Construyendo la izquierda desde la recuperaci贸n del socialismo

El Socialismo es un concepto amplio y聽emancipador聽que no es propiedad de ning煤n partido en concreto, sino de sus seguidores y seguidoras y de las y los que defienden sus principios de igualdad, democracia tambi茅n econ贸mica y una nueva sociedad no capitalista y con propiedad p煤blica y/o colectiva de los medios de producci贸n y de consumo. Para ello, la lucha de clases contra los poseedores y dominadores es esencial, tanto como defensa de los logros y derechos sociales, como su consecuci贸n y lograr el reparto de la riqueza.

El Socialismo tiene en Marx uno de sus principales y m谩s l煤cidos pensadores, pero tambi茅n hay otros muchos que han elaborado, difundido y propuesto. As铆 como muchas personas socialistas que han dedicado su vida a la lucha social y emancipatoria. Si bien igualmente sufre usurpadores聽de esta idea en beneficio de la banca, los capitales y las doctrinas liberales. En el Reino de Espa帽a han abundado y abundan este tipo de piratas pol铆ticos. Han robado una hermosa palabra, llena de esperanza para regal谩rsela a los poderosos, a los explotadores e incluso a un rey desprestigiado, decr茅pito y heredero de Franco.

El Socialismo tiene en Europa y Latinoam茅rica una rica tradici贸n y ha logrado 茅xitos parciales innegables, tanto en su escuela socialdem贸crata como socialista, como comunista. Actualmente surge con fuerza el聽eco-socialismo聽ante la destrucci贸n del planeta que de forma constante significa el capitalismo, y por tanto no podr谩 defenderse la madre tierra sin otra forma de sociedad igualitaria, frugal y sustentable, lejos de consumismo criminal.

Por tanto, conscientes de la necesidad de aportar una visi贸n socialista amplia e integradora y recuperar para las clases trabajadoras y populares, ese socialismo de origen obrero e implicado actualmente y a fondo en la Revoluci贸n ciudadana que comenzamos a vivir unos y unas cuantas socialistas y personas de izquierdas, que no nos resignamos a ver como se dilapida una tradici贸n que tanto ha aportado y puede aportar y una visi贸n de la vida antineoliberal y de reparto y justicia que es la verdadera libertad real y no la聽puramente formal que liberales y socioliberales propugnan. Organizados en diversas plataformas abiertas y participativas, trabajamos dentro de esta corriente de acci贸n y pensamiento. Un聽n煤cleo de nosotras y nosotros agrupados en Construyendo La Izquierda, estamos trabajando en un pr贸ximo encuentro europeo de personas reconocidas de la izquierda del continente que han dado pasos decididos tanto de favor de la convergencia de las izquierdas, como de recuperaci贸n de la dignidad del socialismo.

As铆 pues, desde Construyendo la Izquierda vamos a trabajar al objeto de ayudar a clarificar y construir la alternativa socialista, para buscar la convergencia, la coalici贸n, la alianza de las izquierdas. Somos unos m谩s en este intento聽ilusionante. No somos, mejores, ni peores que nadie, solo somos personas que creemos que la聽pol铆tica聽necesita revitalizarse con nuevas formas de participaci贸n reflexi贸n y trabajo, diferentes de de viejos tics y dogmatismos superados y que las personas聽j贸venes desprecian. Sabemos adem谩s que sin el concurso de los movimientos sociales y los sindicatos聽de clase, nada ser谩 posible, de forma que tanto auto-organizada como contundentemente, frenemos los recortes genocidas que sufrimos, as铆 como las privatizaciones gansteriles y con trampa que de forma miserable y ladrona聽ponen聽los servicios p煤blicos al servicio de intereses y negocios privados de los amigos del poder, es decir del poder y esto desde el caso Cisneros hasta G眉elmes y la verdad de la privatizaci贸n de la sanidad madrile帽a, pasando por las privatizaciones bancarias y el expolio de las Cajas de Ahorros, se repite聽constantemente聽desde que en los a帽os noventa del siglo pasado en Consenso de Washington聽decidi贸聽acabar con el estado del bienestar e impedir el estado social a sangre y fuego.

Es por eso que vamos a pedir que personas reconocidas venga, nos apoyen, den aliento y ayuden, pero聽tambi茅n聽nosotras e ellos, intercambiando experiencias y聽proponiendo formas de acci贸n conjunta.

鈥淣o tengo la menor duda de que la derecha venezolana desea la muerte de Ch谩vez鈥

Que el proceso bolivariano sigue adelante es m谩s que evidente y est谩 m谩s fuerte como evidencia el hecho de que el chavismo tenga m谩s gobernadores que nunca, dijo

ImageAudio de la entrevista

SB-Noticias.-聽Carlos Mart铆nez, polit贸logo y miembro de Construyendo la Izquierda, critic贸 en Canarias d铆a a d铆a de Radio San Borond贸n el papel que est谩 jugando gran parte de la prensa espa帽ola para ayudar a desestabilizar la pol铆tica venezolana vertiendo informaciones falseadas sobre el estado de salud de Hugo Ch谩vez con el claro prop贸sito de enga帽ar y desinformar a la ciudadan铆a sobre la realidad del pa铆s americano.

Para Mart铆nez, el hecho de que buena parte de la prensa espa帽ola, la misma que apoy贸 a Capriles en las pasadas elecciones presidenciales, est茅 utilizando la enfermedad de Hugo Ch谩vez para tratar de dibujar a la ciudadan铆a espa帽ola un panorama oscuro en el pa铆s americano demuestra que la Revoluci贸n Bolivariana hace mucho da帽o en los sectores m谩s conservadores y reaccionarios tanto de Venezuela como de pa铆ses como Espa帽a.

No cabe duda de que el Gobierno venezolano gira en torno a la figura del presidente Ch谩vez, persona que est谩 dando la vida por su pueblo, sobre todo por los sectores m谩s humildes, pero tambi茅n es cierto que esa figura carism谩tica no lo es todo en el Gobierno, como ahora se est谩 demostrando cuando tiene que enfrentar la direcci贸n del pa铆s tras la gravedad de la enfermedad que padece el mandatario.

Tras mostrar su plena confianza en que Ch谩vez salga adelante porque tiene una gran fortaleza interna, insisti贸 en su argumentaci贸n de que sin 茅l el proceso bolivariano sigue funcionando perfectamente y el pueblo est谩 del lado del proceso como muestran los resultados de los comicios a gobernadores, el cual se produjo con el presidente en La Habana.

Desde su punto de vista, a pesar de lo que se diga el chavismo est谩 m谩s fuerte hoy en d铆a como demuestra que PSUV y el Gran Pueblo Patri贸tico hayan conseguido m谩s gobernadores que nunca con Ch谩vez gravemente enfermo, luego hablamos de un proceso que est谩 muy vivo y que est谩 funcionando muy bien a pesar de todo.

