastricht como motor restaurador

En este caminar hacia un neoliberalismo cada vez m谩s puro y consecuente fue decisivo el Tratado de Maastricht. El proyecto de integraci贸n monetaria sin integraci贸n fiscal y pol铆tica, que sancionar铆a los intereses de aquellos pa铆ses mejor preparados para exportar 鈥損or ejemplo debido al desarrollo de pol铆ticas industriales activas y sostenidas por parte de sus gobiernos鈥 a costa de los menos preparados resulta decisivo en esta andadura. Fue creando una Europa cada vez m谩s desigual que s贸lo se podr铆a conseguir con una econom铆a y unas finanzas cada vez m谩s inmunes a la voluntad del conjunto de los ciudadanos europeos. El alejamiento de las decisiones sobre pol铆tica econ贸mica, infraestructuras o alimentarias que le conciernen a la ciudadan铆a, as铆 como la ausencia de una articulaci贸n democr谩tica de las pol铆ticas comunitarias (autonom铆a del Banco Central Europeo, falta de poder del Parlamento Europeo, etc.) son sus principales razones. Pero tambi茅n la concentraci贸n de muchas de estas decisiones en un lugar 鈥揃ruselas鈥 en el que el (gran) poder econ贸mico tiene m谩s capacidad de influir que los propios ciudadanos, estos 煤ltimos mucho peor organizados, m谩s dispersos y provistos de muchos menos recursos econ贸micos. Explica la implantaci贸n de las pol铆ticas econ贸micas insolidarias que ahora sufren las poblaciones de todos los pa铆ses europeos debido a los dr谩sticos recortes sociales y salariales, y cuyo objetivo es precisamente que las empresas nacionales puedan competir mejor con las de otros pa铆ses europeos. Estas pol铆ticas, por medio de las cuales los m谩s fuertes se imponen a los m谩s d茅biles, explican la acumulaci贸n de desequilibrios comerciales entre el norte y el sur hasta alcanzar niveles insostenibles. La consecuencia de estos desequilibrios comerciales es el sobreendeudamiento del sur con los bancos de Centroeuropa y la imposibilidad de varios gobiernos de devolver el dinero prestado y de seguir financi谩ndose en los mercados financieros. Sin la erosi贸n paralela de los sistemas pol铆ticos nacionales (aumento de la abstenci贸n, autonom铆a creciente de los elegidos de los electores, cauces de delegaci贸n cada vez m谩s largos, liquidaci贸n de los espacios de opini贸n p煤blica no dependientes de intereses econ贸mico-medi谩ticos, etc.) no se habr铆a podido llegar a esta situaci贸n: las alarmas habr铆an sonado mucho antes, las alternativas habr铆an podido ser discutidas en el espacio de la opini贸n p煤blica, y los intereses a largo plazo de las poblaciones europeas habr铆an quedado mejor garantizados.

Democracia econ贸mica como estrategia para un cambio global

Todo esto demuestra que la estrategia democr谩tica es y ha sido siempre una pieza esencial de cualquier dise帽o de sociedad democr谩tica. El elemento democr谩tico no puede ser un condimento externo para darle legitimidad a un sistema pol铆tico y econ贸mico en el que se toman las grandes decisiones a espaldas de la ciudadan铆a. O para utilizar la implicaci贸n de los trabajadores con el fin de forzar a煤n m谩s la competencia entre empresas, territorios y pa铆ses sacrificando las relaciones cooperativas. Hay formas de entender la democracia econ贸mica y empresarial que van en este 煤ltimo sentido. Por ejemplo el co-management y la estrategia sindical del corporativismo para la competitividad fijada en el Tratado de Lisboa a propuesta de los sectores m谩s conservadores del movimiento obrero europeo. Esta estrategia frena la articulaci贸n de una oposici贸n internacional a la destrucci贸n del llamado 鈥渕odelo social europeo鈥 y, tras el cambio de ciclo de 2008, bloquea los intentos de respuesta coordinada de todo el movimiento obrero europeo contra las pol铆ticas de liquidaci贸n de dicho modelo(5).

La nueva estrategia de democracia econ贸mica -y empresarial- no puede agotarse, por tanto, en la democratizaci贸n del espacio micro (por ejemplo los puestos de trabajo, o reparto de resultados econ贸micos de la empresa) cuando esta se convierte en una pieza m谩s de un gran y abarcador mosaico neoliberal. En este caso acaba siendo funcional al mismo, pierde su potencial democr谩tico y emancipador a煤n cuando pase efectivamente por el aumento de la participaci贸n de los trabajadores en la gesti贸n de algunos aspectos de la actividad empresarial. Por el contrario, tiene que convertirse en parte de un programa m谩s general destinado a crear un orden econ贸mico y empresarial solidario y cooperativo dentro y entre los territorios, as铆 como social y ambientalmente sostenible. Se trata, en definitiva, de un programa para la participaci贸n ciudadana en la regulaci贸n de la econom铆a, y de una forma de participaci贸n en la actividad productiva entendida como una pieza (鈥渕icro鈥) de un proyecto m谩s amplio (鈥渕acro鈥) de transformaci贸n social.

De abajo a arriba y de arriba a abajo

Se asentar铆a en dos pilares: la creaci贸n de circuitos econ贸micos locales (鈥渄esglobalizaci贸n parcial鈥: Walden Bello) y el redimensionamiento y la regulaci贸n del sistema financiero poni茅ndolo al servicio de las necesidades de la econom铆a productiva. Las dos se complementan. Los espacios econ贸micos locales facilitan el acercamiento del sistema empresarial a la satisfacci贸n de las necesidades de los ciudadanos, lo cual estimula el empleo de procedimientos democr谩ticos dentro de las empresas con el fin de trasladar de forma eficiente estas necesidades a dise帽os, planos y calendarios de producci贸n, a la gesti贸n de personal, de los tiempos etc. Sin embargo, dadas las extraordinarias dimensiones de los mercados financieros, su regulaci贸n s贸lo puede alcanzarse hoy con ayuda de un gran paraguas institucional consensuado internacionalmente. La experiencia de las cajas de ahorro espa帽olas demuestra que no es posible hacer una cosa sin la otra. Dichas Cajas son los 煤nicos espacios empresariales en Espa帽a en los que la ciudadan铆a tiene representaci贸n en los consejos de administraci贸n. Han funcionado durante m谩s de 150 a帽os de forma ejemplar para desarrollar proyectos locales al servicio de las necesidades de los ciudadanos, necesidades que no fueron cubiertas durante d茅cadas por un Estado insensible a las demandas de los territorios y las clases m谩s necesitados. Su exposici贸n a la gran econom铆a financiarizada por la que apuestan de facto todos los gobiernos espa帽oles a partir de 1985 para abordar el problema del paro estructural -el gran c谩ncer de dichas comarcas- y para asegurar la prestaci贸n de servicios p煤blicos municipales, las ha arrojado a la quiebra, no sin antes haber protagonizado numerosos casos de corrupci贸n local.

Una regulaci贸n democr谩tica de las finanzas globales resulta imprescidible para que puedan prosperar los espacios locales de democratizaci贸n econ贸mica y empresarial basados en, en buena medida, en una expansi贸n de la demanda interna. Esto obliga a seguir tom谩ndose en serio los espacios 鈥渕acro鈥 de intervenci贸n ciudadana en la econom铆a. Estos espacios macro s贸lo se pueden articular democr谩ticamente a trav茅s de la delegaci贸n del voto y de la vinculaci贸n entre competencia t茅cnica, fidelidad a una serie de principios morales y pol铆ticos, y sistemas eficientes de control ciudadana de la acci贸n de los elegidos. Es verdad: los espacios micro de participaci贸n son los id贸neos para la articulaci贸n de la participaci贸n directa de los ciudadanos en los asuntos econ贸micos y empresariales que les conciernen, pero no aseguran por s铆 mismos un orden democr谩tico sostenible. Todo lo contrario. Debido precisamente a que la participaci贸n tiende a hacer m谩s eficientes a las empresas (ver arriba), aquella puede puede servir tambi茅n para afianzar pol铆ticas neocompetitivas de base territorial como suceden en Espa帽a, Italia o Alemania. Su objetivo es crear o salvar puestos de trabajo en los territorios propios a costa de quit谩rselos al que tienen al lado, una pol铆tica que est谩 en la ra铆z de los desequilibrios comerciales acumulados en Europa (ver arriba). Los consejos econ贸micos sociales de 谩mbito local y comarcal dotados de poderes reales o la creaci贸n de un sector bancario municipal y cooperativo que recoja el ahorro de los ciudadanos para destinarlo a actividades codecididas por los propios depositantes, pueden cumplir una importante funci贸n mediadora entre los espacios 鈥渕acro鈥 y los 鈥渕icro鈥. Pero al mismo tiempo hacen faltan sistemas de regulaci贸n de dimensi贸n estatal y europeo-continental destinados a controlar el apalancamiento de las instituciones financieras 鈥搃ncluidas las cajas鈥, a crear agencias p煤blicas de calificaci贸n, a restringir el mercado de fondos hedge, etc.

