Archivo sobre "Transición"

La Marca Malaya. Este reino huele a podrido

Uno de los hechos que m√°s contundentemente manifiestan lo que es la “marca Espa√Īa” del PP y su Estado de caf√© con leche en la Plaza Mayor -de Madrid, por supuesto- es el caso Malaya. Desde sus inicios con las mayor√≠as absolutas de un mafioso autoritario llamado Jes√ļs Gil, varias veces condenado y que lleg√≥ a la ciudad -ya en esos momentos con una gran poblaci√≥n de aluvi√≥n- de Marbella a hacer negocios, especular con el ladrillo y de paso construirse un mini-estado a su medida.

Marbella vivi√≥ previamente a nivel local una crisis de sus agrupaciones pol√≠ticas locales, con el desmembramiento de la izquierda y el centro-izquierda motivado por un plan de urbanismo atascado y “tele-dirigido”, y adobado todo ello con una mala gesti√≥n, lo que¬†facilit√≥ el acceso en olor de multitudes de un personaje vergonzoso para cualquier persona medianamente normal y con algo de cultura, ya sea popular o pol√≠tica. Marbella vot√≥ en varias ocasiones a Gil e incluso a su rid√≠culo sucesor por amplias mayor√≠as absolutas. El GIL de hecho no fue derrotado en las urnas sino por un juez justiciero, at√≠pico y valiente que instruy√≥ el sumario e inici√≥ el caso Malaya. Eso es la marca Espa√Īa.

Pero hay m√°s. La marca Espa√Īa tambi√©n nos deja una sentencia para este caso conocido como Malaya, que demuestra que la justicia espa√Īola y la practicada en Sicilia, Regio Calabria, Zelaya o Ciudad Ju√°rez, bajo las metralletas de la mafia o el narcotr√°fico, est√°n al mismo nivel. A personajes como Roca o Juli√°n Mu√Īoz les ha salido muy barato delinquir. Aunque no solo a ellos, sino a su corte de los milagros, constituida por constructores afines y ex-concejalas c√≥mplices. Daba rabia y verg√ľenza ver salir de los juzgados a un tipo conocido como Sandok√°n celebrando su triunfo.

El condenado Roca, feliz y su mujer con una sonrisa de oreja a oreja, pues su marido no estar√° ya m√°s de tres a√Īos en la c√°rcel, y luego a disfrutar de lo ocultado bajo las losetas y en los para√≠sos fiscales, que para eso est√°n. Las multas no las pagar√°n, pues son insolventes y lo que les queda “legalmente” no da para nada.

Ese es el panorama de la cutre burbuja inmobiliaria que ha dejado en el Reino de Espa√Īa un mont√≥n de especuladores chulos, incultos y cutres enriquecidos y millones de parados y paradas. As√≠ como los mismos bancos y cajas de ahorros que les prestaron un dinero que, seguramente, tambi√©n pag√≥ extorsiones a pol√≠ticos y pol√≠ticas. Y asimismo cre√≥ un gran agujero que ahora los ciudadanos y ciudadanas, burlados por una sentencia injusta, miedosa y parcial, pagando la quiebra bancaria y con la deuda de impresentables, ladrilleros y bancarios sin escr√ļpulos convertida en deuda p√ļblica, deben pagarla a base de recortes, despidos y pensionazos varios.

No quiero olvidar que Marbella está en Andalucía. A todos los efectos lo recuerdo.

Este reino de la corrupci√≥n est√° podrido. Huele mal y el r√©gimen del 78, que no fue capaz de depurar a la Justicia -como carrera- franquista, est√° igualmente putrefacto. Nada en este sistema es capaz de regenerarse. Pero la corrupci√≥n tambi√©n es capaz de manchar al pueblo, enga√Īarlo, darle migajas y hacerlo feliz con un pu√Īado de higos. No me meto con la gente y a como escape a la incapacidad manifiesta de las izquierdas y los sindicatos, as√≠ como los movimientos sociales a conectar con ella. Me refiero a que un pueblo al que le quitan las becas de sus hijos, le suben la tarifa el√©ctrica de forma abusiva y ladrona, paga la gasolina m√°s cara de su historia, le roban sus pensiones y no ha reaccionado ya con contundencia, perdonen ustedes pero algo de responsabilidad tiene.

