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Hace falta un Partido Socialista

En este país el despiste ideológico y la quemazón política a la que los aparatos y cúpulas de los partidos nos han arrastrado es demencial. Poca, muy poca gente se fía de los partidos, de todos ellos. Por un lado se han renunciado no ya tan solo a las ideologías, sino a cumplir los programas electorales, de los que se decía con absoluta tranquilidad hasta hace poco -pues ahora es políticamente incorrecto- que se hacen para no cumplirse. Al mismo tiempo, unos medios supuestamente informativos, pero todos ellos en las manos de grandes empresas y bancos, han lanzado sutilmente una campaña anti política que a la postre solo beneficia a la derecha, aunque en ocasiones parezca que con esta iniciativa, perfectamente orquestada, se preocupan de la gente común.

La organización en política es clave, así como más todavía lo son los adherentes y simpatizantes, pero también y no en forma menor la confianza popular. Pero sin ideas, nada se puede. Tampoco sin medios, al menos humanos. Si bien el concepto y método interno de los partidos progresistas y de cambio social debiera cambiar profundamente.

Las derechas jamás han renunciado a sus principios, pero sin embargo el centro-izquierda español, al haber renunciado a la ideología transformadora y de clase, por parte de los dirigentes del PSOE ya en los inicios de la transición, la única idea real paso a ser la lógica del poder, mantenerlo o recuperarlo. Con ideas modernizadoras ciertamente, pero no por ello necesariamente de izquierdas. Si bien, y es justo reconocerlo, con dos ideas fuerza: la actualización administrativa y la descentralización, junto a la europeización del estado, lo cual también conducía a reforzar el bienestar. Estado moderno, descentralizado y con un estado del bienestar semejante al europeo, si bien sin su base industrial.

La factura pagada por los gobiernos del PSOE para ingresar en Europa ha sido la deslocalización y el cierre de la industria pesada a cambio de infraestructuras de transporte e inversiones de fondos FEDER con el precio de dejar de construir barcos o extraer carbón. Es simplificar mucho, lo sé, pero no es el objetivo de estas líneas explicar esto. Si añadiré que el estado español, al carecer de una base obrera industrial sólida y extendida territorialmente, se vio obligado a financiar las conquistas sociales del bienestar en los Gobiernos de Felipe González en base al endeudamiento y las privatizaciones del sector público bancario, energético e industrial. Y quiero señalar esto, al objeto de que no se me diga que solo resalto negatividades al objeto de arrimar el ascua a mi sardina. Pero lo cierto es que el desmantelamiento minero e industrial a la larga ha resultado profundamente negativo. También para la izquierda. Se ha profundizado pues incluso aunque sea de forma involuntaria en el capitalismo rentista, el ladrillo y el turismo como únicas salidas a crear empleo y en fortalecer el sector servicios, pero con unos servicios –valga la redundancia- de muy bajo valor añadido.

Lo cierto es que el PSOE se transformó en una partido modernizador y progresista en materia de derechos civiles, excepto en cercenar la excesiva influencia y dominio de la Iglesia Católica, pero difícilmente homologable a un partido socialdemócrata obrerista y de clase. Ni siquiera intervencionista en economía. Felipe González es un adelantado a la tercera vía. Una vía social-liberal novedosa ciertamente en esos momentos,-principios de los ochenta del siglo pasado- que además se construyó gracias al voto de las capas más humildes y obreras de la sociedad. Se pactó con la clase media y esta aportó su dirigencia, pero se recabó el voto de los pobres –aunque no solo- para acabar siendo un partido real de clases medias y populares. No disponemos en España de regiones homologables a las industriales de centro-Europa, tan solo algunas comarcas, lo cual tiene sus servidumbres.

La fidelidad ideológica a un partido obrero, democrático y de izquierdas, se sustituyó por el clientelismo y la fidelidad familiar, la simplificación impuesta por los medios informativos o el apoyo al mal menor, frente a la derecha cavernícola que dominó el estado en el franquismo y que sin solución de continuidad desembarcó en la UCD para encontrar su justo acomodo en el PP, que es su lugar natural.

Del Felipismo a Aznar y del Aznarato a Zapatero. Tras la reforma exprés de la Constitución, Rajoy. Era lógico, para una fotocopia mejor el original.

El problema que trata de abordar este artículo, no es tampoco el relato histórico de un régimen lastrado por la ley electoral, partidos mayoritarios bien estatales o nacionalistas con una amplia base clientelar, la represiva ley de partidos de Aznar-Zapatero o bien el fiasco legal de la modificación exprés del artículo 135 de la Constitución, no, es proponer como podemos encontrar alguna salida digna y coherente a esta situación política. Solución que pasa por la recuperación para la ciudadanía de la política y de las decisiones sobre la política. Comenzaré por la mayor, el régimen del 78 ha colapsado. Lo corroe la corrupción que comenzando por el rey, alcanza a los partidos mayoritarios que sufren de un desprestigio supino.

Pero a pesar de ello, la cosa no acaba de caer o de cuajar una nueva alternativa ¿Por qué? En primer lugar la derecha se piense lo que se piense por parte de muchos ingenuos, no va a dar lugar a otras formaciones políticas de carácter liberal, diferentes y modernas, el mismo PP es intocable en sus principios y además le funciona bien. La derecha española con mucho más de un siglo de existencia en su versión liberal, es profundamente conservadora, tiene una más que centenaria tradición caciquil y es inmune a la corrupción, desde siempre. De hecho caciques corruptos son muy importantes en su base territorial. De convicciones monárquicas y centralista excepto en su parte fuerista o de origen carlista que con el tiempo contribuye a alumbrar los nacionalismos llamados por cierto con prejuicios centralistas, periféricos. Si bien en el caso catalán pasando el tamiz liberal moderado de Cambó y evolucionado hacia una derecha moderna.

No me preocupa  en absoluto la derecha. Esta ni tiene solución desde un punto de vista progresista ni siquiera intentos regeneradores como lo es la UPyD pierden sus tics centralistas y autoritarios.

