Cuando la crisis de 1929 afilaba sus garras en forma de totalitarismo fascista como solución y la amenaza bélica era un futurible muy realista, surgieron las respuestas impulsadas por partidos y sindicatos de la clase obrera y tomó fuerza una idea ilusionante, ilustrada, democrática y transformadora a la vez. Frente a los conservadores, los capitalistas y frente a las extremas derechas golpistas y fascistas, surgió algo capaz de unir: el Antifascismo.

Con los Frentes Populares y el “New Deal” rooseveltiano, nació la idea ilusionante de una salida a la crisis social y económica, tanto justa como democrática, laica, avanzada, republicana y con el necesario protagonismo de las clases trabajadoras.

Ser anfascista era un ejercicio de radical defensa de la libertad, el concepto republicano de la democracia y la defensa de los avances sociales y lo público, de forma más o menos radical, más o menos social, pero siempre diferente al sustentado por las oligarquías fracasadas.

El antifascismo, derrotado cruentamente en España, pero vivo sin embargo en la guerra contra el nazismo y el fascismo, alumbró en algunas zonas del mundo, tras la II Guerra Mundial, el estado social y facilitó la independencia política de numerosas naciones y pueblos de África y Asia, teniendo pues un éxito parcial, pero muy interesante.

Ahora ser Antifascista es ser Antineoliberal

El nuevo fundamentalismo económico y político que ha provocado la crisis sistémica actual es el neoliberalismo. Las politicas neoliberales han provocado pobreza, ruinas, paro, y generan una democracia cada vez de peor calidad, cada vez más pobre, cada vez menos real, cada vez más vigilada por los poderosos.

Las politicas neoliberales llevan un profundo germen autoritario en su interior y son profundamente injustas. El neoliberalismo exige que las clases populares paguen de su bolsillo, y con la disminución de sus derechos sociales y laborales, la factura de la crisis de los y las capitalistas. Los pobres, los de abajo, las y los ciudadanos aunque estén paradas y parados, deben sacrificarse para subvencionar a los bancos y a los especuladores. Esa es la práctica política generalizada en toda la Unión Europea. También en el estado español.

En el reino de España han comenzado ya las campañas publicitarias de los medios de comunicación corporativos, empresariales y distorsionadores, para convencer al personal de que es bueno que le congelen la pensión y le aumenten la edad de jubilación; las compañías eléctricas pierden dinero y que tiene que pagar de su bolsillo a bancos y defraudadores de hacienda; además que un funcionario o una inmigrante no son trabajadores o trabajadoras, sino el enemigo a exterminar.

Es por eso que el antineoliberalismo debe ser el nuevo grito liberador que nos una frente a una salida de la crisis sistémica, más injusta todavía que como se vivía antes de producirse.

Las y los antineoliberales del Reino de España debemos unirnos y reaccionar, pero no en abstracto, sino organizados y estructurados en plataformas de resistencia y de alternativas.

Próximamente, durante el Foro Social Mundial de Dakar, trabajaremos por que esa alianza antineoliberal global cuaje, pero aquí y ahora es imperioso reaccionar.

No solo se congelan pensiones y sueldos o se recortan prestaciones sino que, con el patrocinio real, se construye una Gran Coalición para impulsar las “reformas” y se prepara el terreno para que la derecha del PP venza en las próximas elecciones y acabe de privatizar las pensiones, la educación, la sanidad y lo que haga falta y comiencen los despidos de funcionarias y funcionarios, y el limite de los derechos democráticos se haga más patente.

Los antineoliberales que no nos resignamos a perder, nos debemos organizar, resistir, influir y cambiar la situación.