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Ya no somos graciosillas y graciosillos. Tenemos propuestas y comenzamos a elaborar programa

Nadie podía pensar que esto iba a seguir siendo tratado como la rabieta de jóvenes de clase media, con carrera y paradas/os.

Lo más peligroso para el régimen no es solo que tomamos la calle, es que se comienzan a articular propuestas serias y posibles. Que se comienza de forma colectiva y tremendamente participativa a tener un programa.

La calle es de Fraga, según el mismo afirmó y luego se despachó en Vitoria con tres obreros de Michelín muertos a balazos. Desde entonces, la sociedad bien pensante cree -impone- que la calle es suya para las procesiones, para el papa o los desfiles, pero no para las clases populares indignadas. El problema es cuando surgen colaboradores necesarios que afirman venir de otras sensibilidades y les hacen el trabajo sucio. Eso no solo despista sino que provoca identificación y luego que nadie se queje.

El principal problema es que en la calle, las asambleas y en los movimientos cívicos y sociales se están haciendo unas denuncias tan fundamentadas y realizables como ciertas. Se le está diciendo lo que de verdad está ocurriendo a la ciudadanía.

Se está denunciando la gran estafa de los poderosos y sus instrumentos, y se está exigiendo algo tan simple como imposible para aquellos que han unido su suerte a la de la Banca privada, la burocracia neoliberal de Bruselas y por el éxito de las ideas e intereses de la Revolución Conservadora de Tatcher y Reagan, cuyas ideas siguen e implementan treinta años después.

Pero ya hay ideas claras, ya hay propuestas concretas y para una de muchas muestras un botón, este articulo publicado en “Público” que es un aldabonazo más y una llamada.

Basta ya de terrorismo financiero, basta ya de terrorismo, donde las víctimas subvencionan a los verdugos.

Contra el terrorismo financiero

La extraordinaria subida de la prima de riesgo española y de otros países aún más cercanos al corazón de la vieja Europa nos pone al borde del límite de lo que la ciudadanía no debería consentir.

Nada ha cambiado en España en los últimos días –salvo la celebración de nuevas subastas de deuda pública, claro está– que haya podido dar a entender a “los mercados” que la situación de nuestra economía es peor que hace unas semanas y que, por tanto, justifique una subida en el tipo de interés que debamos que pagar para financiarnos. Se trata, tan solo, de nuevas operaciones de casino que apuestan sobre seguro, provocando ellas mismas los resultados que más les convienen a inversores que, por supuesto, no albergan ninguna preocupación acerca de lo que suceda en la economía real, en la vida de la gente, sino en cómo mejorar sus posiciones de apuesta para ganar más dinero.

Cuando los bancos que habían provocado la crisis que estamos viviendo necesitaron financiación, los gobiernos y el Banco Central Europeo no dudaron en acudir en su auxilio, en una ocasiones, porque decían que eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y, en otras, porque había que “salvar al sistema financiero”. En ello se gastaron varios billones de euros; más de 800.000 millones sólo en Alemania y Francia.

Sin embargo, cuando fueron los estados los que necesitaron financiación, fundamentalmente como efecto de la crisis que habían provocado los bancos, aunque en mucha menor medida, en lugar de recibirla en las generosas condiciones en que lo obtuvo la banca, tuvieron que ponerse en manos de esta. Y, gracias a ello, los bancos no sólo levantaron de nuevo cabeza, prestando a tipos cinco o seis veces más altos el dinero que recibían al 1% del Banco Central Europeo, sino que así pudieron poner contra las cuerdas a los gobiernos y exigirles nuevas reformas liberalizadoras como condición imprescindible para salir de la crisis, cuando, en realidad, fue la generalización de ese tipo de medidas lo que la provocó.