El objetivo, por tanto, no puede ser una especie de neolocalismo sin m谩s. El reto es articular una relaci贸n democr谩tica que funcione con eficiencia tanto en el plano continental y mundial, como en el plano local. Aunque la noci贸n de 鈥渆ficiencia鈥 debe ser sometida a una profunda revisi贸n: ya hay muchas experiencias que van en este sentido. La nueva forma de entender la eficiencia no deber circunscribirse s贸lo a su dimensi贸n econ贸mica. Por el contrario la eficiencia econ贸mica debe ser ampliada y contrastada con otras 鈥渆ficiencias鈥 (por ejemplo la ambiental, la social etc.) y adem谩s debe ampliarse tambi茅n el horizonte temporal, espacial e institucional del c谩lculo destinado a medirlas: lo que puede ser rentable a corto plazo para una empresa individual puede resultar ruinoso a largo plazo para la comarca o la sociedad en su conjunto y/o a largo plazo. Los n煤meros s贸lo reflejar谩n esta eficiencia compleja y global si se trabaja con sistemas de indicadores integrados o 鈥減olicrom谩ticos鈥, es decir, rojos, verdes, violetas, azules etc.(7). Cuando no se hace as铆, la cuantificaci贸n de la eficiencia deja fuera todo aquello que sufre un desgaste, o incluso una destrucci贸n irreversible: la 鈥渆ficiencia micro鈥 se libra a las espaldas de la 鈥渆ficiencia global鈥, de los bienes colectivos y de otros.

Si tenemos en cuenta las enormes necesidades de financiaci贸n requeridas para recomponer el sistema productivo, energ茅tico y de transportes de la mayor铆a de los pa铆ses, a los que se suman las necesidades 鈥揳煤n m谩s grandes si cabe- de creaci贸n de empleo en un pa铆s como Espa帽a, as铆 como el contexto financiero internacional, parece aventurado 鈥揳l menos en este momento: el futuro se muestra imprevisible鈥 apostar por la vuelta a una moneda nacional como sugieren algunos autores. Su argumento es leg铆timo y tienen, sobre todo, un contenido democr谩tico: los bancos centrales nacionales son espacios m谩s pr贸ximos y, por tanto, potencialmente m谩s permeables a las necesidades de sus poblaciones(6). Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta las extraordinarias dimensiones que han adquirido los mercados financieros y su potencial desestabilizador de las pol铆ticas econ贸micas alternativas. Es verdad: la actual moneda 煤nica forma parte del proyecto neoliberal acordado en Maastricht. Pero esto no anula las importantes ventajas que representa, sobre todo para los pa铆ses m谩s d茅biles y endeudados como los del sur de Europa, el poder disponer de una moneda compartida para abordar un proyecto como el que estamos esbozando en medio de un sistema financiero internacional altamente agresivo y poderoso. Naturalmente: las cosas pueden cambiar muy r谩pido. Pero hoy por hoy la focalizaci贸n de la estrategia democr谩tica en la salida del euro refleja una simplificaci贸n del fen贸meno democr谩tico. En la actual situaci贸n, la democracia econ贸mica no se puede ejercer s贸lo en el plano micro o nacional, especialmente cuando se trata de naciones peque帽as o muy peque帽as. Por eso hay que reflexionar tambi茅n sobre la construcci贸n de un modo de regulaci贸n de las finanzas internacionales que -al menos- limite la destrucci贸n que pueden provocar los enormes excedentes financieros que hoy deambulan por el mundo en busca de una colocaci贸n r谩pida y rentable. Es verdad: la Europa de Maastricht ha sido la excusa para colocar a la econom铆a en un limbo (a煤n m谩s) antidemocr谩tico. Pero el abandono de la carta europea y la identificaci贸n de Maastricht con la existencia de una moneda 煤nica no hace 鈥揳l menos hoy por hoy鈥 no m谩s, sino menos realista un proyecto de democracia econ贸mica y empresarial incluso o precisamente cuando este apuesta por darle un protagonismo especial a losespacios de socializaci贸n m谩s locales y pr贸ximos a la ciudadan铆a.

Algunas cuestiones a tener en cuenta

Hay algunos aspectos que no habr铆a que perder de vista en este contexto. Muchos de ellos han sido recurrentes en las experiencias anteriores y tambi茅n lo ser谩n, de una forma o de otra, en el futuro.

1. La聽formaci贸n聽de los ciudadanos-productores. Hoy los ciudadanos tienen unos niveles de formaci贸n mucho m谩s altos y est谩n mucho mejor informados que en d茅cadas pasadas. En aquellos a帽os personas con un acceso privilegiado a la cultura (llamadas a veces 鈥渧anguardias鈥) hablaban en nombre de ciudadanos con pocos recursos. Esto generaba sistemas de participaci贸n basados en cauces de delegaci贸n cada vez m谩s largos, cuya raz贸n de ser 煤ltima no era t茅cnica sino la enorme desigualdad en el acceso a los recursos culturales. Hoy se dan mejores condiciones subjetivas para regular la econom铆a y la actividad productiva de otra forma. La condici贸n es que las mayor铆as est茅n continuamente aprendiendo en sus empresas y en su entorno de vida, que vivan y trabajen en organizaciones 鈥渆n estado continuo de aprendizaje鈥(8). Pero otra condici贸n es tambi茅n que no tengan que dedicar una parte sustancial de su energ铆a y de su tiempo a luchar por satisfacer sus necesidades m谩s elementales: la reducci贸n de la jornada y una m铆nima estabilidad en el empleo son condiciones insoslayables para la creaci贸n de un orden democr谩tico tambi茅n en el campo de la econom铆a y la gesti贸n de las empresas.

2. La聽crisis ambiental hace urgente la necesidad de reconvertir el sistema de producci贸n y de consumo. Las empresas y sus productores tienen que definir una nueva relaci贸n con la sociedad, el medioambiente y los consumidores finales. No todo est谩 permitido por muy rentable econ贸micamente que sea, ya no es asumible un choque entre el subsistema econ贸mico y el subsistema ambiental, laboral etc.. La forma m谩s operativa para llevar a cabo una reconversi贸n tan compleja, y en la que el subsistema econ贸mico est茅 equilibrado con el resto, es creando mecanismos de relaci贸n directa entre productores y consumidores, entre trabajadores y ciudadanos. Los ingenieros tienen que dise帽ar sistemas y subsistemas de productos partiendo de las necesidades formuladas por los propios consumidores finales, contrast谩ndolas con las necesidades del conjunto de la poblaci贸n, del territorio y del medioambiente, encontrando soluciones t茅cnicas que nazcan de estas formulaciones. As铆, las estrategias de obsolescencia programada 鈥揷uyo objetivo es acortar el per铆odo de duraci贸n de un producto con el fin de estimular la compra de uno nuevo(9)- deben dar paso a otros criterios para definir productos y procesos m谩s duraderos que, a su vez, requerir谩n de la creaci贸n de muchos m谩s puestos de trabajo de reparaci贸n y mantenimiento, la mayor铆a de ellos cualificados. Los productos fabricados no deben atender s贸lo o preferentemente a las necesidades de revalorizaci贸n de los capitales individuales sino que, adem谩s, tienen que adaptarse a las necesidades de la sociedad y de la naturaleza en su conjunto, dar pie a procesos productivos sostenibles. Pero sostenibles no s贸lo en lo ambiental. Adem谩s, los planes de producci贸n y la organizaci贸n de las cadenas de valor a帽adido tienen que fomentar un 鈥渢rabajo bueno鈥, un trabajo en el que el esfuerzo f铆sico y sobre todo s铆quico no sobrepasen la capacidad del ciudadano de repararlos y mantenerlos a raya etc. (鈥渋ndicadores rojos鈥: ver arriba).