Tras acusar a la Cadena Ser de haberse convertido por intereses propios en antena de desinfomaci贸n con respecto a Venezuela, Carlos Mart铆nez explic贸 que ese medio entrevist贸 este lunes a un polit贸logo venezolano, nada cercano al chavismo, quien reconoci贸 p煤blicamente que el proceso revolucionario goza de la mejor aceptaci贸n de su historia y que si hubiera elecciones a d铆a de hoy sin Ch谩vez, ser铆a Nicol谩s Maduro quien ganar铆a los comicios.

Como perfecto conocedor de la pol铆tica venezolana, no en vano ha pasado mucho tiempo en ese pa铆s desde la llegada al poder de Hugo Ch谩vez, no tiene duda de que la derecha venezolana, que representa a la oligarqu铆a de ese pa铆s, desea la muerte del presidente, porque la viene deseando desde que enferm贸 por primera vez.

鈥淎 m铆 no me lo tiene que contar nadie porque lo he escuchado personalmente鈥 dijo Mart铆nez para explicar que en su estancia en Venezuela fue testigo varias veces de declaraciones provenientes de la derecha venezolana en las que reconoc铆an que la 煤nica forma de acabar con el chavismo era actuando de la misma forma 鈥渃on la que se acab贸 con Kennedy鈥, o sea, a trav茅s de un magnicidio.

En este sentido, afirma que es p煤blico que pr谩cticamente a diario se hacen llamamientos desde la oligarqu铆a venezolana para que se asesine a Ch谩vez, por lo que el deseo de que muera es latente.

Hugo Chavez significa un antes y un despues

No hago un聽paneg铆rico. El presidente Ch谩vez no ha muerto. Le deseo larga vida por su聽bien, el de su pueblo y el de los pobres del mundo.

Hugo Ch谩vez es un hombre tan odiado por la聽oligarqu铆a聽venezolana, los poderosos del mundo, el聽Departamento聽de Estado de los EE.UU. y lo que este representa, el grupo empresarial PRISA -y “El Pa铆s”, su diario de cabecera- como amado por millones de venezolanas y venezolanos humildes que le聽siguen, le聽votan聽-porque a Hugo Ch谩vez le votan en las urnas- como por millones de personas transformadoras, progresistas y socialistas de este mundo.

Nunca ha sido f谩cil transformar la realidad. Menos f谩cil es construir el socialismo desde la democracia. M谩s聽dif铆cil todav铆a transformar el capitalismo en reparto e igualdad contando con personas viciadas por la cultura vieja de la dominaci贸n y la competencia. Pero Ch谩vez cuando muera, y lo har谩 igual que todas y todos nosotros, al menos lo habr谩 intentado.聽Encima聽tendr谩 datos, cifras y realidades visibles que avalar谩n tal empe帽o. Pero sobre todo, Ch谩vez ha despertado una ilusi贸n, la de que es posible.

Su trabajo es tan odiado porque demuestra que el tr谩nsito hac铆a el socialismo es posible y realizable. Repartir los beneficios de las riquezas patrias, en lugar de hacerlo a los accionistas extranjeros de empresas for谩neas no es una utop铆a, es realizable. Adem谩s ha dejado al descubierto a la聽socialdemocracia europea claudicante ante el neoliberalismo, ante la propia聽oligarqu铆a de Venezuela, construyendo estando social y creando bienestar, cuando esta -la socialdemocracia liberal- comenzaba a defender un “estado del bienestar sostenible”.

Hugo Ch谩vez es un聽fen贸meno producto de la lucha de un pueblo y de su Revoluci贸n pacifica. No ha podido ser derribado a pesar de los millones ingentes de d贸lares y euros gastados en difamarlo, mentir sobre la realidad venezolana y tratar de convertir en un dictador a un mandatario聽democr谩ticamente聽elegido.

Estas lineas no son imparciales. No. Pero tampoco lo es ni una l铆nea de “El Pa铆s”, ni un segundo de la SER, ni un minuto de TVE, ni una micra de los medios privados de propaganda e “informaci贸n” venezolanos, que son nada m谩s y nada menos que el 70% de toda la parrilla informativa de la Rep煤blica Bolivariana… y eso que no hay libertad.

Pero si yo admiro la obra de Ch谩vez -y lo hago- los datos del PNUD, la ONU u otras agencias de聽evaluaci贸n聽econ贸mica y social son incuestionables. Por eso, como la mentira tiene las patas muy cortas, Hugo Ch谩vez gana elecciones.

Pero lo que los neoliberales que desean su muerte y son felices con su enfermedad m谩s temen es que Hugo Ch谩vez ha demostrado que si es posible y que si les podemos vencer. All铆, en su patria y en todas partes.

A los progres europeos antichavistas, a los聽socialdem贸cratas聽ya socioliberales que apoyan el partido del corrupto聽pr贸fugo聽Carlos Andr茅s P茅rez, fallecido recientemente, y a los que siendo de izquierdas se creen las mentiras de PRISA, la propaganda de los EE.UU. o de los grupos empresariales informativos europeos, les digo que Ch谩vez ha hecho mucho m谩s por ellos y sus ideas de lo que se imaginan. Que el problema no es predicar, sino dar trigo y esa es la obra de Ch谩vez, reiniciar el reparto de trigo.

No quiero perder el tiempo reconociendo errores, que los tiene, pues el odio a muerte que ahora se destila es tan nauseabundo como injustificado incluso para un liberal sensato, sino que denunciando a los cuatro vientos que dime de qu茅聽presumes聽y te dir茅 de qu茅 careces. El estado de Europa con un mayor desprecio por sus聽pol铆ticos,聽con cientos de casos de corrupci贸n en el PP y el PSOE, con una ley de partidos聽vigente聽de muy poca calidad democr谩tica, y una Constituci贸n que se reforma mediante un golpe de palacio en quince d铆as y sin consultar al pueblo, lo mejor que puede hacer es callar y respetar la obra de otros que al menos intentan lograr la justicia.

La grandeza de Hugo Ch谩vez es la miseria y la mentira de sus聽detractores聽conscientes y que al menos esperan obtener nuevamente beneficios en Venezuela.

Pero esto -la enfermedad del comandante- no es nada que pueda asustarnos o preocuparnos. Lo siento por el hombre que sufre, pero no por un proceso revolucionario en marcha y con futuro. Mejorable, como todo. Cuando en el Reino de Espa帽a seamos capaces de tener una Rep煤blica聽democr谩tica y m谩s justa, hablamos. Ahora lo que tenemos es mucho que hacer, y recordemos: los mismos que ahora est谩n contra Ch谩vez estar谩n contra la profundizaci贸n de la democracia y la justicia en el estado espa帽ol.

Ah铆 comienzan nuestras alianzas. Feliz y combativo 2013

Europa est谩 pasando por una fase de transici贸n. Afrontamos la mutaci贸n de la socialdemocracia en una fuerza neoliberal pura. Deja un hueco pol铆tico inmenso porque rompe sus lazos de tradici贸n con capas sociales importantes. Son las capas que convirtieron a la socialdemocracia en hegem贸nica. Syriza naci贸 en gran parte dentro de ese hueco pol铆tico. En el resto del sur del Europa tendremos esa misma trayectoria, pero con pasos quiz谩s m谩s lentos. Por eso nuestras alianzas europeas comienzan a la izquierda de la izquierda y terminan a la izquierda de la socialdemocracia. Los aliados m谩s fuertes en el continente europeo son los movimientos sociales y los que se convencen cada d铆a m谩s de que la austeridad no es el camino. Ah铆 comienzan nuestras alianzas.

