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Gobierno dimisión ya. Coalición y Convergencia ya!! Esto está podrido

En estos momentos hay que reaccionar con contundencia. La crisis del régimen del 78 vive su momento más álgido. La corrupción rampante en la Corona y el partido de gobierno, el PP, así como también casos no resueltos y vivos en los otros partidos del turno y dinásticos al igual que en la derecha nacionalista catalana, apoyo sustancial del régimen, obligan a tomar medidas urgentes. A esto hay que sumarle 6 millones de parados y paradas y la ofensiva neofascista del PP al pretender limitar todavía más la democracia, atacando a los ayuntamientos, último bastión más cercano al pueblo y más controlable, al igual que la operación de volver al estado centralista.

Este gobierno corrupto carece de legitimidad para gobernar. Sus políticas de austeridad y recorte nos están llevando a la pobreza, el hambre y la exclusión de amplias capas de población y destrozando el tejido productivo, mientras los ricos son cada vez más ricos.

La Constitución del 78, reformada por PSOE y PP por la vía de urgencia en su articulo 135, es la excusa perfecta y la base legal para recortar, imponer políticas de austeridad y que los derechos de los bancos estén por encima de las personas. Además ha dejado al descubierto la falacia de la igualdad ante la ley y el carácter de clase de la reforma favoreciendo tan solo a los poderes financieros. El bipartidismo demostró con ese acto su verdadero rostro.

Vivimos en un estado injusto, desigual, donde las grandes fortunas y empresas no pagan impuestos, y los bancos operan en paraísos fiscales con total impunidad.

En consecuencia, creo firmemente que hay que exigir la dimisión del Gobierno ya. Salir a la calle a defender la democracia y la igualdad y exigir un proceso constituyente.

Para encarar con éxito las próximas elecciones, hay que constituir ya una Coalición amplia y social, con un programa que todas y todos los altermundistas, socialistas de izquierdas antineoliberales, indignados y constituyentes, comunistas y militantes de IU así como nacionalistas de izquierdas y demócratas con conciencia social, tenemos ya muy claro y en mente. Para encarar un nuevo tiempo que viene hay que constituir una nueva Convergencia política amplia y común para gobernar, y reformar la Constitución o redactar una nueva, que sería lo ideal.

En cualquier caso, si los movimientos sociales, sindicatos, partidos no corruptos ni implicados en recortes y ciudadanas y ciudadanos conscientes y combativos no nos ponemos de acuerdo, la culpa será solo nuestra. Aunque también aquí habrá diferentes grados de responsabilidad. Insisto, no se trata de subir en las encuestas e intención de voto o formar “un gobierno de progreso”, se trata de gobernar, se trata de vencer, se trata de frenar esta sangría social, se trata de plantar cara, se trata de cambiar.

El régimen del 78 esta caducado ¿Pero como construir lo nuevo?

La encuesta de la cadena SER -grupo PRISA- desde luego no es inocente. PRISA no es sino una empresa neoliberal más, con intereses económicos y políticos tanto en el estado español como Europa, y por supuesto en Latinoamérica. Pero como empresa informativa también debe hacer algo y justificarse. La encuesta del 23 de Enero de 2013 es muestra de ello.

Pero ese sondeo de opinión no hace sino corroborar lo que muchas personas llevábamos tiempo denunciando. Algunas hace ya años y otras menos, pero multitud afortunadamente tras el 15 de Mayo de 2011. La conclusión es que el régimen del 1978, por la fecha de la Constitución vigente, está finiquitado, podrido y alejado cada vez más de la voluntad popular.

La legitimidad política no solo la otorga el Parlamento –cosa que por supuesto así es pues representa la soberanía popular- pero las personas son cada vez más conscientes de que ese parlamento está electo por medio de una ley que contiene en si misma el pucherazo, que refuerza un bipartidismo corroído por casos de corrupción y del que se desconfía cada día más. Un bipartidismo que, al igual que el régimen, ha fracasado o al menos se muestra incapaz de seguir rigiendo las esperanzas de los pueblos del estado español.