Las Izquierdas

Las izquierdas son el problema. En la transición se pensó por parte de la oligarquía franquista de carácter aperturista que para consolidar una democracia a la europea, lo que había que hacer era moderar la izquierda. Esto pasaba por dos premisas, aceptar la monarquía y la inevitabilidad del sistema capitalista. Ambos supuestos fueron aceptados  por el PSOE renovado de González y Guerra. El PCE aunque fuera por imposición al objeto de legalizarse hubo de transigir con la monarquía. A pesar de ello, la ley electoral fue el instrumento y lo sigue siendo, más depuradamente anti-democrático del sistema, al objeto de garantizar el turnismo, es decir dos grandes partidos sistémicos gobernando con el comodín de los nacionalismos conservadores, vasco y catalán. Esto último ha fallado al menos por el momento pues el independentismo de CiU ha contribuido a la crisis del régimen de 1978 y de forma no menor.

A todo esto hay que añadir que el centro-izquierda y la izquierda española, personificados en su momento en PSOE y PCE son proyectos autónomos y que pueden gobernar juntos un ayuntamiento o una autonomía, pero el Estado, no, eso son palabras mayores y es otra cosa. Desde la transición Felipe González hizo del PSOE algo total y absolutamente al margen de cualquier veleidad frentepopulista. El modelo de González era el alemán del momento. Los intentos de Santiago Carrillo de buscar la unidad de las izquierdas, fueron inútiles, de hecho el PCE de Carrillo, propuso en varias ocasiones gobiernos de concentración nacional. Estas negativas a la unidad gubernamental de las izquierdas –y no solo ellas- consagro al PCE como un proyecto autónomo también. Es más el PSOE en más de una ocasión trato de absorber o laminar el PCE y a tal fin Alfonso Guerra inventó aquello de la casa común de la izquierda, que por supuesto era el PSOE. Cuando aparece Izquierda Unida, el perfil de autonomía del proyecto se agudiza y algún intento en sentido contrario hay como ocurrió con el PASOC español o la teoría del “sorpasso”. El hecho de que ambos intentos fracasaran debiera hacer pensar a los herederos de aquellas direcciones políticas.

Pero dando un salto y resaltando cuales son las circunstancias actuales, nos circunscribimos a ellas y en cómo pienso que podemos actuar.

El problema más grave que vivimos es la profunda despolitización por no decir anti política que han generado tanto la corrupción y el clientelismo, como la profunda oligarquización de la política española, profundamente profesionalizada en el peor sentido del término, en todas las fuerzas institucionales y muy poco participativa. Esto dificulta tanto las nuevas incorporaciones a los partidos políticos de izquierdas especialmente, así  como lo difícil que es “repescar” o volver a activar para la acción política a personas muy cualificadas y generosas políticamente, pero que sin embargo han sufrido profundas decepciones y desengaños e incluso persecuciones, expulsiones injustas o disoluciones, por mantener criterios propios, ser inteligentes o creer en la libertad en el seno de su partido político.

Es muy grave comprobar como las oligarquías de hierro de los partidos han quemado, dilapidado y arrojado a personas válidas,  con sentido común y criterio, carentes en absoluto de la “ética acomodaticia” que predomina en demasiados aparatos.

Puestas así las cosas y difíciles de negar o bien montamos una causa general, lo cual no es mi intención, o bien reconocemos que la militancia política no es atractiva para mucha gente inteligente y/o con su vida personal profesionalmente resuelta, pero que podría aportar y mucho. Todo esto, es la pescadilla que se muerde la cola, por lo que al final las personas en general no se interesan en militar en un partido, lo cual salvo honrosas excepciones acaba generando la endogamia política y el aislamiento de esta vida, de personas que debieran hacer parte de su vocación el solucionarla. Es el ejemplo ese que hace referencia de cómo  va hablar un cura de matrimonios, o que sabe de eso –el matrimonio- para aconsejar. Como va a saber algo del paro, la desesperanza, las estrecheces del pueblo, quien ni las sufre o lo que es peor, no las ha sufrido nunca, no tiene contacto cotidiano con quien las sufre o hace tanto que ya ni se acuerda.

Ante estos problemas lo primero de lo que hay que ser conscientes en el seno de la izquierda, es que nosotros, aunque más luchadores, incluso éticos y horrados, somos más de lo mismo en el sistema político para el común de los mortales. Si no somos conscientes de esto, nada que hacer.

Esto nos lleva a plantearnos el dilema de cómo lo podemos hacer, para que las ciudadanas y los ciudadanos, sean conscientes de que la política, les es imprescindible y sin su participación activa en la misma, siempre serán dominados por unas élites. Lo cual nos conduce de forma inexorable en primer lugar a defender las diferentes opciones políticas, las ideologías y los posicionamientos de clase. Pero también a que instrumentos políticos concretos nos referimos. Mi primera consideración es que en el Estado Español, es necesario un partido socialista.

¿Por qué un Partido Socialista? Primero porque existe en Europa y muchos puntos de América Latina, una profunda tradición socialista ya centenaria, con un cúmulo de derrotas y conquistas, pero que ha conformado una forma de vivir y de entender la política por parte de la clase obrera y las clases populares. En el estado español, son las tradiciones socialista y la anarco-societaria primero luego anarcosindicalista, las más antiguas. Hay todo un poso innegable. En segundo lugar las tradiciones socialistas han sido siempre muy plurales en su interno y los juegos de corrientes y familias constantes y ello favorece la democracia interna y la sensación de libertad. Desde el primer marxismo ortodoxo de Pablo Iglesias, a la conjunción republicano-socialista pasando por Largo Caballero, Indalecio Prieto o Besteiro, terminado por Negrín, tenemos toda una gama de colores y posibilidades, que alguien puede pensar que pudieran ser contraproducentes, pero tienen algo muy importante, ninguno de ellos dejo de creer jamás en la libertad y en el papel central de la clase obrera y al mismo tiempo permitieron agrupar en el socialismo a distintas gentes bajo unos principios en los que la centralidad de la clase obrera era la clave de bóveda y el socialismo, el socialismo real y democrático, -que no socialdemócrata todavía-, el objetivo, que entendían, no lejano, sino alcanzable en tiempos próximos y es era la diferencia fundamental, los socialistas de entonces creían y las y los socialistas de hoy hemos de creer en la posibilidad ya, del tránsito hacia el socialismo. No hay ningún escrito de ninguno de ellos-Iglesias, Largo incluso Besteiro- que pueda llevar a pensar que sucumbieran jamás a los cantos de sirena del capitalismo. Solo y ya con todos ellos fallecidos la socialdemocracia española comienza a romper con sus raíces o a aceptar el capitalismo.

