Le llaman democracia y no lo es… ¿Pero como resolverlo?

Ante las ya muy próximas elecciones, muchas y muchos se preguntan ¿para que?. Cuando se ve tan claramente el dominio dictatorial de los mercados. La solución es el cambio sistémico, si. Pero también, pues sin eso no hay nada, la reconquista de la soberanía popular. La res-pública de las y los iguales, que nos permita reapropiarnos de la política a las y los ciudadanos.

Pues visto lo ocurrido estos días en Grecia e Italia, por si alguien tenía alguna duda, ha podido comprobar que la democracia en Europa es pura fachada y encima, para colmo de la desverguenza de los poderosos, imponemos nuestro modelo “democrático” a bombazos con una suficiencia racista digna de psicópatas.

La estafa de la deuda en Europa demuestra como nos exprimen y acaban enriqueciéndose con la crisis. Todo esto tiene un matiz que no debemos olvidar y es que, aparte de los pinchazos de las distintas burbujas, la crisis financiera, etc., lo que estamos viviendo es -y no lo olvidemos jamás- una brutal transferencia de rentas de las clases populares; es decir, autónomos, pymes, obreras y obreros, trabajadores, funcionarias y parados y pensionistas a los ricos, los bancos, los capitalistas. Pero adobada por una represión ya nada disimulada de los derechos y libertades de expresión, huelga y manifestación en todas las potencias centrales, incluido el Reino de España, al que los poderosos ya han encontrado su medicina: el gobierno del PP, para rematar lo iniciado por Zapatero y acabar de poner las cosas en su sitio.

Por tanto, además de proponer alternativas -que de sobra las tenemos y además realizables- uno se pregunta ¿que más podemos hacer?

No creo que haya que plantear una sola tarea, sino estar en varios campos. El Movimiento 15M ha iniciado uno clave, como es el volver a concienciar y autoeducar en la reflexión colectiva a las personas, hartas y que han reaccionado y trabaja en varias líneas, como la educación popular, la defensa de lo público y la reivindicación del poder ciudadano frente a la banca y las oligarquías políticas. Bien hecho y mejor planteado y además allí hemos coincidido y, sin deseo de cooptación alguno, gentes que ya llevaban tiempo trabajando y denunciando con una explosión de panfletos que al final han logrado su objetivo. Por cierto, ninguno de los autores y autoras os pide el voto, solo la lucha y la autoorganización.

Pero dicho esto, también la lucha institucional es muy importante. De hecho, una de las primeras denuncias del movimiento 15M ha sido el cambio de ley electoral. Y lo ha sido porque es necesario para regenerar la vida política del Reino de España, y que sea cierto lo que ahora no es, y es que cada persona es un voto y todos los votos son iguales. Pues no es así, que votan las hectáreas y que la vieja idea de Fraga Iribarne de impedir que las izquierdas reales, las clases populares y sus expresiones políticas jamás puedan gobernar este país, por ahora ha triunfado. Por eso, ni podemos descalificarnos unos a otros, ni en esta lucha del pueblo trabajador sobra nadie que desee cambios y la preeminencia de lo público sobre lo privado.

Algunas personas llevamos años denunciando que las privatizaciones no solo son un robo al bien y al patrimonio común, sino que son un atentado a la democracia, pues hurtan del control público y de la posibilidad de intervenir en la gestión de sectores estratégicos. Que además manejan y controlan información nuestra que jamás debiera estar en manos de negociantes privados, a las gentes, a la soberanía popular. Por eso -entre otras cosas- en el Occidente central, en la UE, en América del NORTE, en Japón no hay democracia: hay mercadocracia y dictadura de los ricos.

Así pues, desde procurar la organización de los pueblos, construir redes sociales convergentes, agruparnos por ser los engañados, estafadas y en peligro de la pobreza -si no estamos ya en en ella- al margen de otras cuestiones de tipo accidental que nos dividan, es imprescindible también preocuparnos por el rapto europeo de la democracia.

Pero sin olvidar pequeñas batallas y sin despreciar, ahora en este momento diría yo, apoyando a las y los que nos piden el voto para hacerles la puñeta en su templo del neoliberalismo y el dominio político, y rescatar así de esta forma un cachito de soberanía popular de los de abajo, para seguir batallando.

Estamos llamados a grandes luchas y una de ellas, tal vez la fundamental, será una constituyente. Sin soberanía popular, no hay nada, y ahora no la hay. La soberanía popular merece una revolución.

Como contemplan nuestra crisis las izquierdas y los movimientos populares latinoamericanos

Desde el magnifico observatorio que tengo ahora, trataré de explicar como nos ven a los europeos en crisis los y las latinoamericanas. Me referiré a Europa en general pero, sobre todo, lo que yo he notado les sensibiliza más, es decir Grecia y España.

Para comenzar, las buenas cadenas -y no me refiero a las abundantes cadenas-basura o de publicidad neoliberal e imperialista- en general y Telesur en particular, dan una abundante información y excelentes debates acerca de la crisis económica mundial y del capitalismo, que es como la izquierda y los movimientos sociales latinoamericanos se refieren a nuestra crisis. Lo mismo ocurre con la prensa escrita, si bien los periódicos corporativos conservadores, aunque contienen análisis buenos -en algunos casos-, no hablan de crisis del capitalismo.