La legitimidad del 78 se basaba en el advenimiento de la democracia tras el franquismo. Pero también la democracia, que ni fue un regalo ni se la debemos a nadie en concreto, sino a la determinación de los pueblos de España y de su clase obrera por conquistarla y dotarla además de derechos sociales y laborales, no puede basarse en una pata: el estado de derecho. La Constitución del 78, constantemente obviada en su apartado de conquistas sociales y ciudadanas, no puede aportarnos tan solo un rey ya desprestigiado, unos partidos muy discutidos en su conformación y estructura actuales, así como en su relación con la ciudadanía, y un poder judicial lento, clasista y encima ahora con unas tasas que hacen imposible a las personas de las clases trabajadoras acceder a él.

La legitimidad democrática desde el siglo XX y por supuesto en el XXI se sustenta en el bienestar del pueblo, el reparto equitativo de derechos y obligaciones y en la posibilidad democrática de avanzar hacía mayores cotas de justicia y de igualdad, así como de los pueblos de un estado plurinacional a decidir. Si el estado no es social, falta una pata y por tanto hay que refundar el estado y redactar una nueva Constitución que garantice los derechos y libertades. En esta etapa del régimen, los derechos sociales -y perdón por las constantes cacofonías- están siendo conculcados, los recortes y privatizaciones en salud, educación, desempleo y pensiones, la pérdida de la libertad sindical y derechos laborales, y la desigualdad ante la justicia así como ante la fiscalidad, diseñada solo para favorecer a los ricos, las grandes empresas y bancos, ha roto cualquier atisbo de reconocimiento social y perdido los sagrados fundamentos de la democracia. En el reino de España ni somos iguales ante la ley, ni existe un bienestar garantizado, ni se aporta en función de las ganancias y beneficios. Es decir, reina la injusticia más palmaria. El estado social está siendo robado en beneficio de los de arriba.

La Transición se basó en un pacto social roto ya definitivamente, cuyo basamento estuvo en la consecución de demandas sociales y sindicales duramente conseguidas, pero que ahora una vez eliminadas ya no sustentan el acuerdo. Por tanto, defender en estas circunstancias un régimen caduco no tiene sentido excepto para liberales doctrinarios que solo creen en el estado policía y en la preeminencia de la riqueza y la propiedad sobre el bien común y la igualdad.

Por tanto, es el momento de organizarnos con más fuerza y lograr la convergencia entre movimientos sociales, cívicos y partidos o fuerzas políticas no contaminadas por la corrupción, al objeto de crear el actor político que nos permita alcanzar la vuelta a la democracia y el reparto equitativo. Es el momento de aunar esfuerzos y no dispersarnos en múltiples convocatorias. Pero también de dejar de pensar que nadie solo puede. No se trata ya en un momento de emergencia social y democrática de contentarnos con subir algunos puntos porcentuales en el computo electoral, sino de gobernar, es decir de alcanzar una mayoría sólida que permita un regeneración democrática y el gobierno del pueblo y para el pueblo.

En consecuencia como hay propuestas ya lanzadas de unos Estados Generales sociales y políticos, unifiquemos rápidamente todas las iniciativas dispersas y planteemos una nueva coalición convergente que nos permita avanzar. Pero tampoco quiero olvidarme de la responsabilidad de los movimientos sociales, puesto que nosotros –los movimientos- hemos elaborado el discurso y las propuestas y las alternativas socio-políticas, en consecuencia y en mi opinión, quiere decir que hemos de abandonar nuestra torre de marfil teórica –es cierto que estamos en calles y plazas y dando la cara- pero los tiempos exigen otra cosa, otra actitud y más decisión. Tal y como ocurrió en Latinoamérica por mucho que se nos mienta en este reino bananero sobre sus procesos. O tal y como ahora está ocurriendo en Túnez, donde todas las fuerzas democráticas, laicas y anti neoliberales se han unido en un Frente Popular. Si Túnez fue ejemplo para las revueltas ciudadanas y la reacción frente a la ausencia de democracia real, bien podía seguir siendo ejemplo ahora, pues los protagonistas de la Revolución tunecina se agrupan en el Frente Popular, que incluye a partidos, movimientos y sindicatos. Y no lo digo por importar el nombre, sino el espíritu.