Los procesos transformadores latinoamericanos en los casos de Venezuela, Ecuador o el MAS Boliviano, entre otros, -no así en el caso cubano, dicho esto con respeto-, están protagonizados en estos momentos, por partidos socialistas, por tanto que nadie piense que cuando hablo de socialismo y de libertad, estoy pensando tan solo en el pasado. Desde Pepe Múgica a Lula, pasando por Correa o Chávez, hay toda una serie de matices a veces importantes, pero todos ellos eran y son amigos, en primer lugar y en segundo están construyendo una América Latina diferente,  conjugando amplias movilizaciones y movimientos sociales con elecciones democráticas y libertades totales en sus repúblicas.

El socialismo hoy

Pero no nos quedamos ahí, también en Europa de nuestros días hay dos personajes claves que representan un liderazgo personal fuerte e incómodo, pues siempre dicen lo que piensan y tratan de ser consecuentes y son Oskar Lafontaine y Jan Luc Mélenchon. Estas dos personas son los más claros antecedentes de una profunda renovación ideológica de la socialdemocracia, conectándola con otras fuerzas de izquierdas, construyendo alianzas con los comunistas y volviendo a darle color y alegría a la izquierda europea, que centra ahora en otra fuerza multicolor y novedosa, la SYRIZA griega, sus esperanzas de reconquista del espacio social y del poder político.

Por tanto con esas premisas, las enseñanzas del Socialismo del siglo XXI latinoamericano de Rafael Correa, Pepe Múgica o de Evo o Chávez en sus claves de poder popular y revolución ciudadana y también de estado plurinacional –caso Bolivia- así como las aportaciones imprescindibles de la izquierda alemana Die Linke y el Partido de Izquierda francés, hay que construir un Partido Socialista en el Reino de España, de carácter verdaderamente federalista y republicano. Sin República en el estado español, jamás habrá federalismo.

Pero no nos quedemos en Francia, Alemania o Venezuela y Uruguay, veamos Holanda. Si he dicho Holanda. En los Países Bajos existe un Partido Socialista, el SP que es el tercer partido más votado. Tiene por ahora el 15% de los votos y está en alza. Cuenta con quince diputados en el Parlamento de 150, más dos eurodiputados y en las pasadas elecciones estuvo a punto de una victoria espectacular. Es un partido que en 1971 se constituyó como maoísta es decir fue un partido de carácter marxista leninista pero que en 1993 se transformó en socialista y además recibió la aportación de muchos militantes del Partido del Trabajo o Laborista de carácter socialdemócrata, hartos de su deriva socioliberal y sus prácticas neoliberales. Pero el SP o Partido Socialista de Holanda, no ha renunciado a su contacto personal con la clase obrera y el pueblo holandés y a sus ideas transformadoras del capitalismo. Es un partido voluntariamente con status de observador en el PIE o Partido de Izquierda Europea y con una base muy crítica para con la Unión Europea, digamos que es euro-escéptico y apoyó el voto NO a la Constitución Europea que por cierto, fue rechazada en Francia y Holanda.

El Partido Socialista holandés es un partido nuevo y moderno, con unos cargos públicos que están obligados a tener un gran contacto con sus electores y el pueblo en general y con unas premisas claramente de izquierdas, pero asamblearias a la vez, pues constantemente organizan y se organizan de forma muy participativa y además son  muy activos en fórmulas de participación democrática directa y de acción social y asistencial para con los más desfavorecidos. De hecho su única equivocación en un momento determinado, fue moderar su discurso, lo cual les costó muchos votos. De forma que su mensaje de izquierdas y sus formas muy populares y de clase en la acción política y su profunda cercanía son las bases de su éxito. Sus dirigentes además, están convencidos de que pronto serán la fuerza política más votada de Holanda.

El SP ha crecido a pesar de existir un poderoso partido de origen socialdemócrata y de ser un partido socialista, con lo cual al igual que en Grecia SYRIZA con sus nuevos modos políticos, ha quedado claro que tras la crisis de la socialdemocracia tornada en liberalismo progresista no ocupa el espacio del socialismo de clase y del ecosocialismo. En SYRIZA hay fuertes componentes ecologistas de izquierdas y socialistas de militantes que abandonaron el PASOK desde el año 2010 hasta el 2012. Esto nos demuestra que una fuerza socialista pero con nuevas aportaciones y nuevas formas, no solo es posible, sino necesaria.

¿Qué Partido Socialista?

Evidentemente no puede ser un partido simplemente regenerado. Un PSOE maquillado. La cuestión no es tan solo primarias sí o no y oligarquías internas si o no. Tampoco consiste tan solo en recuperar las esencias de los clásicos del socialismo como Jaures, Iglesias, Kaustky, el importantísimo legado del austro-marxismo o la tradición obrerista de lucha, que también y tal vez de forma no menor en el caso del austro-marxismo, insisto. Sino nuevas aportaciones como la ecología anticapitalista y liberadora del MAS boliviano, el ecologismo de izquierdas y sobre todo el concepto ecosocialista que tanto interesa a los amigos del Partí de Gauche, entre otros, pero también a los movimientos de recuperación y de regeneración del socialismo del estado español, como es el caso de Alternativa Socialista. Hoy cualquier tránsito hacia el socialismo, pasa por la defensa de la Madre Tierra, el territorio y los mares o la oposición decidida a la mercantilización del oxígeno, el carbono, el agua o las energías naturales. La naturaleza es de todas y todos, por tanto su gestión es colectiva, es socialista y el mundo está siendo destruido por un capitalismo depredador venga de donde venga.

Por tanto el socialismo debe recuperar su tradición societaria y cooperativa, su apoyo en creencia en la potencialidad de la economía social. También en las conquistas de los partidos de masas hoy destruidas o en trance de destrucción. Los grandes logros socialdemócratas de pensiones, educación pública, seguridad social de alta calidad, asistencia sanitaria universal y becas universalizadas, junto a los logros de la revolución feminista como el derecho a decidir, la total igualdad jurídica entre hombres y mujeres, el aborto o la sexualidad libre y formada, educada y liberadora. Junto con un medio ambiente que no sea el negocio privado de nadie, ya sean grandes constructoras, empresas extractivas, modernos latifundios agrarios de empresas multinacionales de alimentación o compañías privadas de agua potable.