Los gobiernos, y en concreto el español, vienen diciendo a la ciudadanía que para acabar con esta situación hay que contentar a los mercados y que para ello es inevitable llevar a cabo las reformas que se les exigen y que, en gran parte, ya se han aplicado: del mercado de trabajo y de las pensiones, privatizaciones de empresas públicas y, pronto, de servicios públicos esenciales. Pero estas recetas se han revelado como una gran mentira, como evidencia el que ni estén produciendo los efectos beneficiosos sobre la economía con que se justifican, ni logren detener los ataques especulativos contra nuestra deuda.

Tratar de hacer frente a una situación que el propio presidente de la Junta de Andalucía calificó de “terrorismo financiero” cediendo a la extorsión, como está haciendo el Gobierno socialista, es algo peor que una simple ingenuidad. Las reformas que ha llevado a cabo sólo han servido para debilitar aún más la capacidad de generación de empleo e ingreso de nuestra economía y, al frenar la recuperación y el crecimiento de la actividad, terminarán encareciendo aún más la deuda pública a medio y largo plazo, convirtiéndose esta dinámica en un círculo vicioso que lleve a la ruina a los propios estados, a sus servicios públicos esenciales y, por ende, a toda la ciudadanía.

Al terrorismo financiero que está destrozando economías enteras no se le puede combatir con sometimiento, sino con firmeza y decisión, defendiendo la economía que crea empleo, riqueza y bienestar y cortando las alas de los capitales especulativos.

Europa tiene medios para lograrlo.

Debe garantizar que los estados dispongan de financiación adecuada a través del Banco Central Europeo, negociando para ello las condiciones que le permitan generar ingresos y no destruir sus fuentes, como ha venido sucediendo. Es una ignominia inaceptable que se preste al 1% a bancos irresponsables y que se obligue a que los pueblos tengan que hacerlo incluso al 10%, como está ocurriendo en algunos casos.

Además, Europa debe establecer impuestos y tasas sobre las transacciones financieras especulativas que las desincentiven en la mayor medida posible.

Y Europa tiene también la obligación moral de establecer controles de capital para impedir que financieros sin escrúpulos sigan poniendo en juego el futuro de la Unión Monetaria, la estabilidad económica y social y el bienestar de sus ciudadanos.

Pero ni España ni el resto de países europeos pueden esperar a que todo se resuelva en Bruselas. Se equivocarán una vez más este Gobierno y los partidos políticos que lo apoyen si vuelven a recortar derechos sociales creyendo que así disminuirá la voracidad de los mercados. Volveremos a ir todos a peor, salvo la banca y las grandes empresas.
En una democracia real, las personas son las verdaderas depositarias de la soberanía nacional y, por tanto, deben constituirse en protagonistas de las decisiones políticas que se toman, como actores y como beneficiarios principales.

Si viviésemos en esa democracia real, y los ciudadanos supieran de verdad lo que está pasando, no consentirían el tipo de terrorismo que se está practicando, ni la complicidad de los gobiernos. Y por eso creemos que es fundamental que los movimientos sociales y las organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas de todo tipo hagan el máximo esfuerzo para informar, concienciar y movilizar a todas las personas que, con independencia de ideologías o de posiciones políticas, simplemente se indignen y reaccionen ante la injusticia y la irracionalidad que se nos está imponiendo.

Juan Torres López
Comité Científico de ATTAC España
Carlos Martínez García
Promotora Estatal de Mesas de Convergencia
Francisco Jurado
Democracia Real Ya

Pensamientos en mi mochila camino de Madrid. O pensamientos de autobús

La defensa del sistema público de pensiones y la vuelta de la edad de jubilación a los 65 o 60 años deben volver a ser reivindicaciones centrales. La lucha contra la dictadura de los mercados también. Las medidas anti-crisis que está imponiendo la UE y el FMI solo se basan en reducir costes sociales y salarios y en eliminar empleo público, esto solo traerá más paro y más pobreza.

