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El G20 otra vez. Nada

Esto ya resulta cansino. Otro G20 y nada.

He escrito tras cada reunión del G20 y me resulta cansino, me aburre el volver a hacerlo. Cierto es que cada espectáculo o circo mediático en torno al selecto club de los países supuestamente más ricos del planeta tiene sus particularidades, y hay que analizarlas, pero de resultados positivos para los pueblos del planeta -en este caso y nuevamente- nada de nada. Ni un solo avance tangible, como no sean declaraciones, y esta vez ni siquiera en las mismas los jefes de estado reunidos han tratado de disimular sus profundas divergencias.

Veamos, la UE y los EE.UU. han acudido con la intención de que los emergentes invirtieran en sus maltrechas economías, pero no ha colado. Es más, China, Brasil, y Rusia, dicen claramente que no lo harán, que cada palo aguante su vela, o piden garantías difíciles de conceder o de ponerse de acuerdo los decadentes en aceptarlas. En cualquier caso, los emergentes esperan hacerse con gran parte del control del FMI y entonces verán.

Es la primera vez que estados imperialistas, antiguas potencias coloniales y que creen ser la “Comunidad Internacional” acuden a un G20 a pedir dinero a China, Brasil, Rusia, India o Argentina, por ejemplo.

Obama se ha paseado con las buenas intenciones de un supuesto programa social de empleo, pero ni dice como, ni tiene ya dinero para implementarlo, o seguramente prefiere gastárselo en bombardear cualquier lugar del mundo islámico antes que en combatir realmente el paro, y lanza a su perrito de lanas -el presidente de Méjico- a culpar a China de la crisis. De la crisis del capitalismo.

Cristina Fernández, presidenta de Argentina, ha sido la que más claro ha hablado y ha señalado a los verdaderos culpables de la crisis. Las palabras de Cristina, en ocasiones, parecían proceder de la cumbre alternativa de los pueblos. Aunque con una doble intención: también ha dicho a los capitalistas que, si quieren salvar su sistema, deben actuar de otra forma y volver a la regulación financiera. Son las claves del peronismo de izquierdas.

Tan deprimente ha sido el G20 que el articulo al respecto de Stiglitz ha versado sobre la cumbre alternativa, y cuanta razón tienen los movimientos indignados y sociales. La verdad es que en eso está la clave.

Las ITF siguen fuera de los acuerdos, pero están en la agenda, y varios estados están comprometidos a seguir trabajando por aplicarlas: Argentina, Brasil, Francia, Alemania y España (no sabemos por cuanto tiempo) están, entre otros, comprometidos en una llamada “comunidad de creyentes”. Esto es positivo, pues pone las ITF en la agenda cada vez de forma más clara, con la oposición de los EE.UU. y Gran Bretaña, y la exclusión de China que, por otro lado, posee ya un control cambiario y fuertes tasaciones de carácter nacional a los flujos de capitales en su territorio. Por tanto, su postura es la de que se apañen los otros. La verdad es que Brasil también la tiene, pero apoya a las ITF, lo que es de destacar.

Lo cierto es que los pueblos no tiene voz en el G20 y se la buscan por su cuenta, en contra-cumbres y cumbres alternativas, cuyas propuestas están tan claras, como ya definidas, pero también aquí es más de lo mismo -y siento ser políticamente incorrecto- porque o bien las fuerzas sociales y populares nos coordinamos más, buscamos más alianzas y profundizamos en nuestras movilizaciones, o acabaremos siendo parte del circo mediático sin más de cualquier cumbre.

Las bienintencionadas ONGs del sistema -no todas lo son- no pueden marcar la agenda de las y los que consideramos que otro mundo es imprescindible. Que no se trata de recaudar dinero para desarrollo de zonas y pueblos muy pobres (aunque también), sino de denunciar y cambiar el sistema que produce y genera la pobreza, se lucra de ella y la extiende. Porque ahora, y gracias a la crisis capitalista, el tercer mundo igualmente está ya en barrios de Sevilla, Barcelona, Bilbao, Londres, Manchester, Berlín, Madrid o Nueva York.