Evidentemente, las percepciones varían según oigamos a una brasileña, argentina o un venezolano, por ejemplo, informados y concienciados todos ellos y ellas, advierten que esto ya lo vivieron ellos en los años ochenta y noventa del siglo pasado, y que las recetas que la Unión Europea, los gobiernos y el FMI ejecutan e imponen a las europeas,  solo les provocaran paro, recesión y más sufrimiento a las clases populares.

Tienen ciertamente miedo a posibles contagios. Pero medios gubernamentales brasileños afirman que, por boca de Paolo Sotero, ya superaron la crisis que les rozó en 2008 y la vencieron con la fórmula de aplicar una férrea regulación financiera, atacar la pobreza, y tratar de distribuir mejor la renta y fomentar los mercados interiores.

Venezuela habla de la crisis del capitalismo. Ellos están tratando de construir el socialismo, y las crisis europea y norteamericana les reafirma en su proceso, en buscar una salida socialista. Tienen control de cambios, una gran banca pública, y están haciendo políticas públicas expansivas desde el Estado por la sanidad, la enseñanza, combatir la pobreza y fortalecer el tejido industrial y agrícola autóctono, con un paro del 8% a diferencia del nuestro y, también a diferencia nuestra, el estado es un gran creador de empleo en áreas no sólo de los servicios públicos, sino de las telecomunicaciones, la energía y la alimentación. El 20% de los venezolanos y venezolanas prefiere y adquiere sus alimentos en cadenas públicas.

Argentina es otro ejemplo a seguir. Recientemente, Cristina Fernández en el G20 manifestó su preocupación por lo que definió como el anarco-capitalismo instaurado en Europa y el otrora mundo desarrollado. Argentina, que ha renacionalizado pensiones, salud, telecomunicaciones y transportes, es un gran exportador de soja y, aunque tiene debilidades, crea empleo, crece en PIB humano y redistribuye también rentas. Los argentinos tampoco entienden lo que está pasando, y Cristina advierte acerca de lo que nos espera.

El elevadísimo paro español también es algo que les llama la atención. No por que ellos hace una década no lo hayan padecido, sino porque perciben que con las políticas actuales no se solventará.

Lo que si tienen claro es que la recesión europea, el aplastamiento de la democracia en Grecia y también el gran endeudamiento de los EE.UU. -de los que, por ejemplo, Brasil es ya acreedor- les obligan a despegarse de la manzana podrida que son las potencias centrales. Las cuales, a su vez, en grave crisis y con un endeudamiento generalizado, actúan sin embargo violentamente, imponiendo todavía por las armas su peculiar forma de entender la democracia y “exportarla”. Por ejemplo, lo de Libia ha sido visto por aquí -excepto en Méjico y Colombia- de forma muy crítica, e incluso en algunos centros de poder se ve como una amenaza a ellos y/o una advertencia intolerable.

Es cierto que las oligarquías criollas, racistas, clasistas y egoístas, azuzan fuertes campañas contra los procesos de cambio, independencia y liberación de la patrias latinoamericanas, y que esto obtiene respuestas de los gobiernos de los de abajo. También que existen tensiones internas, pero es que los pueblos latinoamericanos han tomado el destino en sus manos y no se limitan a votar cada cuatro años, participando, debatiendo y discutiendo en política, lo que obliga a los Procesos a reinventarse constantemente. Lo que si es cierto es que, en la zona ALBA, existen gobiernos anticapitalistas y que, si bien todavía sobreviven en ellos formas de capitalismo y tics consumistas, poco a poco se plantean cambiar.

Nada es perfecto. Nada suena a música celestial. Pero el antineoliberalismo es la seña de identidad de diversos de estos gobiernos y lo cierto es que, mientras los europeos con complejo de superioridad y el resabio todavía de potencias coloniales y opresoras, miramos con suficiencia sus procesos, nos hundimos en la miseria. Permitimos que hayan gobiernos que privaticen, ataquen la salud y enseñanza públicas y nos empobrezcan, mientras todas las repúblicas latinoamericanas -que hacen lo contrario de lo que los imbéciles de FEDEA y los economistas ultra-ortodoxos y neoliberales predican- crecen, crean empleo y, sobre todo, redistribuyen renta (no como en Europa y los EE.UU., de los de abajo a los de arriba, sino de los de arriba a los de abajo y de sus productos de exportación), para que se beneficie de ello el pueblo, y no como hasta hace unos años solo las oligarquías.

Y aunque Colombia, Méjico y varios paises centroamericanos -además de Chile- siguen todavía en manos de oligarcas neoliberales, viviendo fuertes convulsiones sociales, están con UNASUR y la CELAM. No rompen con el resto del Continente, dada la grave enfermedad de las potencias decadentes.

Otra cosa que no se entiende es que las y los españoles, como respuesta a las políticas neoliberales, vayan a votar al PP, al que las izquierdas latinoamericanas detestan por su política exterior servil para con los EE.UU., el apoyo de Aznar en su momento al golpe de estado en Venezuela, y el trabajo de FAES apoyando a los partidos oligárquicos y derechistas latinoamericanos. Pero menos entienden que el cambio de política por el que se opta sea aún más neoliberalismo y sujeción a un barco averiado y hundiéndose.

