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La crisis de la socialdemocracia. Busquemos salidas

CRISIS POLÍTICA Y SOCIALDEMOCRACIA

Desde un punto de vista solamente político, uno de los grandes problemas que vivimos es la crisis y desnaturalización de la socialdemocracia, que ha dejado a las clases populares de Europa sin uno de sus referentes políticos principales. El problema, que existe, es necio no analizarlo al objeto de ver como lo superamos. Lo más grave es cuando esta fuerza política se convierte en socioliberal hace ya unas décadas, y se convierte claramente -no por que no lo fuera ya algo antes- en una fuerza del sistema.

La ampliación de la Unión Europea a la Europa del Este, la antigua Europa ligada a la URSS amplía el problema, y aún sabiendo que no es políticamente correcto el enumerarlo, hay que analizarlo puesto que es un operación frente a la que la izquierda francesa (puede que la más lúcida del continente), manifestó su oposición por estás rápidas incorporaciones, apoyadas con entusiasmo por los Estados Unidos de América, que desnaturalizarían el sueño de una Europa democrática y social y fortalecerían su derechización introduciendo una quinta columna pro-norteamericana en el continente.

Estaba claro que estas incorporaciones de urgencia apoyaban las tesis neoliberales, incluso desde las nuevas socialdemocracias del este, a pesar de ser algunas de ellas antiguos partidos comunistas reconvertidos. La Unión Europea es, en estos momentos, algo imposible para las izquierdas, mientras los pueblos del este no comprendan y vean ellos mismos las profundas negatividades del capitalismo y que este es posible superarlo en democracia.

Pues bien, así ha sido al pie de la letra. Los estados del antiguo bloque del este apoyan todos los pronunciamientos, directivas y reglamentos de la Unión más neoliberal y son los principales aliados de Gran Bretaña y de Alemania, además de ser actualmente el mercado principal de la potencia germana que, dicho sea de paso, juega sus propias cartas en el complicado tablero de ajedrez europeo.

El fenómeno europeo de la socialdemocracia tiene su propia crisis, que afecta y mucho a cualquier solución política del continente, pues la socialdemocracia también fue engullida por la revolución conservadora. Los dirigentes socialdemócratas aceptaron las tesis del reequilibrio del estado del bienestar y de la necesidad de limitar las prestaciones del estado providencia, que ellos mismos habían contribuido a crear de forma decisiva. También asumieron las privatizaciones, implementando y ejecutando muchas. Las mismas que conservadores y liberales.

La socialdemocracia de la tercera vía, gracias a Guiddens, Blair y Schröder se convierte en socioliberalismo y se queda sin un mensaje claro hacia las clases populares. Ya no tienen ninguna nueva ilusión que conquistar, ni sociedad sin clases y justa a la que aspirar. Han renunciado a sus principios y, además, no son especialmente capaces de digerir las propuestas innovadoras como las verdes y/o ecológicas. Son partidos del sistema y se derechizan transformándose en una suerte de partidos liberal-progresistas, que protegen a los mercados por encima de todo.

Los socialdemócratas cuando gobiernan ejecutan políticas de derechas y neoliberales. De hecho, la socialdemocracia europea ha sido clave en la construcción de la Unión Europea, mercantil, economicista y profundamente neoliberal que las clases populares europeas sufren. Nunca se ha opuesto con contundencia a directivas regresivas en lo laboral y profesional como la Directiva Bolkenstein o de Servicios de Interés General, u otras que han ido “liberalizando” el sistema y desprotegiendo a las clases trabajadoras y populares.

Los Verdes se están igualmente acomodando al sistema -en el caso alemán a pasos agigantados- influyendo decisivamente en el resto de los partidos verdes europeos. Son además estos partidos verdes muy anti-comunistas, tal vez por razones distintas a los conservadores, pero lo son y, de hecho, los verdes alemanes antes pactan con la Democracia Cristiana que con Die Linke.

En el caso español, se puede aplicar todo lo anteriormente dicho a la situación que hemos vivido y sufrimos en la actualidad. Felipe González derechiza su partido y lo acomoda, aunque mantiene a algunos ministros y ministras a su izquierda. Con Zapatero, todo alcanza tintes tan dramáticos como esperpénticos. Zapatero llega a la secretaría general gracias a la izquierda del PSOE, ante la posibilidad de que venza el derechista, católico y demagogo José Bono. Pero finalmente, Zapatero le supera y vence. Sacando las tropas de Irak, logrando avances en materia de derechos civiles e igualdad de genero, pero sin embargo, aconsejado no se por quien, entiende que el Gobierno no debe intervenir en la Economía y regularla -incumpliendo de esta forma un regla de oro de la socialdemocracia clásica-, para al final y tras el crack de 2008 postrarse ante la banca, las fundaciones conservadoras como FEDEA, y las presiones de Alemania y Francia.