Franco hizo una guerra civil lenta y de exterminio. Practic√≥ una cruel limpieza √©tnica y dej√≥ el miedo metido en el cuerpo para generaciones. Esto que digo, ni es mentira, ni es una tonter√≠a. La derecha heredera de Franco, toda ella, sea pol√≠tica o econ√≥mica, lo sabe y por eso aqu√≠ siguen habiendo muertos en las cunetas y varios gobiernos socialistas no tuvieron el valor, ni la verg√ľenza para destruir el mausoleo de Franco en el valle de Cuelgamuros. Franco cambi√≥ sociol√≥gicamente al pueblo y ahora hemos de reaccionar y rebelarnos ya de una vez. En la transici√≥n casi lo conseguimos, pero nos frenaron nuestros dirigentes y encima los militares de Franco dieron un golpe de estado de advertencia. Golpe de estado, por cierto, tampoco nunca clarificado.

De esos polvos, estos lodos. Ladrillazos, corrupci√≥n, favoritismos judiciales y gubernamentales para la familia real y el partido de la derecha. Esa es la marca Espa√Īa.

Por eso hemos de reaccionar. Hemos de construir el sujeto pol√≠tico amplio, popular y social, profundamente social que nos libere de la oligarqu√≠a rentista y cutre que nos domina. Los banqueros que hace m√°s de cien a√Īos que nos atracan y los herederos de Franco.

No apostar ahora por frentes sociales para la resistencia y la regeneraci√≥n. Amplios, convergentes y con un programa que acabe con la reforma laboral, la reforma financiera, la justicia corporativa y conquiste la democracia, la banca p√ļblica, defienda y extienda lo p√ļblico y el sector p√ļblico, haga una reforma fiscal progresiva y proponga una nueva ley electoral, el derecho a decidir y una nueva Constituci√≥n, es un suicidio colectivo. Muchas y muchos, no estamos dispuestos a suicidarnos. Algunos y espero cada vez m√°s incluso propugnamos el tr√°nsito hac√≠a el socialismo en una nueva sociedad m√°s justa, verde y defensora de la madre tierra.

Un pueblo que olvida se queda sin presente

(Reflexiones en un hermoso pinar que alberga miles de fusilados por el fascismo. Es decir por los abuelos de los poderosos que ahora nos recortan y vigilan).

Cuando la extrema derecha franquista y la derecha mon√°rquica impusieron a la izquierda ‚Äúinstitucionalizable‚ÄĚ -PCE, PSOE, PSP y nacionalistas entonces de centro- el olvido y el perd√≥n en la Transici√≥n, convirtiendo la primera amnist√≠a del rey en una suerte de ley de punto final, sab√≠an ellos -las derechas mon√°rquicas herederas del franquismo- muy bien lo que hac√≠an.

Por un lado, se dejaban¬†sin juicio a cientos de criminales de guerra, torturadores, delatores interesados y crueles, polic√≠as sanguinarios y fascistas con las manos manchadas de sangre. Pero tambi√©n se amnistiaba de facto altos funcionarios, empresarios y militares corruptos, que no solo y en este caso con toda justicia a presos y presas pol√≠ticas. De esa forma, personas que hab√≠an cobrado ‚Äúcomisiones‚ÄĚ, recibido prebendas y d√°divas generosas a costa de la igualdad de oportunidades, o bien utilizado mano de obra esclava formada por miles y miles de prisioneros de guerra y pol√≠ticos. Todas esas personas todav√≠a y en muchos casos gozaban en 1978 de buena salud, lucidez, edad carcelaria, saneadas empresas, bancos y riquezas. Pero es que adem√°s se dejaba de informar a un pueblo atemorizado, sociol√≥gicamente franquista ‚Äďque no fascista- o indiferente. Tambi√©n con la cabeza lavada por la iglesia cat√≥lica reaccionaria que, en su gran mayor√≠a, colabor√≥ con la dictadura.