De hecho, las estrategías políticas suyas pasan por el mercado interior, fortalecer sus estructuras internas regionales, como el CELAM, la UNASUR, el Banco del Sur y su alianza estratégica y comercial con China y los BRICS, pues perciben que la economía se traslada a Asia. Además, para colmo, en el G20 han visto como la UE y los USA les pedían dinero prestado para salvar sus economías, y ellos han contestado que primero debe reestructurarse el FMI y luego hablan. Dilma Russef vino a decir claramente que “cada palo aguante su vela”.

Finalmente, los movimientos de resistencia del pueblo griego los ven con mucha simpatía, pues se ven reflejados en ellos. Al igual que los movimientos de los indignados en España y otros puntos de Europa, los observan como algo esperanzador y el comienzo de una nueva etapa europea. Además, les reafirma a las y los socialistas del siglo XXI en sus posiciones y les difunden a sus pueblos la idea de la crisis capitalista terminal. Pero no menor es la cobertura al movimiento indignado de los EE.UU., que les ha impactado mucho y al que siguen en Telesur a diario. Por ejemplo, ciertas televisiones americanas siguieron más la contra-cumbre de Cannes que el G20, puesto que entre otras cosas era más noticiable, pues el G20 ya se sabía que fracasaría.

Así que, mientras que en Europa y España de forma especial se silencian y falsean las manifestaciones del 15M y del pueblo griego y el “Ocupemos Wall Street”, aquí donde supuestamente no hay libertad de prensa se sigue a diario y se dan constantes imágenes.

Ciertamente, tenemos mucho que aprender y mucho orgullo que comernos. Ya no somos el centro del mundo, solo ganamos -nuestros dirigentes, claro- matando y bombardeando, pero Wallerstein y ellos advierten que por poco tiempo.

Creo pues que es hora de pedirles solidaridad, apoyo, ponernos manos a la obra en la coordinación internacional de luchas, e implementar una V Internacional Socialista transformadora, participativa e inclusiva de partidos, sindicatos y movimientos y fortalecer la lucha internacional de los movimientos sociales.

El G20 otra vez. Nada

Esto ya resulta cansino. Otro G20 y nada.

He escrito tras cada reunión del G20 y me resulta cansino, me aburre el volver a hacerlo. Cierto es que cada espectáculo o circo mediático en torno al selecto club de los países supuestamente más ricos del planeta tiene sus particularidades, y hay que analizarlas, pero de resultados positivos para los pueblos del planeta -en este caso y nuevamente- nada de nada. Ni un solo avance tangible, como no sean declaraciones, y esta vez ni siquiera en las mismas los jefes de estado reunidos han tratado de disimular sus profundas divergencias.

Veamos, la UE y los EE.UU. han acudido con la intención de que los emergentes invirtieran en sus maltrechas economías, pero no ha colado. Es más, China, Brasil, y Rusia, dicen claramente que no lo harán, que cada palo aguante su vela, o piden garantías difíciles de conceder o de ponerse de acuerdo los decadentes en aceptarlas. En cualquier caso, los emergentes esperan hacerse con gran parte del control del FMI y entonces verán.

Es la primera vez que estados imperialistas, antiguas potencias coloniales y que creen ser la “Comunidad Internacional” acuden a un G20 a pedir dinero a China, Brasil, Rusia, India o Argentina, por ejemplo.

Obama se ha paseado con las buenas intenciones de un supuesto programa social de empleo, pero ni dice como, ni tiene ya dinero para implementarlo, o seguramente prefiere gastárselo en bombardear cualquier lugar del mundo islámico antes que en combatir realmente el paro, y lanza a su perrito de lanas -el presidente de Méjico- a culpar a China de la crisis. De la crisis del capitalismo.

Cristina Fernández, presidenta de Argentina, ha sido la que más claro ha hablado y ha señalado a los verdaderos culpables de la crisis. Las palabras de Cristina, en ocasiones, parecían proceder de la cumbre alternativa de los pueblos. Aunque con una doble intención: también ha dicho a los capitalistas que, si quieren salvar su sistema, deben actuar de otra forma y volver a la regulación financiera. Son las claves del peronismo de izquierdas.

Tan deprimente ha sido el G20 que el articulo al respecto de Stiglitz ha versado sobre la cumbre alternativa, y cuanta razón tienen los movimientos indignados y sociales. La verdad es que en eso está la clave.

Las ITF siguen fuera de los acuerdos, pero están en la agenda, y varios estados están comprometidos a seguir trabajando por aplicarlas: Argentina, Brasil, Francia, Alemania y España (no sabemos por cuanto tiempo) están, entre otros, comprometidos en una llamada “comunidad de creyentes”. Esto es positivo, pues pone las ITF en la agenda cada vez de forma más clara, con la oposición de los EE.UU. y Gran Bretaña, y la exclusión de China que, por otro lado, posee ya un control cambiario y fuertes tasaciones de carácter nacional a los flujos de capitales en su territorio. Por tanto, su postura es la de que se apañen los otros. La verdad es que Brasil también la tiene, pero apoya a las ITF, lo que es de destacar.