3. El problema de la聽propiedad聽seguir谩 siendo determinante. Sin embargo sus diversas formas y mixturas deben valorarse en funci贸n de la participaci贸n ciudadana en las nuevas formas de producir y de decidir sobre el rumbo econ贸mico general, as铆 como de su contribuci贸n a una noci贸n compleja, amplia y sostenible de eficiencia. Los experimentos de democracia econ贸mica, tal y como se plantearon en el per铆odo fordista tanto en los pa铆ses capitalistas como, por ejemplo, en la Rep煤blica Democr谩tica Alemana de la d茅cada de los a帽os 1960, no exploraron ni pol铆tica, ni t茅cnica, ni cultural y ni mucho menos econ贸micamente esta conexi贸n. Reposaban en la definici贸n de una relaci贸n mec谩nica entre democracia y nacionalizaci贸n/empresa estatal que no inclu铆a la articulaci贸n de mecanismos para que la ciudadan铆a pudiera codecidir, por ejemplo, sobre la nueva funcionalidad 鈥搒ocial, ambiental, laboral- de las empresas p煤blicas o nacionalizadas, sobre la adaptaci贸n de su organizaci贸n a los recursos subjetivos de sus trabajadores, con la esfera reproductiva, el entorno local etc. Aquellas iniciativas tambi茅n mostraron una incapacidad importante de vincular los intereses individuales y subjetivos de los productores activos en las empresas nacionalizadas, con el rumbo econ贸mico general de las comarcas, de las regiones y de los pa铆ses de las que formaban parte, casi siempre subsumi茅ndolos a estos 煤tlimos. Esto no s贸lo provoc贸 el debilitamiento de las izquierdas, en el caso de la Rep煤blica Democr谩tica Alemana de la frustraci贸n de los experimentos reformistas impulsados por Walter Ulrich en la primera mita de los a帽os 1960(10). Su consecuencia a largo plazo fue la ampliaci贸n del campo ideol贸gico del neoliberalismo que lanzaba un mensaje de iniciativa y emancipaci贸n personal a una ciudadan铆a cada vez m谩s instruida y menos dada a aceptar estilos autocr谩ticos de cualquier signo. Esta invitaci贸n neoliberal a una mayor implicaci贸n y realizaci贸n personal en el trabajo fue f谩cilmente incorporable al nuevo discurso microecon贸mico neoliberal basado en pol铆ticas de oferta. El resultado fue 鈥搚 sigue siendo. la proliferaci贸n de 鈥淵o SAs鈥, de empresas reales o virtuales en la que el individuo se convierte en 鈥渆mpresario鈥 de s铆 mismo y empieza a pensar y a sentirse como tal. La individualizaci贸n general de las relaciones de empleo y el aumento de los peque帽os empresarios y de los aut贸nomos se extendieron r谩pidamente por todo el tejido social reforzando la hegemon铆a del neoliberalismo a costa de las propuestas empresariales de ra铆z solidaria y cooperativa. Esta situaci贸n todav铆a no forma parte del pasado: si no se le da a la subjetividad nacida de los cambios sociales, culturales y tecnol贸gicos de las 煤ltimas d茅cadas una salida solidaria tambi茅n en el plano empresarial (individuaci贸n de las relaciones sociales), dicha subjetividad seguir谩 optando por una salida insolidaria (individualizaci贸n de las relaciones sociales) y el potencial emancipador generado por la din谩mica hist贸rica del capitalismo quedar谩 desaprovechado.

4. El聽tama帽o聽de muchas empresas tradicionales, que inclu铆a la generaci贸n 鈥渆n casa鈥 de un elevado porcentaje de valor a帽adido, ha sido desplazado por un modelo empresarial mucho m谩s disperso en el espacio, m谩s especializado y m谩s dependiente del entorno territorial basado. Se basa en una mayor divisi贸n del trabajo entre empresas y en una disminuci贸n del valor a帽adido generado por cada una de ellas. Esta situaci贸n reduce la autonom铆a de las empresas individuales, las hace depender m谩s y m谩s de las regiones en las que est谩n encavadas, de otras empresas, de las infraestructuras creadas entre ellas. Pero tambi茅n socava la visi贸n estrictamente indivual-microecon贸mica de los procesos productivos. Por otro lado obliga a tener una visi贸n m谩s de conjunto de los sistemas productivos, permite y obliga a 鈥減olitizar鈥 el territorio mismo pues es aqu铆, en el espacio extra- e interempresarial, donde se toman cada vez m谩s decisiones que afectan a las empresas y a las cadenas de valor a帽adido de las que forman parte. En realidad, la producci贸n en el capitalismo contempor谩neo est谩, de facto, en buena medida 鈥渟ocializada鈥 ya en muchos aspectos importantes como este, lo cual fomenta el acercamiento entre los intereses de los ciudadanos y de los productores. El municipio y las mancomunidades, dos espacios ideales para del desarrollo de formas directas de participaci贸n, tienden a ganar peso en los nuevos sistemas productivos. Aunque siempre y cuando queden vinculados a espacios institucionales m谩s amplios que apoyen los procesos democr谩ticos con pol铆ticas macroecon贸micas inspiradas en principios solidarios y sostenibles en lo ambiental y laboral.

Conclusi贸n: la superaci贸n del modelo secuencial

La democracia econ贸mica y empresarial ha sido un protagonista central de las experiencias de democratizaci贸n. Ni la historiograf铆a, ni la ciencia pol铆tica y mucho menos a煤n la econom铆a, han tenido lo suficientemente en cuenta su importancia como precondici贸n para la consolidaci贸n de un tejido democr谩tico s贸lido y sostenible(11). Y ello, a pesar de que el desdoblamiento entre democracia pol铆tica por un lado, y democracia econ贸mica y empresarial, por otro, forma el n煤cleo del proyecto de democracia minimalista propio de las 鈥渟ociedades burguesas鈥 tal y como fueron criticadas por los movimientos socialistas del siglo XIX.

El concepto de 鈥渄emocracia social鈥 es una especie de compromiso que deja fuera el derecho de los ciudadanos a seguir si茅ndolo tambi茅n en el 谩mbito de la empresa, sea p煤blica o privada. Lo que se entiende por 鈥渄emocracia social鈥 es, por tanto, de naturaleza secuencial y refleja el pacto pol铆tico de la postguerra: la izquierda 鈥揺n aquellas fechas una socialdemocracia fuertemente comprometida con el capitalismo y la guerra fr铆a鈥 acepta reconocer el monopolio de la propiedad en la gesti贸n de los medios de producci贸n, aunque a cambio de que dicha propiedad se comprometa a colaborar con un sistema impositivo progresivo destinado a financiar un Estado del Bienestar. Es secuencial porque propone, primero generar la riqueza y los valores de uso sobre bases no democr谩ticas y cada vez m谩s tecnocr谩ticas, aunque admite que despu茅s y en un segundo paso se reparta el excedente siguiendo procedimientos democr谩ticos fuertemente delegadotes, es decir, a trav茅s de partidos pol铆ticos que se disputan los esca帽os en elecciones parlamentarias. El llamado modelo social europeo es, sin duda, un gran avance hist贸rico que hay que seguir defendiendo pues por primera vez le dio a las clases populares el derecho a beneficiarse del crecimiento econ贸mico y, de alguna forma, permite que la ciudadan铆a no tenga que dedicar toda su energ铆a vital y todo su tiempo a satisfacer sus necesidades m谩s perentorias e inmediatas. Sin embargo es un modelo muy vulnerable en t茅rminos democr谩ticos y genera problemas de legitimidad a medida enque aumenta el nivel general de instrucci贸n de la poblaci贸n. La raz贸n es que se basa en la exclusi贸n de la ciudadan铆a justamente de aquellos espacios en los que se toman las grandes y peque帽as decisiones empresariales, espacios en los que s贸lo se admiten formas muy indirectas y diluidas de participaci贸n ciudadana. No hay ning煤n lugar donde esto se ponga de manifiesto de forma m谩s clara que en el de la econom铆a y de la empresa. Las formas de participaci贸n delegadoras son f谩cilmente transformables en la exclusi贸n completa y sistem谩tica de una ciudadan铆a que sin embargo est谩 cada vez m谩s capacitada para intervenir activamente en la gesti贸n econ贸mica y empresarial. La autonomizaci贸n de los elegidos con respecto a los votantes (por ejemplo alegando razones t茅cnicas) acaba siendo inevitable lo cual erosiona la legitimidad del sistema pol铆tico en su conjunto al dar v铆a libre para que las decisiones econ贸micas y empresariales se queden completamente fuera de la participaci贸n ciudadana. Adem谩s crea una cultura que desincentiva al ciudadano de participar en la cogesti贸n de los asuntos econ贸micos y abona el campo para que sean los poderes econ贸micos los que monopolicen los procesos de toma de decisiones a trav茅s de lobbies, fundaciones o por medio de su participaci贸n directa en los gobiernos (empresarios que se convierten en ministros, etc.). La exclusi贸n de los ciudadanos-trabajadores de las grandes decisiones empresariales, que mantiene as铆 intacto el poder de la propiedad en el acceso a los medios de producci贸n, acaba provocando una autonomizaci贸n de la econom铆a y de las empresas con respecto a la sociedad civil y la ciudadan铆a, por mucho que los (neo)liberales insistan en incluir a las empresas privadas dentro de la categor铆a de la “sociedad civil”. Este monopolio en el tratamiento de los grandes y peque帽os asuntos econ贸micos y empresariales contribuye a erosionar la democracia en su conjunto pues sit煤a a la econom铆a y a la sociedad toda al servicio de los intereses empresariales privados. El proyecto neoliberal es la cr贸nica de esta fagocitaci贸n. Como hemos visto este 煤ltimo pas贸 a la ofensiva en muchos pa铆ses europeos hacia finales de los a帽os 1970 como una primera respuesta empresarial a los intentos de ciudadananizar el espacio de la producci贸n y del trabajo asalariado. Este ataque inicial de contenido empresarial acab贸 transform谩ndose despu茅s en el intento de poner toda la econom铆a y toda la sociedad al servicio de los grandes intereses privados, es decir, acab贸 transform谩ndose en una erosi贸n de la propia democracia pol铆tica, incluso en su versi贸n delegadora e indirecta contenida en el proyecto de “democracia social”.