Si bien el pueblo de izquierdas, castigado, ofendido y humillado trat√≥ de levantar cabeza, se le dijo que hab√≠a que olvidar y perdonar a los que nunca olvidan ni perdonan ‚Äďlos poderosos, los ultra-conservadores, los ricos mon√°rquicos conservadores. Tan solo algunas personas, algunos grupos trataron de reivindicar no la memoria, sino incluso nuestro propio presente.

A cambio de una democracia vigilada por los poderes f√°cticos, una ley electoral con pucherazo incluido, y una Constituci√≥n con luces sociales pero sombras jur√≠dicas y pol√≠ticas. Una monarqu√≠a heredada de la dictadura garantizaba la continuaci√≥n del s√ļbdito, en lugar de alumbrar al ciudadano y la ciudadana.

Cierto que el pueblo de izquierdas, los sindicatos libres recién legalizados a base de miles de huelgas, despidos, represalias y luchas, lograron avances sociales y sobre todo cotas de bienestar y de derechos sociales muy importantes -incluso brillantes- arrancándoselas a una derecha en retirada o que deseaba hacerse perdonar, o bien se veía obligada a pactar. Por cierto, ahora se nos arrebatan todas esas conquistas logradas a partir de finales de los sesenta del siglo pasado, en medio de quejas, sí, pero también de una pasividad pasmosa ante tanto atraco y crueldad. Pasividad tan solo rota por unos cientos de miles de activistas, vistos con simpatía por millones de televidentes que los valoran en las encuestas, pero no se les unen en la calle o en las huelgas.

La Transici√≥n con sus miedos, sus olvidos y sus negaciones, acab√≥ destilando una izquierda domesticada que pronto, en el caso paradigm√°tico del PSOE, pas√≥ al centro-izquierda para descubrir la modernidad y todo lo m√°s mantener unas cotas de progresismo social y moral, reorganizar el estado e implementar medidas de protecci√≥n social, pero jam√°s la transformaci√≥n, justicia igualitaria y reparto. La misma oligarqu√≠a econ√≥mica enriquecida durante el franquismo controla hoy en d√≠a, verano del 2013, los bancos, el ladrillo, el turismo y todo lo que enriquezca. Una jerarqu√≠a cat√≥lica, cada vez m√°s reaccionaria y exigente, jam√°s est√° satisfecha con su poder y sus negocios, y sigue controlando la educaci√≥n de la peque√Īa burgues√≠a e incluso de capas populares gracias a las subvenciones de gobiernos que se creen progresistas. Esos ‚Äúprogresistas‚ÄĚ que olvidaron, ahora subvencionan curas y monjas, defienden a los banqueros y hablan de la libertad de mercado y competitividad, como se√Īal de nivelaci√≥n social. Nada es por casualidad.

El pasado 14 de Agosto,¬†unos amigos visitamos los lugares de la represi√≥n granadina. Miles de v√≠ctimas del fascismo, procedentes en su mayor√≠a de poblaciones pr√≥ximas ‚ÄďAtarfe, Albolote, Maracena, Granada, Fuentevaqueros, Santa F√©, Alfacar, etc.- con algunos cientos de miles de habitantes menos que en la actualidad. Cuando se hablan de¬†m√°s de 10.000 ejecutados pensamos en los par√°metros de poblaci√≥n actuales y no en los de la √©poca. Si hacemos ese sencillo calculo, nos encontramos con que la poblaci√≥n granadina fue diezmada o incluso m√°s que diezmada en el verano de 1936, teniendo en cuenta que m√°s de la mitad de la provincia permanec√≠a en esos momentos en manos del Gobierno legal de la Rep√ļblica, y que por tanto¬†esos miles de fusilados, lo eran tan solo, hasta 1939, de la comarca de la Vega de Granada.