Lo cierto es que los pueblos no tiene voz en el G20 y se la buscan por su cuenta, en contra-cumbres y cumbres alternativas, cuyas propuestas están tan claras, como ya definidas, pero también aquí es más de lo mismo -y siento ser políticamente incorrecto- porque o bien las fuerzas sociales y populares nos coordinamos más, buscamos más alianzas y profundizamos en nuestras movilizaciones, o acabaremos siendo parte del circo mediático sin más de cualquier cumbre.

Las bienintencionadas ONGs del sistema -no todas lo son- no pueden marcar la agenda de las y los que consideramos que otro mundo es imprescindible. Que no se trata de recaudar dinero para desarrollo de zonas y pueblos muy pobres (aunque también), sino de denunciar y cambiar el sistema que produce y genera la pobreza, se lucra de ella y la extiende. Porque ahora, y gracias a la crisis capitalista, el tercer mundo igualmente está ya en barrios de Sevilla, Barcelona, Bilbao, Londres, Manchester, Berlín, Madrid o Nueva York.

Frente al G20 la propuesta es G190, todos los pueblos. Pero también un Foro Social Mundial que debe pasar a la acción y a la coordinación de luchas serias y de verdad frente a este capitalismo asesino, y una Internacional de las y los que creemos imprescindible implementar otras políticas frente a las capitalistas y cortoplacistas.

Hay que escuchar al MST, a Vía Campesina, más y mejor desde Europa. Hay que converger con los Movimientos en lucha contra el imperialismo. Hay que poner la lucha por la paz otra vez en el candelero, ahora que poderosos locos racistas con mucho poder quieren volver a bombardear, esta vez en Irán.

¿Será acaso la guerra, otra vez, la solución capitalista a la crisis?

La crisis de la socialdemocracia. Busquemos salidas

CRISIS POLÍTICA Y SOCIALDEMOCRACIA

Desde un punto de vista solamente político, uno de los grandes problemas que vivimos es la crisis y desnaturalización de la socialdemocracia, que ha dejado a las clases populares de Europa sin uno de sus referentes políticos principales. El problema, que existe, es necio no analizarlo al objeto de ver como lo superamos. Lo más grave es cuando esta fuerza política se convierte en socioliberal hace ya unas décadas, y se convierte claramente -no por que no lo fuera ya algo antes- en una fuerza del sistema.

La ampliación de la Unión Europea a la Europa del Este, la antigua Europa ligada a la URSS amplía el problema, y aún sabiendo que no es políticamente correcto el enumerarlo, hay que analizarlo puesto que es un operación frente a la que la izquierda francesa (puede que la más lúcida del continente), manifestó su oposición por estás rápidas incorporaciones, apoyadas con entusiasmo por los Estados Unidos de América, que desnaturalizarían el sueño de una Europa democrática y social y fortalecerían su derechización introduciendo una quinta columna pro-norteamericana en el continente.

Estaba claro que estas incorporaciones de urgencia apoyaban las tesis neoliberales, incluso desde las nuevas socialdemocracias del este, a pesar de ser algunas de ellas antiguos partidos comunistas reconvertidos. La Unión Europea es, en estos momentos, algo imposible para las izquierdas, mientras los pueblos del este no comprendan y vean ellos mismos las profundas negatividades del capitalismo y que este es posible superarlo en democracia.

Pues bien, así ha sido al pie de la letra. Los estados del antiguo bloque del este apoyan todos los pronunciamientos, directivas y reglamentos de la Unión más neoliberal y son los principales aliados de Gran Bretaña y de Alemania, además de ser actualmente el mercado principal de la potencia germana que, dicho sea de paso, juega sus propias cartas en el complicado tablero de ajedrez europeo.

El fenómeno europeo de la socialdemocracia tiene su propia crisis, que afecta y mucho a cualquier solución política del continente, pues la socialdemocracia también fue engullida por la revolución conservadora. Los dirigentes socialdemócratas aceptaron las tesis del reequilibrio del estado del bienestar y de la necesidad de limitar las prestaciones del estado providencia, que ellos mismos habían contribuido a crear de forma decisiva. También asumieron las privatizaciones, implementando y ejecutando muchas. Las mismas que conservadores y liberales.

La socialdemocracia de la tercera vía, gracias a Guiddens, Blair y Schröder se convierte en socioliberalismo y se queda sin un mensaje claro hacia las clases populares. Ya no tienen ninguna nueva ilusión que conquistar, ni sociedad sin clases y justa a la que aspirar. Han renunciado a sus principios y, además, no son especialmente capaces de digerir las propuestas innovadoras como las verdes y/o ecológicas. Son partidos del sistema y se derechizan transformándose en una suerte de partidos liberal-progresistas, que protegen a los mercados por encima de todo.

Los socialdemócratas cuando gobiernan ejecutan políticas de derechas y neoliberales. De hecho, la socialdemocracia europea ha sido clave en la construcción de la Unión Europea, mercantil, economicista y profundamente neoliberal que las clases populares europeas sufren. Nunca se ha opuesto con contundencia a directivas regresivas en lo laboral y profesional como la Directiva Bolkenstein o de Servicios de Interés General, u otras que han ido “liberalizando” el sistema y desprotegiendo a las clases trabajadoras y populares.