Frente al G20 la propuesta es G190, todos los pueblos. Pero también un Foro Social Mundial que debe pasar a la acción y a la coordinación de luchas serias y de verdad frente a este capitalismo asesino, y una Internacional de las y los que creemos imprescindible implementar otras políticas frente a las capitalistas y cortoplacistas.

Hay que escuchar al MST, a Vía Campesina, más y mejor desde Europa. Hay que converger con los Movimientos en lucha contra el imperialismo. Hay que poner la lucha por la paz otra vez en el candelero, ahora que poderosos locos racistas con mucho poder quieren volver a bombardear, esta vez en Irán.

¿Será acaso la guerra, otra vez, la solución capitalista a la crisis?

Más de un millón de personas en las calles. Acordemos

El día 19 de Junio, el Movimiento 15 de Mayo logró convocar más de un millón de personas -bastante más tal vez- a la calle en todo el estado español.

Todas las ciudades se comportaron, de acuerdo con su tamaño y sistema de movilidad, magníficamente. No solo capitales de provincia, sino muchas ciudades y pueblos del territorio se lanzaron no solo a mostrar su indignación, sino a hacer propuestas, exigir el freno al Pacto del Euro-plus y profundos cambios, no solo de la estructura pro-oligárquica de la democracia española, sino también del injusto sistema que padecemos y las políticas neoliberales aplicadas para “superar” la crisis financiera, social, ecológica y de valores que padecemos. Prácticas neoliberales consistentes básicamente en cargar la factura de la crisis sobre las clases populares en lugar de hacerlo sobre los que la han provocado, los bancos básicamente y los gobiernos y la Unión Europea, que han desregulado y permitido la especulación más soez y criminal.

No parece que por ahora nadie haga caso a las reivindicaciones sociales del Movimiento 15M y de las plataformas de Democracia Real Ya!! y otras de las que hablaremos.

El Gobierno, incluso portavoces del PP, hablan de ciertas medidas legales. El PP, con su proverbial desvergüenza, afirma representar a los indignados, seguramente Camps y Rita, Esperanza Aguirre o su TV de cabecera Intereconomía lo demuestran diariamente, con sus “piropos” al movimiento. El PSOE igualmente parece dispuesto a tomar ciertas medidas legislativas para cambiar algo la ley electoral, y en cualquier caso sondear y deslumbrar a “representantes” del colectivo de indignación. Pero, ¿qué hay de revocar la reforma laboral o el pensionazo? ¿qué compromiso existe con respecto a votar en la UE contra el Pacto del Euro e impedirlo? ¿qué medidas se proponen para auditar la deuda y dejar de cargarla toda ella, incluida la de los bancos y la oligarquía del ladrillo, sobre el pueblo? ¿Para cuándo dejamos la supresión de los Paraísos Fiscales? Por ejemplo, porque eso solo es cuestión de voluntad política, pues desde ellos se ejerce una pura y simple delincuencia fiscal.

Es fácil jugar con los meandros de los conceptos jurídicos-políticos. Se pueden crear comisiones de estudio mixtas que hagan propuestas. Se puede incluso hablar de listas electorales abiertas pero ¿qué hay de que en el Reino de España voten más los kilómetros cuadrados que las personas? ¿qué hacemos con el voto antidemocrático y dictatorial de los “mercados”, que son quienes imponen las políticas reales? Mientras se gobierne tanto desde el poder mínimo de un Gobierno como desde la oposición de derechas -sea españolista o nacionalista-, pensando solo en el mercado, no hay avances en nuestras luchas. Hay que ser conscientes, de que no solo de pan vive el hombre, pero ya está bien de consentir el latrocinio generalizado de robar a los pobres para dárselo a los ricos. De pagar nosotras las deudas y quebrantos de los bancos.

Por tanto, urge un programa. Un programa mínimo, pero un guión fijo y consensuado del que el Movimiento de los movimientos, no se separe o bien clarifique al menos nuestra composición. No se trata solo de perfilar nuestras opciones de cambio político, sino de aclarar las propuestas socio-económicas, por cierto, tan políticas como las anteriores, porque el neoliberalismo no es otra cosa más que una ideología política.