Todo esto permite proponer dos conclusiones: a.) la crisis del neoliberalismo es la crisis de un modelo de organizaci贸n social basado en la erosi贸n de la democracia en su conjunto y no s贸lo de la democracia econ贸mica. Esta erosi贸n se produjo en varias etapas. Primero vino la erosi贸n de la democracia empresarial, luego la de los espacios de participaci贸n indirecta 鈥揺s decir a trav茅s de elecciones parlamentarias- en la definici贸n de las grandes pol铆ticas econ贸micas. A largo medio y largo plazo este proceso llev贸 a la erosi贸n de la propia democracia pol铆tica, incluso en su versi贸n m谩s diluida pues el sistema parlamentario es utilizado para poner en marcha pol铆ticas basadas, no en el inter茅s general sino en intereses parpticulares; y b.): la configuraci贸n de otro modelo econ贸mico y pol铆tico tiene que abordar el problema de la democratizaci贸n tambi茅n de los espacios de la econom铆a y de la empresa. S贸lo si los productores siguen siendo ciudadanos tambi茅n en los espacios donde desarrollan su trabajo y se vinculan a espacios de participaci贸n 鈥揹irecta y delegada- en los que pueden codecidir tambi茅n sobre el rumbo de la econom铆a general es posible asegurar a largo plazo incluso la propia democracia pol铆tica. El fen贸meno democr谩tico ha de ser tratado, por tanto, como un todo integrado e indivisible si se pretende que sea sostenible, que dure y que se consolide. Las experiencias que dos generaciones de ciudadanos han venido acumulando con el modelo neoliberal vuelven a demostrar que s贸lo esta forma de vivir la democracia permite alterar el poder estructural que se da en el seno de las sociedades capitalistas, incluidas las propias correlaciones del poder pol铆tico.


Notas

1. A. Fern谩ndez Steinko, Experiencias participativas en econom铆a y empresa. Tres ciclos para domesticar un siglo, Siglo XXI, Madrid, 2001.

2. Id pp 355ss.

3. Ver, por ejemplo, D. Schweickart, M谩s all谩 del capitalismo, Sal Terrae, Santander, 1997. Para el sector espa帽ol de la maquinaria mec谩nica A. Fern谩ndez Steinko, Continuidad y ruptura en al modernizaci贸n industrial de Espa帽a, Consejo Econ贸mico Social (CES), Madrid, 1997. Otro ejemplo, esta vez formulado por un empresario es el interesant铆simo trabajo de Semler, R.: Radical. El 茅xito de una empresa sorprendente. Ediciones Gesti贸n 2000. Madrid 1997.

4. J. G. Espinosa, A. Zimbalist, Democracia econ贸mica, la participaci贸n de los trabajadores en la industria chilena, 1970-1973, Fondo de Cultura Econ贸mica (FCE), M茅xico D.F., 1984.

5. U. Klitzke H. Betz y M. M枚reke (eds), Von Klassenkampf zum Co-Management?, VSA, Hamburgo, 2000 y A. Fern谩ndez Steinko: 芦El corporativismo para la competitividad禄, Mientras Tanto, n煤m. 83 y 84, 2002.

6. A. Fern谩ndez Steinko, Democracia en la empresa, Hoac, Madrid, 2000.

7. As铆 mi propuesta descargable en: https://dl.dropbox.com/u/109592466/Indicadores%20policrom%C3%A1ticos.pdf

8. Stahl et al.: The Learning Organisation. Eurotecnet, Bruselas 1993.

9.Ver sobre este particular A.聽Leonard:聽La historia de las cosas: de c贸mo nuestra obsesi贸n por las cosas est谩 destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud y una visi贸n del cambio, Fondo de Cultura Econ贸mica (FCE), M茅xico, 2010.

10. Para un an谩lisis cr铆tico de la experiencia del gobierno de la izquierda en Francia de 1981 ver P. Zarifian, 芦Plan, mercado, autogesti贸n禄, Utop铆as n潞 155, 1993 pp. 76-95 y m谩s recientemente y contextualizado: J. Lojkine: Une autre fa莽on de faire de la politique. Les Temps des Crisis, Paris 2012. Para la experiencia en la RDA a principios de la d茅cada de los a帽os 1960 ver K. Steinitz: 鈥淚mpulse f眉r Wirtschaftsdemokratie鈥 en: Sozialismus 11/2012, pp. 48-55. La propuesta sueca de creaci贸n de fondos regionales, que formar铆an parte de los 鈥渇ondos de los asalariados鈥 es digna de ser tenida en cuenta para abordar la contradicci贸n entre los intereses microecon贸micos de los empleados y los intereses de las regions y de los ciudadanos en su conjunto. Ver Fern谩ndez Steinko (2001, pp. 369ss.).

11. A. Fern谩ndez Steinko, 芦Herramientas para un chequeo de la din谩mica democr谩tica禄, Revista Espa帽ola de Investigaciones Sociol贸gicas (REIS), n煤m. 94/01, 2001, pp. 9-35.

Blog del autor:聽http://asteinko.blogspot.com/2012/12/democracia-economica-nucleo-de-una.html#more

Las intenciones neoliberales las descubre la publicidad en TV. Los “anuncios” desvelan la mentira

Las agresiones neoliberales contra el bienestar y las privatizaciones de los servicios p煤blicos se nos venden como una mejora en la gesti贸n -m谩s barata- y una asistencia m谩s personalizada. Tambi茅n se nos aconseja igualmente por el sistema a trav茅s de m煤ltiples medios, el reforzar nuestra garant铆a de聽jubilaci贸n, complementando con un plan de pensiones privado.

Se dice que es por necesidades econ贸micas para hacer frente a la crisis que las clases populares hemos generado 鈥減or vivir por encima de nuestras posibilidades鈥, por ahorrar y de esta forma garantizar la asistencia universal, eso si mediante sistemas mixtos o bien de gesti贸n empresarial. Es decir, por nuestro bien.

Las 贸rdenes de la Troika (FMI-BCE-Uni贸n Europea) m谩s las 贸rdenes de Alemania y la propia ideolog铆a liberal dominante que el PP impulsa ahora que gobierna, obligan a privatizar la gesti贸n sanitaria y ahorrar en salud, pero tambi茅n en endurecer las condiciones para conseguir una jubilaci贸n, la edad聽m铆nima聽para lograrla y las percepciones. Todo esto se hace por hacer viable el sistema e incluso se tiene la desfachatez por parte de los mandatarios y mandatarias derechistas de afirmar que es por defender el estado del bienestar, haci茅ndolo viable.

Hay personas, asociaciones y movimientos que llevamos ya unos a帽os denunciando que las privatizaciones de los servicios de salud y protecci贸n p煤blica (Llevamos聽al menos 10 a帽os anunciando y clamando en el desierto lo que ya ha llegado) no son sino una f贸rmula m谩s al objeto de ampliar el negocio de grandes empresas, bancos y aseguradoras privadas a costa de las clases populares europeas y de otras potencias centrales. As铆 como tratar de impedir que las y los ciudadanos de los pa铆ses empobrecidos accedan al bienestar p煤blico.