Se trata de un socialismo alcanzado por métodos democráticos, en libertad y con libertad tal y como ya existe en fase de tránsito y reformas en varios países de nuestra América a pesar de las mentiras que se publican, escuchan y ven en medios “informativos” corporativos españoles.

Se trata de estudiar seriamente el modelo holandés y actuar en consecuencia.

Se trata de construir un partido, donde la aspiración de igualdad, no solo sea de género, sino de clase. La igualdad no sea un Instituto especializado o una profesión, sino la superación del capitalismo y por tanto la total igualdad entre hombres y mujeres y el control por parte de ellas y ellos de la economía y la naturaleza.

Para lograrlo y el mientras tanto ¿Qué? Pues asambleas decisivas y decisorias en cada espacio de competencia. Cargos de responsabilidad con mandatos limitados y revocables en cualquier momento y obligaciones de contacto e información a las personas interesadas y afectadas.

Volver a crear espacios alternativos de vida y convivencia, cultura y ejemplaridad.

Democracia y libertad. Libertad como elemento integrador y por tanto decisorio. Reglas de participación colectiva y no solo para militantes.

Bueno, no voy a definirlo yo, sería una gran contradicción después de lo que he escrito. Pero si puedo resumir en que no se puede afirmar que se es socialista y defender los oligopolios privados como por ejemplo en el  Reino de España, las compañías eléctricas o la banca privada sin ningún tipo de intervención contundente y la existencia de una poderosa y activa banca pública, por ejemplo, repito. Tampoco se puede afirmar que se es socialista y defender un régimen que consagra la desigualdad política al reservar la jefatura del estado a una casta familiar hereditaria, carente de todo mérito y capacidad, sobre todo carente de legitimación democrática. Producen nauseas personas que afirman ser socialistas en España y que critican a repúblicas americanas como autoritarias y de baja calidad democrática, mientras gozan de jefes y jefas de estado electos democráticamente que trabajan por la justicia. Mientras, esas mismas personas están ligadas a fundaciones anti-socialistas y pro-capitalistas. Sencillamente producen náuseas y por tanto es imprescindible rescatar el socialismo de la boca de esas personas creando un partido donde esas contradicciones no se puedan producir.

Pero hay más y es importante también rescatar importantes tradiciones de la izquierda como la que supuso el euro-comunismo. Hay que reconocer que las aportaciones al bienestar europeo de los partidos comunistas de Francia e Italia fueron fundamentales y sus aportaciones teóricas en el caso italiano, plenamente vigentes.  Así como las de muchos teóricos de la escuela trotskista y documentos de partidos de dicha tendencia.

La democracia es algo más que elecciones cada cuatro años. Eso sirve para dentro y para fuera de la política, es decir para el interno de los partidos y para la gestión de la sociedad.

La ejemplaridad personal es imprescindible. Nuevas personas, nuevas ideas, nuevos partidos. Los partidos no son un fin en sí mismo y son útiles si construyen en la línea para la que fueron fundados. Por tanto un partido socialista ni puede permitir la puerta giratoria, ni el enriquecimiento ilegitimo y mucho menos corrupto, ni el apoyo a un Sistema, el capitalismo, aunque se le llame el mercado, que es injusto y que sacrifica millones de vidas de mujeres, niños y hombres en su propio beneficio. Destruye el planeta para acumular capital, ganancias y poder y origina guerras para mantenerlo.

Finalmente, un partido socialista que propicie las alianzas políticas y de clase para vencer a la injusticia y la insolidaridad. Para acabar con el negocio asqueroso de la deuda, la destrucción del tejido solidario y el dominio de las oligarquías económicas. La mercantilización de la política y de la vida.

Un partido que luche por la felicidad. Pero para eso hay que procurar ser felices y no construir fuerzas políticas hoscas  y antipáticas, donde el debate se torna bronco y hostil, donde en realidad muy pocos deciden.

No hay un partido en el estado español hoy, con tales premisas. No soy ingenuo, sé que toda obra de personas tiene problemas y el partido socialista que imperiosamente necesitamos, las tendrá e incluso en su gestación las tiene, pero vale la pena intentarlo.

Hay hoy una realidad en este reino corrupto y con una democracia de pésima calidad, por no decir autoritaria y es que hay millones de personas que no se sienten reflejadas en nada de lo existente y la prueba es que la izquierda emergente no acaba de cuajar y de subir en votos lo necesario para gobernar incluso por razones psicológicas y culturales y que surgen fuerzas confusas del ni de derechas ni de izquierdas, que al final no cuestionan la injusticia ni a las oligarquías económicas y financieras que son las que realmente mandan, ni a un estado centralista, autoritario y con una jefatura de estado corrupta. Todo esto exige la emergencia de fuerzas diferentes que ayuden a acabar con esta situación y acompañen en el tránsito hacía una democracia real a la ciudadanía y que lo hagan también con ideas y principios. En el caso socialista, principios de igualdad, reparto así como la existencia de un poderoso sector público estratégico y de servicios que oriente la economía hacia el bien común y no hacía los oligopolios y monopolios capitalistas. Con una tradición de libertad, democracia, libertad de expresión y vocación de alianza y unidad con las otras familias de las izquierdas transformadoras al objeto de sumar en una suerte de SYRIZA del estado español salvando las distancias nacionales y de los nacionalismos de izquierdas y solidarios.

Finalmente hay que construir una opción para gobernar, para vencer en unas elecciones democráticas. Los socialistas y las socialistas tenemos vocación de un gobierno cívico y democrático, de un poder popular que venza y gobierne y se dirija a las y los ciudadanos con la voluntad de hacer otras cosas porque se pueden hacer y si no se han hecho, ha sido por que no ha habido ni valor ni voluntad política. Pero insisto, en compañía, en alianza común, en suma política.