Las fuerzas sociales transformadoras antineoliberales y por el socialismo democrático y superador del capitalismo no tenemos nada de qué avergonzarnos, al revés llevamos años luchando en condiciones muy duras y denunciando los efectos negativos de las prácticas tanto ultraconservadoras como de los que han renunciado a la emancipación. Los movimientos y fuerzas agrupadas en torno a los presupuestaos del Foro Social Mundial estamos desde 1998 denunciando lo que iba a llegar con el neoliberalismo y hemos soportado una soledad ya finiquitada, pues teníamos razón y coraje. Por eso las fuerzas de izquierdas consecuentes, no debemos ocultarnos, pero debemos ser generosas, abiertas y capaces de elaborar una nueva forma de organización más democrática y transparente. Más comprometida si cabe y aprender de los movimientos.

Estamos ante una emergencia y eso requiere generosidad, valores y prácticas claramente diferenciadas de los que ejercen el poder. Pero sobre todo hemos de buscar una alternativa puesto que fuerzas ocultas y no tan ocultas de la extrema derecha y de la derecha económica, ya la tienen. El mismo PP tiene su estrategia de cambio confusión y perpetuación. Es ya muy antiguo, renovemos todo para que todo siga igual. Denunciemos el desorden para proponer un orden nuevo, es decir el fascismo que hoy se esconde tras la excusa del gobierno de los técnicos y de los supuestos sabios.

Nadie pues de los que creemos que otro mundo es posible, nos podemos apartar, pero para construirlo las propuestas son simples y en varias direcciones aunque convergentes:

– Movilizarnos contra la corrupción y los recortes y privatizaciones, la mayor parte de las veces -por no decir todas- corruptas.

– Apoyar la convocatoria de la Alter Summit o Cumbre Alternativa Europea convocando las manifestaciones del 13 o 14 de Marzo, según sea la reunión del Consejo Europeo de la UE, en contra de sus políticas de austeridad y por una Europa diferente de está que está bajo el dominio de la dictadura de los mercados. A la calle ya. No podemos seguir sin reaccionar.

– Marchas y acciones por la dignidad.

– Estados Generales de ciudadanía y movimientos sociales y socio-políticos al objeto de crear al actor político coaligado que nos permita vencer a la corrupción y luchar por la justicia.

– Exigencia ya del fin de las amnistías fiscales, el fraude fiscal consentido y auditoría de la deuda. No pagar la deuda ilegítima. No consentir más que la deuda privada y de los bancos la paguemos los y las ciudadanas.

– Reconquista de la soberanía popular -hoy secuestrada- y de la independencia del Estado Español vendido a intereses del capitalismo europeo e internacional. Por una Europa de los pueblos.

Crónica de la convocatoria de una huelga general anunciada

La Huelga General es un recurso histórico de la clase obrera, que tenía un carácter revolucionario en los principios del movimiento obrero. Era el medio de conseguir subvertir el orden burgués y a veces resultaba más una herramienta incluso teórica que posible.

En la medida en la que los movimientos obreros se extienden y adquieren fuerza, la huelga general deja de ser solo un método revolucionario, pero nunca pierde su carácter político. En el estado español, la mítica Huelga General de 1917 es la primera y, si bien tenía el objetivo de no solo combatir la carestía de la vida, lograr una mejor redistribución de la riqueza acumulada por los propietarios e industriales durante la I Guerra Mundial, y denunciar el estallido de la burbuja bélica –digamos-, también pretendía denunciar el corrupto y fracasado régimen monárquico de la Restauración. Una monarquía podrida, instaurada sobre el cacicato, la institución militar y la poderosa iglesia católica estaba dando ya muestras de su incapacidad, así como de la profunda injusticia sobre la que se fundamentaba.

La Huelga General de 1917, convocada en un principio por la UGT a la que se unió con todas sus consecuencias la CNT, también convocante, a punto estuvo de acabar con un poder carcomido. Solo la salida de las tropas a la calle salvaron al Rey y a la oligarquía, terminando con este movimiento de forma violenta y represiva. Pero la Huelga General del 1917 al final logró gran parte de sus objetivos el 14 de Abril de 1931.

La Huelga General de 1917 fue el principio del fin del régimen de la Restauración borbónica y del turno de El Pardo. La Huelga del 17, si bien fue convocada por la UGT y la CNT, también lo fue por un amplio movimiento socio-político que incluía al PSOE de la época que sí era socialista, a partidos republicanos y federalistas-republicanos, incluidos sectores intelectuales, todavía alejados del movimiento obrero. El comité de huelga terminó encarcelado, pero el impulso tomado ya no se pudo detener sino tras dos golpes de estado, el de Primo de Ribera y el que encabezó el dictador Franco.