Desde la OMC -Organizaci贸n Mundial del Comercio- con un invento llamado ACGS o Acuerdo General para el Comercio de los Servicios, se trat贸 de hacer OBLIGATORIO mediante un Tratado Internacional la privatizaci贸n de los Servicios de Sanidad, Educaci贸n, Pensiones, Agua, etc etc, por lo que desde ATTAC, pero no solo, se denunci贸 infructuosamente todo lo que ven铆a. Viv铆amos bien en el reino de la mentira聽medi谩tica y pol铆tica, y todav铆a no le hab铆amos visto las orejas al lobo.

Si el AGCS no alcanz贸 el rango de Tratado Internacional, a pesar del fuerte apoyo e incluso el chantaje por parte los EE.UU. y la Uni贸n Europea, fue por la聽resistencia聽de muchos estados聽latinoamericanos聽-ya se sabe…-, pero tambi茅n聽asi谩ticos聽y africanos. El AGCS no obstante vive todav铆a en cajones y mentes de聽pol铆ticos聽liberales, socioliberales y conservadores que lo apoyaron, siguiendo las instrucciones de poderosas transnacionales. No esta cerrado -advierto- solo contenido gracias entre otros a unos setenta estados del mundo, entre ellos por cierto a una Venezuela muy activa en su contra.

Pero ya que el AGCS no se pudo imponer a los pobres o a los “locos” en Europa si que se tuvo una victoria parcial por parte de los neoliberales y las grandes empresas, y se aprob贸 una directiva de servicios de inter茅s general y otras medidas desreguladoras -por cierto todav铆a recuerdo palabras de Mar铆a Teresa Fern谩ndez de la Vega, defendiendo estas medidas antisociales y privatizadoras por buenas, pues esa era la pol铆tica de la Uni贸n Europa- que ignorancia como m铆nimo. Pues bien, todos estos esfuerzos de los poderosos no聽fueron聽en vano.

En la vieja e “inteligente” Europa de la Uni贸n, los gobiernos mediante un plan dise帽ado, elaborado y pensado hace ya m谩s de diez a帽os, est谩n aprovechando estupendamente su “crisis” al objeto de desmontar los “caducos servicios聽p煤blicos聽y estatales”, privatiz谩ndolos. Lo hacen聽煤nica聽y exclusivamente porque hay negocio. No hay otra raz贸n. Aprovechan la coyuntura para enriquecerse grandes empresas, fondos de inversi贸n y bancos.

Cuando hace ya al menos diez a帽os escrib铆amos esto -y se puede comprobar perfectamente- pr谩cticamente nadie capt贸 el calado tan profundo de lo que聽afirm谩bamos聽y que personas cre铆bles ya y con mucho prestigio como Susan George anunciaron. Si tuvo todo mucho eco en los Foros Sociales Mundiales, as铆 como entre algunos sindicalistas -pocos- y alg煤n dirigente pol铆tico, pero poco m谩s -Latinoam茅rica aparte- y para realizar sus gobiernos progresistas lo contrario. Pero se nos llam贸 demagogos o se nos mir贸 con suficiencia condescendiente聽de que eramos buenos chicos pero muy ut贸picos.

Pero ahora ya est谩. Nadie lo niega, es evidente y cuando el Gobierno de Espa帽a, los asesores de la banca o los “economistas” ortodoxos y del sistema tratan de desmentirnos o simplemente de burlarse de nosotros, pues no hay m谩s que enchufar la televisi贸n, cualquier canal, al objeto de comprobar la multiplicaci贸n de anuncios de mutuas y aseguradoras privadas, de diversos seguros m茅dicos y de buc贸licas cl铆nicas, inexistentes en la realidad dada la precariedad casi general de los medios sanitarios que poseen. Aunque no solo de aseguradoras m茅dicas, sino tambi茅n de fondos de pensiones, e incluso ya de聽colegios y universidades privadas. Ante esta oleada de publicidad yo me pregunto 驴Si no fuera un negocio la sanidad privada, los fondos de pensiones privados o la ense帽anza privada se anunciar铆an en televisi贸n? 驴Es acaso casualidad que sea precisamente en estos momentos cuando esa publicidad se聽dispara?

La publicidad capitalista de un concepto capitalista, y por tanto liberal de la salud y las pensiones, demuestran que se quiere privatizar para adquirir una grand铆sima cuota de negocio al objeto de enriquecerse m谩s las empresas y accionistas que hay tras ellas.

Hay que multiplicar la riqueza para los m谩s ricos, convirtiendo derechos sociales conquistados en negocios y eso nos perjudica a la mayor铆a. No solo porque se resiente la calidad, cantidad y dotaci贸n de los medios t茅cnicos, sino que se juega con nosotros y nosotras demag贸gicamente, pues la salud no son gratuitos, ya los pagamos y es un reparto solidario de ventajas a las que contribu铆mos todos y todas, pues hasta las personas paradas con prestaciones pagamos impuestos y cuotas de seguridad social.

Como聽veis,聽esta crisis solo es una estafa y una reorganizaci贸n capitalista para ganar m谩s y hacerlo a nuestra costa.

Todas estas聽pol铆ticas聽ademas son fruto de una ideolog铆a determinada: el neoliberalismo. Son fruto de a帽os de lucha pol铆tica liberal extrema en contra de lo p煤blico y de la creencia de que todo lo resuelve el mercado. Hace ya a帽os que est谩n聽detr谩s聽del gran negocio de robar derechos sociales y alcanzar beneficios privados. Hay muchos聽documentos, libros, estudios pagados por grandes bancos y empresas聽farmac茅uticas, sanitarias, de seguros, pagados generosamente a profesores y profesoras mercenarias, pero tambi茅n documentos y acuerdos聽de partidos pol铆ticos liberales y del sistema con todas estas propuestas. Por tanto esto no es por su crisis. Los聽ataques聽a todo lo publico, es simplemente una聽oportunidad. La聽pr贸xima聽vez a la hora de votar, si聽dese谩is聽hacerlo, mejor pens谩is un poco en vuestros hijos o en cuando os聽hag谩is mayores. Por lo pronto a la calle que nos roban miserablemente y encima piensan que no somos inteligentes. La lucha social, las huelgas, las resistencias es el 煤nico lenguaje que聽ellos聽entienden. Hay alternativas y hay otro mundo posible.

Quien iba a decir que su propia publicidad les pod铆a descubrir. Ah, ni te hagas un seguro m茅dico privado -tienen menos medios y menos atenci贸n para聽casos聽graves-, ni un fondo de pensiones -por cierto muchos de ellos, est谩n en quiebra, as铆 que ojo-. Sal a la calle y defiende tu dignidad.

El peligroso resurgir de la caridad

Estamos en la celebraci贸n cristiana del solsticio de invierno o Navidad, ahora para cat贸licos y protestantes, y dentro de quince d铆as les tocar谩 el turno a los ortodoxos聽griegos y rusos. Pero no es esto, ni el perder una l铆nea en comentar el discurso del monarca impuesto por el dictador Franco a los pueblos del estado espa帽ol, lo que me mueve a聽escribir hoy, 25 de Diciembre de 2012.

Estamos viviendo, ante los recortes de servicios p煤blicos y el empobrecimiento de la mayor parte de las clases populares, los indices masivos de paro y los desahucios o el incremento de personas que sufren hambre, el nacimiento de la receta de la derecha y los medios de comunicaci贸n a sus 贸rdenes que son TODOS sin excepci贸n: la Caridad.

Ante la congelaci贸n de las pensiones, los millones de personas sin prestaciones, la ausencia de las pagas聽extras聽de navidad y la pobreza extensa castigada por los copagos sanitarios y las privatizaciones, una nueva formula de los ultra-liberales y neoliberales que nos dominan, es activar la caridad mediante donaciones de juguetes, comida no perecedera, comedores “sociales”, colectas e im谩genes聽de parados y jubiladas celebrando alg煤n premio de la聽loter铆a.

La perversi贸n criminal del sistema genocida que sufrimos tiene ya un remedio a sus recortes y abusos, la caridad. Los mandatarios del PP -pero no s贸lo- organizan colectas como la de la Diputaci贸n de Granada, presidida por un neo-falangista que se dedica a despedir a trabajadoras y聽trabajadores聽de servicios sociales, al tiempo que organiza en su instituci贸n una recolecta de juguetes para ni帽os pobres. Tal vez el a帽o que viene volvamos a ver la campa帽a de los a帽os cincuenta y sesenta de “siente un pobre en su mesa”, perfectamente denunciada en una de las mejores聽pel铆culas聽de cine espa帽ol: “Placido”.