O nos metemos en política o esto no cambia

Viendo el panorama mejor no delegar. En demasiadas ocasiones la política se convierte en el refugio de personas que desean un rápido ascenso social. Esto ha comenzado a cambiar dado el desprestigio de la profesión. Precisamente ese es el problema, cuando una vocación por cambiar las cosas y el servicio público -o bien la noble lucha por unas ideas y por construir una sociedad nueva- se convierte en una profesión, pero endogámica. Veamos más claramente: Cuando el garantizarse pertenecer al grupo gestor de la res-pública necesita superar un filtro de personas ya instaladas en el poder, y que estas a su vez eligen o reclutan equipos que han de ayudarles en su trabajo, y que a su vez van a adquirir las claves de cómo controlar o mantener el mando y a quienes recurrir o con que métodos mantenerse, se está designando ya a los candidatos y candidatas a la sucesión, sin participación de nadie más.

Cuando además estas situaciones se dan en medio de la actual política espectáculo y con total ausencia de control y transparencia, solo los cooptados y cooptadas están en la foto y son conocidos o conocidas. Además hacen favores, promueven ascensos o ceses y en consecuencia van tejiendo su propia red clientelar que, sumada a la del jefe o la jefa, terminan fabricando un controlador, que no un o una líder. En el estado español hoy hay muy pocos líderes que en ciencia política y sociología política merezcan tal nombre, y todos y todas ellas se encuentran o bien en el mundo local y circunscritos a él, o bien en organizaciones, movimientos y plataformas periféricas de las opciones de poder político de carácter general.

Uno de los problemas a la hora de articular una resistencia seria, una convergencia política importante es precisamente la ausencia de liderazgos, y los liderazgos no son negativos excepto si son excluyentes y autoritarios. Esta fase -la de negar cualquier tipo de liderazgo- ya la tiene superada una de las pocas izquierdas reales e influyentes del mundo, la latinoamericana. Pero ojo, sus líderes son revocables -como en Venezuela, por ejemplo- y por imperativo constitucional.

En el estado español hoy en día hay demasiadas personas grises mandando -porque mandan, y mucho- es decir se sustituye al líder conocido, reconocido y por tanto “derribable” por el dirigente oscuro, burócrata y, como mucho, fruto del compromiso de grupos de notables. Nadie expuesto a la crítica y a ser el reflejo de amplias voluntades populares.

Cuando en sociología se habla de liderazgos no se está hablando de dictadores. En cualquier caso, hablaremos de carisma y de reflejo en ciertas personas u organizaciones de la voluntad colectiva de superar situaciones o construir una nueva sociedad. Pero como en el estado español hace ya tiempo que se sustituyó el liderazgo por el profesional o la profesional cooptado por un grupo de personas grises pero muy autoritarias, pues claro, nadie quiere liderazgos al identificarlos como tales, por culpa de los “media” masivos y desinformadores. Pero surgen. Por nombrar solo dos: Ada Colau y Sánchez Gordillo. También lo fueron Felipe González y Julio Anguita, o Nicolás Redondo y el inolvidable Marcelino Camacho.

Bien, la pregunta será ¿Qué propone esta persona? En primer lugar no permitir que las profesionales y los profesionales nos aparten de la política. Que personas grises no brillantes y poco inteligentes y preparadas -aunque muy marrulleras- nos usurpen el derecho a pensar, proponer y decidir políticamente. Si al menos fueran capaces de arrastrar con su verbo y su acción, pero claro entonces no serían grises y si serían líderes verdaderos no fabricados ni inventados por la prensa corporativa o los gabinetes de imagen de ciertos grandes o ex grandes partidos.

Es terrible comprobar cómo en estos graves momentos de una durísima crisis económica, social y política, la democracia representativa entra merecidamente en barrena de credibilidad, pero la falta de visión, inteligencia y valor -valentía- de muchas y muchos dirigentes impide que se conformen las estructuras sociales que nos permitan avanzar hacia movilizaciones generalizadas destituyentes.

Si bien el poder, el poder verdadero que emana de la oligarquía bancaria y especulativa a través de múltiples medios a su disposición -pues son de su propiedad- han logrado generar una desconfianza suicida pero generalizada entre las clases populares y las víctimas de la crisis en su propia capacidad de movilización y de auto-organización, y esa sería la clave de la revuelta imprescindible. Esto provoca que solo en ámbitos muy concretos o sectores laborales muy identificados estallen las luchas, y además con éxito de movilización en asuntos sectoriales, pero con escaso éxito en los generales.

El caso es que la solución a esta crisis es política. Hemos de construir nuevos sujetos políticos no identificados ni identificables con el régimen caduco del 78. Eso exige la voluntad de permitir la construcción de ese ente socio-político unitario y acompañarlo por parte de los ya instituidos. Además la lucha institucional, aún siendo importante, no puede ser el eje vertebrador de una resistencia popular capaz de articular una ofensiva política.

Pero en eso estamos y no olvidemos que hay ya varias iniciativas en marcha. Sé que escribir lo que a continuación voy a expresar me resta amigos y no voy en contra de ellos, pero IU no es SYRIZA. Por tanto, hacen falta más voluntades como en SYRIZA. También hace falta construir algo nuevo y diferente como SYRIZA. O como el MVR o la Alianza PAIS o el Movimiento al Socialismo. Tampoco en este estado nadie habla de un Txipras con posibilidades muy importantes de gobernar, y eso solo ya debiera hacer pensar a muchas y muchos. No lo disfracemos.

Quien no sea capaz de reconocerlo y de promoverlo no permitirá que salgamos del actual impasse político y movilizador. Por tanto y mientras tanto, creo, hemos de construir un liderazgo colectivo. Potenciar y crear nuevas iniciativas no comprometidas que nos hagan recuperar soluciones ocultas por el momento como el reparto. El reparto de la riqueza y el incremento del sector público. Socializar la banca, nacionalizarla, crear la banca pública y de esa forma tomar la única medida que puede cercenar el poder de la oligarquía y la plutocracia del estado español, que sigue siendo la misma que nos dominó durante la dictadura franquista.

Pero de cara a las estructuras políticas y partidos ¿Qué? Pues que los cargos sean revocables. Cada persona un voto también en las organizaciones políticas y selección publica, democrática y participativa de las y los candidatos en cualquier instancia institucional.

Para recuperar el crédito de la política y la voluntad del pueblo de hacer política hay que tomar medidas muy diferentes y transparentes de seleccionar a las personas que nos puedan representar en política. Porque hacer política es cosa de todas y todos.