Alexis Txsipras– lider de Syriza

Por una SYRIZA espa帽ola, con las diversas tradiciones de la聽Izquierda聽real y transformadora. Ninguna es excluyente, ninguna puede sola.

Feliz 2013 y vida digna a vosotros y vuestras familias. Combativo 2013. feliz para la izquierda 2013. Socialista 2013

Ciencia Social desde la resistencia antineoliberal

Recomiendo este elaborado articulo de Armando F. Steinko.

Democracia econ贸mica, n煤cleo de una estrategia antineoliberal

Armando Fern谩ndez Steinko

La reivindicaci贸n de una democratizaci贸n de la econom铆a y de la empresa aparece de forma regular en los momentos de crisis del capitalismo y de su sistema pol铆tico. Los movimientos obreros y socialistas de uno y de otro signo las pusieron desde el principio en su lista de reivindicaciones y como parte de una apuesta pol铆tica m谩s amplia destinada a crear una sociedad solidaria(1). Esta estrategia es plenamente actual: no hay posibilidad de crear una democracia pol铆tica sostenible m谩s o menos perfecta, si no va acompa帽ada de alguna forma de democracia econ贸mica y empresarial. Esta conclusi贸n se hizo patente tras la segunda guerra mundial y explica los grandes pactos sociales de la posguerra. Aunque para abordar la aportaci贸n que puede hacer esta reivindicaci贸n en el actual contexto de crisis financiera hay que ponerse de acuerdo en su diagn贸stico.

El neoliberalismo como proyecto antidemocr谩tico

La actual crisis resulta del intento de responder con pol铆ticas de oferta al estancamiento de la acumulaci贸n de los a帽os sesenta y setenta del pasado siglo. Desde principios de los a帽os 1980 los pa铆ses capitalistas desarrollados vienen aplicando congelaciones de los salarios reales y reducciones impositivas a los propietarios de los medios de producci贸n con el fin de darle un renovado impulso a la acumulaci贸n. Como consecuencia de ello, se han ido acumulando grandes cantidades de riqueza ociosa en las manos de los sectores privilegiados de la sociedad. La desregulaci贸n de los mercados financieros, con su inevitable ola de especulaci贸n financiera, pretend铆a compensar el estancamiento del consumo provocado por las reducciones salariales. Para ello se opt贸 por crear las condiciones para que sectores importantes de la poblaci贸n pudieran completar unos ingresos cada vez m谩s escasos procedentes del trabajo con rentas financieras e inmobiliarias y naturalmente tambi茅n para que los sectores privilegiados de la sociedad pudieran revalorizar sus activos. El objetivo de impulsar un nuevo ciclo sostenible de acumulaci贸n no acab贸 de alcanzarse y s贸lo en la segunda mitad de los a帽os 1990 se produjo una recuperaci贸n temporal rese帽able del crecimiento y del empleo en los EEUU (“renacimiento econ贸mico norteamericano”), recuperaci贸n que sirvi贸 para forzar a煤n m谩s la desregulaci贸n financiera. El coste a medio plazo de esta pol铆tica fue la incubaci贸n de una crisis fiscal estructural. El desv铆o de dinero p煤blico para salvar a los bancos quebrados a partir de 2008 precisamente debido a las actividades especulativas impulsadas por dichas pol铆ticas econ贸micas, ha terminado por provocar la quiebra del Estado del bienestar y la anulaci贸n de facto de los grandes consensos de la postguerra.

Es importante recordar que el ciclo que comienza hacia 1980 (鈥渘eoliberalismo鈥) es una respuesta no democr谩tica a la mencionada crisis de sobreacumulaci贸n. Esta respuesta se impuso frente a las propuestas de 鈥渁rriesgar m谩s democracia鈥 con la que, en los a帽os setenta la izquierda propon铆a salir de la crisis. 鈥淢谩s democracia鈥 habr铆a significado, tanto en aquel momento como tambi茅n en este, una intervenci贸n de la sociedad civil, a trav茅s de los poderes p煤blicos y de la propia ciudadan铆a, en la gesti贸n empresarial y la definici贸n del rumbo econ贸mico de las sociedades. En algunos pa铆ses se ensayaron algunos pasos en esa direcci贸n. En Alemania Federal la Ley de Codeterminaci贸n de 1976 qued贸 en parte desnaturalizada por la impugnaci贸n de la derecha pero fue un paso importante en esta direcci贸n. En Suecia la Ley sobre Democracia Industrial de 1976 y la propuesta de Fondos de los Asalariados, fueron m谩s all谩 aunque tampoco en este caso consiguieron imponerse tal y como hab铆an sido formuladas en sus inicios. El Informe Bullock (1977), que era una propuesta bien razonada para ciudadanizar la gesti贸n de las empresas brit谩nicas con m谩s 2.000 empleados, se estrell贸 contra la victoria electoral de Margaret Thatcher y la oposici贸n arcaizante de un sector de los sindicatos(2).

Espa帽a llega a la crisis de sobreacumulaci贸n de los a帽os setenta con un sistema empresarial particularmente autocr谩tico y una poblaci贸n activa poco cualificada. La precariedad de las pol铆ticas educativas del R茅gimen y las consecuencias a largo plazo de la destrucci贸n del trabajo cualificado durante y despu茅s de la guerra civil, les rest贸 a las empresas espa帽olas mucha capacidad para adaptarse en poco tiempo a los retos competitivos de finales de los a帽os 1970. El resultado fue el aumento de la tasa de desempleo y su cronificaci贸n hasta alcanzar los 铆ndices m谩s altos de todos los pa铆ses de la OCDE. A pesar de ello, los gobiernos democr谩ticos fueron reticentes a intervenir en el espacio de las empresas cancelando incluso cualquier forma de pol铆tica industrial activa. Y esto, a pesar de tres factores que lo habr铆an hecho no s贸lo necesario sino tambi茅n posible: a.) que la Constituci贸n de 1978 reza que 芦Los poderes p煤blicos promover谩n eficazmente las diversas formas de participaci贸n en la empresa y fomentar谩n, mediante una legislaci贸n adecuada, las sociedades cooperativas. Tambi茅n establecer谩n los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producci贸n禄 (art. 129.2); b.) que numerosos estudios demostraban y demuestran que la eficiencia, sobre todo si se entiende en un sentido amplio y sostenible es, por lo general, mayor en las empresas democr谩ticas que en las autocr谩ticas(3): la democratizaci贸n del espacio empresarial habr铆a colocado el sistema productivo del pa铆s en mejores condiciones y le habr铆a dado m谩s capacidad para financiar un Estado del Bienestar pol铆ticamente impostergable sin tener que recurrir al endeudamiento; c.) que existe una rica experiencia de cooperativismo cuya generalizaci贸n en todo el Estado habr铆a permitido reforzar el tejido productivo y la propia andadura democr谩tica del pa铆s, as铆 como avanzar en la conformaci贸n de una identidad democr谩tica compartida entre todas sus nacionalidades. En consecuencia: el desempleo, que desde 1982 no ha bajado nunca del 8%, s贸lo se ha conseguido reducir temporalmente y a costa de una destrucci贸n inmensa de recursos no renovables (capitalismo popular inmobiliario), de recursos subjetivos (precarizaci贸n laboral), de la autonom铆a financiera del pa铆s (endeudamiento) y de la degradaci贸n de sus cuentas p煤blicas (proliferaci贸n del trabajo sumergido destinado a compensar la falta de trabajo no sumergido). En este sentido, el colapso financiero tambi茅n es una consecuencia indirecta del rodeo que hicieron aquellos primeros gobiernos democr谩ticos alrededor de las empresas, de haberlas mantenido intactas.