Volvemos a la Espa帽a聽fr铆a, gris y triste de los a帽os sesenta, incluido el autoritarismo y la聽hipocres铆a聽de la burgues铆a y las clases medias altas. Volvemos a la Campa帽a de Navidad y Reyes de la OJE (la organizaci贸n juvenil franco-falangista). Volvemos a campa帽as de radio en favor de caritativas monjas y las damas de los roperos. Vivimos unas navidades perfectamente neo-franquistas, rematadas con el mensaje de su聽pat茅tico聽heredero.

Frente a eso: Dignidad, lucha social y movilizaci贸n frente a los recortes, las estafas y los robos del poder y de las clases ricas y poderosas, que son las que provocan nuestra pobreza y nos arrojan al paro.

Hemos de denunciar y hacer p煤blico nuestro聽desd茅n聽por la caridad navide帽a, antes de que esta se聽imponga. Hemos de denunciar a abnegados y caritativos聽burgueses que reparten sus sobras, a la sopa de los conventos, o a abnegados voluntarios y voluntarias de clase media que suplen a miles de trabajadores y聽trabajadoras despedidos de聽los servicios p煤blicos y las ONGs que se prestan a ello.

Hemos de volver a conquistar nuestros derechos ante el asesinato del bienestar y decir alto y claro que hay una forma diferente de organizar la vida, hacer聽pol铆tica y repartir. Hemos de luchar frente a la caridad y por la dignidad. No queremos limosnas, solo lo que es nuestro. Socialismo o barbarie. Justicia o聽hipocres铆a burguesa.

Hablemos del Socialismo hoy en el Estado Espa帽ol

Carta abierta a los socialistas de izquierdas y a los que observan

Aunque el PSOE no sea ya un partido socialista -al menos ni en sus pr谩cticas ni en sus c煤pulas- representa todav铆a para muchas personas una idea vaga de justicia social, mezclada con memoria hist贸rica antifascista, o simplemente lo menos malo que el PP y la derecha extrema que este representa. Tambi茅n una opci贸n de izquierdas.

Igualmente es el socialismo y sus restos un caladero de votos para unos o un motivo de preocupaci贸n para el Sistema, pues la 鈥減asokizaci贸n鈥, evidente en un PSOE en crisis, es motivo de honda inquietud para la oligarquizada democracia espa帽ola. La Banca, la gran patronal, el PP y sus grupos medi谩ticos viven con alarma, cada vez m谩s indisimulada, como se deteriora un partido que no es ya sino la cara un poco m谩s social del sistema y la oposici贸n tranquila o bien, cuando gobierna, la 鈥渞esponsabilidad鈥 hecha carne ante los mercados, eso s铆 con un poco de pimienta.

Cuando el PSOE comienza a perder credibilidad y tener una grave sangr铆a de votos, el poder no es feliz. Sin el PSOE, el r茅gimen del 78 no es sustentable; y ese es su problema, pues el deterioro socioliberal pone en peligro el montaje sist茅mico de la oligarqu铆a espa帽ola y del stablishment madrile帽o que domina la piel de toro.

Posibles respuestas desde el interior del socialismo o la socialdemocracia consecuente.

Ante esto, los socialistas pueden hacer en mi opini贸n tres cosas: o bien decir lo que he escuchado a tantas y tantos 鈥淸…]Yo soy socialista, pero los dirigentes y las c煤pulas no. Que se vayan ellos que no son socialistas鈥. Pero ni se van a ir, ni se van a dejar de considerar los verdaderos int茅rpretes de los intereses del partido. Adem谩s esos que no son socialistas, seg煤n unas minor铆as, controlan el partido de cuadros, gestores y profesionales que son -o aspiran otras y otros muchos a convertirse en profesionales- luego esa es la causa de derrota tras derrota de antineoliberales, republicanos y feministas sociales que hay en el PSOE, en lucha si, pero tambi茅n y sin querer d谩ndole un marchamo de izquierdas a un partido al que Felipe Gonz谩lez y sus aparatos separaron definitivamente, tanto de la herencia ideol贸gica de Pablo Iglesias como del programa m谩ximo de superar la sociedad de clases y conseguir la propiedad colectiva de los medios de producci贸n y de consumo.

Hoy el objetivo de los dirigentes socialistas, no es sino gestionar bien el capitalismo, permanecer en una Uni贸n Europea neoliberal, injusta y cada vez menos democr谩tica y por supuesto sin programa social. Siendo lo m谩s grave que en la construcci贸n de esa Europa asim茅trica y capitalista, la aportaci贸n de la socialdemocracia europea en su conjunto, y del PSOE en particular, ha sido imprescindible. Sin actores socialdem贸cratas, incluidos algunos que van de 鈥減rogres鈥, no hubiera sido posible crear uno de los espacios menos sociales del mundo.

El Pacto Social de la posguerra, incluso de los a帽os setenta y ochenta del siglo pasado (ya por cierto muy cuestionado), ni el de la Transici贸n espa帽ola, existen ya. Las sucesivas reformas laborales, privatizaciones y recortes, con la guinda de la reforma expr茅s de la Constituci贸n del 78 impulsada por el 煤ltimo gobierno 鈥渟ocialista鈥 ha saltado por los aires. Ha sido dinamitado, y solo un nuevo proceso constituyente y democr谩tico puede plantear un nuevo contrato social.

La Segunda opci贸n que muchas y muchos ciudadanos socialistas o de izquierdas votantes del PSOE se plantean -y adem谩s practican- es la abstenci贸n de castigo o el hartazgo. Es el abandono o el prestar votos a otras opciones pol铆ticas en espera de quim茅ricos e improbables tiempos mejores. El problema del socialismo espa帽ol -o mejor dicho, su soluci贸n- no pasa ya por cambiar a un felipista de primera hora como Rubalcaba por Carme Chac贸n o similares, que son socioliberales y parten igualmente del sistema y sus compromisos. Hace poco el propio Od贸n Elorza, lo reconoc铆a en 鈥淟a Sexta鈥 en una entrevista, al afirmar que el PSOE ten铆a tirones hacia su izquierda, pero tambi茅n hacia la derecha, hacia la moderaci贸n, hacia el centro, y por tanto no en una sola direcci贸n.

El PSOE ha sido ligado a los largo de los 煤ltimos cuarenta a帽os a empresas energ茅ticas, bancos, grupos empresariales de medios y un largo etc茅tera de obligaciones, deudas y compromisos. Adem谩s, la ligaz贸n a los poderes f谩cticos europeos es incuestionable. Esa es la dura realidad que impide el cambio, y no lo escribo ni por criticar, ni por hablar mal, sino por una pura y as茅ptica realidad que nadie puede desmentir con pruebas, pues existe. Esa es la cuesti贸n, el 驴qu茅 hacer ante esto? Los profesionales y las profesionales que dirigen el PSOE solo aspiran a que estos malos tiempos pasen, se olviden errores y traiciones, y vuelta a empezar. Tal vez con disculpas muy medidas o culpando a Zapatero -ese mismo dirigente al que apoyaron y adularon- todo se olvidar谩, y como el PP es tan malo -y yo a帽adir铆a cruel- pues todo volver谩 a ser como antes. Pero no analizan las tendencias electorales y pol铆ticas. No son conscientes de haberse ganado el odio y el desprecio de millones de personas, incluso de antiguos votantes, pues siguen con un autismo enfermizo y adem谩s suicida. Lo peor engre铆do y autosuficiente, esto adem谩s se percibe. Lo que suena a falso las personas lo detectan. Son ya muchos a帽os de lo mismo y muchos a帽os sin ideas, sin ideales y arrojando agua al vino de los principios, y sobre todo de no creer en la necesidad de construir socialismo, pues eso conlleva enfrentarse a los bancos, los capitalistas, la Uni贸n Europea, empoderar al pueblo y rearmar ideol贸gicamente a la clase obrera. Y todo esto sencillamente no saben hacerlo.