Zapatero actualmente vive una extraña y personal luna de miel con el PP y Rajoy, en un remedo personal de coalición de facto, captada por los movimientos indignados, de protesta social y la izquierda alternativa que gráficamente lo definen como “PPSOE”. Y así se confronta su partido, que lo ha apoyado y seguido casi sin fisuras, a unas elecciones generales en las que ha logrado que la gente no solo desconfíe de “los socialistas”, sino que desee darles la gran patada, aunque se lo piensen algunas y algunos, por aquello de que viene la extrema derecha.

El panorama europeo es, en definitiva, profundamente conservador y fiel aliado de los EE.UU. en lo económico, político y militar. La presencia de España en zonas calientes del mundo en aventuras militares que no se pueden permitir, así lo atestiguan.

Son sin embargo, precisamente dos escisiones por la izquierda de partidos socialdemócratas las que en estos momentos más se esfuerzan por construir algo nuevo: elaborar una ideología de las clases populares y que además tienen más credibilidad para emprenderlo. Son Die Linke en Alemania y el Parti de la Gauche en Francia. Aliados además o fundidos con los partidos comunistas respectivos, a los que les aportan frescura y renovación.

Estas son seguramente las vías a seguir para construir políticas a la izquierda, y en el caso español para posibilitar la aparición de una nueva fuerza popular, unitaria, antineoliberal y profundamente democrática e inclusiva y participativa que nos permita reemprender el post 20N con garantías de éxito, pues las políticas regresivas y antipopulares que el PP continuará y profundizará nos obligaran a luchar, a resistir y a rechazar.

Es pues de desear que, desde las cenizas de la socialdemocracia devenida en socioliberalismo, surja el socialismo. Pero entiendo que la tarea del socialismo y de las y los socialistas, aquí y ahora, no es mirarse al ombligo: es colaborar en construir una amplia red de convergencia social que posibilite la toma del poder político de las clases populares, de las y los indignados, de las y los trabajadores. Partiendo desde lo que tenemos, y de esa gran obra colectiva que se llama 15M, que todas y todos los que no nos resignamos hemos contribuido a levantar. Hemos caminado y aprendido mucho, pero ahora ni podemos ceder, ni podemos ser infantiles. Esto es duro y complicado, pero vale la pena. Cuando muchas y muchos gritamos Socialismo o barbarie, es por que o construimos un mundo nuevo, justo y de todas y todos, o el cambio climático, la guerra, las mafias, los especuladores y los banqueros, acabaran con este.

Ante este panorama, no estaría mal vencer de una vez nuestros prejuicios eurocentristas y aprender de los procesos latinoamericanos, antineoliberales, patriótico-populares, y hacia el socialismo que, partiendo de fuertes movilizaciones populares y pese a la agresividad del imperio y las derechas propias y extrañas, están arrancando de la pobreza a millones de personas y haciendo participar en política a sus pueblos, mientras hasta hace poco más de una década esto era exclusivo de sus oligarquías.

Crisis, política, respuestas, o la crisis de la política

Siento un gran desasosiego interior observando lo que esta pasando y trataré de exponer unas pocas ideas, sin más voluntad que incitar a la reflexión y el diálogo, para lograr la acción. Son mis opiniones y no pretendo tener la razón, solo provocar alguna reacción desde mi condición de persona comprometidamente antineoliberal. Advierto que este artículo es una reflexión politológica y política, exclusivamente personal.

La articulación de respuestas a la grave crisis económica y social que sufrimos en Europa, pero en este caso en el Estado español, a pesar de que todas las cargas para superarla están siendo repercutidas a la ciudadanía, las clases populares y a su segmento más débil, pensionistas y los y las paradas -que son, en su conjunto, los únicos no culpables-, está teniendo por ahora una respuesta digamos no acorde con la gravedad de la situación, ni la gravedad de los recortes sociolaborales.