Los Verdes se están igualmente acomodando al sistema -en el caso alemán a pasos agigantados- influyendo decisivamente en el resto de los partidos verdes europeos. Son además estos partidos verdes muy anti-comunistas, tal vez por razones distintas a los conservadores, pero lo son y, de hecho, los verdes alemanes antes pactan con la Democracia Cristiana que con Die Linke.

En el caso español, se puede aplicar todo lo anteriormente dicho a la situación que hemos vivido y sufrimos en la actualidad. Felipe González derechiza su partido y lo acomoda, aunque mantiene a algunos ministros y ministras a su izquierda. Con Zapatero, todo alcanza tintes tan dramáticos como esperpénticos. Zapatero llega a la secretaría general gracias a la izquierda del PSOE, ante la posibilidad de que venza el derechista, católico y demagogo José Bono. Pero finalmente, Zapatero le supera y vence. Sacando las tropas de Irak, logrando avances en materia de derechos civiles e igualdad de genero, pero sin embargo, aconsejado no se por quien, entiende que el Gobierno no debe intervenir en la Economía y regularla -incumpliendo de esta forma un regla de oro de la socialdemocracia clásica-, para al final y tras el crack de 2008 postrarse ante la banca, las fundaciones conservadoras como FEDEA, y las presiones de Alemania y Francia.

Zapatero actualmente vive una extraña y personal luna de miel con el PP y Rajoy, en un remedo personal de coalición de facto, captada por los movimientos indignados, de protesta social y la izquierda alternativa que gráficamente lo definen como “PPSOE”. Y así se confronta su partido, que lo ha apoyado y seguido casi sin fisuras, a unas elecciones generales en las que ha logrado que la gente no solo desconfíe de “los socialistas”, sino que desee darles la gran patada, aunque se lo piensen algunas y algunos, por aquello de que viene la extrema derecha.

El panorama europeo es, en definitiva, profundamente conservador y fiel aliado de los EE.UU. en lo económico, político y militar. La presencia de España en zonas calientes del mundo en aventuras militares que no se pueden permitir, así lo atestiguan.

Son sin embargo, precisamente dos escisiones por la izquierda de partidos socialdemócratas las que en estos momentos más se esfuerzan por construir algo nuevo: elaborar una ideología de las clases populares y que además tienen más credibilidad para emprenderlo. Son Die Linke en Alemania y el Parti de la Gauche en Francia. Aliados además o fundidos con los partidos comunistas respectivos, a los que les aportan frescura y renovación.

Estas son seguramente las vías a seguir para construir políticas a la izquierda, y en el caso español para posibilitar la aparición de una nueva fuerza popular, unitaria, antineoliberal y profundamente democrática e inclusiva y participativa que nos permita reemprender el post 20N con garantías de éxito, pues las políticas regresivas y antipopulares que el PP continuará y profundizará nos obligaran a luchar, a resistir y a rechazar.

Es pues de desear que, desde las cenizas de la socialdemocracia devenida en socioliberalismo, surja el socialismo. Pero entiendo que la tarea del socialismo y de las y los socialistas, aquí y ahora, no es mirarse al ombligo: es colaborar en construir una amplia red de convergencia social que posibilite la toma del poder político de las clases populares, de las y los indignados, de las y los trabajadores. Partiendo desde lo que tenemos, y de esa gran obra colectiva que se llama 15M, que todas y todos los que no nos resignamos hemos contribuido a levantar. Hemos caminado y aprendido mucho, pero ahora ni podemos ceder, ni podemos ser infantiles. Esto es duro y complicado, pero vale la pena. Cuando muchas y muchos gritamos Socialismo o barbarie, es por que o construimos un mundo nuevo, justo y de todas y todos, o el cambio climático, la guerra, las mafias, los especuladores y los banqueros, acabaran con este.

Ante este panorama, no estaría mal vencer de una vez nuestros prejuicios eurocentristas y aprender de los procesos latinoamericanos, antineoliberales, patriótico-populares, y hacia el socialismo que, partiendo de fuertes movilizaciones populares y pese a la agresividad del imperio y las derechas propias y extrañas, están arrancando de la pobreza a millones de personas y haciendo participar en política a sus pueblos, mientras hasta hace poco más de una década esto era exclusivo de sus oligarquías.

Apuntes sobre los modelos argentino y estadounidense. Posibles lecciones

Recomiendo este magnífico artículo de James Petras, sus conclusiones sobre Argentina puede ser un ejemplo interesante del modelo para superar la crisis. Sin olvidar que también queda clara la fortísima movilización previa. Ante la previsible victoria de la extrema derecha en el Reino de España, hay que dejarse de tonterías y movilizar, buscar la unión y caminar hacía una convergencia social, hacía una red de las indignadas, paradas, desahuciadas y el movimiento laboral, más las fuerzas políticas antineoliberales.

¿Por qué gana la Presidenta Fernández y pierde Obama?