No es casualidad que la principal oposici贸n en todo el mundo a una salida democr谩tica a la crisis de sobreacumulaci贸n procediera de los patronos. Con raz贸n intu铆an que habr铆an generado una erosi贸n de un principio capitalista sacrosanto: el monopolio de la propiedad en la gesti贸n de las empresas, la exclusi贸n de ciudadanos y productores de las grandes decisiones econ贸micas y empresariales y, en consecuencia, la redefinici贸n de las grandes pol铆ticas econ贸micas y sociales. Y as铆 lo hicieron valer en sus impugnaciones legales de las leyes europeas de democratizaci贸n empresarial que se fueron sucediendo en esos a帽os. En realidad, el proyecto de salida neoliberal a la crisis de sobreacumulaci贸n se basaba en la reducci贸n de la participaci贸n democr谩tica a su m铆nima expresi贸n (鈥渕inimalismo democr谩tico鈥) o en la liquidaci贸n de la democracia parlamentaria cuando fuera necesario. Los diversos experimentos neoliberales tienen en com煤n justamente esto: la erosi贸n democr谩tica en sus diferentes formas. El golpe de Estado contra el gobierno de Allende, que hab铆a puesto en marcha importantes medidas de democracia industrial, acab贸 incluso con la democracia pol铆tica(4). En los pa铆ses de Europa occidental esta erosi贸n qued贸 mitigada hasta el inicio de la gran recesi贸n de 2008 por la inercia de los grandes pactos pol铆ticos de la postguerra. Pero tambi茅n estos fueron cediendo poco a poco con cada medida de pol铆tica monetarista y neoliberal. Hoy, ya hay varios pa铆ses en Europa que no son gobernados por poderes elegidos democr谩ticamente, que vienen un estado de excepci贸n latente.

Maastricht como motor restaurador

En este caminar hacia un neoliberalismo cada vez m谩s puro y consecuente fue decisivo el Tratado de Maastricht. El proyecto de integraci贸n monetaria sin integraci贸n fiscal y pol铆tica, que sancionar铆a los intereses de aquellos pa铆ses mejor preparados para exportar 鈥損or ejemplo debido al desarrollo de pol铆ticas industriales activas y sostenidas por parte de sus gobiernos鈥 a costa de los menos preparados resulta decisivo en esta andadura. Fue creando una Europa cada vez m谩s desigual que s贸lo se podr铆a conseguir con una econom铆a y unas finanzas cada vez m谩s inmunes a la voluntad del conjunto de los ciudadanos europeos. El alejamiento de las decisiones sobre pol铆tica econ贸mica, infraestructuras o alimentarias que le conciernen a la ciudadan铆a, as铆 como la ausencia de una articulaci贸n democr谩tica de las pol铆ticas comunitarias (autonom铆a del Banco Central Europeo, falta de poder del Parlamento Europeo, etc.) son sus principales razones. Pero tambi茅n la concentraci贸n de muchas de estas decisiones en un lugar 鈥揃ruselas鈥 en el que el (gran) poder econ贸mico tiene m谩s capacidad de influir que los propios ciudadanos, estos 煤ltimos mucho peor organizados, m谩s dispersos y provistos de muchos menos recursos econ贸micos. Explica la implantaci贸n de las pol铆ticas econ贸micas insolidarias que ahora sufren las poblaciones de todos los pa铆ses europeos debido a los dr谩sticos recortes sociales y salariales, y cuyo objetivo es precisamente que las empresas nacionales puedan competir mejor con las de otros pa铆ses europeos. Estas pol铆ticas, por medio de las cuales los m谩s fuertes se imponen a los m谩s d茅biles, explican la acumulaci贸n de desequilibrios comerciales entre el norte y el sur hasta alcanzar niveles insostenibles. La consecuencia de estos desequilibrios comerciales es el sobreendeudamiento del sur con los bancos de Centroeuropa y la imposibilidad de varios gobiernos de devolver el dinero prestado y de seguir financi谩ndose en los mercados financieros. Sin la erosi贸n paralela de los sistemas pol铆ticos nacionales (aumento de la abstenci贸n, autonom铆a creciente de los elegidos de los electores, cauces de delegaci贸n cada vez m谩s largos, liquidaci贸n de los espacios de opini贸n p煤blica no dependientes de intereses econ贸mico-medi谩ticos, etc.) no se habr铆a podido llegar a esta situaci贸n: las alarmas habr铆an sonado mucho antes, las alternativas habr铆an podido ser discutidas en el espacio de la opini贸n p煤blica, y los intereses a largo plazo de las poblaciones europeas habr铆an quedado mejor garantizados.

Democracia econ贸mica como estrategia para un cambio global

Todo esto demuestra que la estrategia democr谩tica es y ha sido siempre una pieza esencial de cualquier dise帽o de sociedad democr谩tica. El elemento democr谩tico no puede ser un condimento externo para darle legitimidad a un sistema pol铆tico y econ贸mico en el que se toman las grandes decisiones a espaldas de la ciudadan铆a. O para utilizar la implicaci贸n de los trabajadores con el fin de forzar a煤n m谩s la competencia entre empresas, territorios y pa铆ses sacrificando las relaciones cooperativas. Hay formas de entender la democracia econ贸mica y empresarial que van en este 煤ltimo sentido. Por ejemplo el co-management y la estrategia sindical del corporativismo para la competitividad fijada en el Tratado de Lisboa a propuesta de los sectores m谩s conservadores del movimiento obrero europeo. Esta estrategia frena la articulaci贸n de una oposici贸n internacional a la destrucci贸n del llamado 鈥渕odelo social europeo鈥 y, tras el cambio de ciclo de 2008, bloquea los intentos de respuesta coordinada de todo el movimiento obrero europeo contra las pol铆ticas de liquidaci贸n de dicho modelo(5).