Diversos factores confluyen en ello. Para comenzar, yo lo señalaría en el desarme ideológico y cultural de la izquierda. La debilidad de la izquierda y el abandono de la utopía lo han capitaneado aquellos que Susan George definió como socioliberales, para distinguirlos de los socialistas de origen marxista, obreristas laboristas y socialdemócratas consecuentes partidarios de avances sociales y del sector público, de lo público. Susan George en su libro “Nosotros los Pueblos de Europa” publicado en España por ICARIA en 2006, si bien data de 2005, habla por primera vez de socioliberales y analiza el origen del socioliberalismo, sus mentores teóricos y su proyección a través de la conocida como “tercera vía”, gestada anteriormente al triunfo de Blair si bien sus postulados políticos de aceptación del liberalismo de forma explicita e implícita, continúan tras el “blairismo”, e incluso han sido superados ya en Grecia, Portugal y el Reino de España.

La “tercera vía” es la visión teórica actual de los partidos autodenominados socialdemócratas, especialmente cuando gobiernan, y es la práctica socioliberal lo que les empuja a adoptar medidas neoliberales para enfrentarse a la crisis sistémica que las clases populares sufrimos en propia piel a pesar de estar generada por los bancos, especuladores financieros y grandes fortunas. Es decir, aplicación de libro de las tesis neoliberales.

La tercera vía y el socioliberalismo han conducido a la socialdemocracia a una crisis creciente, que le costará muy cara, y de hecho ha logrado ya periclitar a la ideología socialdemócrata y sus ideas del reparto y la redistribución, así como nacionalizaciones de sectores estratégicos, en democracia y sin ruptura, siguiendo prácticas parlamentarias y electorales. El legado de Jaures, a la basura. Pero también incluso el de Willy Brandt y Olof Palme.

Pero lo malo de las prácticas socioliberales y terceraviístas, es que abren el paso a las derechas conservadoras y liberales, arrastrando en su desembocadura a muchas de las posibilidades de respuesta social de la izquierda. Eso si, aclarando que en Europa, pues la socialdemocracia que conocemos es un fenómeno casi exclusivamente europeo o de inspiración europea.

La desmovilización social es otro efecto muy negativo de esta política de resignación ante los todopoderosos mercados, a saber, los bancos, las grandes fortunas y las muy poderosas familias reinantes. Todo esto habida cuenta de que muchas personas siguen confiando en lo que históricamente representó, personificado en los partidos socialistas, creyendo que son el único freno posible a las derechas.

La actual fase de la crisis socialdemócrata, que no de la izquierda social, es el resultado más claro del triunfo de la revolución conservadora que iniciaran Margaret Thatcher y Ronald Reagan, en las potencias centrales. El primer éxito conservador fue el derrumbe de la URSS. En segundo lugar, el declive de los grandes sindicatos obreros fordistas de la CIOLS, el tercero la deslocalización industrial, el fin de la industria pesada europea -excepto ciertas islas productivas- a favor de servicios y sobre todo las finanzas y la especulación, y el cuarto la renuncia a las ideas reformistas socialdemócratas, pero sustentado e ideado por teóricos y dirigentes de los propios partidos de la Internacional Socialista, en especial los europeos pues, en el resto del mundo -excepto un par o tres de excepciones-, son puras entelequias o bien partidos aliados con las oligarquías latinoamericanas.

Así pues, nadie se extrañe de esta crisis de ideas, pues por buscada, ha sido hallada. Lo que además consolida el triunfo conservador es que, eliminadas las izquierdas moderadas al asumir éstas el neoliberalismo, las derechas avanzan con fuerza y contundencia ante la ausencia de leal oposición. Pero a esto hay que sumarle otra defunción europea, la de la URSS y por tanto la de los grandes partidos comunistas occidentales. No se olvide que en los años de oro del Estado del Bienestar, entre el 45 y el 74 del siglo pasado, nada más y nada menos que en Francia e Italia, los dos partidos mayoritarios de la izquierda eran el Partido Comunista Francés y el mítico Partido Comunista Italiano, que en realidad implementaron políticas en la práctica socialdemócratas y reformistas, dicho esto con justicia y sin ánimo peyorativo. Pero sin estos potentes partidos comunistas mediterráneos, además de en menor medida el griego y el clandestino Partido Comunista de España, sin la pinza con los partidos y sindicatos socialdemócratas nórdicos y el laborista británico, -por supuesto anterior a Blair y Giddens-, no hubiera sido posible la construcción del Estado del Bienestar en la Europa Occidental, no solo en el Mercado Común.

Ante este panorama, uno se pregunta lo que esta ocurriendo pues con la izquierda mundial.