James PetrasRebelión

Introducción

El 23 de octubre de este año, la Presidenta Cristina Fernández ganó la reelección con un 54% de los votos, 37 puntos más que el segundo. La coalición de la Presidenta también barrió con los escaños al Congreso, Senado y a las gobernaciones provinciales al igual que a 135 de los 136 concejos municipales del Gran Buenos Aires. En agudo contraste con el Presidente Obama, que según los últimos sondeos está por detrás de los candidatos presidenciales republicanos, y es probable que pierda el control del Congreso y del Senado en la próxima elección de 2012. ¿Cuáles son los factores para esta diferencia monumental de percepción de los votantes sobre dos presidentes en el cargo? Es fundamental hacer un análisis histórico comparativo de las políticas socio-económica y exterior al igual que de las respuestas a la profunda crisis económica de los respectivos gobiernos para poder explicar los resultados divergentes.

Metodología

Al comparar la performance de Fernández y Obama es necesario ubicarlos en un contexto histórico. Más específicamente, ambos presidentes y sus predecesores inmediatos, George Bush en EE.UU. y Néstor Kirchner en Argentina (el fallecido esposo de Fernández) confrontaron crisis socio-económicas de enorme importancia. Lo que es significativo, sin embargo, son las respuestas diametralmente opuestas a las crisis y los resultados divergentes. Por un lado, un crecimiento sostenido con equidad en Argentina, y por el otro, una profundización de la crisis y políticas fallidas en EE.UU.

Contexto histórico – Argentina: Depresión, revueltas y recuperación

Entre 1998-2002, Argentina vivió la peor crisis socio-económica de su historia. La economía se fue a pique de una recesión a una depresión económica a escala total, culminando con un crecimiento negativo de doble dígitos en 2001-2002. La tasa de desempleo llegó al 25%, y en algunos barrios de clase trabajadora por encima del 50%. Decenas de miles de profesionales de clase media empobrecidos se alineaban para recibir pan y sopa a sólo unas pocas cuadras de la Casa Rosada. Cientos de miles de trabajadores sin empleo, los “piqueteros”, bloqueaban las principales rutas y algunos interceptaban los trenes de transporte de ganado y cereales de exportación. Los bancos cerraron quedándose con los ahorros de millones de personas. Millones de manifestantes de clase media organizaron concejos barriales radicales y se conectaron con las asambleas barriales de los desempleados. El país estaba enormemente endeudado, la gente profundamente empobrecida. El ánimo popular se encaminaba a una insurrección revolucionaria. El Presidente Fernando de la Rúa fue derrocado (2001), cantidades de manifestantes fueron asesinados y heridos, mientras la rebelión popular amenazaba con tomar la casa de gobierno. Hacia fines de 2002, cientos de fábricas en bancarrota fueron “ocupadas”, tomadas por los trabajadores y dirigidas por ellos. Argentina declaró el default de la deuda externa. A principios de 2003, Néstor Kirchner fue elegido presidente, en medio de esta crisis sistémica y rechazó el pago de la deuda y al mismo tiempo se negó a reprimir los movimientos populares. En cambio, inició una serie de programas de emergencia pública. Autorizó un pago a los trabajadores desempleados (150 pesos mensuales) para que pudieran cubrir sus necesidades básicas; los desempleados constituían casi la mitad de la fuerza laboral.

La consigna más popular de los multitudinarios movimientos que ocupaban los distritos financieros, fábricas, edificios públicos y las calles era “Que se vayan todos”. Se rechazó rotundamente a toda la clase política, los partidos y líderes, el Congreso y los presidentes. Pero mientras que los movimientos eran masivos, militantes y unidos en lo que rechazaban, no tenían un programa coherente para tomar el poder estatal, ni un liderazgo político a nivel nacional que lo condujera. Después de dos años de revueltas, el pueblo acudió a votar y eligió a Kirchner con un mandato de hacer algo o perecer. Kirchner escuchó el mensaje, al menos la parte que exigía crecimiento con equidad.

Contexto: EE.UU. y los gobiernos de Bush-Obama

Bush (en los últimos años) y Obama gobernaron durante la peor crisis socio-económica desde la Gran Depresión de los treinta. El desempleo y el subempleo casi alcanzaron un tercio de la fuerza laborable en 2009. Millones de casas hipotecadas fueron tomadas por los bancos. Se multiplicaron las declaraciones de bancarrota y los bancos estaban al borde del colapso. Las tasas negativas de crecimiento y una caída marcada del salario incrementaron la pobreza y multiplicaron la cantidad de personas que necesitaban ayuda alimenticia. A diferencia de Argentina, los ciudadanos canalizaron su descontento en las urnas. Atraídos por la retórica demagógica de “cambio” de Obama depositaron sus esperanzas en el nuevo presidente. Los demócratas ganaron la presidencia y obtuvieron una mayoría en el Congreso y en Senado. La primera prioridad de Obama y el Congreso fue volcar billones de dólares en el salvataje de los bancos, incluso cuando el desempleo se acentuaba y continuaba la recesión. La segunda prioridad fue la de profundizar y expandir las guerras imperialistas de ultramar.