El profesor Navarro argumenta excelentemente como las medidas de austeridad, que en resumen son reducir salarios y prestaciones sociales, están impidiendo la remontada. Yo personalmente pienso y, aún a riesgo de equivocarme, afirmo que a las grandes fortunas y grupos financieros no les importa esto lo más mínimo, pues al estar la economía financiarizada y no ser productiva ellos obtienen sus beneficios de mover las capitales en el mundo de las finanzas globales y por tanto sus negocios son la deuda pública o la especulación, ahora ya con los elementos fundamentales de la cadena alimentaria humana. Saben que los y las pobres primero se preocupan de comer y luego de todo lo demás.

Los Capitalistas son tan ruines que imaginan que el empobrecimiento también genera humillación y favorece la sobrexplotación humana, de hecho seguro que piensan de esta forma.

Creo que debemos volver a decir las cosas por su nombre. Es cierto que los gobiernos de las potencias centrales están cediendo ante los mercados financieros. De hecho, estamos como estamos por que políticamente así se ha decidido. Lo que vivimos son los frutos del triunfo de la Revolución conservadora de los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Pero ninguna fuerza política con capacidad de tener poder en Europa ha hecho frente a esta situación, por lo que modificar el estado de las cosas es tarea de la ciudadanía, de las clases populares y de su capacidad de auto-organización. Y lo diré hasta la saciedad: hay alternativas, alternativas posibles y realistas, los artículos en las web de Attac están plagadas de ellas.

Pero también necesitamos de la organización, nuestra, plural y participativa, pero con intenciones políticas; la política en el más alto sentido de la palabra, en el concepto clásico de la misma es imprescindible para simplemente entendernos y poder cambiar las cosas. Los Foros Sociales Mundiales han llamado a la acción política de las clases populares y trabajadoras y han denunciado firmemente el capitalismo que es el mal más terrible que padece la humanidad.

Hay experiencias muy interesantes de auto-organización política, de forma abierta. Por ejemplo, en el Estado Español las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción están haciendo reflexiones dignas de ser tenidas muy en cuenta por todas y todos los que queremos que esto cambie y lo haga para bien de la ciudadanía.

No olvidemos pues en nuestras reivindicaciones y propuestas la Democracia Económica. Hoy la barrera fundamental entre la izquierda y la derecha, o entre el liberalismo y el altermundismo o el socialismo transformador y democrático, está precisamente en defender o no la democracia económica, entre apoyar o no el reparto.

Lo que el poder y los poderosos quieren es nuestro aislamiento, por ello tenemos que caminar en la difícil trocha de la acumulación de fuerzas, la elaboración de un programa y la búsqueda de alianzas, entre sectores sociales, sindicales y de elaboración política. Ahora bien, si confundimos política con los profesionales y las profesionales que vemos constantemente en televisión, eso es nuestro problema o hacerles el juego.

Los poderes económicos exigen más, siempre más

El 18 de Julio el diario El País, vocero de un importante sector de la banca y poderes económico-financieros, y padrino de los sectores más socioliberales del partido del Gobierno, inició una nueva ofensiva.

El editorial del periódico de los Polanco y Carlos Slim -así como diversas y poderosas empresas, y que cuenta con Felipe González y Juan Luis Cebrían como principales ideólogos- exige el adelanto de las elecciones generales.

Pero ¿con que intención lo hace? me pregunto, pues sus dueños (los de “El País”) saben que, de producirse estos comicios, los vencerá casi seguro la extrema derecha, es decir el PP. Pues muy sencillo: Zapatero ya está amortizado por los mercados y los bancos. Zapatero ya se ha quemado haciendo reformas, pero no lo que significa reformas para un socialdemócrata verdadero, es decir avances socio-políticos constantes, graduales, continuos y tratando de mejorar las condiciones de las clases trabajadoras. No, para los socioliberales españoles actualmente en el poder, reformas son retrocesos. Recortes de pensiones y sueldos públicos, privatizaciones, ese es el nuevo significado de la palabra reforma.