Pero antes veamos que el triunfo de las derechas conservadoras en lo político lleva aparejado el triunfo de su modelo económico, y así aparece el capitalismo financiarizado. La desregulación total del mundo financiero y la imposición al mundo del libre movimiento de capitales especulativos, el auge de los paraísos fiscales y de los productos comerciales y los servicios. Pero ojo, en monopolio imperfecto de las potencias centrales, pues éstas sí subvencionan sus productos y excedentes, aunque impiden que lo hagan los estados empobrecidos en un alarde de hipocresía que solo la política de las cañoneras logra imponer. Aunque lo cierto es que este verbo- lograr- ya puede comenzar a declinarse en pasado, el sistema-mundo está cambiando.

El mundo, según Wallerstein, se enfrenta en estos momentos en dos lógicas diferentes y que enmarcan la construcción del futuro sistema-mundo, ante la crisis del actual y su pronta más que larga caducidad. Son la lógica Davos (Foro Económico Mundial y centro de debate neoliberal mundial) y la lógica Porto Alegre (ciudad brasileña en la que tuvieron lugar los primeros Foros Sociales Mundiales).

Ante la derrota de la izquierda moderada a manos conservadoras, que fue devenida en una especie de liberalismo progresista o republicanismo aguado, y del estalinismo y las esclerotizadas fuerzas de la izquierda europea, surge el modelo Porto Alegre, insisto. Davos lo sabe.

Sin Porto Alegre, Lula no hubiera sido posible; Evo Morales, tampoco. Pero el grupo G77 más China en la cumbre climática de Cancún tampoco, ni la Conferencia de Cochabamba en defensa de la Madre Tierra, ni tampoco el G192 de la ONU, bajo el auspicio del Padre D’Escoto y que propició, desde el consenso, salidas moderadas pero no neoliberales a la crisis sistémica. Tampoco el ALBA o el espíritu de los pueblos de América en su búsqueda de la Justicia.

Tampoco sin Porto Alegre existirían los nuevos y pujantes si bien aún no muy fuertes movimientos cívicos y por la justicia fiscal y climática europeos.

El nuevo discurso antineoliberal surge precisamente de la nueva izquierda social. Sin ese discurso ilusionante muchas de las alternativas propuestas no hubieran visto la luz y las recientes movilizaciones francesas hubieran tenido otro cariz y seguramente menos fuerza. Y precisamente, aunque aún tímidamente, por ahí avanza la recuperación de la izquierda mundial.

Pero los Foros Sociales Mundiales, no son una fuerza política y menos electoral, son un lugar de intercambio de experiencias y centro de coordinaciones horizontales y por la base, si bien tienen la fortaleza de la elaboración de propuestas y llamamientos concretos y del impulso del cambio, puesto que no se trata de ganar una contienda electoral, sino de cambiar el mundo y eso es lo que le aterra a Davos, pues en el fondo saben que su mundo ya está cambiando y su sistema, que hace aguas, está siendo cuestionado por cada vez más gente y por muchos estados del globo.

Pero es que si las viejas izquierdas quieren ser algo y aportar algo a Europa y en Europa, si los sindicatos de clase quieren seguir siendo útiles a la ciudadanía precaria y crítica o al menos incómoda a la vez, que el neoliberalismo cultural ha parido, deberán adaptarse a los nuevos postulados políticos y a los nuevos programas que los Foros Sociales Mundiales siguen elaborando, de hecho esto en el último de Belem quedó muy claro. Como dijo Bernard Cassen, todo comenzó en Porto Alegre.

Por tanto la Izquierda Social sí tiene futuro. El cemento ahora está en implementar una respuesta antineoliberal en Europa. En el estado español, igualmente. El inexorable avance del PP solo será posible frenarlo con un nuevo espíritu de izquierdas tan plurales como transversales. Sin dogmatismos, ni exclusiones. Pero sin cesiones ante el dios mercado. Para empezar, la frontera con la derecha no está en lo que uno afirma ser, sino en lo que se propone y, si se tiene poder, dispone. Luego ante las políticas neoliberales de privatización de lo público, recorte de derechos sociales y laborales y retrocesos en el estado social, que es la Biblia neoliberal, aclaro, no podemos transigir y, si se hace y se está dispuesto a convivir con los especuladores y los mercados -que tanto daño le están haciendo a la economía productiva y tanto dolor e inseguridad le están causando a la ciudadanía, sobre todo la parte más débil-, pues uno o una será lo que quiera, pero de izquierdas no, y socialista menos.

Los aparatos burocráticos de control y recluta política instalados en el sistema, pronto tendrán muy poco que ofrecer, no tienen futuro.