Otra opci贸n 鈥搇a tercera- ser铆a que las y los socialistas sepamos que lo importante es desarrollar las ideas de igualdad, justicia y rep煤blica de las y los iguales, pero ya. Nunca las clases poseedoras ver谩n de buen grado que se les despoje de sus privilegios. Adem谩s el capitalismo y el liberalismo de inicios del siglo XXI en Europa, se han quitado la careta. Ya no hay pacto posible, sino guerra de clases cruel y diaria. Su instrumento el PP no va a ceder ni un mil铆metro. Ni a pactar. Han venido a construir la utop铆a capitalista y neoliberal y la dictadura de los mercados es lo que hay. Pero frente a esta dureza y la realidad de la desafecci贸n pol铆tica o al menos por la pol铆tica convencional, lo honrado ser铆a preguntarnos 鈥淓s el PSOE el instrumento adecuado hoy en d铆a para enfrentarse a esa situaci贸n 驴Son sus c煤pulas actuales o las posibles sustitutas tambi茅n socialiberales y sin experiencia ninguna de lucha social, callejera y ciudadana capaces de enfrentarse con credibilidad al PP y a la CEOE o a Bot铆n?鈥

Los y las socialistas creemos en el reparto, la lucha de clases mientras haya poseedores y explotados y dominados. Creemos en la democracia y eso conlleva luchar contra la injusticia y enfrentarse a los detentadores de la riqueza, a煤n a riesgo de correr la suerte de Salvador Allende o de nuestros antecesores que sufrieron el golpe de estado del 18 de Julio de 1936. Eso requiere dignidad y coherencia y no ser una m谩quina electoral, sino un actor de cambio social, que con las ideas pueda vencer y venza elecciones.

Pero es que adem谩s los tiempos nos dan la raz贸n. El estado social est谩 siendo desmontado. El capitalismo alem谩n gobierna en el estado espa帽ol, por medio de un Gobierno t铆tere y traidor a los intereses de los pueblos de Espa帽a. Los aliados de las oligarqu铆as econ贸micas y pol铆ticas espa帽olas incluidas las social-liberales, o tienen claros s铆ntomas de decadencia o bien no solo no hacen nada por nosotros sino que nos arrojan cada vez m谩s al pozo de la pobreza y la injusticia. El estado de derecho del 78 est谩 siendo desmontado y no hay ya acceso por igual a la justicia, que se ha convertido en un instrumento para ricos. La industria espa帽ola deslocalizada e inexistente. Sin econom铆a productiva y sin futuro. Ante esto que hacer cuando ya miles de socialistas y de votantes socialistas han dejado de confiar en lo que fue el PSOE actualmente una franquicia en manos de un grupo de profesionales de clase media y media alta o bien desclasados bien situados.

驴Qu茅 podemos hacer?

Pablo Iglesias volver铆a a fundar el Partido Obrero como 茅l dec铆a. Esa es la cuesti贸n, no lo es el pelear por una marca, sino por una idea y por acabar de verdad con este estado de cosas. Es demasiado grave lo que est谩 ocurriendo con desahucios, suicidios de pobres y embargados y embargadas, despidos masivos, EREs fraudulentos, falta de derechos laborales y ausencia de libertad sindical. Privatizaciones de lo p煤blico. Negocio a costa de la deuda por parte de bancos y ricos. Cierres de pymes, acoso a la econom铆a social y falta de cr茅dito en ausencia de banca p煤blica o Cajas de Ahorros seg煤n su origen. Sometidos a una escandalosa socializaci贸n 鈥揺so s铆- solo de las perdidas y quiebras capitalistas. La trasferencia de rentas de pobres y clases populares hacia ricos, especuladores financieros y sus bancos est谩 siendo todav铆a m谩s sangrante que en tiempos de Pablo Iglesias. Eso merece algo de decisi贸n, valent铆a, coherencia y valores. Si se es socialista claro, de ra铆z marxista como todos los fundadores del PSOE lo fueron.

Pero la cuesti贸n no es ya a帽orar lo que debi贸 haber sido y no fue. Ni de ajustar cuentas, ni de reafirmarse y seguir tragando quina en la agrupaci贸n. Eso ya ni sirve. Adem谩s el pacto del 78 est谩 roto y el capitalismo ha vuelto a ense帽ar sus garras, incluso la derecha del PP es m谩s antisocial que lo fue el franquismo, que ya es decir. Adem谩s la represi贸n y las detenciones, multas y palizas vuelven a ser cotidianas. Luego ahora lo que muchas y muchos socialistas nos preguntamos en el Reino de Espa帽a, es que podemos hacer para luchar contra esta nueva dictadura liberal y mercantil. Nuestra contribuci贸n debe estar con los movimientos sociales, los sindicatos de clase. Las mareas de lucha. La calle y las plazas y contribuir a construir una fuerza pol铆tica organizada diferente de los partidos cl谩sicos en los que ya ni se cree, ni se conf铆a y en la acci贸n proactiva para desde el socialismo contribuir a crear un frente amplio, popular y antineoliberal que acabe con este periodo autoritario, privatizador y de extensi贸n de la pobreza. Al igual que en su momento los socialistas estuvieron y alentaron el Frente Popular, ahora es el momento de un nuevo Frente Popular.

El socialismo debe recurar sus ra铆ces de lucha por la emancipaci贸n humana y por tanto-entiendo- la soluci贸n ahora no pasa ya por recuperar marcas o cambiar 茅lites, no, ahora la cuesti贸n es auto-organizarnos para en libertad y sin ataduras al Sistema, poder combatirlo por injusto. Adem谩s muchas y muchos ya lo estamos haciendo, desde la calle, los sindicatos o los movimientos, pero tambi茅n desde la acci贸n y la construcci贸n pol铆tica.

Finalmente exijamos algo de respeto por el socialismo, que ni es la tercera v铆a, ni es el social liberalismo, ni es la pura gesti贸n eficaz del sistema con tintes sociales. Es, entre otras cosas, una forma de entender el reparto y la sociedad sin clases en libertad y con democracia. Es construir una sociedad diferente con los medios de producci贸n y servicios colectivos, democr谩tica y popularmente gestionados. Es una forma de entender la lucha de clases. Es una tradici贸n muy potente en el estado espa帽ol que luch贸 y lucha en la acci贸n diaria junto a aquellas y aquellos que creen en la pol铆tica como un instrumento liberador, que no como un proceso electoral.

Europa ya no es democr谩tica. Europa o el supermercado decadente

La Uni贸n Europea es una construcci贸n neoliberal. El objetivo europeo, desde el punto de vista de la Uni贸n, es favorecer sus mercados, sus bancos privados, sus empresas transnacionales, y hacer negocio con lo que fueran sus estados del bienestar.

La Europa de la Uni贸n est谩 gobernada por un colegio de comisarios y comisarias fieles tan solo a los poderes financieros y a los que no puede controlar ning煤n parlamento. Estos comisarios/as, nombrados a propuesta de sus Gobiernos, solo tienen la funci贸n de privatizar lo p煤blico, impedir que los estados puedan ayudar a sus tejidos econ贸micos p煤blicos o salvar sectores nacionales estrat茅gicos y comarcas en peligro. Los comisarios son eso: comisarios pol铆ticos de la ideolog铆a neoliberal, comenzando por el espa帽ol Joaqu铆n Almunia, que el lunes 16 de Diciembre instaba a recortar m谩s, eso s铆 con un cinismo socioliberal impresentable, y propon铆a hacerlo 鈥渃ontando con la gente鈥. Su objetivo 鈥揺l del colegio de comisarios- es garantizar la destrucci贸n de todo lo social y de todo lo que sea de propiedad colectiva o protecci贸n social, instaurando el negocio privado en lo que fueron servicios p煤blicos. Cerrando durante a帽os los astilleros, las siderurgias, las minas o las industriales nacionalizadas; con una Europa casi sin industrias, excepto Alemania y alg煤n estado m谩s, han convertido al viejo continente en un parque tem谩tico y un centro de especulaci贸n financiera. Pero ya ni eso comienza a funcionar. Sin base industrial, sin ideas nuevas de econom铆a verde y sostenible, sin soberan铆a alimentaria, sin investigaci贸n.

Pero todo lo enumerado, que es el origen de la actual decadencia y crisis europea financiera, econ贸mica, social y pol铆tica, no es fruto del fracaso de las hipotecas basura. Es fruto de a帽os de legislar un acervo comunitario de leyes confusas, dif铆ciles de interpretar, profundamente cr铆pticas al objeto de ser ininteligibles, con el solo objetivo de crear un mercado -que no un ente pol铆tico supranacional-, una dictadura cuasi continental de banqueros, financieros, grandes empresarios y ricos caraduras evasores fiscales. Todo un engranaje de bur贸cratas y t茅cnicos muy bien pagados al objeto de imponer una ideolog铆a, una sola: la del negocio de los poderosos.