Los poderes económicos, por boca de Juan Luis Cebrían y la derecha socioliberal, exigen más “reformas” y estas solo las puede garantizar un nuevo gobierno, es decir Rajoy y sus políticas de “austeridad”, lo que significa aún más recortes y privatizaciones que, dado que casi todo ha sido ya vendido a los privados, deberán ser las que afecten directamente al estado del bienestar, como servicios de salud y educativos, culminando con despidos de funcionarios y personal laboral de las administraciones públicas.

Pero claro, PRISA también apoya a la vez a Rubalcaba que es uno de sus niños mimados hace años. ¿Quiere esto decir que le está indicando el camino? Pues claro, aunque con esto cualquier analista vislumbra claramente que le pone en un serio aprieto y descubre sus servidumbres si es que llegará al poder, cosa harto difícil.

Los sectores que representa PRISA están marcando ya lo que debe ser y será la política económica, gane quien gane, pues los mercados no están dispuestos a aceptar ninguna veleidad social y democratizadora. Las mismas políticas ya fracasadas, serán las que se impongan si las clases populares no lo impedimos y no en las urnas, o no solo en las urnas, sino en la calle.

Las medidas económicas y sociales a tomar, están marcadas a fuego por la Banca, la Unión Europea y el FMI, y ningún político del sistema se saldrá de ellas. De hecho, aunque honradamente lo intentara no se lo consentirían. Así pues, solo las clases trabajadoras, el precariado, las paradas y parados podemos frenar tanta injusticia y tanto sufrimiento. Si no reaccionamos con más rotundidad, estamos avocados y avocadas al copago sanitario, educativo, a las pensiones miserables que todo periodo de “estrategia de shock” -y este lo es- produce entre los pueblos que lo sufren.

Así pues, no tenemos más remedio que seguir movilizadas y, aunque nos fastidiemos el día 23, acudir masivamente a Madrid, hacernos ver y seguir construyendo nuestra alternativa en la lucha y proponer soluciones, que las tenemos.

Por ahora en el reino de España, digan lo que digan y llenen páginas de sus periódicos sobre el Movimiento 15M, en realidad no se le está haciendo ni caso. Como mucho, están estudiando ver cómo nos dividen, como cooptan a sectores más liberales o moderados, o jaleando la supuesta hegemonía de los más ultra-radicalizados. De este modo, intentan aceptar lo que el sistema y los mercados pueden ver como asumible de nuestras reivindicaciones, pero sin tocar lo esencial y es que las políticas neoliberales son sagradas para los poderosos. El euro, el pago de la deuda y el Pacto por el Euro no se tocan, y el PP advierte: habrá más austeridad, pero ¿con quién más austeridad? ¿Con el protocolo y los sueldos de los políticos? Mentira, ya se ha visto que no. Austeridad con la sanidad, las pensiones, el crédito a PYMES y autónomos, entre otras austeridades varias que siempre pagará poca ropa.

En mi opinión, el Movimiento 15M debe avanzar hacía concreciones más allá del método, pues tenemos demasiados frentes de lucha abiertos y no podemos dejar ninguno, pues si de capital importancia es lograr defender la soberanía popular y una nueva ley electoral, no menos lo es enfrentarse contra el Pacto por el Euro, los planes del FMI, al pago indiscriminado y fraudulento de la deuda, la reforma laboral, la sequía del crédito y a la exigencia de un sector financiero público y denunciar el gran atraco al ahorro popular que se está llevando a cabo con la privatización y salida a bolsa de las Cajas de Ahorros.

El 18 de Julio PRISA ha demostrado que, en lo sustancial, junto con “El Mundo” e “Intereconomía”, “La Razón” o “La Vanguardia”, son lo mismo, pues sus intereses sustanciales son coincidentes: son los de sus dueños, muchos de ellos también coincidentes.