La nueva estrategia de democracia econ贸mica -y empresarial- no puede agotarse, por tanto, en la democratizaci贸n del espacio micro (por ejemplo los puestos de trabajo, o reparto de resultados econ贸micos de la empresa) cuando esta se convierte en una pieza m谩s de un gran y abarcador mosaico neoliberal. En este caso acaba siendo funcional al mismo, pierde su potencial democr谩tico y emancipador a煤n cuando pase efectivamente por el aumento de la participaci贸n de los trabajadores en la gesti贸n de algunos aspectos de la actividad empresarial. Por el contrario, tiene que convertirse en parte de un programa m谩s general destinado a crear un orden econ贸mico y empresarial solidario y cooperativo dentro y entre los territorios, as铆 como social y ambientalmente sostenible. Se trata, en definitiva, de un programa para la participaci贸n ciudadana en la regulaci贸n de la econom铆a, y de una forma de participaci贸n en la actividad productiva entendida como una pieza (鈥渕icro鈥) de un proyecto m谩s amplio (鈥渕acro鈥) de transformaci贸n social.

De abajo a arriba y de arriba a abajo

Se asentar铆a en dos pilares: la creaci贸n de circuitos econ贸micos locales (鈥渄esglobalizaci贸n parcial鈥: Walden Bello) y el redimensionamiento y la regulaci贸n del sistema financiero poni茅ndolo al servicio de las necesidades de la econom铆a productiva. Las dos se complementan. Los espacios econ贸micos locales facilitan el acercamiento del sistema empresarial a la satisfacci贸n de las necesidades de los ciudadanos, lo cual estimula el empleo de procedimientos democr谩ticos dentro de las empresas con el fin de trasladar de forma eficiente estas necesidades a dise帽os, planos y calendarios de producci贸n, a la gesti贸n de personal, de los tiempos etc. Sin embargo, dadas las extraordinarias dimensiones de los mercados financieros, su regulaci贸n s贸lo puede alcanzarse hoy con ayuda de un gran paraguas institucional consensuado internacionalmente. La experiencia de las cajas de ahorro espa帽olas demuestra que no es posible hacer una cosa sin la otra. Dichas Cajas son los 煤nicos espacios empresariales en Espa帽a en los que la ciudadan铆a tiene representaci贸n en los consejos de administraci贸n. Han funcionado durante m谩s de 150 a帽os de forma ejemplar para desarrollar proyectos locales al servicio de las necesidades de los ciudadanos, necesidades que no fueron cubiertas durante d茅cadas por un Estado insensible a las demandas de los territorios y las clases m谩s necesitados. Su exposici贸n a la gran econom铆a financiarizada por la que apuestan de facto todos los gobiernos espa帽oles a partir de 1985 para abordar el problema del paro estructural -el gran c谩ncer de dichas comarcas- y para asegurar la prestaci贸n de servicios p煤blicos municipales, las ha arrojado a la quiebra, no sin antes haber protagonizado numerosos casos de corrupci贸n local.

Una regulaci贸n democr谩tica de las finanzas globales resulta imprescidible para que puedan prosperar los espacios locales de democratizaci贸n econ贸mica y empresarial basados en, en buena medida, en una expansi贸n de la demanda interna. Esto obliga a seguir tom谩ndose en serio los espacios 鈥渕acro鈥 de intervenci贸n ciudadana en la econom铆a. Estos espacios macro s贸lo se pueden articular democr谩ticamente a trav茅s de la delegaci贸n del voto y de la vinculaci贸n entre competencia t茅cnica, fidelidad a una serie de principios morales y pol铆ticos, y sistemas eficientes de control ciudadana de la acci贸n de los elegidos. Es verdad: los espacios micro de participaci贸n son los id贸neos para la articulaci贸n de la participaci贸n directa de los ciudadanos en los asuntos econ贸micos y empresariales que les conciernen, pero no aseguran por s铆 mismos un orden democr谩tico sostenible. Todo lo contrario. Debido precisamente a que la participaci贸n tiende a hacer m谩s eficientes a las empresas (ver arriba), aquella puede puede servir tambi茅n para afianzar pol铆ticas neocompetitivas de base territorial como suceden en Espa帽a, Italia o Alemania. Su objetivo es crear o salvar puestos de trabajo en los territorios propios a costa de quit谩rselos al que tienen al lado, una pol铆tica que est谩 en la ra铆z de los desequilibrios comerciales acumulados en Europa (ver arriba). Los consejos econ贸micos sociales de 谩mbito local y comarcal dotados de poderes reales o la creaci贸n de un sector bancario municipal y cooperativo que recoja el ahorro de los ciudadanos para destinarlo a actividades codecididas por los propios depositantes, pueden cumplir una importante funci贸n mediadora entre los espacios 鈥渕acro鈥 y los 鈥渕icro鈥. Pero al mismo tiempo hacen faltan sistemas de regulaci贸n de dimensi贸n estatal y europeo-continental destinados a controlar el apalancamiento de las instituciones financieras 鈥搃ncluidas las cajas鈥, a crear agencias p煤blicas de calificaci贸n, a restringir el mercado de fondos hedge, etc.

El objetivo, por tanto, no puede ser una especie de neolocalismo sin m谩s. El reto es articular una relaci贸n democr谩tica que funcione con eficiencia tanto en el plano continental y mundial, como en el plano local. Aunque la noci贸n de 鈥渆ficiencia鈥 debe ser sometida a una profunda revisi贸n: ya hay muchas experiencias que van en este sentido. La nueva forma de entender la eficiencia no deber circunscribirse s贸lo a su dimensi贸n econ贸mica. Por el contrario la eficiencia econ贸mica debe ser ampliada y contrastada con otras 鈥渆ficiencias鈥 (por ejemplo la ambiental, la social etc.) y adem谩s debe ampliarse tambi茅n el horizonte temporal, espacial e institucional del c谩lculo destinado a medirlas: lo que puede ser rentable a corto plazo para una empresa individual puede resultar ruinoso a largo plazo para la comarca o la sociedad en su conjunto y/o a largo plazo. Los n煤meros s贸lo reflejar谩n esta eficiencia compleja y global si se trabaja con sistemas de indicadores integrados o 鈥減olicrom谩ticos鈥, es decir, rojos, verdes, violetas, azules etc.(7). Cuando no se hace as铆, la cuantificaci贸n de la eficiencia deja fuera todo aquello que sufre un desgaste, o incluso una destrucci贸n irreversible: la 鈥渆ficiencia micro鈥 se libra a las espaldas de la 鈥渆ficiencia global鈥, de los bienes colectivos y de otros.