La Cumbre Social va a convocar una Huelga General. Diversos sindicatos forman parte de esta Cumbre. También sindicatos corporativos y gremiales, junto a los dos de clase mayoritarios -CC.OO y UGT- además de numerosas organizaciones sociales, OSC y ONG, colegios profesionales, movimientos y espacios socio-políticos. Por primera vez ha tomado la palabra en ella un miembro de la Coordinadora del 25S y, además, la Cumbre Social ha condenado la represión desatada por el Gobierno del Reino de España contra el movimiento de “Rodea el Congreso”.

La Huelga General que viene será ciudadana, es decir global y de toda la sociedad productiva, pensionista, parada o en formación. Será de todas las actividades y sectores económicos y sociales. Será un movimiento huelguístico más abierto que tan solo el mundo laboral asalariado, por tanto será política. Será una huelga política contra los recortes, los presupuestos generales del estado más antisociales que ha parido gobierno alguno desde 1978, y será también un aldabonazo frente a la injusta y neoliberal Europa que se ha construido. Será igualmente la Huelga General del Sur de Europa.

Así pues CC.OO, UGT, la Intersindical o Las Mesas de Convergencia, Attac, Socialismo21, FACUA, así como diversos movimientos y fundaciones, son igualmente convocantes. Lo cual quiere decir que adquieren la misma responsabilidad que los sindicatos a la hora de apoyar, extender y defender la huelga, la protesta, la acción cívica, en defensa de una sociedad maltratada en defensa de los bancos, los poderes financieros y los ricos. La oligarquía rentista que nos domina debe comenzar a preocuparse, su régimen instaurado en 1978 ha entrado en crisis.

Al igual que en 1917, una monarquía gastada y manchada, un pacto del El Pardo, con un turno político desprestigiado y una burbuja reventada -la bélica entonces, la financiera y del ladrillo ahora- marcan ciertos paralelismos. Cierto es que no todos los convocantes llegan tan lejos, pero también que no todos analizan la situación con la misma determinación, valentía y rigor. Lo bueno es que hay un cemento que nos une, y es el rechazo de los recortes y la mal llamada austeridad, en realidad robo y estafa masiva del poder, del capitalismo a las clases populares, a las clases obreras, a las clases medias.

La propia Constitución de 1978 no les sirve ya a sectores del turno monárquico. Después de su reforma exprés de 2011, introduciendo el neoliberalismo a través de la contención del déficit, y la obligación de dar primacía al pago a los bancos de la deuda llamada pública. Constitucionalizando los recortes, es ya papel mojado la carta magna del 78. Nos hace falta una constitución democrática, pues esta no lo es.

Pero el problema es Europa. Europa de la UE, concebida como un espacio no democrático, liberal, privatizador y antisocial. Basada ahora en una moneda sin fundamento económico sólido y en la destrucción del estado del bienestar, al objeto de acumular capital los poderosos y competir ante un mundo en proceso de cambio. El objetivo es competir con China, convirtiéndonos en “chinos socio-económicos”, dicho sea burdamente y con todo respeto por el pueblo Chino.

Ante esto, todo el sur de Europa debe saltar como un resorte. Las clases populares del Sur, empobrecidas, despreciadas, oprimidas y sangradas por oligarquías propias y centroeuropeas, así como anglosajonas en general, se deben rebelar ya. Nos están hurtando la democracia, nos están dejando sin soberanía popular y nos han robado ya la soberanía nacional. Nos estafan con la trampa de la llamada deuda pública.

La Cumbre Social debe tender puentes con las Asambleas y movimientos ciudadanos, con el 25S y a partir de este domingo 7 de octubre comenzar ya a marchar frente a tanta injusticia y mentira. Porque sí hay dinero, lo que ocurre es que está en los paraísos fiscales, las SICAV y las cajas fuertes de los ricos, los traficantes, los especuladores. Ya no podéis engañarnos más.

El neoliberalismo se cuela en la Constitución de 1978

Hasta ahora, en una Constitución solo se contemplaban principios generales de convivencia y armonía. Declaraciones de intenciones y descripciones de aspiraciones y voluntades políticas, así como normativa de organización y desarrollo de la vida pública y la acción ciudadana. Describía la estructura política fundamental de un estado y sus normas rectoras de carácter general.