Termino diciendo que creo en la capacidad de organizarse las personas. Creo en la posibilidad de importantes movilizaciones populares. Creo en la capacidad colectiva. De la misma forma que creo en Evo Morales, Rafael Correa, Pepe Múgica, Jean Luc Mélenchon o Alexis Txipras. Por cierto, como sé historia y ahora que recordamos el golpe de estado fascista que dio lugar a una guerra por defender la República, podemos recordar a líderes anarcosindicalistas -y repito, líderes- como Federica Montseny, Buenaventura Durruti, García Oliver, Cipriano Mera, o Marianet R. Vazquez. Si pensamos en socialistas, Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto, Juan Negrín o Ramón Lamoneda. Los comunistas Juan Modesto y Dolores Ibarruri o los repúblicanos Manuel Azaña y Casares Quiroga, o tantas personas que en sus respectivas ocupaciones fueron capaces de resistir, en condiciones desiguales y plagadas de dificultades, durante tres años. Si bien papeles centrales como los de Largo Caballero, Azaña o Juan Negrín según las circunstancias y avatares de cada momento, fueron claros. Aunque todas y todos ellos como personas cometieron errores. En estos momentos también necesitamos, partiendo de un liderazgo social colectivo, construir nuestros referentes sin imposiciones y sin publicidad. Pero sobre todo necesitamos articular un amplio frente social unitario y por el cambio de la situación que vivimos. Para lograr el cambio y la regeneración hemos de meternos en política.

Es la hora de la política. Es nuestra hora

No comparto en absoluto la idea de seguir y seguir influyendo desde fuera. Desde los movimientos sociales hemos salido a la calle, denunciado el latrocinio que sufrimos las clases populares, y como se nos hurtan los derechos sociales y laborales conquistados mediante luchas muy duras en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado.

Las plazas pueden soportar cuantas asambleas populares sean precisas. Con manifestaciones y huelgas podemos frenar los intentos de desmontar los derechos básicos como ha ocurrido con la ley Wert y ha sido un triunfo sectorial. Pero la enseñanza y la marea verde saben que solo ha sido eso: un frenazo y que en cualquier momento pueden volver a las andadas.

Si solo influimos y hacemos asambleas ¿qué vamos a hacer, organizar un potente movimiento de resistencia popular, pero vamos a volver a votar a los mismos políticos que nos han traído tanto sufrimiento, pero ahora arrepentidos de hacernos daño e influidos por nuestras propuestas? No. Las oligarquías políticas del régimen del 78 solo entienden un lenguaje, y es que los podamos echar. Que los echemos construyendo nuestra propia opción política, tanto en base a lo existente que sea útil para la causa de los pueblos, como con nuestras nuevas aportaciones y fuerzas sociales, así como socio-políticas.

El régimen del 78 instauró unas leyes electorales que son un pucherazo legalizado. Por eso, cuando se nos anima a organizarnos, pero no a hacer política, se puede estar llamando sin querer a votar a los que ya nos han traicionado. O lo que es peor, a en base al despiste, que muchas personas acaben votando a ese sucedáneo mixto de derecha y extrema-derecha que se llama UPyD. Por eso hay que hacer propuestas políticas, sí, pero para aplicarlas. Para poder hacer políticas antineoliberales habrá que contar con políticas y políticos antineoliberales.

Pues bien, si hacemos una convergencia entre las fuerzas sociales y políticas antineoliberales podremos vencer, gobernar y así cambiar, Que influyendo solo ya no se cambia nada. Llevo muchos años influyendo y estoy ya harto de influir, quiero contribuir a la construcción de una política diferente y social. Deseo que este Estado vuelva a ser soberano y eso exige políticas diferentes.

Pero también hay que dejar muy claro, que será difícil y duro. Las oligarquías y la plutocracia dominante se opondrán y le harán la vida imposible al gobierno del pueblo y para el pueblo. Claro, eso puede dar miedo. Porqué también hay que hacer política para zarandear a los que están muy cómodos siendo oposición y solo oposición. Se vive más tranquilo y además como una cosa es predicar y otra dar trigo, si no se gobierna uno nunca se equivoca.

A las víctimas de la crisis, las personas paradas, desahuciadas, estafadas y sin futuro, nos hace falta otro gobierno, otras fuerzas políticas nuestras -“los nuestros”- e implementar todo lo que estamos escribiendo que vamos a hacer.

Por eso hay personas que, tras años de movimientos sociales, estamos diciendo si, si no fuera por esos movimientos ahora no tendríamos discurso ni alternativas, pero ha llegado la hora de volver a hacer política. Aunque como los partidos sistémicos y dinásticos no nos dejan, pues montemos nuestras propias fuerzas socio-políticas y logremos el Frente Amplio de la gente y el espíritu nuevo que nos conduzca a la política-realidad y arrojemos a la basura a los profesionales que en estos últimos quince años nos han hundido en la miseria, por inútiles, corruptos muchos de ellos, demasiados y carentes de ideas alternativas.

Hay que construir la izquierda, en mi opinión. Yo no caeré en la confusión de que todos son iguales, no lo haré, pero tampoco en la idea falsa y postmoderna de que no hay ya clases ni diferencias ideológicas. Además, si les dejamos la política a los mismos, aunque sean sus cachorros, se reirán de nosotras y nosotros y volverán a hacer lo mismo.

Esto de alcanzar el triunfo de la causa social, más democracia y el reparto, es cosa de todas y todos, no solo de profesionales.

Lo que se hunde y lo que puede flotar

El reino de España vive en estos meses el hundimiento, lento pero constante, del bipartidismo. Una Constitución quemada tras la modificación a traición y espaldas del pueblo del artículo 135, que pone a bancos y deuda por encima de los derechos humanos. La corrupción de los profesionales de la política, desde las instancias de la jefatura del estado a los partidos gobernantes del turno o nacionalistas de derechas. Las medidas de recorte y austeridad (austeridad para las clases populares, que no para los oligarcas) que además el nuevo 135 consagran, han sido los torpedos que lo están consiguiendo.

Pero el pesado acorazado del Régimen tiene sus posibilidades de seguir a flote si no perseveramos, y además lo hacemos correctamente. En primer lugar, las encuestas señalan que PP y PSOE siguen bajando a pesar de sus esfuerzos por despistar y del apoyo mediático que sigue manteniendo de forma machacona la ficción bipartidista e ignorando al resto, excepto a CiU en ocasiones.