Obama aumentó la cantidad de tropas en Afganistán a 30.000; expandió el presupuesto militar a $750 mil millones; lanzó nuevas operaciones militares en Somalia, Yemen, Libia, Pakistán y otros países, aumentó la ayuda militar a las fuerzas armadas coloniales de Israel; firmó nuevos pactos militares con países de Asia (India, Filipinas, Australia) próximos a China.

En suma, Obama le dio una prioridad máxima a la expansión del imperio militarista, agotando los fondos del tesoro con los que se podría haber financiado la recuperación de la economía interna y reducción del desempleo.

En contraste, Kirchner/Fernández redujeron el poder de los militares, recortaron los gastos militares y canalizaron recursos estatales hacia programas de empleo, inversiones productivas y exportaciones no-tradicionales.

Con el gobierno de Obama la crisis se volvió una oportunidad para revivir y consolidar el poder financiero de Wall Street. La Casa Blanca aumentó el presupuesto militar para expandir las guerras imperiales y profundizó el déficit del presupuesto, para luego proponer recortes de programas sociales esenciales con el fin de “reducir el déficit”.

Argentina: De la crisis al crecimiento dinámico

En Argentina la catástrofe económica y la insurrección popular le ofrecieron a Kirchner una oportunidad para implementar un cambio básico del militarismo y el saqueo especulativo a programas sociales y a un crecimiento económico sostenido.

Las victorias electorales de Kirchner y Fernández reflejan su éxito en la creación de un estado social, capitalista “normal”. Después de 30 años de regímenes neoliberales depredadores apoyados por EE.UU., esto fue un gran cambio positivo. Entre 1966 y 2002, Argentina sufrió dictaduras militares brutales que culminaron con los generales genocidas que asesinaron a 30.000 argentinos desde 1976 a 1982. De 1983 a 1989 Argentina sufrió bajo un régimen neoliberal (Raúl Alfonsín) que no resolvió el legado dictatorial y presidió el país con una hiperinflación de tres dígitos. Desde 1989 a 1999 con el Presidente Carlos Menem, Argentina fue testigo de la mayor venta de sus empresas más rentables, recursos naturales (incluido el petróleo), bancos, autopistas, zoológicos y hasta baños públicos a inversores extranjeros y socios cleptócratas a precios regalados.

Finalmente, aunque no menos importante, Fernando de la Rúa (2000-2001) prometió un cambio y en lugar de hacerlo profundizó la recesión que condujo a la eclosión catastrófica final de diciembre de 2001, con el cierre de los bancos, la bancarrota de 10.000 empresas y el colapso de la economía.

Contra este trasfondo de un fracaso rotundo y con el desastre humano causado por las políticas de “libre mercado” de EE.UU. y el FMI, Kirchner/Fernández declararon el default de la deuda externa, re-nacionalizaron varias empresas privadas al igual que el Fondo de Pensiones, intervinieron los bancos y duplicaron el gasto social, expandieron la inversión pública en el sector productivo e incrementaron el consumo popular, en camino hacia la recuperación económica. Hacia fines de 2003 Argentina pasó de una tasa negativa a un crecimiento del 8%.

Derechos humanos, programas sociales y política económica independiente del exterior

La economía argentina creció más del 90% en el periodo 2003-2011, más del triple que la de Estados Unidos. La recuperación estuvo acompañada de una triplicación del gasto social, especialmente en programas de reducción de pobreza. El porcentaje de argentinos pobres ha declinado del 50% en 2001 a menos del 15% en 2011. En contraste la pobreza en EE.UU., en la misma década, aumentó del 12% al 17% y sigue en una trayectoria ascendente.

EE.UU. se ha convertido en el país con mayor desigualdad en la OCDE: el 1% controla el 40% de la riqueza del país (aumentó del 30% en menos de una década). En contraste, la desigualdad en Argentina se redujo a la mitad. La economía de EE.UU. no ha logrado recuperarse de la profunda depresión de 2008-2009, durante la cual decayó más del 8%. En contraste, la economía Argentina cayó menos del 1% en 2009, y ha estado creciendo a un saludable 8% (2010-2011). Argentina ha nacionalizado el Fondo de Pensiones, ha duplicado las pensiones básicas y ha introducido un programa de asistencia social universal para los niños con el fin de contrarrestar la desnutrición y garantizar la asistencia escolar.

Por el contrario, hoy en EE.UU. un 20% de los niños están mal alimentados, las tazas de abandono escolar están aumentando en los adolescentes y la desnutrición afecta a más del 25% de los niños de grupos minoritarios. Con más recortes sociales en salud y educación en el horizonte, las condiciones sociales van a empeorar. En Argentina el salario se ha incrementado más de un 50% a lo largo de la década en términos reales, mientras que en EE.UU. ha disminuido casi un 10%.

La dinámica de crecimiento de Argentina ha estado alimentada por un creciente consumo interno y los ingresos de las exportaciones. Argentina tiene un sostenido balance comercial favorable basado en los precios del mercado y en una competitividad creciente. En contraste, el consumo interno en EE.UU. se ha estancado, el déficit comercial está cerca de los $1,5 billones y los ingresos se desperdician en gastos militares improductivos de más de $900 mil millones por año.