Si tenemos en cuenta las enormes necesidades de financiaci贸n requeridas para recomponer el sistema productivo, energ茅tico y de transportes de la mayor铆a de los pa铆ses, a los que se suman las necesidades 鈥揳煤n m谩s grandes si cabe- de creaci贸n de empleo en un pa铆s como Espa帽a, as铆 como el contexto financiero internacional, parece aventurado 鈥揳l menos en este momento: el futuro se muestra imprevisible鈥 apostar por la vuelta a una moneda nacional como sugieren algunos autores. Su argumento es leg铆timo y tienen, sobre todo, un contenido democr谩tico: los bancos centrales nacionales son espacios m谩s pr贸ximos y, por tanto, potencialmente m谩s permeables a las necesidades de sus poblaciones(6). Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta las extraordinarias dimensiones que han adquirido los mercados financieros y su potencial desestabilizador de las pol铆ticas econ贸micas alternativas. Es verdad: la actual moneda 煤nica forma parte del proyecto neoliberal acordado en Maastricht. Pero esto no anula las importantes ventajas que representa, sobre todo para los pa铆ses m谩s d茅biles y endeudados como los del sur de Europa, el poder disponer de una moneda compartida para abordar un proyecto como el que estamos esbozando en medio de un sistema financiero internacional altamente agresivo y poderoso. Naturalmente: las cosas pueden cambiar muy r谩pido. Pero hoy por hoy la focalizaci贸n de la estrategia democr谩tica en la salida del euro refleja una simplificaci贸n del fen贸meno democr谩tico. En la actual situaci贸n, la democracia econ贸mica no se puede ejercer s贸lo en el plano micro o nacional, especialmente cuando se trata de naciones peque帽as o muy peque帽as. Por eso hay que reflexionar tambi茅n sobre la construcci贸n de un modo de regulaci贸n de las finanzas internacionales que -al menos- limite la destrucci贸n que pueden provocar los enormes excedentes financieros que hoy deambulan por el mundo en busca de una colocaci贸n r谩pida y rentable. Es verdad: la Europa de Maastricht ha sido la excusa para colocar a la econom铆a en un limbo (a煤n m谩s) antidemocr谩tico. Pero el abandono de la carta europea y la identificaci贸n de Maastricht con la existencia de una moneda 煤nica no hace 鈥揳l menos hoy por hoy鈥 no m谩s, sino menos realista un proyecto de democracia econ贸mica y empresarial incluso o precisamente cuando este apuesta por darle un protagonismo especial a losespacios de socializaci贸n m谩s locales y pr贸ximos a la ciudadan铆a.

Algunas cuestiones a tener en cuenta

Hay algunos aspectos que no habr铆a que perder de vista en este contexto. Muchos de ellos han sido recurrentes en las experiencias anteriores y tambi茅n lo ser谩n, de una forma o de otra, en el futuro.

1. La聽formaci贸n聽de los ciudadanos-productores. Hoy los ciudadanos tienen unos niveles de formaci贸n mucho m谩s altos y est谩n mucho mejor informados que en d茅cadas pasadas. En aquellos a帽os personas con un acceso privilegiado a la cultura (llamadas a veces 鈥渧anguardias鈥) hablaban en nombre de ciudadanos con pocos recursos. Esto generaba sistemas de participaci贸n basados en cauces de delegaci贸n cada vez m谩s largos, cuya raz贸n de ser 煤ltima no era t茅cnica sino la enorme desigualdad en el acceso a los recursos culturales. Hoy se dan mejores condiciones subjetivas para regular la econom铆a y la actividad productiva de otra forma. La condici贸n es que las mayor铆as est茅n continuamente aprendiendo en sus empresas y en su entorno de vida, que vivan y trabajen en organizaciones 鈥渆n estado continuo de aprendizaje鈥(8). Pero otra condici贸n es tambi茅n que no tengan que dedicar una parte sustancial de su energ铆a y de su tiempo a luchar por satisfacer sus necesidades m谩s elementales: la reducci贸n de la jornada y una m铆nima estabilidad en el empleo son condiciones insoslayables para la creaci贸n de un orden democr谩tico tambi茅n en el campo de la econom铆a y la gesti贸n de las empresas.

2. La聽crisis ambiental hace urgente la necesidad de reconvertir el sistema de producci贸n y de consumo. Las empresas y sus productores tienen que definir una nueva relaci贸n con la sociedad, el medioambiente y los consumidores finales. No todo est谩 permitido por muy rentable econ贸micamente que sea, ya no es asumible un choque entre el subsistema econ贸mico y el subsistema ambiental, laboral etc.. La forma m谩s operativa para llevar a cabo una reconversi贸n tan compleja, y en la que el subsistema econ贸mico est茅 equilibrado con el resto, es creando mecanismos de relaci贸n directa entre productores y consumidores, entre trabajadores y ciudadanos. Los ingenieros tienen que dise帽ar sistemas y subsistemas de productos partiendo de las necesidades formuladas por los propios consumidores finales, contrast谩ndolas con las necesidades del conjunto de la poblaci贸n, del territorio y del medioambiente, encontrando soluciones t茅cnicas que nazcan de estas formulaciones. As铆, las estrategias de obsolescencia programada 鈥揷uyo objetivo es acortar el per铆odo de duraci贸n de un producto con el fin de estimular la compra de uno nuevo(9)- deben dar paso a otros criterios para definir productos y procesos m谩s duraderos que, a su vez, requerir谩n de la creaci贸n de muchos m谩s puestos de trabajo de reparaci贸n y mantenimiento, la mayor铆a de ellos cualificados. Los productos fabricados no deben atender s贸lo o preferentemente a las necesidades de revalorizaci贸n de los capitales individuales sino que, adem谩s, tienen que adaptarse a las necesidades de la sociedad y de la naturaleza en su conjunto, dar pie a procesos productivos sostenibles. Pero sostenibles no s贸lo en lo ambiental. Adem谩s, los planes de producci贸n y la organizaci贸n de las cadenas de valor a帽adido tienen que fomentar un 鈥渢rabajo bueno鈥, un trabajo en el que el esfuerzo f铆sico y sobre todo s铆quico no sobrepasen la capacidad del ciudadano de repararlos y mantenerlos a raya etc. (鈥渋ndicadores rojos鈥: ver arriba).

