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Pensamientos desde la Vega

Demasiados acontecimientos en poco más de un mes. Demasiadas incertidumbres vitales. Demasiados llamamientos, reuniones, jornadas, certidumbres. Es tanto lo que estamos haciendo a la vez, hay tampoco tiempo de reflexión, preparación y formación, que podemos convertirnos en autómatas de la consigna.

Lo cierto es que, contemplando el amanecer verde y rojizo de la Vega de Granada, repaso y no abarco. Vivimos tiempos de acción, compromiso y torbellino. En un mes hemos contemplado como el neoliberalismo se cuela en la Constitución de 1978 y una simple opinión económica, conservadora y ultra liberal, se convierte en precepto constitucional, aún demostrándose que es solo eso, una opinión, a la que otros economistas -dicho sea de paso, incluso liberales- se oponen, como es la austeridad y el recorte; que en opinión de neokeynesianos, liberales inteligentes, socialdemocrátas consecuentes, socialistas y progresistas, es un error que todavía provocará más recesión y pobreza. Pero es ya un precepto constitucional. Pura doctrina neoliberal.

Al mismo tiempo, las bolsas se hunden, el paro se incrementa y la zona euro pasa por sus peores momentos, precisamente por hacer lo que la Constitución -gracias a la gran coalición de facto del PSOE y del PP- ha consagrado en el Reino de España.

La deuda que nos atenaza y enriquece a los especuladores financieros no se puede pagar, Juan Torres (entre otros) dixit. La deuda de las corporaciones locales y las autonomías es impagable. La solución es apretarle el cuello aún más a la ciudadanía. Menos prestaciones, menos salario y cada vez más imposición indirecta, cada vez más carga fiscal disimulada, contra las clases populares.

El PP se frota las manos y espera le caiga como fruta madura el poder que los socioliberales le están regalando. Pero si el euro está hecho unos zorros, la deuda no se puede pagar, y la economía productiva está profundamente dormida ¿Para qué quiere el poder al PP en estas circunstancias? Pues para aplicar durísimas medidas que garanticen una salida a la crisis con garantía para los poderes financieros y las grandes patronales y empresas, de forma que se alumbre un nuevo estado muy barato y productivo para ellos. Una democracia puramente ficticia y sin derechos reales de presión, movilización e intermediación de las clases populares y trabajadoras. Para cambiar la sociedad, transformándola en un conglomerado competitivo, egoísta y con premios al más dócil “trabajador” esforzado y resignado. Mano de obra barata y mucho empleo precario de baja calidad y sin derechos. Pero mucho ojo, el PP tiene además la perfecta coartada que le han brindado desde el Gobierno: el poder afirmar que las rebajas las han iniciado otros, las han asumido otros, y ellos solo finalizan la faena.

¿Qué hacemos las personas que no nos resignamos? Por lo pronto, el 15 de Octubre, lanzarnos a la calle. Organizarnos mejor. Exigir a los Sindicatos más contundencia y mayor compromiso con las clases trabajadoras (además, no tienen ya nada que perder y sí mucho que ganar) y el 15 de Octubre acompañarnos. Saber que hacemos el 20N y comenzar a reflexionar ya en el post 20N. que es en lo que humildemente está el que suscribe. Apoyar a candidatas y candidatos de izquierdas o claramente antineoliberales y comprometidas/os con los valores republicanos de igualdad, regeneración política, reparto, defensa del medio, persecución de la corrupción y justicia fiscal.

Si se quiere hacer algo por las gentes de este estado, hace falta ya una banca pública, la nacionalización efectiva de las cajas de ahorros, eliminar las SICAV y reimplantar impuestos redistributivos. Fortalecer el sector público, la soberanía del estado español y tejer profundas alianzas con las potencias emergentes, de forma que se facilite el resurgimiento de la economía productiva, y el estado español tenga de una vez buenos aliados que lo empujen y no lo hundan cada vez más en la miseria como los actuales.

Pero recordad, todo puede comenzar el 15 de Octubre.

Del calor al cabreo. Reflexiones de un agosto sin vacaciones

Lo que soy ya es un cabreado. Estoy muy enfadado por que los gobiernos europeos sin excepción, nos están hundiendo a las personas, con unas políticas de ajuste, de ahorro, o de techo de gasto que solo provocan más paro y recesión. Se les está advirtiendo pero ni tienen valor para más, ni hay valores para saber que la política no es gestión, y a quien ellas y ellos representan es al pueblo soberano y no a los mercados o a los bancos.

Estoy cabreado por tanto engaño y renuncia. Pero no sólo en lo económico -del Gobierno- pues hace años que en este terreno solo aplica recetas neoliberales. Estoy más cabreado todavía por la dureza policial que alguien ha debido ordenar, y por la persecución del laicismo y de la concepción moderna, igualitaria y no confesional de un estado. La suerte es que la gente, por su cuenta, le está plantando cara al nacional-catolicismo rampante.

Estoy muy enfadado de que muchas personas no vean alternativa al avance de las derechas nacional-católicas y neofranquistas del PP, cuando la única forma de pararles es implementando políticas alternativas. Y las hay, de verdad que las hay. También plantándole cara a la resignación y buscando la unión de los indignados e indignadas, de los y las oprimidas, y de las y los antineoliberales.

Pero también me tiene mosqueado el paro y el futuro de las pensiones públicas. De que nuestras propias pensiones y derecho a un desempleo digno no estén en la centralidad de las reivindicaciones. Esto es muy grave, pues las fuerzas neoliberales y la gran coalición de facto están de acuerdo en “ahorrar” por ese lado, poniendo en grave riesgo el derecho a una supervivencia, digamos digna de millones de personas paradas, pero también de futuras y futuros pensionistas.

En medio del calor sofocante hay que alumbrar esperanza del zambullido refrescante en un mar de ilusión de personas que reaccionan. De miles y miles de jóvenes -y no tanto- que han salido ya a las calles a respirar el aire fresco y a los que ya nadie podrá volver a engañar, ni doblegar.

Hay alternativas, están en nuestros corazones y nuestras mentes, por eso el 15 de Octubre volveremos a demostrar que estamos. Estamos y ni nos resignamos, ni los poderosos pueden ya estar tranquilos. El 15-O Las calles se volverán a llenar.

Pero sobre todo, que hay y ha venido para quedarse una nueva forma de hacer y entender la política. No sirven ya las viejas recetas profesionales. Los programas no los hacen ya asesores y ”creativos”, que igual venden detergente o un refresco, que un candidato o un partido. Los programas están surgiendo en la red, en las plazas, en los Movimientos Sociales y ciudadanos, en las resistencias frente al neoliberalismo.

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