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Comunicado de la Alternativa Socialista en solidaridad con Evo Morales y los pueblos de América Latina

Construyendo la Izquierda – Alternativa Socialista manifiesta su más viva indignación por el secuestro de Evo Morales y la actitud claudicante y vergonzosa ante los EE.UU. de todos los mandatarios europeos.

Hace ya años que las personas de izquierdas consecuentes y transformadoras sabemos que el imperialismo es una lacra no solo de dominación e intromisión, también de expolio de otros pueblos por parte de los poderosos del mundo. De igual modo sabemos que tiene un contenido racial, xenófobo y de supuesta superioridad moral.

Europa y los EE.UU. presumen de democracia, pero espían, controlan y reprimen a sus pueblos propios y tratan de colonizar a los demás. Los cambios mundiales y la aparición de potencias independientes y solidarias entre ellas, molesta profundamente al capitalismo racista occidental y sus gobiernos títeres.

Por eso la insumisión de Ecuador, Bolivia, Venezuela y otros muchos es intolerable para ellos.

El Socialismo del siglo XXI, del que CLI-AS es parte, es un grito de liberación, es la construcción de un modelo propio y nuevo de transitar hacía la dignidad y el buen vivir de los pueblos. Evo Morales es uno de sus referentes internacionales, por eso el secuestro y de ahí la vergüenza.

Los pueblos del Estado español hemos de decir a los pueblos de América Latina que esos mandatarios no nos representan y que todas y todos estamos secuestrados con Evo, que independientemente del desenlace, que ha sido positivo, la vergüenza y el escarnio sufrido por él nos deben hacer reflexionar.

Es hora ya de recuperar el internacionalismo socialista.

De la crisis capitalista al rearme imperialista

Cartas Caraqueñas

Es un argumento muy utilizado el afirmar que todas las crisis capitalistas se han solucionado con acciones bélicas (ya sean invasiones coloniales, guerras mundiales o guerras de clase contra los propios pueblos afectados), pero no por ello es menos cierto. Hay sin embargo que recordar constantemente que el capitalismo es indisociable del imperialismo. Así lo es al menos desde el siglo XVI, así sigue siendo de forma nítida hoy.

La crisis capitalista que estalla a partir de 2008 se está tratando de resolver, por parte de los gobiernos capitalistas tanto institucionales como fácticos, de todas las formas beneficiosas para ellos posibles. Sólo falta la guerra global caliente, pues la fría ya está servida. Pero en las potencias centrales, la guerra de clases contra sus pueblos es una dura realidad que se está pagando con paro, quiebras de pymes y empresas familiares, recortes sociales y destrucción del sistema de bienestar. Cuantos más fracasos económicos cosechan los y las capitalistas, más ahogan a sus clases populares y más gasto público dedican para salvar los bancos privados.

Pero también las ex-potencias coloniales europeas y el imperio decadente de los EE.UU., en “Santa Alianza”, se tornan más agresivos, chulos y autoritarios para remontar su crisis. Pese a sus sonados fracasos en las nuevas cruzadas contra el mundo musulmán, siguen insistiendo, amenazando, y ciertamente si han demostrado al menos una gran capacidad de hacer sufrir y castigar a poblaciones civiles indefensas. Hay además que denunciar su hipocresía al haberse aliado con sectores de Al Qaeda en esta nueva aventura colonial. Tiene una macabra gracia que los promotores de SOPA-ACTA -leyes de excepción y recortes democráticos- le den lecciones a Siria y potencien allí una guerra civil ¡Con Jordania y Arabia Saudí dando lecciones de democracia! ¿Pero nos creen tan imbéciles? Pues si.

Pero la estrategia imperial de dominación, cargada de racismo eurocéntrico y blanco-caucásico, no solo apunta a los musulmanes y sus grandes reservas energéticas. Están propiciando un cerco a la pujante y emergente China y el rearme ruso. China es su gran peligro. La doblez de junco de los chinos, su agresiva expansión comercial y su penetración en África negra, abandonada por los decadentes, y en América Latina (en fase de construcción de su independencia continental y con procesos de transformación no neoliberales) obliga a vigilar y cercar -a este si- su gran enemigo. Cuentan con Australia y por ahora las Filipinas. Tal vez India, pero está se encuentra demasiado ocupada con Paquistán y la propia China. Siendo la Unión India casi tan agresiva en sus exportaciones como sus grandes vecinos. Además, India y Rusia mantienen buenas relaciones, incluso militares.

Por si fuera poco, el gigante Sudafricano -con Zuma a la cabeza- no es de fiar. La prueba, pues no hay más que leer la prensa internacional del grupo PRISA, por ejemplo. Por si quedaba un último grano, los argentinos vuelven a reclamar las Malvinas, y encima encuentran no solo eco, sino apoyo decidido en la nueva América Latina de la CELAC, de la UNASUR, del ALBA, de su nueva independencia.

Pero para imponer sus criterios ni civilizatorios, ni democráticos, solo de control de la energía que su blanco dios donó a los supuestos pobres del mundo (más bien saqueados del mundo); para mantener su dominio y seguir ganando dinero deben hacer nuevas guerritas, bombardear, criminalizar a culturas diferentes o a pueblos con ansias de justicia y reparto. Pero nos necesitan a nosotras y nosotros. Necesitan que los pueblos, las clases populares europeas, se crean sus mentiras y piensen que su destino depende de sus caza-bombarderos. Nos mienten. Es deleznable la complicidad de medios y de ciertos y ciertas periodistas. Pero también del abusivo uso de los medios públicos que todos sufragamos. Hay pues que forjar una unidad antiimperialista de los pueblos y de los gobiernos amigos, junto a las luchas por una superación democrática, social y popular de la crisis.

Estos días en Portoalegre, como clara contraposición al frío, asediado y decadente Davos, se celebra en el cálido y vital Brasil, la asamblea mundial del Foro Social Mundial, en la que se denuncia la crisis capitalista al tiempo que en los debates se plantean formas de lucha y llamamientos a las protestas y la resistencia, pero también las ofensivas ideológicas y populares. En un panorama, el Latinoamericano, donde con varias excepciones -a diferencia de las potencias centrales- disminuye el paro y hay movilidad económica, crecimiento y expectativas de desarrollo. Simplemente porque hacen lo contrario que en Europa.

Es por eso que los viejos halcones yankis vuelven a amenazar también a América Latina, especialmente a Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba. Pero maniobran contra la CELAC con el concurso de las oligarquías criollas. No obstante, se tropiezan con una gran determinación en sus pueblos, todos ellos. Unos con gobiernos ya antineoliberales y otros, al menos, nacionalistas, teniendo en cuenta que el nacionalismo en América tiene una lectura positiva. Los neoliberales, a pesar de ello, están en los organismos de unión regional, porque conocen de la ruina europea y la intromisión nunca gratuita yanki.

Así pues, creo que se puede afirmar que estamos en una feroz guerra mundial de clase. De la clase rica y poderosa contra el mundo. Contra todo el mundo, incluidas las clases trabajadoras y populares europeas.

La conclusión es que cada cual en su lugar debe actuar, intervenir, organizarse. Pero frente a la estrategia mundial capitalista, hace falta forjar la estrategia mundial social. Esperemos que Portoalegre nos ilumine. Por lo pronto, ya están llegando llamados a construir un ecosocialismo alternativo global frente al capitalismo.

Mientras llega, no nos olvidemos de la V Internacional. Pero tampoco de agradecer a los pueblos Latinoamericanos que fueron los primeros en demostrar que se puede vencer a las oligarquías y plantarle cara al Imperio, muy especialmente al pueblo venezolano.

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