En estos precisos momentos, la cuestión estaría en qué hacer y qué alternativas son válidas, para dar respuestas y articular una alternativa social válida.

En el espacio europeo, los ATTAC de Europa, algunos de ellos muy potentes y enraizados, junto con la CES y sus sindicatos, pero también el concurso de otros no pertenecientes a la sindical mayoritaria como SUD y SOLIDAIRES o las Intersindicales, están articulando respuestas poco a poco, y la irrupción de fuerzas políticas como Die Linke, Le Parti de Gauche o el Bloco de Esquerda, están demostrando que se puede hacer otra política, que hay otras formas de hacer política y de influir y condicionar mucho, incluso sin gobernar. Las respuestas francesa, griega o portuguesa, y las que se están articulando en Gran Bretaña, Irlanda o Chequia entre otras, son interesantes. Marcan tendencia las respuestas sociales, laborales y estudiantiles, así como políticas, de forma que el desplome socialdemócrata no deja el campo vacío, ni a la derecha el espacio suficiente como para que se sienta cómoda.

El espejismo verde, con su actuación en el Parlamento Europeo, su participación en el Gobierno neoliberal de Irlanda y su deriva alemana de alianzas incluso con la Democracia Cristiana ha entrado de lleno y por derecho en el espacio socioliberal, con el que disputa electorado, pero no alternativas.

En el Reino de España, el Gobierno del PSOE ha tirado la toalla ante los mercados. Los grandes empresarios y bancos, utilizando sus fundaciones o bien directamente, han dado un golpe de salón y, bendecidos por el monarca, están exigiendo dureza y más liberalizaciones todavía. De hecho, lo han conseguido.

La gran coalición socio-derechista, ya sea con el propio PP y/o las derechas nacionalistas funciona ya, a pesar de las deslealtades de la derecha españolista. Da la impresión de que se quiere que el PP gobierne de una vez y tanto el PSC, el PS de Canarias, como el PSE han sido sacrificados ya en aras de la nueva gobernanza estatal.

Tal vez incluso algunos tienen la intención de sacrificar también, lo más pronto posible, el Gobierno Zapatero, en aras de esa gobernanza; aviso.

El PP puede barrer y completar el desmoche del Estado del Bienestar español, de hecho en Madrid y Valencia lo tiene muy avanzado, y en Galicia acaba de ponerse con eficacia a la tarea. El problema puede ser dentro de no mucho tener la autoridad moral o no tenerla como para plantarle cara a la derecha española y en esto, no todos y todas la tendrán…

Ese pues es el espacio de las respuestas y las alternativas, el que hay que completar y saber con que mimbres contamos para ello.

La respuesta a las movilizaciones sindicales, pero también el impulso de los sindicatos mayoritarios y su constancia y contundencia, serán otro termómetro, para calibrar las posibilidades de las clases populares de sobrevivir a los ataques que están sufriendo. Pero también a la capacidad de articular una respuesta democrática.

A estas alturas en el Estado Español, tener miedo a la llegada del PP es vivir de un espejismo o no haberse caído de un guindo.

En estos momentos creo que la obligación de cualquier persona que se considere de izquierdas, socialista, socialdemócrata consecuente o sindicalista de clase, es contribuir a articular unas plataformas de izquierdas que frenen las políticas de derechas, los planes tipo FMI que se están imponiendo y la intromisión de los burócratas de la Unión Europea en las decisiones de política económica y social, favoreciendo descaradamente los mercados, es decir a los ricos y los bancos.

La Asamblea Ciudadana Antineoliberal será el inicio de las respuestas más estructuradas, pero antes, el 18 de diciembre, debemos estar en la calle.

A finales de enero y principios de febrero, las izquierdas mundiales sociales y alternativas nos reuniremos en Senegal, en el Foro Social Mundial, y espero que volvamos con propuestas concretas de articulación y movilización.

Por lo pronto en la Cumbre de Cancún, una vez más Vía Campesina ha sabido estar a la altura de las circunstancias y en este sentido nuevamente denuncio la censura y la dictadura mediática impuesta en España y en Europa ante la mala información, la pobre información, la sesgada información que intencionadamente nos están haciendo llegar los medios públicos y privados. Esto me hace finalizar con una propuesta sencilla y concreta, ¿Sabéis lo que nos hace falta para empezar a contrarrestar tanto engaño y mentira? Un canal de televisión.

En la Asamblea Ciudadana Antineoliberal, nos vemos.

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