3. El problema de la聽propiedad聽seguir谩 siendo determinante. Sin embargo sus diversas formas y mixturas deben valorarse en funci贸n de la participaci贸n ciudadana en las nuevas formas de producir y de decidir sobre el rumbo econ贸mico general, as铆 como de su contribuci贸n a una noci贸n compleja, amplia y sostenible de eficiencia. Los experimentos de democracia econ贸mica, tal y como se plantearon en el per铆odo fordista tanto en los pa铆ses capitalistas como, por ejemplo, en la Rep煤blica Democr谩tica Alemana de la d茅cada de los a帽os 1960, no exploraron ni pol铆tica, ni t茅cnica, ni cultural y ni mucho menos econ贸micamente esta conexi贸n. Reposaban en la definici贸n de una relaci贸n mec谩nica entre democracia y nacionalizaci贸n/empresa estatal que no inclu铆a la articulaci贸n de mecanismos para que la ciudadan铆a pudiera codecidir, por ejemplo, sobre la nueva funcionalidad 鈥搒ocial, ambiental, laboral- de las empresas p煤blicas o nacionalizadas, sobre la adaptaci贸n de su organizaci贸n a los recursos subjetivos de sus trabajadores, con la esfera reproductiva, el entorno local etc. Aquellas iniciativas tambi茅n mostraron una incapacidad importante de vincular los intereses individuales y subjetivos de los productores activos en las empresas nacionalizadas, con el rumbo econ贸mico general de las comarcas, de las regiones y de los pa铆ses de las que formaban parte, casi siempre subsumi茅ndolos a estos 煤tlimos. Esto no s贸lo provoc贸 el debilitamiento de las izquierdas, en el caso de la Rep煤blica Democr谩tica Alemana de la frustraci贸n de los experimentos reformistas impulsados por Walter Ulrich en la primera mita de los a帽os 1960(10). Su consecuencia a largo plazo fue la ampliaci贸n del campo ideol贸gico del neoliberalismo que lanzaba un mensaje de iniciativa y emancipaci贸n personal a una ciudadan铆a cada vez m谩s instruida y menos dada a aceptar estilos autocr谩ticos de cualquier signo. Esta invitaci贸n neoliberal a una mayor implicaci贸n y realizaci贸n personal en el trabajo fue f谩cilmente incorporable al nuevo discurso microecon贸mico neoliberal basado en pol铆ticas de oferta. El resultado fue 鈥搚 sigue siendo. la proliferaci贸n de 鈥淵o SAs鈥, de empresas reales o virtuales en la que el individuo se convierte en 鈥渆mpresario鈥 de s铆 mismo y empieza a pensar y a sentirse como tal. La individualizaci贸n general de las relaciones de empleo y el aumento de los peque帽os empresarios y de los aut贸nomos se extendieron r谩pidamente por todo el tejido social reforzando la hegemon铆a del neoliberalismo a costa de las propuestas empresariales de ra铆z solidaria y cooperativa. Esta situaci贸n todav铆a no forma parte del pasado: si no se le da a la subjetividad nacida de los cambios sociales, culturales y tecnol贸gicos de las 煤ltimas d茅cadas una salida solidaria tambi茅n en el plano empresarial (individuaci贸n de las relaciones sociales), dicha subjetividad seguir谩 optando por una salida insolidaria (individualizaci贸n de las relaciones sociales) y el potencial emancipador generado por la din谩mica hist贸rica del capitalismo quedar谩 desaprovechado.

4. El聽tama帽o聽de muchas empresas tradicionales, que inclu铆a la generaci贸n 鈥渆n casa鈥 de un elevado porcentaje de valor a帽adido, ha sido desplazado por un modelo empresarial mucho m谩s disperso en el espacio, m谩s especializado y m谩s dependiente del entorno territorial basado. Se basa en una mayor divisi贸n del trabajo entre empresas y en una disminuci贸n del valor a帽adido generado por cada una de ellas. Esta situaci贸n reduce la autonom铆a de las empresas individuales, las hace depender m谩s y m谩s de las regiones en las que est谩n encavadas, de otras empresas, de las infraestructuras creadas entre ellas. Pero tambi茅n socava la visi贸n estrictamente indivual-microecon贸mica de los procesos productivos. Por otro lado obliga a tener una visi贸n m谩s de conjunto de los sistemas productivos, permite y obliga a 鈥減olitizar鈥 el territorio mismo pues es aqu铆, en el espacio extra- e interempresarial, donde se toman cada vez m谩s decisiones que afectan a las empresas y a las cadenas de valor a帽adido de las que forman parte. En realidad, la producci贸n en el capitalismo contempor谩neo est谩, de facto, en buena medida 鈥渟ocializada鈥 ya en muchos aspectos importantes como este, lo cual fomenta el acercamiento entre los intereses de los ciudadanos y de los productores. El municipio y las mancomunidades, dos espacios ideales para del desarrollo de formas directas de participaci贸n, tienden a ganar peso en los nuevos sistemas productivos. Aunque siempre y cuando queden vinculados a espacios institucionales m谩s amplios que apoyen los procesos democr谩ticos con pol铆ticas macroecon贸micas inspiradas en principios solidarios y sostenibles en lo ambiental y laboral.

Conclusi贸n: la superaci贸n del modelo secuencial

La democracia econ贸mica y empresarial ha sido un protagonista central de las experiencias de democratizaci贸n. Ni la historiograf铆a, ni la ciencia pol铆tica y mucho menos a煤n la econom铆a, han tenido lo suficientemente en cuenta su importancia como precondici贸n para la consolidaci贸n de un tejido democr谩tico s贸lido y sostenible(11). Y ello, a pesar de que el desdoblamiento entre democracia pol铆tica por un lado, y democracia econ贸mica y empresarial, por otro, forma el n煤cleo del proyecto de democracia minimalista propio de las 鈥渟ociedades burguesas鈥 tal y como fueron criticadas por los movimientos socialistas del siglo XIX.

El concepto de 鈥渄emocracia social鈥 es una especie de compromiso que deja fuera el derecho de los ciudadanos a seguir si茅ndolo tambi茅n en el 谩mbito de la empresa, sea p煤blica o privada. Lo que se entiende por 鈥渄emocracia social鈥 es, por tanto, de naturaleza secuencial y refleja el pacto pol铆tico de la postguerra: la izquierda 鈥揺n aquellas fechas una socialdemocracia fuertemente comprometida con el capitalismo y la guerra fr铆a鈥 acepta reconocer el monopolio de la propiedad en la gesti贸n de los medios de producci贸n, aunque a cambio de que dicha propiedad se comprometa a colaborar con un sistema impositivo progresivo destinado a financiar un Estado del Bienestar. Es secuencial porque propone, primero generar la riqueza y los valores de uso sobre bases no democr谩ticas y cada vez m谩s tecnocr谩ticas, aunque admite que despu茅s y en un segundo paso se reparta el excedente siguiendo procedimientos democr谩ticos fuertemente delegadotes, es decir, a trav茅s de partidos pol铆ticos que se disputan los esca帽os en elecciones parlamentarias. El llamado modelo social europeo es, sin duda, un gran avance hist贸rico que hay que seguir defendiendo pues por primera vez le dio a las clases populares el derecho a beneficiarse del crecimiento econ贸mico y, de alguna forma, permite que la ciudadan铆a no tenga que dedicar toda su energ铆a vital y todo su tiempo a satisfacer sus necesidades m谩s perentorias e inmediatas. Sin embargo es un modelo muy vulnerable en t茅rminos democr谩ticos y genera problemas de legitimidad a medida enque aumenta el nivel general de instrucci贸n de la poblaci贸n. La raz贸n es que se basa en la exclusi贸n de la ciudadan铆a justamente de aquellos espacios en los que se toman las grandes y peque帽as decisiones empresariales, espacios en los que s贸lo se admiten formas muy indirectas y diluidas de participaci贸n ciudadana. No hay ning煤n lugar donde esto se ponga de manifiesto de forma m谩s clara que en el de la econom铆a y de la empresa. Las formas de participaci贸n delegadoras son f谩cilmente transformables en la exclusi贸n completa y sistem谩tica de una ciudadan铆a que sin embargo est谩 cada vez m谩s capacitada para intervenir activamente en la gesti贸n econ贸mica y empresarial. La autonomizaci贸n de los elegidos con respecto a los votantes (por ejemplo alegando razones t茅cnicas) acaba siendo inevitable lo cual erosiona la legitimidad del sistema pol铆tico en su conjunto al dar v铆a libre para que las decisiones econ贸micas y empresariales se queden completamente fuera de la participaci贸n ciudadana. Adem谩s crea una cultura que desincentiva al ciudadano de participar en la cogesti贸n de los asuntos econ贸micos y abona el campo para que sean los poderes econ贸micos los que monopolicen los procesos de toma de decisiones a trav茅s de lobbies, fundaciones o por medio de su participaci贸n directa en los gobiernos (empresarios que se convierten en ministros, etc.). La exclusi贸n de los ciudadanos-trabajadores de las grandes decisiones empresariales, que mantiene as铆 intacto el poder de la propiedad en el acceso a los medios de producci贸n, acaba provocando una autonomizaci贸n de la econom铆a y de las empresas con respecto a la sociedad civil y la ciudadan铆a, por mucho que los (neo)liberales insistan en incluir a las empresas privadas dentro de la categor铆a de la “sociedad civil”. Este monopolio en el tratamiento de los grandes y peque帽os asuntos econ贸micos y empresariales contribuye a erosionar la democracia en su conjunto pues sit煤a a la econom铆a y a la sociedad toda al servicio de los intereses empresariales privados. El proyecto neoliberal es la cr贸nica de esta fagocitaci贸n. Como hemos visto este 煤ltimo pas贸 a la ofensiva en muchos pa铆ses europeos hacia finales de los a帽os 1970 como una primera respuesta empresarial a los intentos de ciudadananizar el espacio de la producci贸n y del trabajo asalariado. Este ataque inicial de contenido empresarial acab贸 transform谩ndose despu茅s en el intento de poner toda la econom铆a y toda la sociedad al servicio de los grandes intereses privados, es decir, acab贸 transform谩ndose en una erosi贸n de la propia democracia pol铆tica, incluso en su versi贸n delegadora e indirecta contenida en el proyecto de “democracia social”.