En Viznar, lugar de miles de ejecuciones y enterramientos en las cunetas y en fosas comunes por parte de los se√Īoritos falangistas,¬†el frente republicano y las fuerzas leales y antifascistas estaban en el Pe√Ī√≥n de la Mata -a unos diez kil√≥metros en l√≠nea recta- o en la Alpujarra a no m√°s de cincuenta. Pero pone m√°s los pelos de punta visitar el lugar de Fuente Grande en Alfacar, a un kil√≥metro de distancia y tambi√©n lugar de ejecuciones sumarias criminales y de enterramientos y en en lugar donde, entre otros, fue asesinado Federico Garc√≠a Lorca, solo hay poes√≠as inocuas aunque muy hermosas o muy lejanas alegor√≠as, y ni una reivindicaci√≥n o denuncia de la causa o del porqu√© fue el poeta ejecutado. Ni una denuncia de sus criminales ni una menci√≥n al r√©gimen legal de la Rep√ļblica. El Parque Garc√≠a Lorca no hace justicia a los asesinados. Solo banderas republicanas o discursos y actos ocasionales, promovidos por personas o colectivos muy determinados, han exigido memoria y reparaci√≥n. Es un monumento a la cobarde y olvidadiza Transici√≥n. Ahora que el PP es su gestor -pues es propiedad de la Diputaci√≥n- puede celebrar hip√≥critamente el 18 de Agosto, aniversario del asesinato del poeta, sin ning√ļn s√≠mbolo que hiera la sensibilidad de los nietos pol√≠ticos de los que asesinaron al autor del Romancero Gitano.

Pero en el barranco de Víznar, en un cartel reciente se recuerda a los que ofertaron sus vidas. Allí ni dios ofertó su vida. Allí fueron fusilados en contra de su voluntad miles de sindicalistas ugetistas y cenetistas, socialistas, personas de izquierdas, obreros del campo, republicanas y republicanos, así como autoridades democráticamente electas por el pueblo. Fueron conducidos en camiones y camionetas en la madrugada, por ser fieles a la legalidad republicana, la causa de la clase obrera y no por su iniciativa precisamente. Asesinados con frialdad y enterrados por aterrados y obligados habitantes del lugar. Ruego se cambie el texto del cartel.

Ese es el olvido. Incluso el recordar con miedo. El no decir la verdad. El no querer molestar a quienes nos volverían a hacer lo mismo si pudieran.

Por eso la memoria hay recuperarla. Se perdieron unos a√Īos preciosos. Por eso ahora un pueblo desmemoriado, con la dignidad hurtada y los valores ocultados por sus claudicantes oligarqu√≠as pol√≠ticas, camina sin referencias, sin ancestros, sin ejemplos.¬†Y encima los nietos de los criminales predican que todos y todas eran iguales,¬†fabricando su historia y negando la crueldad sin l√≠mites de la dictadura franquista. Franco fue m√°s asesino que Mussolini. Si todos somos iguales y todos somos lo mismo, que gobiernen los ricos, los conservadores, los corruptos, pues ellos conocen los mecanismos del poder y saben lo que hacer.

Ahora se nos fusila rob√°ndonos la sanidad, rebaj√°ndonos y congel√°ndonos las pensiones, obligando al copago -o mejor repago- de los medicamentos, o envi√°ndonos criminalizados a las colas del paro. Ahora el¬†nuevo exilio¬†son los miles de j√≥venes titulados y formados expulsados del Reino de Espa√Īa por el in√ļtil y rentista capitalismo espa√Īol.

Por eso me ilusion√≥ recordar que muy cerca de los campos y barrancos de la verg√ľenza, j√≥venes granadinos o llegados desde Alcoy, Cartagena o Valencia, conformaban un frente estable en la sierra de Hu√©tor, en Sierra Nevada o finalmente en Calahonda, y resist√≠an enarbolando la bandera republicana durante casi tres a√Īos.

Les ense√Īe a mis amigos mi mayor tesoro, las cartas del joven teniente del Batall√≥n Otumba Valero Mart√≠nez Blay, reci√©n licenciado en derecho, enviadas desde Guadix o desde el Cortijo de Iznalloz en el t√©rmino de Deifontes, en el frente granadino. Unos meses despu√©s, Valero desaparec√≠a en combate en la dura batalla de Brunete, en su batall√≥n -el Otumba- del ej√©rcito regular republicano encuadrado en la XIII Brigada Internacional, de la que formaban parte dos batallones de soldaditos espa√Īoles, el citado y el Juan Marco.

Por eso, como afortunadamente no me robaron la memoria, resisto, igual que tantas y tantos activistas jóvenes que la están recuperando, y por tanto rebelándose frente a tanta injusticia pero también miedo y olvido. Además la memoria nos brinda principios, referentes y héroes.