Las incertidumbres del verano

Que se produzcan ataques especulativos al euro es lo lógico. El euro se ha convertido en un negocio para los especuladores y para los fondos de inversión. Es además una presa fácil, primero porque es una moneda sin nación, sin política fiscal común y sin fuerza militar tras ella. Europa no es sino un gran supermercado en el que, dado que ni existe regulación económica alguna, ni responde a unos intereses comunes, cualquiera llega y compra -o no-, pero es que además puede ir al encargado y amenazarle de que o baja los precios o se pone en la puerta y comienza a gritar que la fruta está podrida, la carne es de vaca loca y los yogures están caducados. Y esto hace daño si la gente pica -y suele picar, pues no entra-, pero es que además el extorsionador puede hacerlo, nadie se lo va a impedir y encima uno o dos de los dueños están conchabados con él.

Eso es Europa. Construida solo como un mercado y sin más objetivo que el de competir con otros mercados a base de eliminar los derechos sociales de sus habitantes duramente conseguidos -que no otorgados, tras largos años de duras luchas sociales, sindicales, políticas y guerras frente al fascismo-. Europa desea despojarse de los beneficios de las personas que la habitan, para así ceder ante el extorsionador de la puerta del supermercado, es decir las agencias de calificación y, en consecuencia, los llamados mercados a cuyos intereses estos sirven.

No hay voluntad ni coraje político en la Unión Europea para hacer frente a los especuladores financieros. Últimamente por la UE solo hay valentía para recortar prestaciones y empobrecer paulatinamente a la ciudadanía, montando una grosera transferencia de rentas de las clases trabajadoras y populares a los ricos, a los bancos, a las mafias financieras. Vivimos en una especie de “Chicago años veinte” en el que los gánsteres, con el apoyo de jueces y policías, vulneran las leyes y constituciones nacionales a favor de sus capos y protegidos por unas burocracias a su servicio.

La ciudadanía europea esta inerme frente a tanto latrocinio legal. En el reino de España, la situación es grave, muy grave y es víctima de constantes abusos y ataques. Pero seamos conscientes de que esos ataques están consentidos, permitidos, y el Gobierno lo que trata de hacer es tranquilizar a los gánsteres, en lugar de defender a la población de sus tropelías. Y encima, la oposición de derecha extrema el PP es Gobierno ya en casi todas las autonomías y grandes ayuntamientos, es decir posee un poder político inmenso y además, como es la más chula y grande de la clase, asusta, pues nadie se le enfrenta con coraje y decisión. Claro que si no se persigue a los gánsteres ¿cómo se le va a plantar cara al chulo de la clase?.

El neoliberalismo está fracasando, el capitalismo solo genera pobreza para la mayoría y además le estorba la Democracia. Estamos caminando, si no ponemos pronto pie en pared, hacía un capitalismo sin democracia, pues si algo no tiene la derecha española es tradición democrática. Por eso ahora las alternativas son muy simples y sencillas, todo comienza por defender la soberanía popular y situar la política por encima de los mercados.

La respuesta a la crisis financiera y del sistema, que tanto nos está haciendo sufrir a las clases populares, solo puede ser política, profundamente política. Articular un movimiento social y cívico participativo y muy amplio -tal y como se está produciendo- es político. Negarlo es suicida. Ignorar que este estado sigue dominado por la misma oligarquía que en los años cincuenta del siglo pasado es no saber a que nos enfrentamos, y esa oligarquía a pesar de la crisis, gana, porque la banca siempre gana y los bancos son los mismos en esencia, solo que aún más concentrados.

El pueblo soberano necesita decir que no tolera más esta situación. El 15M lo dijo, el 19J también, y ahora le toca el turno al 23 de Julio. Hay que salir nuevamente a la calle, pues hay que decirlo alto y claro, que no nos están haciendo ni puñetero caso.

Están los poderosos y los gobernantes, sean del partido con poder que sean, tan acostumbrados a pasar de nosotras que siguen sin hacernos caso; sin embargo, tiemblan ante los especuladores.

Hay que hacerse respetar y el 23 de Julio, haciendo el esfuerzo de ir a Madrid, les diremos que estamos aquí y de paso seguiremos construyendo alternativa política, cívica, popular, anti neoliberal y por otra sociedad y otras formas de resolver sus crisis.

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