Todo esto permite proponer dos conclusiones: a.) la crisis del neoliberalismo es la crisis de un modelo de organizaci贸n social basado en la erosi贸n de la democracia en su conjunto y no s贸lo de la democracia econ贸mica. Esta erosi贸n se produjo en varias etapas. Primero vino la erosi贸n de la democracia empresarial, luego la de los espacios de participaci贸n indirecta 鈥揺s decir a trav茅s de elecciones parlamentarias- en la definici贸n de las grandes pol铆ticas econ贸micas. A largo medio y largo plazo este proceso llev贸 a la erosi贸n de la propia democracia pol铆tica, incluso en su versi贸n m谩s diluida pues el sistema parlamentario es utilizado para poner en marcha pol铆ticas basadas, no en el inter茅s general sino en intereses parpticulares; y b.): la configuraci贸n de otro modelo econ贸mico y pol铆tico tiene que abordar el problema de la democratizaci贸n tambi茅n de los espacios de la econom铆a y de la empresa. S贸lo si los productores siguen siendo ciudadanos tambi茅n en los espacios donde desarrollan su trabajo y se vinculan a espacios de participaci贸n 鈥揹irecta y delegada- en los que pueden codecidir tambi茅n sobre el rumbo de la econom铆a general es posible asegurar a largo plazo incluso la propia democracia pol铆tica. El fen贸meno democr谩tico ha de ser tratado, por tanto, como un todo integrado e indivisible si se pretende que sea sostenible, que dure y que se consolide. Las experiencias que dos generaciones de ciudadanos han venido acumulando con el modelo neoliberal vuelven a demostrar que s贸lo esta forma de vivir la democracia permite alterar el poder estructural que se da en el seno de las sociedades capitalistas, incluidas las propias correlaciones del poder pol铆tico.


Notas

1. A. Fern谩ndez Steinko, Experiencias participativas en econom铆a y empresa. Tres ciclos para domesticar un siglo, Siglo XXI, Madrid, 2001.

2. Id pp 355ss.

3. Ver, por ejemplo, D. Schweickart, M谩s all谩 del capitalismo, Sal Terrae, Santander, 1997. Para el sector espa帽ol de la maquinaria mec谩nica A. Fern谩ndez Steinko, Continuidad y ruptura en al modernizaci贸n industrial de Espa帽a, Consejo Econ贸mico Social (CES), Madrid, 1997. Otro ejemplo, esta vez formulado por un empresario es el interesant铆simo trabajo de Semler, R.: Radical. El 茅xito de una empresa sorprendente. Ediciones Gesti贸n 2000. Madrid 1997.

4. J. G. Espinosa, A. Zimbalist, Democracia econ贸mica, la participaci贸n de los trabajadores en la industria chilena, 1970-1973, Fondo de Cultura Econ贸mica (FCE), M茅xico D.F., 1984.

5. U. Klitzke H. Betz y M. M枚reke (eds), Von Klassenkampf zum Co-Management?, VSA, Hamburgo, 2000 y A. Fern谩ndez Steinko: 芦El corporativismo para la competitividad禄, Mientras Tanto, n煤m. 83 y 84, 2002.

6. A. Fern谩ndez Steinko, Democracia en la empresa, Hoac, Madrid, 2000.

7. As铆 mi propuesta descargable en: https://dl.dropbox.com/u/109592466/Indicadores%20policrom%C3%A1ticos.pdf

8. Stahl et al.: The Learning Organisation. Eurotecnet, Bruselas 1993.

9.Ver sobre este particular A.聽Leonard:聽La historia de las cosas: de c贸mo nuestra obsesi贸n por las cosas est谩 destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud y una visi贸n del cambio, Fondo de Cultura Econ贸mica (FCE), M茅xico, 2010.

10. Para un an谩lisis cr铆tico de la experiencia del gobierno de la izquierda en Francia de 1981 ver P. Zarifian, 芦Plan, mercado, autogesti贸n禄, Utop铆as n潞 155, 1993 pp. 76-95 y m谩s recientemente y contextualizado: J. Lojkine: Une autre fa莽on de faire de la politique. Les Temps des Crisis, Paris 2012. Para la experiencia en la RDA a principios de la d茅cada de los a帽os 1960 ver K. Steinitz: 鈥淚mpulse f眉r Wirtschaftsdemokratie鈥 en: Sozialismus 11/2012, pp. 48-55. La propuesta sueca de creaci贸n de fondos regionales, que formar铆an parte de los 鈥渇ondos de los asalariados鈥 es digna de ser tenida en cuenta para abordar la contradicci贸n entre los intereses microecon贸micos de los empleados y los intereses de las regions y de los ciudadanos en su conjunto. Ver Fern谩ndez Steinko (2001, pp. 369ss.).

11. A. Fern谩ndez Steinko, 芦Herramientas para un chequeo de la din谩mica democr谩tica禄, Revista Espa帽ola de Investigaciones Sociol贸gicas (REIS), n煤m. 94/01, 2001, pp. 9-35.

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