Mientras que en Argentina el impulso inicial para una política de default con crecimiento fue posible por una rebelión popular y un movimiento de masas, el descontento popular en EE.UU. fue canalizado hacia la elección de un financiero estafador de Wall Street llamado Obama. Éste procedió a entregar dinero para el rescate de la élite financiera en lugar de dejar que se vayan a la bancarrota, y de establecer las bases del crecimiento, la competencia y el consumo social.

La alternativa argentina a los rescates bancarios y la pobreza

La experiencia argentina va en contra de todos los preceptos de las agencias financieras internacionales (FMI, Banco Mundial), y de sus defensores políticos y propagandistas de la prensa financiera. Desde el primer año (2003) de la recuperación de Argentina hasta hoy, las “predicciones” de los expertos económicos fueron que su crecimiento no era “sostenible” -pero éste ha seguido siendo fuerte a lo largo de una década. Los analistas financieros sostuvieron que el default le cerraría a Argentina el acceso a los mercados financieros y que su economía colapsaría. Argentina se apoyó en la auto-financiación sostenida por los ingresos de las exportaciones y en la reactivación de la economía interna, y confundió a los economistas prestigiosos.

Mientras que el crecimiento continuaba, los críticos del Financial Times y del Wall Street Journal dijeron que terminaría cuando “la capacidad sin usar se agotara”. En lugar de ello, los ingresos del crecimiento financiaron la expansión del mercado interno y crearon nuevas capacidades para el crecimiento, especialmente a nuevos mercados asiáticos y a Brasil.

Incluso en una fecha reciente, el 25 de octubre de 2011, periodistas del Financial Times todavía parloteaban sobre “la crisis inminente” al estilo de los fundamentalistas mesiánicos prediciendo un final apocalíptico. Machacan sobre la “inflación alta”, “programas sociales insostenibles”, “moneda sobrevaluada” y más predicciones sobre “el fin de la prosperidad”. Todas estas advertencias ocurren frente a un crecimiento sostenido del 8% en 2011 y de una victoria electoral abrumadora de la Presidenta Fernández. Los escribas financieros anglo-americanos deberían enfocarse en el fracaso de sus regímenes de libre mercado en Europa y América del Norte en lugar de denigrar una experiencia económica de la cual podrían aprender una lección.

Refutando a los críticos de la escuela de Wall Street, Mark Weisbrot y sus asociados señalan (en The Argentina Success Story, Center for Economic Bad Policy Research, Oct. 2011) que el crecimiento de Argentina está basado en la expansión del consumo interno, el aumento de exportaciones de manufacturas a socios comerciales de la región al igual que la tradicional exportación agro-minera a Asia. En otras palabras Argentina no es totalmente dependiente de las exportaciones primarias; ha equilibrado el intercambio comercial y no es demasiado dependiente de los precios de las commodities. Respecto a la inflación alta, Weisbroth señala que “la inflación puede ser alta en Argentina pero lo que cuenta es el crecimiento real y la distribución del ingreso. en relación con el bienestar de la vasta mayoría de la población” (página 14) [énfasis del autor].

EE.UU. durante los gobiernos de Bush-Obama ha seguido un camino totalmente perverso y divergente al de Kirchner/Fernández. Han priorizado el gasto militar y expandido el aparato de seguridad en detrimento del aparato productivo. Obama y el Congreso han incrementado enormemente el aparato policial del estado, reforzando la influencia política de éste sobre las políticas presupuestarias reaccionarias, y de manera paralela han aumentado los casos de violaciones de los derechos humanos y civiles. En contraste, Kirchner/Fernández han llevado a juicio a docenas de militares y policías por violaciones de derechos humanos y han debilitado el poder político de los militares.

En otras palabras los presidentes argentinos debilitaron el bloque de presión militarista que exigía más armamento y presupuesto de seguridad. Crearon un estado más coherente con su proyecto político de financiar competitividad económica, nuevos mercados y programas sociales. Bush-Obama revivieron el sector financiero parasitario incrementando el desequilibrio de la economía. Kirchner/Fernández se aseguraron de que el sector bancario financiara el crecimiento de las exportaciones, manufacturas y consumo interno. Obama reduce el consumo interno para pagar a los acreedores. Kirchner/Fernández impusieron un recorte del 75% sobre los titulares de bonos (bondholders) para financiar el gasto social.

Kirchner/Fernández ganaron tres elecciones presidenciales, cada una con un margen mayor que la anterior. Obama podría ser presidente por un solo término, incluso con la campaña de mil millones de dólares financiada por Wall Street, el complejo industrial-militar y la configuración de poder pro-Israel.

La oposición popular a Obama, especialmente el “Movimiento de Ocupación de Wall Street” tiene un largo camino por delante para llegar a emular el éxito de los movimientos argentinos que derrocaron presidentes, bloquearon autopistas paralizando la producción y circulación, e impusieron una agenda social cuyas prioridades eran la producción por encima de las finanzas, el gasto social por encima del gasto militar. El “Movimiento de Ocupación de Wall Street” ha dado el primer paso hacia la movilización de millones de participantes activos necesarios para crear un músculo social similar al que trasformó Argentina; que pasó de ser un estado cliente de EE.UU. a ser un estado social, dinámico e independiente.

Traducido por Silvia Arana para Rebelión