En segundo lugar, las campañas propagandísticas en torno al heredero y su multi-operada de cirugía estética (a nuestra costa) consorte e hijas (que por cierto no pueden reinar). El “joven” militarote muy preparado, dicen, ya está listo. Mientras a pesar de abundante “salsa rosa” destinada a buscar chivos expiatorios como el yernísimo. La censura en lo importante -a saber, negocios reales- sigue vigente.

En tercer lugar, los votos que pierde el PP -e incluso algunos del PSOE- van a parar al partido “atrápalo todo” Unión Progreso y Democracia (UPyD) verdadero partido trampa y engañabobos. Liderado por alguien que lleva treinta años de cargo en cargo público, sin embargo tiene la desvergüenza de criticar a los políticos. Lo cierto es que la oligarquía y el más rancio y reaccionario españolismo, ya tienen quien les ampare. UPyD sube como la espuma y eso es una mala noticia para las clases populares.

En cuarto lugar, Izquierda Unida, a quien las encuestas otorgan una horquilla entre el 13 y el 17%, no es capaz de articular en torno a ella todo el voto de la izquierda. Y si bien avanza mucho y ello es buena noticia, no lo hace suficientemente. En lugar de eso crece la abstención. Por tanto, algo más debe reflexionar el aparato de la Coalición, y sobre todo es responsabilidad también suya encontrar y buscar soluciones ampliamente aceptables. Por ejemplo, expandir el modelo gallego. IU, su dirigencia, debe decidir si aun creciendo, su voluntad es situar a Chacón o Madina en la Moncloa o bien posibilitar la gran coalición de facto PSOE –PP tal vez con CiU, incluso UPyD, o bien que logremos entre todas y todos un gobierno de progreso y de cambio real y antineoliberal.

En quinto lugar, este fin de semana ha transcendido una noticia que ciertamente me preocupa, y es el acuerdo de Equo con los Verdes Alemanes, fundamentalmente. El actual partido verde alemán es un partido ecologista de centro -como mucho- y cada día más liberal. Gobierna antes con la CDU -la democracia cristiana de Merkel- que con Die Linke, a la que constantemente fustiga. Cuando gobernó con la socialdemocracia del SPD, aplicó recortes y practicó políticas neoliberales. No veo lo positivo del acuerdo con los alemanes, que además le pueden exigir -como sabemos ya ocurrió en el pasado- concurrir al margen de un frente amplio. Equo debe elegir sus socios y su política (no soy yo quién para decir nada), pero si advierto lealmente que puede elegir el camino gallego (en Galicia es socio de AGE), o bien el verde-alemán. Y en ese caso, actuará por libre y frente a las izquierdas. Como digo en mi blog “No he de callar por más que con el dedo…”, parafraseando a Quevedo.

Igualmente están surgiendo como setas alternativas unitarias. Cada uno construimos nuestro Frente Amplio y similares. Pues bien, vamos a unir los Frentes Amplios y Convergencias desde abajo. Todo es desde abajo, aunque la argamasa sean élites activas, organizadas y ya concienciadas. Al fin y al cabo, frentes de organizaciones y de “multiactivistas”. Lo cual es un hecho, por tanto lo que entiendo hay que hacer es ponerse manos a la obra y comenzar a reunirnos.

Como la realidad es la que es, al menos dos noticias positivas y es que a principios de junio van a haber al menos dos encuentros estatales, al objeto de reflexionar y buscar construir la hegemonía social imprescindible. Pues bien, vamos a inter-actuar y lograr algo positivo.

Si no ampliamos miras y esfuerzos, dejamos de lado espejismos a veces trufados de ambiciones personales, y no buscamos la mayor convergencia posible -y soy realista, digo posible- la derecha, los socioliberales y los engañabobos volverán a vencer y mientras tanto podremos seguir buscando la unidad. Siempre habrá quien, en posesión de la verdad y más unitario que nadie, concurra a los distintos procesos electorales, algunos ya cercanos, por su cuenta. Con eso cuento, que diría aquel, pero lo cierto es que tenemos la mayor posibilidad que hemos tenido jamás de cambiar este Estado ante nuestras narices con el fin de poder ejecutar políticas anti-oligárquicas y contra la “austeridad”, en favor de las clases populares, que jamás hemos tenido. No lo dejemos pasar o nuestros hijos se quedan sin derecho a jubilación. Siempre les quedará emigrar a Alemania o Brasil, y a los demás jubilarnos con setenta años.

Están muy nerviosos. Es la hora

Las contradicciones de Rajoy, los vaivenes de Cospedal, la mirada melancólica de la vicepresidenta Soraya, la insistencia de “El País” y “El Mundo”, la solemne cara dura y desvergüenza de Ana Mato. Todo ello -y otras evidencias- tejen un negro panorama en torno a un Gobierno que se está manifestando como inútil, desastroso e ineficaz, excepto para reprimir las protestas populares, aplicar recortes sociales y laminar derechos fundamentales.

También digamos “mosquea” el silencio cómplice de CiU, el amagar y no dar del PNV y la timorata reacción de Rubalcaba, que pide dimisiones, pero no elecciones. Todos ellos saben que su suerte y la del PP es la misma. Esa es la explicación, esa y que “la gran coalición” otea en el horizonte.

Me dicen algunos, elecciones ¿para que? ¿para que dimita el PP y gobierne el PSOE? ¡Pero si el PSOE está todavía peor que el PP en intención de voto, por favor! El problema de sus nervios es que ahora no tienen más recambio real que el pueblo y sus organizaciones y movimientos, y eso les da pánico. Pero ojo, también a muchos progresistas les produce miedo. Es un momento de ser consecuentes, inteligentes y valientes.

En mi anterior artículo muchas personas creyeron ver que denunciaba una conspiración contra Rajoy. Que esta existe es evidente, si no no se explican tantos datos, silencios y contradicciones -nervios al fin y al cabo-. Pero la CONSPIRACIÓN real es contra las clases populares y la democracia. Algunos, los que manejan el Estado Español, insisto, al margen de los partidos, pues operan e influyen en todos las fuerzas sistémicas, en todo el espectro centro, centro-derecha, en que incluyo el grupo de Rubalcaba ahora, Zapatero hasta hace poco, y Felipe González siempre.