Una Constitución es una declaración política, que acota principios y señala líneas rojas que no se pueden traspasar, pero no entra en detalles o resuelve todos y cada uno de los aspectos cotidianos y de la vida social, cultural, comercial y económico-social de un estado, pues para eso están las leyes.

Las constituciones suelen ser fruto de un consenso popular ante una independencia nacional o de una revolución o cambio de régimen, pero no son reglamentos o códigos de comercio.

En Europa, la madre de los derechos ciudadanos tras la revolución francesa de 1789, la de 1848 o si miramos hacía atrás, la de la medieval Carta Magna, las constituciones eran solemnes declaraciones de principios.

Tras las liberaciones de Francia e Italia después de la II Guerra Mundial, o la más tardía de Portugal tras la Revolución de los claveles, se instauraron constituciones que también hablaban de los entonces nuevos derechos conquistados en las resistencias varias: los derechos sociales.

Querátaro en México, Weimar en Alemania, la de la II República Española, instauraron el estado social. Tras la victoria frente al nazismo se hizo ya imposible ninguna nueva constitución democrática que no fuera social, igualitaria y garantista. Las constituciones liberales fueron superadas. Las clases populares lograron que se reconocieran sus aspiraciones de justicia. Otra cosa distinta es el grado de cumplimiento real de lo escrito. Pero se entendía que una nueva constitución era un avance y no un retroceso, y de hecho la del 78, a pesar de las cesiones a la oligarquía franquista y económica, contiene sin embargo un catalogo de derechos sociales que ojala se cumplieran en todo su contenido y significó un avance.

Con el invento fallido de la Constitución Europea, esto cambia. La Europa resistente, antifascista y social da paso a la Europa neoliberal, comerciante y competitiva en el mundo globalizado, o más bien globalizador de las entonces aún pujantes potencias centrales.

La Constitución Europea es en realidad un texto farragoso, largo e incomprensible para la inmensa mayoría de la gente. Es un tratado comercial más que una constitución propiamente dicha, que consagra -o así lo intenta- la ideología neoliberal y el capitalismo como principios constitucionales. Es una constitución de parte, por eso fracasó. Pero ese es el espíritu imperante en Europa, pues la derecha y la oligarquía financiera y la oligarquía política conservadora europea, imponen un concepto nuevo y es introducir en los textos constitucionales la consagración de opciones económicas e ideológicas puramente conservadoras en las constituciones.

Ese es el antecedente de esta “brillante” idea de reforma constitucional, el introducir un concepto ideológico neoliberal y conservador como es la contención del gasto, el techo de gasto, el ahorro obligatorio en inversiones sociales y públicas en general. Es constitucionalizar el neoliberalismo, pues como dice Juan Torres “Al imponerlo en cualquier momento y condición, como ahora han acordado en España el PSOE y el PP, se impide que los gobiernos puedan suscribir pactos con sus electores si no es en los términos prescritos por la ortodoxia económica dominante. Se obliga de esta forma a que las únicas políticas posibles sean las neoliberales.”

Ante la crisis del capitalismo especulador y de su patrón la banca privada, la solución propuesta es castigar a las clases populares y trabajadoras. Por eso, desde la izquierda, desde el socialismo, no se puede consentir esa solución, injusta y antidemocrática. Somos victimas de la dominación sistémica que nos obliga a poner nuestra libertad a disposición de los mercados. Los subvencionamos para que vuelvan a enriquecerse y cuando se recuperen de sus perdidas, vuelvan a crear empleo si quieren, pero ya todavía más precario y con menos derechos. Y por supuesto, más barato para las clases poseedoras.

Debemos exigir un referéndum para ver si consentimos se apruebe o no este terrible error; error para algunos, pero victoria para la ultraconservadora y ultraliberal derecha española.

Para frenar esta apuesta antisocial, anti-patriotica y anti-española, si, porque los herederos del republicanismo español reivindicamos un estado igualitario, justo, social y democrático, transparente y federativo, pero de nuestra propiedad. De la propiedad colectiva y solidaria de los pueblos de España.

Acabaré con una afirmación no menor, y es que también se va a perjudicar gravemente a las Comunidades Autonomas y a los Ayuntamientos. Y el que avisa no es traidor, pero en el Estado Español la mayor parte del gasto social lo soportan las CC.AA. y los ayuntamientos.

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