Es por ello que el Movimiento debe ser muy plural y conjugar los interese y anhelos de las y los jóvenes parados y precarios, las paradas. No olvidemos la lucha contra el paro y por el empleo, los autónomos y pequeñas empresas familiares, pero también de la clase obrera tradicional, de las clases trabajadoras y, en última instancia, ser conscientes de que las nuevas precarias y las y los nuevos empleados de los servicios son los nuevos proletarios, muchas y muchos de ellos en régimen de semi-esclavitud. Ahí es donde entra el para algunos y algunas espinoso tema de las organizaciones de trabajadoras/es y obreras, sin las que es imposible generalizar ninguna lucha, y lograr el éxito en cualquier convocatoria de huelga general frente a políticas antisociales o defensa de la democracia, incluida por supuesto la económica.

No podemos coincidir en la fobia sindical con la gran patronal. No podemos borrar del legado democrático de este Estado a personas como Marcelino Camacho: sería tan injusto como no democrático. Los Sindicatos de clase, no solo CCOO, sino la CNT, UGT, o STV lucharon mucho y bien contra la dictadura; no lo olvidemos y no caigamos en las trampas sibilinas de los medios al servicio del neoliberalismo. Claro que no estamos de acuerdo con las cesiones a las que los sindicatos mayoritarios han llegado. Les exigimos que se acabe con el pensionazo y acaben con las negociaciones estériles que solo conducen a perdidas de derechos laborales y al empobrecimiento generalizado de las clases trabajadoras. Les exigimos autocrítica, deben pensar por que los “mayoritarios” son tan odiados incluso, por tantos jóvenes indignados, indignadas y precarias.

En última instancia, las organizaciones de clase deben estar con los intereses que dicen representar y en estos momentos tienen dos opciones, o se suicidan con el socioliberalismo y siguen practicando socioliberalismo sindical, o están con los y las precarias, con las víctimas de la crisis.

Al neoliberalismo le sobra hoy ya la democracia. Por eso un programa de defensa de la democracia y de la soberanía popular resulta revolucionario.

La virtualidad que ha tenido DRY al convocar el 15M con un espléndido manejo de la red y sus posibilidades ha sido exitoso, pues en contra de todo ha logrado despertar a conciencias adormecidas y cuestionar el tinglado demócrata formal establecido, un estado de derecho de cartón piedra al servicio de los poderes económicos fundamentalmente. Pero hay que tener solidez, principios de hierro y fuertes convicciones políticas para no ceder ante cantos de sirena, espacios o tertulias y minutos de gloria. La hidra cultural del sistema es muy poderosa y ni culpo a nadie, ni mucho menos acuso, solo advierto, si me permitís el atrevimiento.

Hace falta una fuerte alianza y confluencia social. Nada ha ocurrido por casualidad pero, como afirma un amigo, primero hemos tenido la acción y ahora tenemos que elaborar el programa. Pero eso será algo conjunto.

Lo cierto es que hay ideas y propuestas, ATTAC ha jugado en eso un importantísimo papel. El Foro Social Mundial ha sido clave en su denuncia y su lucha contra el neoliberalismo a escala planetaria. Varias revoluciones han triunfado ya en América Latina y el Norte de África, además de la de Islandia.

En varios países europeos, como Francia, Gran Bretaña o Grecia y Rumania, tienen clara la necesidad de la confluencia de personas, organizaciones y luchas. En el Estado Español, las Mesas Ciudadanas de Convergencia han unido a diversas personas, activistas, sindicalistas, feministas, intelectuales y gentes muy politizadas en un llamamiento muy plural, pero también con una denuncia muy fuerte del sistema y de la dictadura de los mercados, que además -al igual que a los socios y socias de ATTAC-, les permite estar codo con codo con el Movimiento y en el Movimiento, sin pedir nada, solo luchando, aportando y punto. También gentes autónomas o del ámbito, y las diversas escuelas libertarias y marxistas lo están haciendo, junto con jóvenes que rechazan la política partidaria, pero que sin embargo hemos sido capaces de lograr un espacio común.