Personas poderosas que son y han sido, que manejan datos e informes, la banca y los palcos de los campos de fútbol de la Villa y Corte, son las y los que de verdad obligan a tomar decisiones (por supuesto conectados con los centros de poder financiero, y por tanto político, todavía más contundentes de Frankfurt, Londres o Nueva York) y lo hacen con la intención clara de ganar más dinero a costa nuestra. Gracias entre otras cosas a la estafa de la llamada, de forma muy discutible, “deuda de España”. También por dominar e imponer su forma de seguir haciendo negocio y para ello, con una democracia puramente formal y capitidisminuida, les sobra.

El PP es el partido de la derecha y la extrema derecha. Del cacicato provinciano y de las clases medias católicas pre-conciliares, tan conservadoras como asustadas. UPyD, el partido confusión, en ocasiones con un discurso eficaz pero en el fondo con más conexiones e ideas en común con la derecha de lo que parece. Es la cara supuestamente amable y justiciera del españolismo más rancio y del liberalismo más decidido, así como del no cambio de régimen (como mucho “su limpieza”). Siempre han apoyado medidas neoliberales en economía.

El PSOE no es consciente todavía de su gravísimo problema. Convertido en un partido sistémico más y sin alternativas radicales, como son las que ahora hacen falta. El PSOE además está atado por numerosas hipotecas con el régimen vigente del que es parte fundamental y por tanto, por más guiños que haga ahora en la oposición a sindicatos, desahuciados o paradas y parados, no es creíble ni lo va a ser. El PSOE ha gobernado durante decenios sin modificar jamás la legislación hipotecaria, ni impulsar una reforma bancaria, al revés ha privatizado y bancarizado las cajas de ahorros. Tampoco ha defendido jamás el patrimonio público en sectores estratégicos como la energía y la industria pesada. Ha privatizado, ha hecho recortes y, a pesar de avances innegables en sanidad y educación, así como en pensiones y en materia de derechos civiles e igualdad de género, siendo cierto esto: siempre ha practicado una macro-política económica de derechas. No ha disminuido nunca el poder de la oligarquía financiera y del ladrillo que domina el Reino de España. Además, ha sido incluso ridículamente cortesano y dinástico.

Cuando la representante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca Ada Colau, en el Congreso el martes 5 de Febrero criticó duramente a los partidos sistémicos por su pasividad ante la Banca y el sufrimiento de los afectados en paro y exclusión, la portavoz del PSOE se sorprendió y molestó, pues el grupo socioliberal había cedido su turno para presentar la iniciativa legislativa popular. Esta señora no entendió que la ciudadanía activa y movilizada no confía ya en ese partido por más guiños que haga. No son de fiar y su reciente pasado les avala, pero es que además el derecho cívico a la denuncia y las luchas sociales son las que han permitido llegar al Congreso -a pesar del PSOE- la ILP contra la ley hipotecaria. La democracia actualmente donde de verdad se está defendiendo es en la calle y en las movilizaciones. Además, si tan experta es la molesta diputada ¿porqué no iluminó con su sabiduría al Gobierno Zapatero? Por ejemplo.

Izquierda Unida y la Izquierda Plural, si bien conectan con las luchas y están en ellas teniendo una larga trayectoria de oposición, y numerosos de sus militantes están en los movimientos sociales, sindicales y críticos -al igual que lo están socialistas de izquierdas y antineoliberales- contemplo aún a riesgo de equivocarme y tal no percibo, que están un poco perdidas en la maraña institucional. Demasiado condicionados por el calendario parlamentario y excesivamente confiados -se que no todos y todas- por una subida en las encuestas de intención de voto, que a pesar de todo son claramente insuficientes para gobernar. Creo que por no hablar de SYRIZA, la amplia coalición de izquierdas griega -que evidentemente no son- se pueden mirar en espejos más cercanos como el de Alternativa Galega de Esquerdas. Solo con una amplia Coalición cívica y antineoliberal podremos acabar con esta situación y gobernar. Gobernar, pues es lo que les hace falta a las clases populares. Gobierno y proceso constituyente, para cambiar el régimen corrompido y corroído que sufrimos.

Pero como gobernar será muy duro, pues habrán muchos y poderosos enemigos y dificultades, previamente hay que empoderar a las clases populares y trabajadoras y hacer del común de las gentes la alternativa. Un gobierno de progreso en el estado español que audite la deuda y pida moratorias, nacionalice de verdad gran parte de la banca y derogue las contrareformas laboral y de la sanidad, el desempleo y las pensiones. Deberá acometerse además una profunda reforma fiscal y muy progresiva entre otras medidas como imponer la Tasa Tobin. Pues bien, ese gobierno o tiene un amplio respaldo popular y un elevado sistema de participación y co-decisión ciudadana, o los poderes neoliberales españoles y europeos lo harán fracasar en poco tiempo. Y esto a algunas personas de izquierdas también les pone nerviosos. Se nota. Es más cómodo el modelo andaluz, pero este, que por cierto no evita recortes y despidos públicos muy duros, no es posible trasladarlo al Estado, y de fracasar como fracasaría al no atreverse los socioliberales a enfrentarse a la contención artificialmente impuesta del déficit, abriría las puertas al fascismo.

Por eso, ante la rotunda crisis política, moral, social y económica del régimen, no cabe más alternativa que la convergencia. El encuentro urgente de las fuerzas sociales y políticas, así como político-sociales, dispuestas a trabajar por la justicia, la igualdad, la libertad y la democracia y ponerse a trabajar y elaborar ya un programa común de las fuerzas populares de gobierno y cambiar esto, comenzando por la jefatura del estado. También una estrategia de confluencia y alianza con las fuerzas sociales y políticas de las izquierdas europeas. Sin olvidar un giro en política exterior.

Eso es lo que le pone nervioso al poder y al PP, que está posibilidad -que existe- se dé. Que logremos agruparnos, no para echarlos, sino para cambiar. El dilema es claro: o se está con las fuerzas y las componendas del Sistema, o se está por el cambio de régimen. Y esto no se demuestra con palabras y apoyos, se demuestra con hechos, con la práctica política y la conjunción de los de abajo.

Algunos dirán “este escribe esto y se queda tranquilo”. No. Los y las que me conocen saben que estoy trabajando activamente por lograr esa convergencia y por que nos encontremos, arremanguemos y pongamos manos a la obra.