Este continente ha sido arruinado por brokers sin escr煤pulos, directivos financieros mafiosos y un pu帽ado de corruptos y de malversadores; eso s铆, magn铆ficamente bien pagados y que siguen conservando sus puestos de trabajo y sus privilegios, a pesar de ser los culpables de tantas quiebras, desgracias, padecimientos y sufrimientos de personas arrojadas al paro, la pobreza y sin futuro o con empleos precarios, sueldos m铆nimos y sin derechos sociales, sindicales, laborales o humanos. Esta es la Europa que ese colegio de comisarios, bur贸cratas, lobistas y tambi茅n ministras y ministros de econom铆a, presidentes de Gobierno o primeros ministros -tanto liberales, como conservadores, socialdem贸cratas o dem贸crata-cristianos- han construido. Porque la gestaci贸n de esta Europa decadente y anti popular arranc贸 hace d茅cadas. Este tinglado no lo han montado en cinco a帽os. No. Lo han hecho en d茅cadas.

Cuando los pueblos han reaccionado, como hicieron tanto franceses como holandeses rechazando la mal llamada Constituci贸n Europea, -en realidad un tratado comercial-, se les escamote贸 su voluntad y se sustituy贸 la constituci贸n derrotada por un tratado internacional que, adem谩s, nunca fue votado en ning煤n estado miembro excepto en el caso de Irlanda, que lo rechaz贸 y de nuevo se le oblig贸 a votar para que el pueblo irland茅s fuera nuevamente colonizado y ahora sufra una aguda crisis, solventada a base de esquilmar a sus gentes, tras sufrir un chantaje que tan solo el servilismo cat贸lico de muchos de sus habitantes puede explicar, en un pa铆s europeo en el que el aborto sigue siendo ilegal.

Europa, cuyas potencias m谩s agresivas bombardean a otros pueblos para imponerles su 鈥渄emocracia鈥 a tiros, est谩 gobernada por un grupo de bur贸cratas sin control democr谩tico y por un Parlamento sin competencias. Un Parlamento car铆simo e in煤til que se dedica a definir qu茅 es el chocolate, pero que no impide las agresiones que sufren los pueblos de Europa o la creciente falta de libertades, o ni siquiera puede apoyar a pueblos controlados por gobiernos corruptos de origen mafioso de muchos de sus recientes miembros.

Esa es, entre otras lindezas, la Europa que nos han construido y que entre todas y todos pagamos de nuestros bolsillos. Esa es la Europa destructora de las conquistas de las clases obreras vencedoras del fascismo, que no tiene otro objetivo que 鈥渃hinizar鈥 a las clases trabajadoras al objeto de competir en el nuevo mundo que emerge a su pesar y haciendo justo lo contrario.

Por eso hay que decir basta ya. Los pueblos de Europa no podemos seguir callando. Los sindicatos actuales, leve sombra de los que con sus mismas siglas conquistaron el bienestar, no pueden decir a sus afiliadas y afiliados que solo haciendo manifestaciones contra las pol铆ticas de austeridad vamos a volver al pacto social. La f茅rrea voluntad de las oligarqu铆as europeas es aniquilar todas las conquistas sociales y punto. Nada volver谩 a ser igual. Por eso, si los resistentes, los rebeldes y las indignadas, los obreros y las trabajadoras dignas, los sindicatos de clase y los movimientos triunfamos sobre la dictadura mercantil que nos roba y oprime -y lo haremos- deberemos construir algo nuevo. Deberemos inventar una nueva sociedad justa y solidaria. Conquistar la democracia plena, lo que incluye la democracia econ贸mica.

La Alter Summit o Cumbre Alternativa, lanzada en el Foro Social de Florencia que recientemente ha tenido lugar en la ciudad toscana, surge como una alianza de sindicatos, movimientos sociales y redes de econom铆a critica. Busca la coordinaci贸n de las luchas, establecer puentes con las Confederaci贸n Europea de Sindicatos, pero tambi茅n con las redes y foros sociales y los movimientos c铆vicos, as铆 como con las redes de pensamiento y acci贸n critica. La Alter Summit denuncia la austeridad tan nociva que sufrimos, pero tambi茅n denuncia la estafa de la deuda, exige su auditoria y moratoria, el impago de la deuda ilegitima y defiende un modelo de banca p煤blica y democr谩ticamente controlada, lo que incluye al otro gran n煤cleo de poder totalitario que sufrimos: el Banco Central Europeo que, alimentado con fondos p煤blicos del IVA que pagamos, los presta a los bancos privados al 1% para que estos hagan negocio a su vez con los estados cobrando no menos de un 4%; lo cual es no solo un atraco gigantesco, sino una burla democr谩tica y un genocidio social contra las clases populares.

Las izquierdas europeas son d茅biles todav铆a. La gigantesca UE de 27 estados, muchos de ellos antiguas rep煤blicas que sufrieron el estalinismo, son ahora feudos conservadores, ultranacionalistas, derechistas y corruptos que garantizan una mayor铆a conservadora a pesar del empobrecimiento de sus pueblos y la liquidaci贸n de los servicios p煤blicos que la mayor铆a padecen. La mayor铆a derechista y reaccionaria est谩 garantizada. Hasta en eso han hecho trampa los constructores de la UE y la socialdemocracia ha sido c贸mplice imprescindible de todo este ataque a la soberan铆a popular, y tambi茅n nacional, de los pueblos de Europa.

Los partidos de izquierdas no est谩n en condiciones de cambiar esto a nivel continental, excepto que las izquierdas pudieran vencer por medio de alianzas convergentes democr谩ticas y transformadoras en Grecia, Portugal y Espa帽a -o al menos en dos de esos estados- y ello permitiera una pol铆tica diferente, garantizada por la alianza del resto de los pueblos a trav茅s de sus movimientos y sindicatos. Tambi茅n sus minor铆as de izquierdas. Pero mientras s铆 o no, los pueblos debemos alzarnos y mediante huelgas generales y luchas sociales, manifestaciones masivas y ocupaciones, impedir la consumaci贸n del modelo dickensiano de explotaci贸n que nos est谩n construyendo.

No nos sobra el tiempo ya. Las normas de liberalizaci贸n y desregulaci贸n avanzan imparables, la pr贸xima ser谩, atentos y atentas: La Uni贸n Fiscal y Econ贸mica Europea. No olvidemos este confuso y falso nombre de lo que es una vuelta de tuerca m谩s contra las soberan铆as nacionales y populares mediante la reforma, es decir el cambio de todas las leyes y normas de protecci贸n social y la privatizaci贸n masiva. Estas normas ponen el pago de la deuda, impagable tal y como llevamos tiempo advirtiendo, por encima de cualquier derecho social. Pero esto en el Estado Espa帽ol nos suena. Lo estamos viviendo ya, sin embargo todav铆a ser谩 peor. Portugal, Grecia, Italia y el Reino de Espa帽a, somos la avanzada y el laboratorio.

Por todo esto, la exigencia de frenar la Europa neoliberal debe estar en nuestras agendas. Las alternativas frente a estas pol铆ticas existen. Pero que nadie se enga帽e: vivimos una lucha exclusivamente pol铆tica. El neoliberalismo es pol铆tico y la resistencia al mismo tambi茅n. La UE es un arma pol铆tica contra sus pueblos, y no reconocerlo es tonter铆a, es perder el tiempo, es confundir o es ser c贸mplice. Podemos estar a favor de Europa, pero no de esta Europa y por desgracia no hay otra. Luego la unidad, la solidaridad y la acci贸n conjunta por parte de todas y todos son imprescindibles. El sectarismo es traidor y los deseos hegemonistas en el seno de las izquierdas, suicidas. Es momento de cumbres de lucha social. Son necesarios los frentes de salvaci贸n y las convergencias antineoliberales. El neoliberalismo es el nuevo fascismo totalitario que recorre y esclaviza Europa, que vive una guerra de clases sin cuartel. Los an谩lisis ya est谩n hechos. Sabemos las causas y tenemos las alternativas. Dejemos de discutir y salgamos a ocupar las calles, a luchar contra el nuevo fascismo, a defender la democracia y el derecho a una vida digna y justa. Al reparto.

La Alter Summit puede ser una buena herramienta. Juntemos las herramientas y digamos alto claro que nosotros somos el pueblo. Construyamos la alternativa convergente y adem谩s sabemos lo que hace falta para hacerlo y como hacerlo.