No quiero se me entienda lo contrario de lo que quiero decir, pero frente a los intereses ciegos de los banqueros, los especuladores, los ricos y poderosos, los que asesinan el planeta y la madre tierra, el patriarcado, todos y todas nos necesitamos, pero ojo, necesitamos también una visión cosmopolita de lo que está pasando y una confluencia de luchas europea e internacional. Lo siento, pero no podemos perder la perspectiva global, pues se nos explota y oprime también con una visión e intereses globales y desde la globalización neoliberal. El FMI, los clubs de poder e influencia como Bildelberg, la Trilateral o la OMC, son instituciones globales que deciden por nosotras sin ningún control democrático efectivo. Son estas instituciones las que realmente mandan.

Tampoco el G8 o el G20 poseen esa legitimidad y ese consenso, así pues no los obviemos de nuestro marco de lucha, pues sus decisiones nos afectan y mucho.

Converjamos pues y acumulemos fuerzas, pero sobre todo continuemos nuestras discusiones y debates y hagamos también converger, en mi opinión, la experiencia acumulada ya de luchas, resistencias e incluso derrotas y victorias de organizaciones obreras, asociaciones altermundistas, estructuras participativas europeas y mundiales y veamos que, si bien nadie es imprescindible, todas y todos nos necesitamos.

Robin de los bosques o la justicia fiscal

Ante el próximo G20, se está haciendo una movilización muy importante tratando de que, a efectos de ordenar el sistema financiero, controlarlo y además obtener fondos para mantener los sistemas sociales y poder luchar contra la pobreza y el cambio climático etc., se impongan unos impuestos sobre las transacciones especulativas financieras de dinero, que ni tributan, ni aportan nada a la sociedad, salvo beneficios a bancos y especuladores. Hablando muy claro, los ricos del mundo y los grandes fondos de inversión, no pagan impuestos.

Estamos pues ante un acto de injusticia y de insolidaridad, que hay que remediar y ponerle coto. Pero también proponemos una solución alternativa, real y posible a la crisis económica mundial. Los bancos y los financieros son los que han provocado esta crisis, que tanto paro, quiebras y ruina está produciendo sobre todo en Occidente y en el mundo empobrecido. Los ITF, basados en la filosofía y la propuesta de Tasa Tobin, pretenden regular y controlar los flujos de capital, además de recaudar. Por eso tienen tantos enemigos, en especial entre todos los poderosos.

Dicho esto, y teniendo en cuenta que esta campaña es muy amplia y plural, hay que aclarar que, en opinión de ATTAC y la mía propia, aplicar un impuesto a los capitales transnacionales y no suprimir a la vez los Paraísos Fiscales, es como meter agua en un cesto. No podemos poner un impuesto en marcha y además dejar una espita para que bancos y fondos de inversión burlen la fiscalidad a través de los citados territorios fuera de control.

Los Paraísos Fiscales son el verdadero cáncer del sistema-mundo económico, y de hecho la mayoría de los bancos privados tienen en ellos sucursales o segundas marcas. Así pues ITF y la no supresión de estos territorios piratas son incompatibles. Entiendo que esto hay que dejarlo claro, o bien se perderán muchos posibles ingresos.

ATTAC, que lleva ya años en esto -de hecho, comenzó esta lucha- lo debe decir alto y claro y, al menos personalmente, deseo clarificar que esta campaña no tiene como objetivo robar a los ricos para dárselo a los pobres cual Robin Hood: es impedir que los ricos sigan robando a los pobres, a las clases populares y a la sociedad en su conjunto al no pagar impuestos, y por tanto no contribuir a mantener los estados sociales y/o del bienestar, a la lucha contra el hambre y la pobreza, al desarrollo sustentable y posible, y a la defensa de la madre tierra.

Las finanzas son el corazón del sistema y por tanto hay que controlarlas por el bien común y para lograr otro mundo. Las finanzas además deben estar al servicio de la economía productiva, y no ser un fin en sí mismas. Por todo eso, ATTAC reclama la socialización o democratización de la banca y su control público. Por eso ATTAC exige la justicia fiscal global y también acabar con la pobreza, pero con toda la pobreza, esté donde esté.

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